48. No lo suficientemente bueno

Cuando Tang Heng ve las palabras «Director Xu» en la pantalla, siente como si estuviera en un mundo completamente diferente. Se queda helado durante dos segundos antes de recordar lo que ha hecho: destrozar la ventana del hotel, descubrir a Sun Jihao siendo infiel con el gerente Qi en la cama, y luego huir a la aldea Banxi a medianoche, dejando ese desorden indescriptible detrás… 

No quiere contestar el teléfono. 

Sin embargo, al siguiente segundo, Li Yuechi, como si pudiera leerle la mente, presiona el símbolo verde.

—¿Hola, Xiao Tang? —La voz del director Xu suena extremadamente ronca—. ¿Estás bien?

—Estoy bien —responde Tang Heng.

—¿Por qué tu teléfono está apagado? Ay, casi me da un infarto.

—Se quedó sin batería.

—Oh, no importa mientras estés a salvo. Estaba realmente preocupado.

Tang Heng no le cree. Seguramente ya ha contactado al alcalde a medianoche; de lo contrario, no habría llamado al número de Li Yuechi. 

—Director Xu. —Tang Heng frunce el ceño—. ¿Necesitas algo? 

—Oh, mírate, Xiao Tang —dice el director Xu, riendo irónicamente—. ¿No estamos aquí para trabajar?

—¿Cuál es el sentido de trabajar ahora?

—Tenemos que dar una respuesta cuando surge un incidente como este. La oficina de enlace, la oficina de alivio de la pobreza aquí, todo es un gran problema…

—Entonces tendré que molestarte con ello.

—Oh. —Su tono cambia un poco—. ¿No te importa el problemón que has creado?

—¿No deberías alegrarte de que no me importe?

—Xiao Tang, ¿por qué estás haciendo esto?

—Tengo cosas más importantes que atender.

—Soy tan terriblemente desafortunado —suspira el director Xu dramáticamente—. Ninguno de ustedes me pone las cosas fáciles.

Tang Heng no está para tonterías, así que responde:

—Charlaremos cuando tenga tiempo libre.

—¡No cuelgues todavía!

—¿Qué?

—He oído que ese tipo es tu compañero de clase. ¿No fue él quien apuñaló al profesor Tang, verdad?

—Es él.

—Iré mañana —anuncia el director Xu—. No es apropiado hablar de esto por teléfono. Hablaremos en persona.

Cuando Tang Heng empezó a hablar con el director Xu, Li Yuechi salió con la palangana, como si estuviera evitando deliberadamente estar cerca. Todavía no ha regresado y su teléfono está en manos de Tang Heng. No puede resistir la tentación de examinarlo. Los smartphones ya se habían inventados cuando se separaron, pero no eran tan comunes como ahora. Las funciones no eran tan avanzadas como las de hoy en día. 

Después de seis años, Tang Heng de repente se da cuenta de que apenas sabe nada sobre Li Yuechi, por ejemplo, qué marca de teléfono usa. Hace seis años, usaba una marca genérica y el teléfono pesaba como un ladrillo. Ahora… oh, ahora usa Xiaomi. 

El fondo es de un verde oscuro, igual que uno de los fondos de pantalla predeterminados. Las aplicaciones también son extremadamente simples: WeChat, Taobao, Alipay, Banco de China… Espera… ¿Douyin?

Este nombre le resulta familiar y se queda paralizado durante unos segundos antes de recordar que es una aplicación de transmisión en vivo. El semestre pasado, algunos estudiantes habían realizado un proyecto grupal sobre el contenido de las transmisiones en vivo de Douyin. ¿Li Yuechi veía transmisiones en vivo? ¿Qué tipo de transmisiones en vivo? Tang Heng recuerda el proyecto grupal y tres palabras clave aparecen en su mente: «presentadoras femeninas guapas». 

Esas presentadoras femeninas, tan bonitas como flores, que cantan y bailan de manera sensual, de caderas anchas y cinturas esbeltas. 

Tang Heng frunce el ceño. Justo cuando está a punto de abrir la aplicación, una notificación salta de repente en la pantalla.

«Aplicación de vuelos Fliggy: ¡los vuelos de Guiyang a China-Macao a los que estabas suscrito han sido actualizados!».

La puerta se abre y entra Li Yuechi.

—¿Terminaste la llamada?

Tang Heng sostiene en alto el teléfono. Sabe que su expresión no es buena.

—¿Por qué estás buscando vuelos de Guiyang a Macao?

—¿Revisaste mi teléfono? —pregunta Li Yuechi con calma.

—Apareció por sí solo.

Li Yuechi solo lo mira.

—¿Estás… estás revisando cuándo me voy?

No responde.

—¿Quieres que me vaya?

