65. Amantes insignificantes

En noviembre, el clima en Wuhan era impredecible. Ayer, hacía un sol radiante, así que Tang Heng se quedó dormido con la ventana abierta y se despertó muerto de frío

Al no tener clases el viernes, se acurrucó bajo las cobijas, sintiéndose perezoso por haber dormido tanto. No quería moverse.

A las siete, Li Yuechi le mandó un mensaje diciendo que había salido, pero sin especificar por qué. El siguiente mensaje fue una advertencia sobre el pronóstico del clima: se esperaba una temperatura máxima de 18 grados y mínima de 10 grados.

Por fin empezaba a sentirse como otoño.

Tang Heng respondió al mensaje de Li Yuechi: «¿Puedes hablar ahora mismo?».

Unos segundos después, su teléfono sonó. Tang Han agarró el teléfono con una mano y metió la otra debajo de las cobijas, levantando la cintura de su pantalón de dormir.

—Pensé que no tendrías clases esta mañana. —A Tang Heng se le secó la garganta.

—Tengo trabajo. —Había mucho ruido en el lado de Li Yuechi, como si estuviera en la calle.

—¿Y qué trabajo es ese?

—Estoy repartiendo volantes para un centro de tutoría.

—¿Para ese «Tutoría de jóvenes en la escuela de posgrado»? —Tang Heng se acurrucó más en la cama.

—No, para otro.

—¿Es cansado? —Conforme Tang Heng se movía más rápido, su respiración también se aceleraba.

—No… —Li Yuechi se detuvo un par de segundos y luego preguntó en voz baja—: ¿Qué estás haciendo?

Tang Heng se estremeció de sorpresa.

—Solo estoy acostado —gimió.

—¿Solo eso?

—Mn…

Li Yuechi se dio cuenta y dijo con una sonrisa:

—Solo faltan tres días. Aguanta un poco más.

Tang Heng sacó la mano de debajo de la colcha y dejó escapar un largo suspiro.

—Usted es realmente bueno aguantando.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque no parece… que tengas prisa.

—La tengo.

—No se nota.

—Tang Heng. —Li Yuechi suspiró, sonando como si no tuviera opción—. Estoy en medio de la calle.

—Oh. —Eso hizo que Tang Heng se sintiera mejor—. Solo aguanta un poco más —le devolvió esas palabras a Li Yuechi.

Después de colgar, Tang Heng tomó algunos pañuelos para limpiarse la mano. Luego se quitó la ropa interior y caminó hacia el baño con las piernas al aire. El cumpleaños de Li Yuechi era en tres días. Nueve de noviembre. Tres días. Todavía no había descubierto qué regalo darle.

Aunque Li Yuechi estaba tratando a Tang Heng como un regalo en sí mismo… ¿cómo es que se sentía tan anticuado? Era un asunto entre dos personas, ambos estaban tomando, ambos estaban dando. Eran iguales.

Entonces, ¿qué podía darle a Li Yuechi?

Tang Heng se duchó y se cambió a un pijama limpio. Luego llamó a Jiang Ya.

Bro —masculló Jiang Ya—. ¿No sabes qué hora es?

—Es algo importante.

—Dilo de una vez.

—¿Qué me darías para mi cumpleaños?

—¿Acaso no te acuerdas, mierda? —maldijo Jiang Ya—. Este año, hice que alguien comprara ropa de Yohji Yamamoto de Japón. El año pasado fue una guitarra, y el año anterior… ¿vino? Eh, no me acuerdo.

—Piensa en qué me darás el próximo año.

—¡Eso es en una eternidad!

—Simplemente piensa, algo útil.

—¿Por qué? —Jiang Ya se mostró cauteloso—. ¿Quieres que te compre… una casa? ¡No estamos casados!

—Jódete.

—Qué molesto eres. —Jiang Ya se rio—. Dime directamente lo que quieres decir.

—Pronto será el cumpleaños de Li Yuechi.

—Ya me imaginaba.

