Los ojos de Li Yuechi se abrieron de par en par.
—Tang Heng, ¿crees que no lo sé? —La voz de la mujer estaba cargada de lágrimas, aguda pero llena de tragedia—. Puedes engañar a otras personas, pero no a mí. Dime, ¿por qué no quieres ir al extranjero? Dilo, ¿por qué no te vas al extranjero?
—¿Acaso eso no satisface tus deseos? —Fue la voz de Tang Heng, extremadamente irritada—. No quieres que me vaya al extranjero, así que ya no lo haré. ¿No te parece bien así?
—¡No estás haciendo esto por mí!
Tang Heng se sorprendió.
—Lo estás haciendo por él, ¿verdad? Te preparaste arduamente durante cuatro años y finalmente obtuviste algo a cambio, ¡pero ya no lo quieres! ¿No recuerdas cuántas veces has peleado conmigo por esto? ¡Tenías más razones que nadie! Dijiste que querías ser académico, dijiste que la investigación en el extranjero es más avanzada, dijiste todas estas cosas, ¿no es así, Tang Heng? Nunca te lo pregunté, pero te conozco. Cuando eras pequeño, ¿acaso tu papá no te decía siempre que deberías dedicarte a la investigación cuando crecieras?
Tang Heng guardó silencio un momento, como si quisiera consolarla.
—Mamá, los deseos de las personas cambian. Ahora me quedo en China, así puedes verme cuando quieras. ¿No es eso bueno? Además, la empresa con la que firmé es confiable y me gusta cantar. ¿No es esto perfecto en todos los sentidos?
—Preferiría que te fueras al extranjero, Tang Heng —dijo Fu Liling con voz dolida—. ¿Cómo puedes hacer esto por un… por un hombre…? Preferiría que estudiaras en el extranjero.
Tang Heng dejó de hablar y miró los fragmentos de vidrio en el suelo.
—Antes, insistías en irte al extranjero. No tuve más remedio que convencerme de que habías crecido, que tenías tus propias ideas, que esto era algo bueno, por mucho que me preocupara por ti o no pudiera soportar separarme de ti. No debería impedirte perseguir tu sueño. ¿Pero ahora? Decidiste no irte, así, sin más. Ni siquiera pagaste la tarifa de aplazamiento. ¡No dejaste ninguna opción para ti! Tang Heng, ¿renunciaste a tu ideal solo por amor? ¿Qué pasa con todo lo que me dijiste antes?
—Esta es mi vida. —Tang Heng no se atrevía a mirarla a los ojos—. Asumiré la responsabilidad de mis decisiones.
—¡Qué responsabilidad ni una mierda! —Fu Liling inesperadamente soltó una palabrota—. Solo tienes veintiún años. ¿Qué sabes tú de responsabilidad? ¿Sabes las consecuencias de lo que estás haciendo? Te lo digo, Tang Heng, no puedes asumir la responsabilidad en absoluto. Solo puedes soportar las consecuencias.
Tang Heng bajó la cabeza y dijo, pronunciando cada palabra:
—Mamá, realmente lo amo.
—Pero es un hombre…
—Solo lo amo a él.
—¿Amor, Tang Heng? ¿El amor puede pagar las cuentas? —Fu Liling se cubrió los ojos, pero las lágrimas se filtraron entre sus dedos—. Lo amas tanto, ¿pero qué hay de él? ¿Cuánto te ama él a ti?
—Él también me ama mucho.
—¿Dices que te ama, pero luego él admite delante de todos sus compañeros de clase que está saliendo con una chica?
La expresión de Tang Heng cambió drásticamente.
—¿Cómo lo supiste?
—¿Cómo lo supe? ¡He sabido de tu relación desde hace mucho tiempo! Ya estaban juntos esa noche que vino a pedir prestado libros, ¿verdad? Él no vino por los libros, ¿verdad? Soy tu madre. ¿Cómo no me iba a dar cuenta? ¡No solo yo, tu tío también lo sabe, todos lo sabemos! Dices que te ama, pero ¿alguna vez ha pensado en tus sentimientos? ¿Se atreve a reconocer su relación contigo? ¿Por quién te toma?
—¡Él solo estaba ayudándola esa vez! —insistió Tang Heng—. Esa chica estuvo siendo acosada por un shixiong durante mucho tiempo. Él solo estaba ayudando haciendo de tapadera.
—¿Acosada? Entonces, ¿por qué no te lo dijo a ti y te hizo decirle a tu tío? Incluso podría haberle dicho directamente a tu tío. ¡Tú tío habría hecho algo al respecto! ¿Pero él simplemente tuvo que fingir ser pareja con esa chica? ¿No había otra solución? Tang Heng, ¿estaba ayudando a esa chica haciendo de tapadera o le pidió a esa chica que lo ayudara a él porque no se atreve a admitir su relación contigo?