—Tang Heng. —Li Yuechi frunce el ceño—. Te traeré de comer.

—¡Li Yuechi!

Li Yuechi ya se ha dado la vuelta, pero se queda en su lugar sin moverse. 

Tang Heng sabe que está siendo dramático. Tal vez, en los primeros días después de reunirse con Li Yuechi, él realmente quería que se fuera antes. Tal vez, al mismo tiempo que Li Yuechi desee que se vaya, se sienta horrible. Extremadamente horrible. 

Tang Heng entiende todo este razonamiento, pero simplemente no puede controlarse. No sabe si esto es un síntoma de su TLP volviendo. Pero en cuanto piensa en dejar a Li Yuechi, en cuanto piensa en que Li Yuechi quiere alejarlo, aunque solo sean pensamientos que no ha llevado a cabo, la mente racional de Tang Heng se hace añicos con un sonido nítido, como una fina pieza de porcelana. 

Tang Heng se esfuerza por mantener la calma.

—Li Yuechi.

Li Yuechi aún tiene la espalda vuelta hacia él.

—¿No quieres irte? —pregunta él en voz queda.

—No me iré.

—No te irás mañana, no te irás esta semana, pero ¿qué pasará después? —Li Yuechi hace una pausa—. No puedes quedarte en un lugar como este.

—Estaré donde tú estés.

—Tang Heng. —Li Yuechi se da la vuelta. Una calma de resignación se refleja en su rostro—. Ya no puedo ir a los lugares a los que tú puedes ir. Y tú no deberías quedarte en el lugar donde estoy yo.

Sus palabras son como fuego que estalla en la mente de Tang Heng, quemándolo hasta hacerlo llorar inmediatamente. Tang Heng no puede entender por qué se siente así, y mucho menos entender por qué Li Yuechi piensa de esa manera. Sin embargo, lo peor es que, a pesar de todo, puede entender el significado detrás de las palabras de Li Yuechi.

En cierto sentido, ya son como dos vidas distintas.

—Estás haciéndolo de nuevo —dice Li Yuechi mientras se acerca a Tang Heng y extiende la mano para secarle las lágrimas, pero nuevas brotan al instante—. No puedo hacer nada cuando estás así.

—No me eches —dice Tang Heng con la voz temblorosa.

—Está bien, no lo haré.

—Tampoco lo pienses.

—Mn. —Es como si estuviera calmando a un niño—. No lo haré.

—¡Li Yuechi! —Tang Heng lo agarra de repente por el cuello de su camisa y exclama—: Estoy hablando en serio.

—Yo también lo estoy. —Li Yuechi mira fijamente a los ojos de Tang Heng. Un momento después, toma su teléfono, abre la aplicación de vuelos y revisa los pedidos anteriores—. No estaba revisando cuándo te irías. Recibí la notificación porque… 

Le pasa el teléfono a Tang Heng. En la pantalla se muestra un pedido de septiembre pasado, de Guiyang a Macao. La transacción había fallado.

—Porque casi compré los boletos antes. Por eso envió la notificación.

—¿A Macao? —dice Tang Heng, estupefacto.

—Entonces, entonces, ¡¿por qué no fuiste?!

—Fue solo un pensamiento impulsivo —dice Li Yuechi, bajando la mirada y riendo suavemente.

—Además, tengo antecedentes penales. Es difícil obtener el permiso de viaje —dice, y esa ráfaga de fuego se extingue en un instante, dejando brasas heladas esparcidas por el suelo.

—Siempre estarás aquí a partir de ahora, ¿verdad? —dice Tang Heng, dándose cuenta tardíamente.

—Sí —responde Li Yuechi.

No es que quiera quedarse en esta ciudad o pueblo remoto. Parece que solo ahora Tang Heng se da cuenta de que este hombre ya no es el mismo Li Yuechi con un futuro brillante; ya no es el erudito de la Universidad de Wuhan del que la gente hablaba, ya no es el joven que había prometido encontrar un trabajo en Beijing después de graduarse. 

Ha estado en la cárcel. Tiene una madre anciana y un hermano menor con una discapacidad. No puede ir a ninguna parte. 

Tang Heng se queda atónito por un momento. Luego abraza a Li Yuechi con todas sus fuerzas, apoyando la mejilla contra su delgado hombro.

—Me quedaré —dice Tang Heng.

Li Yuechi suspira suavemente.

—No vale la pena.

—Entonces, ¿qué lo vale? ¿Obtener la residencia permanente en Macao? ¿Ganar dinero? ¿Ser profesor?

—Esas cosas son geniales. Son lo suficientemente buenas para ti.

—Entonces, ¿qué hay de ti?

Con calma, Li Yuechi responde:

—No soy lo suficientemente bueno.

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