—No puedo regalarle algo demasiado caro, pero no sé qué cosas baratas debería darle.

—Déjame pensar… barato… Oye, ¿por qué no le compras una billetera? Hay una nueva línea de Burberry.

—B-A-R-A-T-O.

—¿Eso no es lo suficientemente barato? —preguntó inocentemente Jiang Ya.

—Lo que sea —dijo Tang Heng—. Vuelve a dormir.

—Siempre con tus quejas… —Jiang Ya colgó.

Tang Heng se acurrucó en el sofá y pensó profundamente. ¿Qué consideraría Li Yuechi como barato? Estaba dispuesto a asumir préstamos de alto interés por 70,000 yuanes para ayudar a la profesora Zhao sin dudarlo; afortunadamente la familia de la profesora Zhao pagó la deuda al final. Pero él solo compraba fideos de cinco yuanes. Trabajaba todos los días, pero rechazó fácilmente el trabajo de profesor adjunto que le habría reportado seiscientos al mes.

Tang Heng de repente se dio cuenta de que a Li Yuechi no le importaban realmente muchas de las cosas que él podría darle. El dinero, la ropa y los zapatos caros, incluso el crédito por un proyecto… a Li Yuechi no parecía importarle. Nunca mostraba interés en nada material, como un objeto, una marca o incluso un color. Nada de eso parecía importarle. Vivía de manera muy relajada. Mientras pudiera comer, no le importaba la comida. Mientras tuviera ropa, no le importaba la marca o el color. Mientras pudiera estudiar, no le importaba si recibía créditos o no.

En realidad, ¿no era este chico más difícil de complacer que cualquier otra persona?

Su teléfono volvió a sonar. ¿Habría encontrado Jiang Ya alguna idea?

Tang Heng contestó el teléfono perezosamente sin mirar.

—¿Bueno?

—¡Hola! —Era la voz de una mujer que sonaba un poco ronca—. Disculpe, ¿es el señor Tang Heng de Hushituo?

—Sí. —Tang Heng se sentó—. ¿Y usted quién es?

—Permíteme presentarme. —La mujer se rio—. Soy Lin Lang, gerente de Melodías Celestiales de Pekín. Puedes llamarme Lindsey.

—Se… Señorita Lin. —Tang Heng no logró captar claramente su nombre en inglés por teléfono—. ¿Es la amiga de A-Bu?

—¡Sí! ¿Él me mencionó? —Lin Lang se rio—. ¡Ese chico finalmente es confiable por una vez!

—¿En qué puedo ayudarla?

—Por supuesto. ¿Qué te parece si nos encontramos hoy? Podemos hablar en persona. Sería mejor si podemos reunirnos esta mañana, porque más tarde vuelo de regreso a Pekín.

Veinte minutos más tarde, Tang Heng vio a Lin Lang en Starbucks. Ella parecía estar en sus treinta; llevaba una delgada chaqueta de cuero negro, tenía el cabello corto y lucía muy chic. Sin embargo, tenía un rostro de bebé y sus rasgos la hacían parecer más suave.

Hello, chico guapo —saludó Lin Lang.

Tang Heng pudo notar que era una fumadora por su voz.

—¿No tienes clases hoy?

Tang Heng se sentó frente a ella.

—No tengo clases los viernes —respondió.

—¿Qué quieres tomar? Yo invito.

—Un café latte.

—Ok.

Un momento después, Lin Lang le entregó a Tang Heng una tarjeta de presentación. Decía:

«Beijing Linglai Entertainment Co., Ltd.

Agente de artistas».

—Vamos al grano. Te escuché cantar en el Chang’ai y vi el video de la competencia de tu banda. Creo que eres bastante bueno. En serio.

—Gracias. —Tang Heng dio un sorbo a su café latte—. ¿Los gerentes también hacen de cazatalentos en tu empresa?

Lin Lang se rio a carcajadas.

—A más trabajo, más oportunidades. Escuché a Lao Bu decir que estás a punto de graduarte.