Tang Heng no pudo decir nada. De repente, recordó aquella comida en Fuchunxuan, la escena animada cuando Xu Rong dijo que Li Yuechi y Tian Xiaoqin estaban saliendo. ¿Su tío ya sabía de su relación con Li Yuechi? Entonces, ¿Xu Rong lo sabía? ¿Lo sabían los otros estudiantes? Cierto, los compañeros de dormitorio de Li Yuechi ya sabían que él estaba saliendo con alguien. Incluso si la gente solo había escuchado fragmentos, sabrían que la afirmación de que Li Yuechi y Tian Xiaoqin estaban saliendo era una completa mentira.
Entonces, ¿qué habrán estado pensando todos cuando Tang Heng abandonó la comida a la mitad?
Todos esos recuerdos inundaron su mente, incluso aquellos pensamientos que creía haber superado u olvidado. Era esa sensación otra vez, como si su cerebro estuviera dividido en dos. Una mitad le decía que dejara de pensar. La otra mitad le decía: «Sabes que estos pensamientos son correctos».
Tang Heng respiró profundamente
—Mamá, ¿podemos hablar de esto cuando estemos más calmados? No saldré esta noche.
—¿Estás tratando de evitarlo? ¿Por cuánto tiempo puedes seguir evitándolo?
—Mamá… —Tang Heng estaba prácticamente suplicándole—. Hablaremos de esto mañana. Ya no me iré.
Cuando Li Yuechi salió del edificio de profesores, la lluvia había cesado. El cielo nocturno de Wuhan no era completamente negro como en su ciudad natal, sino más bien un negro rojizo, como si estuviera cubierto por una capa de óxido sucio. Li Yuechi caminaba por el campus con pasos pesados. Había muy poca gente pasando, probablemente debido a la lluvia.
Aunque aún no era el toque de queda, Li Yuechi no quería volver al dormitorio, así que se dirigió lentamente hacia su apartamento. El campus universitario era demasiado grande y el apartamento aún estaba lejos. Li Yuechi presionó el botón de su teléfono. La pantalla permaneció negra, sin reacción. Se había apagado hace mucho tiempo. Recordó cómo Tang Heng le había dicho que no pusiera su teléfono en silencio, cómo Tang Heng a veces metía dinero a su cuenta telefónica, cómo Tang Heng parecía estar extremadamente asustado de perder el contacto. Siempre que llamaba a Tang Heng, este respondía rápidamente.
Así que así se sentía querer contactar a alguien pero ser incapaz de hacerlo, sin importar cuánto lo intentara.
Recordó sus pocas peleas de nuevo. Siempre era Tang Heng quien daba el primer paso. Aquella vez que se perdió la actuación de Tang Heng porque estaba consolando a Tian Xiaoqin, fue Tang Heng quien fue a buscarlo al apartamento al día siguiente; cuando Tang Heng sugirió distanciarse durante Año Nuevo, fue Tang Heng quien lo llamó en Nochevieja; incluso aquella vez que Tang Heng salió corriendo del almuerzo, fue él quien regresó a su apartamento al final.
Li Yuechi recordó aquella noche en que Tang Heng se había sentado en las escaleras del apartamento, como si se ofreciera a sí mismo, temeroso de que Li Yuechi se rindiera al no encontrarlo.
Al pensarlo bien, tal vez Li Yuechi era, en efecto, un novio horrible.
Cansado de caminar, se sentó en un banco del campus y se sorprendió al descubrir que aún podía reflexionar con calma sobre la pregunta que había planteado la madre de Tang Heng: «Tú lo amas tanto, pero ¿y él? ¿Cuánto te ama él a ti?».
Era como volver a hacer matemáticas. ¿Cómo demostrar esa ecuación, esa proposición? Si colocara los esfuerzos de ambos –los suyos y los de Tang Heng– a cada lado de una hoja, el resultado sería algo así: Li Yuechi había renunciado a regresar a Guizhou después de graduarse, había abandonado su plan de contribuir al desarrollo de su ciudad natal, un sueño que había albergado desde que eligió estudiar sociología, y había decidido ir a buscar a Tang Heng a Pekín. En cambio, el sacrificio equivalente por parte de Tang Heng sería dejar de lado sus aspiraciones académicas para estar con Li Yuechi, rechazar la oferta de la Universidad de Chicago y quedarse en China como cantante, con un futuro incierto.
Para poder salir con Tang Heng, Li Yuechi tomó un trabajo extra como tutor y redujo en doscientos yuanes el dinero que enviaba a casa cada mes: antes mandaba dos mil; desde que empezaron a salir, enviaba mil ochocientos.
