Esto fue lo que el viejo Mingge había escrito en su Libro del Destino:
«Noche. Shang Shengling rescata a Mu Ruoyan. Li Siming lo descubre. Se produce una pelea. Gravemente herido por causa de Mu Ruoyan. Escapa».
Mingge se agarró la barba con la mano y le dijo a este señor inmortal con una sonrisa.
—¿Ya ves? Todo está escrito con mucha claridad, ¿no es así?
No dije nada.
Para lo que importaba, Li Siming ya era un cadáver yerto.
Y era la tarea que el Emperador de Jade me había asignado la que estaba siendo comprometida.
Y, en cualquier caso, no podían culparme por este retraso en la misión.
Y, de cualquier forma, me encontraba actualmente en el Palacio Lingxiao, y el Emperador de Jade podía tomar una decisión por su cuenta.
Por pura suerte, la lanza de Tianshu había entrado por el pecho de Li Siming y perforado su corazón. Ni siquiera alguien que hubiera tenido la intención de hacer eso habría tenido la certeza de tener tanto tino. El corazón estaba hecho de carne. Si fuera perforado por una punta de lanza así de grande, causando que los vasos sanguíneos se rompieran al instante, ¿cómo podría terminar bien la cosa? Dio dos espasmos y luego quedó completamente muerto, y a mí, este señor inmortal, no le quedó más remedio que soportar el dolor en tanto me aferraba a la vida dentro del cuerpo.
Lo que más me complicaba las cosas era que aún no podía usar mis poderes. Pero tenía a Hengwen conmigo; aunque me hubieran hecho puré diez corazones con una lanza, bastaría un soplo de aire inmortal para que volvieran a latir con fuerza. Pero justo en ese momento, Hengwen tenía que ser el señor Zhao, y no podía usar sus poderes a plena vista.
Bastó un instante para que los sirvientes del príncipe irrumpieran, apartaran al señor Zhao a un lado y me llevaran a la alcoba. Varios médicos se turnaron para tomarme el pulso… lo que acabó por espantarlos de muerte. Se quedaron mudos del pánico, temblando de pies a cabeza.
Pobrecillos. ¿Cuántas personas en este mundo se han topado con alguien que, sin pulso alguno, aún hablaba con los ojos bien abiertos?
—¿Cómo está mi hijo? —preguntó el príncipe de la Comandancia del Este—. ¿Todavía se puede salvar?
Los médicos temblaban como hojas. Al verlos sacudirse tan lastimosamente, este señor inmortal habló desde la cama:
—Padre…, no los ponga en aprietos. Dejemos que decida el Cielo.
—Padre, no se preocupe —dijo Li Siyuan, secándose las lágrimas—. Mire, ¿acaso no está aquí el Tercer Hermano consolándolo? El Cielo lo bendecirá por su piedad filial…
Se le quebró la voz al final de la frase.
La familia del viejo Li se abrazó junto al lecho de este señor inmortal y rompió a llorar.
—¡Maldita sea! ¿Qué he hecho yo para merecer esto? —sollozó el príncipe.
Mientras, Li Sixian y Li Siyuan clamaban:
—¡Ay, pobre de nuestro Tercer Hermano!
Incluso las esposas principales de Li Sixian y Li Siyuan lloraban en sus pañuelos.
—El destino ha sido cruel con el tío más joven.
Sus lágrimas me conmovieron profundamente. En medio del bullicio del mundo mortal y la vorágine de lo mundano, un gesto humano seguía siendo algo cálido y reconfortante.
Hablando de eso… ¿por qué Hengwen no estaba aquí para curarme? ¿No era un poco cruel quedarse mirando con indiferencia mientras yo sufría y me retorcía de dolor?
Justo cuando tuve ese pensamiento, todo mi cuerpo comenzó a elevarse lentamente. Me alarmé de inmediato. «¡Esto no es ninguna broma! ¿Acaso quiere que Li Siming muera, sacándome así de su cuerpo en este preciso momento?».
Estaba a punto de resistirme cuando una voz baja y apagada resonó sobre mi cabeza:
—Song Yao Yuanjun, este humilde inmortal es la Deidad del Patrullaje Diurno. El Emperador de Jade ha decretado que debo guiar a Yuanjun de regreso a la Corte Celestial.
Resultó que, esta vez, los hilos del destino se habían enredado de forma tan absurda y escandalosa que Nanming había logrado rescatar a Tianshu, y por ello el Emperador de Jade, algo irritado, había mandado traer a este señor inmortal y al viejo Mingge al Palacio Lingxiao para interrogar. Hengwen estaba a un lado, como testigo.