Tang Heng asintió.

—El próximo junio.

—¿Seguirás estudiando?

—En el extranjero.

—No irás al Reino Unido, ¿verdad?

—¿Por qué piensas que iré al Reino Unido?

—Bueno… siento que tienes ese tipo de aire que se ve en las series británicas. —Lin Lang hizo un gesto con la mano—. Alto, delgado, con un abrigo largo hasta las rodillas, sosteniendo un paraguas de cuadros… muy británico.

Tang Heng se rio ante su descripción.

—Voy a ir a los Estados Unidos.

—¡Ah, los Estados Unidos! ¡Aún mejor! —Lin Lang también se rio—. ¡Viva la libertad!

Tang Heng esperaba que ella continuara la conversación o preguntara más sobre su situación. Sin embargo, ella dijo:

—Pero podrías posponer tu viaje al extranjero unos años, ¿no crees?

Tang Heng abrió la boca, pero ella siguió hablando:

—Sé que tu familia tiene recursos, puedo verlo, y estás a punto de graduarte de la Universidad de Wuhan, así que eres un buen estudiante. Sé que… probablemente no estás buscando ganarte la vida cantando. Un chico inteligente como tú puede sobresalir en todo lo que hagas.

—No realmente —respondió Tang Heng.

—Lo digo en serio. —Lin Lang removió su café—. Por eso estoy más convencida de que deberías intentarlo. De verdad, no tienes nada que te retenga. No tienes que preocuparte por el dinero o tu carrera. Puedes vivir bien incluso si dejas de cantar, así que ¿por qué no intentar ganar dinero con tu pasión?

Tang Heng se detuvo por un momento y respondió:

—Nunca lo había considerado antes.

—Ay —suspiró Lin Lang—. ¿Sabes cuánta gente he conocido que dice que su único sueño en esta vida es ser cantante? La gente a menudo no está satisfecha con lo que tiene y siempre quiere lo que no tiene.

—Entonces, ¿por qué no los contratas a ellos?

—No son tan buenos como tú. —Lin Lang miró fijamente a los ojos de Tang Heng—. Los que cantan bien no suelen tener buen aspecto. Los que tienen buen aspecto pueden asustarte con su voz. Los que tienen buen aspecto y cantan bien siempre tienen alguna situación extraña: tener un patrocinador, no tener una familia que los apoye, tienen problemas mentales… Xiao Tang, eres una rareza.

—Tengo mal genio.

—Los artistas necesitan tener personalidad, ¿sabes? Dijiste que nunca habías considerado ser cantante, pero déjame preguntarte algo. ¿Has pensado por qué formaste una banda de rock? Seguro tienes una razón, ¿verdad? No te preocupes por responderme ahora. Puedes pensarlo. ¿Es porque te divierte? ¿Porque te gusta la atención? ¿O tal vez quieres transmitir un mensaje a través de la música? Llámame cuando tengas la respuesta, ¿de acuerdo?

Todas las ventanas de la tienda estaban cerradas, probablemente debido al descenso de la temperatura. De repente, Tang Heng se sintió sofocado.

—Está bien, te llamaré —respondió Tang Heng, deseando terminar la conversación—. Paremos aquí.

—Tienes que llamarme —insistió Lin Lang.

—Mn.

Ok. —Lin Lang se puso de pie—. Vámonos.

Se separaron en la estación de Jiedaokou. Lin Lang se dirigió a su hotel, mientras que Tang Heng a su casa. Cuando se despedían, Lin Lang observó la animada calle Luoyu y comentó:

—Wuhan es realmente perfecta para videos musicales. Estaba dando un paseo por la Universidad de Wuhan y descubrí un montón de casas de una sola planta cerca de la escuela… En ese momento, pensé que si firmabas con nosotros, definitivamente tendríamos que grabar un vídeo allí. ¿Qué te parece?

Esto tomó por sorpresa a Tang Heng.

—¿A qué te refieres?