Para salir con Li Yuechi, Tang Heng alquiló un apartamento, compró muebles, pagó por adelantado las facturas de electricidad y agua y, además, viajaba cada semana entre Pekín y Wuhan, siempre eligiendo los boletos de avión más caros.
Para ahorrar en la factura del teléfono, Li Yuechi fumaba menos que antes.
Para pasar más tiempo con Li Yuechi, Tang Heng comía siempre la comida barata de la cafetería que tanto detestaba.
Li Yuechi creía que todo tenía un precio.
Tang Heng decía que amar –que le gustara– era gratis.
Li Yuechi se recostó en el asiento y miró el cielo nocturno. Por más que lo pensara, por más que intentara calcularlo, parecía imposible hallar un equilibrio. Claro que, en el fondo, probablemente no debería convertir esos sacrificios en cifras concretas, «me doy un punto, te doy dos puntos»; no era algo que pudiera medirse de esa manera.
Pero si no lo hacía, sería aún más difícil demostrar lo mucho que amaba a Tang Heng.
Li Yuechi recordó la historia de Bi Gan[1], a quien se le arrancó el corazón. La noche era oscura y la luna no se asomaba. De repente, deseó poder arrancarse el corazón. Quemarlo durante tres días y tres noches, como si estuviera refinando cobre, hasta que ardiera incandescente. Luego, colocarlo en la mesa de forja y golpearlo una y otra vez, hasta que finalmente se transformara en una delgada luna de color cobrizo.
Así podría colgar su corazón en el cielo y Tang Heng podría verlo siempre que lo extrañara.
Dos haces de luz blanca se acercaron desde la distancia y un Volkswagen gris se detuvo frente a Li Yuechi. El profesor Tang bajó la ventana del coche y dijo sorprendido:
—Xiao Li, ¿qué haces aquí?
Li Yuechi volvió a la realidad.
—Solo me senté aquí por un momento.
—Ah, ¿sigues preocupado por el equipo? —El profesor Tang sonaba amable e incluso un poco arrepentido—. ¡No contestaste cuando te llamé! Quería decirte que Wang Lili lo admitió. Ella ya había enviado el equipo antes de que tú y Xiaoqin llegaran a Dawu.
Li Yuechi palideció por unos segundos.
—¿Quiere decir… que el asunto no tiene nada que ver con nosotros?
—¡Sí! Estuve demasiado ansioso estos últimos dos días y no pensé con claridad —dijo el profesor Tang sinceramente—. ¡Tú y Xiaoqin son buenos chicos! Ah, ya sabes, el internet es aterrador en estos días. Si la noticia se difunde, se convertiría en un escándalo de corrupción de caridad, y eso sería muy problemático. ¡Por eso estaba tan ansioso!
Li Yuechi se apartó el cabello empapado de sudor.
—Entonces, ¿por qué Wang Lili nos difamó? —Se sintió extremadamente aturdido.
—Ella no esperaba que el equipo estuviera en conjuntos y pensó que podría engañar a todos. Ahora que ha sido descubierta, quería arrastrarlos a ustedes dos también —dijo el profesor Tang, riendo—. Después de todo, ustedes dos son estudiantes. Sabía que la escuela los protegería. Afortunadamente, ella lo ha admitido…
La ventana del coche se cerró y el profesor Tang se alejó. Antes de irse, le dijo con gran preocupación:
—Pueden continuar con el proyecto de Dawu. No se sientan agobiados. Han trabajado duro estos días, así que pueden descansar un rato y regresar más tarde.
Li Yuechi pensó en preguntar si podía renunciar al equipo, pero antes de decirlo, recordó el salario mensual de ochocientos yuanes.
Al final decidió no decir nada. Simplemente asintió al profesor Tang.
Esa noche, Li Yuechi se sintió inusualmente fatigado. Al regresar al apartamento, se dio una ducha rápida y luego se dejó caer, exhausto, sobre la cama. La crisis repentina había desaparecido del mismo modo en que había llegado, sin darle tiempo a procesarla. Sin embargo, al pensar en que Tang Heng había renunciado a la offer por él, la sensación de opresión volvió a apoderarse de su pecho.
Li Yuechi se quedó dormido y tuvo un sueño vívido. En él, el verano ya había llegado y estaban de vacaciones. Había llevado a Tang Heng a su pueblo natal. En las zonas montañosas, donde la temperatura siempre era mucho más fresca que en la ciudad, una brisa suave agitaba la coleta baja de Tang Heng. Vestía aquella camiseta blanca con un corazón rojo en el pecho y, con las piernas estiradas, cantaba sentado junto al arroyo de la aldea. El agua corría cristalina, la luz del sol deslumbraba. Y mientras Li Yuechi lo observaba en silencio, sentía que la vida era, de verdad, hermosa.