—¿Cómo se ha llegado a esto? —preguntó el Emperador de Jade.
Este señor inmortal se mantuvo sereno y compuesto en el salón. La razón estaba de mi lado.
—El Emperador de Jade es sabio. Cuando Song Yao descendió al mundo mortal esta vez, cumplí con todo exactamente según las instrucciones, pero los hechos resultaron ser completamente distintos. Mis sufrimientos no tienen mayor importancia, así que no los mencionaré. El Emperador de Jade, sabio y omnisciente, sabrá juzgar con imparcialidad lo que ha estado bien y lo que no.
Le lancé una mirada de soslayo a Mingge. El viejo, sudando a mares, confesó su error ante el Emperador de Jade con temor y temblor. También abrió el Libro del Destino para mostrárselo a este señor inmortal, sonriéndome con aire conciliador mientras pedía disculpas.
Como alma razonable que soy, le hice un favor a Mingge.
—Emperador de Jade, hay un dicho en el mundo mortal: «Las nimiedades son difíciles de evitar y los destinos difíciles de determinar». Mingge Xingjun está a cargo de incontables destinos, una labor tediosa y compleja; que se le escape uno o dos detalles es perfectamente comprensible. Nanming apenas ha raptado a Tianshu. Y, al fin y al cabo, ambos no son más que simples mortales, así que separarlos no supone un gran revés. Solo queda ver cómo se juega la siguiente mano.
El Emperador de Jade lo contempló un momento y asintió.
—Tienes razón. Veremos cómo se juega la siguiente. —Sus labios se curvaron en una sonrisa—. Song Yao, esperaré a ver cómo juegas la siguiente.
Respondí con una sonrisa avergonzada:
—Emperador de Jade, este humilde inmortal no ha sido muy diligente en el cumplimiento de sus deberes. Que Nanming pudiera raptar a Tianshu fue, en gran medida, culpa de la incompetencia de este humilde inmortal. ¿Podría el Emperador de Jade… —Le lancé una mirada de soslayo a Hengwen, insinuándole que me echara una mano— considerar elegir a otro talento?
Antes de que Hengwen pudiera reaccionar, el Emperador de Jade dijo desde lo alto:
—Has hecho un gran trabajo en el mundo mortal. Cada vez que converso con la Reina Madre, te elogia por tu meticulosidad. Una vez regreses victorioso a la Corte Celestial tras asistir a tu compañero inmortal en el mundo secular, tu rango y tu salario aumentarán sin falta un grado más.
Me apresuré a inclinarme y a rechazar el cumplido con modestia, pero antes de que alcanzara a terminar la frase, el Inspector Celestial llegó a informar al Emperador de Jade sobre otros asuntos… y nos empujó a todos fuera del Palacio Lingxiao.
Este señor inmortal agarró a Mingge y lo detuvo en seco.
—Xingjun, a partir de hoy, más te vale hacer un mejor trabajo al escribir sobre mí en el Libro del Destino.
Mingge Xingjun sonrió tan ampliamente que todas las arrugas de su rostro se le juntaron en un solo punto.
—Por supuesto, por supuesto. Hoy le debo mucho a Yuanjun por hablar bien de mí. Solo que… un día en el Cielo equivale a un año en la Tierra. Usted ha estado retenido aquí tanto tiempo… Si no se da prisa en volver, me temo que…
De pronto, me detuve en seco, arrastré a Hengwen conmigo y salimos corriendo hacia la Puerta Sur de los Cielos.
Aunque lo llevaba casi a rastras, Hengwen me dijo sin la menor prisa:
—¿A qué viene tanta urgencia?
Con una sonrisa amarga, respondí:
—Si no nos apuramos, la tumba de Li Siming va a estar cubierta de maleza.
Al final…
Este señor inmortal y Hengwen emprendimos la bajada con bastante apuro.
Aunque no tan tarde como para encontrar el túmulo ya verde de hierba.
La tierra sobre la tumba de Li Siming aún estaba húmeda, y su lápida, reluciente de nueva.
Apenas había pasado el séptimo día oficial de luto desde su muerte.
Hengwen dio lentamente una vuelta alrededor del túmulo.
—Ya está metido en el ataúd y enterrado. ¿Y ahora?
—No hay más remedio que esperar hasta la medianoche, abrir la tumba y ver si Li Siming ya se ha podrido —respondí—, y si todavía se puede usar.