—¿Eh? Creo que las casas antiguas tienen una gran atmósfera —explicó Lin Lang.

—Oh… —murmuró Tang Heng—. Tienes razón.

Lin Lang se fue. El café que había comprado para Tang Heng se había enfriado, así que él arrojó la taza de papel en el bote de basura y se dirigió hacia la puerta sur de la Universidad de Wuhan. El comentario casual de Lin Lang le hizo recordar: casas antiguas, la vieja casa de Li Yuechi.

Se adentró en un callejón desde la escuela y pasó junto al Chang’ai. Un rato después, Tang Heng vio una casa de dos pisos bastante deteriorada. Subió por las escaleras oxidadas y notó que la cerradura en la puerta aún era la misma que Li Yuechi había cambiado. La puerta de madera en el primer piso también estaba cerrada con llave. La tocó y se quedó con una capa de polvo en la mano.

Tang Heng corrió hacia la tienda de fideos de carne en la entrada del callejón y le preguntó al propietario:

—¿Sabe cómo se puede alquilar un apartamento aquí? —Su banda venía a menudo y ya eran clientes habituales.

—¿Por qué quieres alquilar aquí? —preguntó el propietario con curiosidad.

—Para vivir —respondió Tang Heng.

—Aiyo. —El propietario agitó la mano—. Esas casas están tan deterioradas y sucias. ¡¿Por qué querrías vivir allí?! ¿Estás pensando en abrir un local y quitarle el negocio al Chang’ai?

—Realmente quiero alquilar. Tengo un amigo… Él la necesita.

—Es muy barato. Como mucho trescientos. ¡Si te cobran más, es una estafa!

—¿Cómo puedo contactar con ellos?

—¿Cuál quieres? —El propietario sacó su teléfono y dijo amablemente—: ¡Yo te ayudo!

Diez minutos después, Tang Heng se encontró con la casera en la tienda de fideos de carne. Era una mujer de unos cincuenta años que vivía en una casa cercana. Tenía un marcado acento de Wuhan. Afortunadamente, el propietario de la tienda de fideos estaba allí para ayudar con la traducción.

Las negociaciones fueron sencillas: doscientos yuanes al mes, tres meses de depósito, pago mensual. Tang Heng pagó por un año completo de una vez, incluso quiso comprar la casa, pero la casera lo rechazó rotundamente.

Planeaban firmar el contrato y pagar por la tarde. Después de que la casera se fue, el propietario dijo riendo:

—Ella está esperando la gentrificación. ¡No te la venderá!

—¿Gentrificación? ¿Hay noticias al respecto?

—En sus sueños. —El propietario volvió a la caja registradora y comentó despreocupadamente—: Derribar ese enorme montón de edificios será un trabajo enorme. No creo que suceda pronto.

Esto le llevó toda la mañana. Tang Heng se comió un tazón de fideos con carne, firmó el contrato rápidamente por la tarde y recibió la llave. El hijo de la casera también estaba presente y le recordó:

—Cambiaron la cerradura hace un tiempo. Será más seguro que consigas una nueva.

Tang Heng miró detenidamente la llave familiar.

—No es necesario.

El hijo de la casera lo encontró extraño.

—No nos hacemos responsables si pierdes algo.

—No perderemos nada —dijo Tang Heng. Luego se dio la vuelta y se marchó.

Con menos de tres días, era imposible decorarlo. Así que solo pudo contactar a una empresa de limpieza para que hicieran una limpieza profunda del lugar. Las antiguas manchas de moho en las paredes fueron raspadas, el suelo fue limpiado y hasta la estrecha ventana brillaba como si fuera nueva. La habitación entera se volvió más luminosa.

Luego contrató a alguien para reemplazar las tuberías y los grifos, y compró un calentador de agua que instaló en el baño. Para la noche, ya había una ducha, aunque esto hacía que el baño fuera aún más estrecho.

Después de que los trabajadores se fueron, Tang Heng se quedó de pie en la habitación vacía, examinando todo mientras reflexionaba. Aún tenía que cambiar la lámpara del techo para que la habitación fuera más luminosa, conseguir una cama más resistente, instalar luces sobre la cama… debían ser de un cálido color amarillo oscuro, porque el invierno se acercaba.

¿Qué más? ¿Un dispensador de agua? No, podrían simplemente comprar botellas grandes de agua. ¿Cocinarían? Tal vez necesitaran una placa eléctrica, pero ya no quería agacharse para cocinar fideos. Podía comprar una pequeña mesa y colocar la placa eléctrica allí. Así tendrían un lugar para comer también. Tang Heng dio unos pasos hacia adelante y calculó las dimensiones de varios muebles en su mente. También necesitaba comprar aire acondicionado tanto para el invierno como para el verano. Podría comprar un escritorio, no tenía que ser grande, solo lo suficiente para que Li Yuechi lo usara para leer. Un armario… aunque no había espacio. En el peor de los casos, podría clavar algunas repisas en la pared y guardar algunas cosas ahí. ¡Ah, cierto! También podrían poner cosas debajo de la cama.

La habitación seguía siendo demasiado pequeña. De repente, Tang Heng se sintió un poco impotente. Si Li Yuechi estuviera dispuesto a gastar su dinero, podrían alquilar un apartamento más espacioso con un dormitorio, sala de estar, oficina, un baño que pudiera tener una bañera para dos personas y una mecedora en la que podrían sentarse para contemplar la luna. Pero luego pensó que esta habitación era suficiente para dormir, ducharse y comer comidas simples. También podrían ver la luna a través de la ventana y leer o charlar juntos en la cama. Parecían haberse vuelto pequeños, en este vasto e infinito mundo; eran una pareja de amantes insignificantes. Solo necesitaban un poco de espacio para llenarlo de mucho amor.

También necesitaba que alguien se llevara la basura fuera del edificio y trajera tierra y semillas de césped. Así, cuando miraran por la ventana, podrían ver el verdor esmeralda, los edificios altos y bajos, y el llamativo letrero rosa del Chang’ai por la noche.

Tang Heng se pasó la mano por la cara. Todo era tan genial que no se atrevía a imaginarlo. De repente, recordó lo que había dicho Lin Lang. Si postergaba sus planes de estudiar en el extranjero por dos años, tendría dos años menos de relación a larga distancia con Li Yuechi. Si él simplemente no se fuera al extranjero… Este pensamiento pasó fugazmente por su mente, pero ya que no había nadie alrededor, pensar en ello furtivamente no parecía importar. Si él no se fuera al extranjero, ¿podría seguir viviendo este tipo de días con Li Yuechi para siempre?

Su teléfono vibró de repente. La voz de Li Yuechi sonaba un poco amortiguada.

—¿Dónde estás?

—Estoy… eh, en casa. —A Tang Heng casi se le escapa la verdad. Se pellizcó el puente de la nariz—. ¿Ya saliste de trabajar? —preguntó.

—Hace más de una hora que salí. Pensé que estabas ocupado.

—Un poco ocupado… —Tang Heng agarró las llaves de la casa—. Iré a verte.

—No hay problema. Haz tus cosas primero.

—Ya terminé.

—¿De verdad?

—De verdad.

—Entonces, ¿por qué no me llamaste?

—Ah… —Tang Heng prolongó intencionadamente la pausa y adoptó un tono de impaciencia fingida—: Li Yuechi, ¿te sientes triste?

—Sí.

—De acuerdo, iré ahora mismo. —Tang Heng había querido bromear con Li Yuechi, pero el chico lo admitió con tanta naturalidad que Tang Heng se sintió culpable. Se había estado divirtiendo todo el día y no había tenido tiempo de llamar a Li Yuechi—. ¿Dónde estás?

—En la puerta Lingbo.

—Dame quince minutos.

—Ven en tu bicicleta.

—¿Eh? —¡Pero había traído su bicicleta!

—Quiero verte pronto —dijo Li Yuechi con una suave risa.

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