Hacía demasiado que no veía a Mingge Xingjun y lo extrañaba muchísimo.
Tras varios días de viento fuerte y lluvias intensas, el cielo nos sorprendió despejándose por completo. El azul del cielo, limpio después de tanta lluvia, brillaba con fuerza, y el sol, radiante y abrasador, colgaba alto. No había ni una nube, ni soplaba el viento.
Abrí la ventana y comenté lo bonito que estaba el día. El camarero que entró a rellenar el té añadió:
—¿Verdad que sí? No ha parado de llover últimamente, pero por fin se despejó el cielo. Esta mañana varios huéspedes ya han pagado y dejado la posada para dirigirse al cruce del ferry. Incluso ese maestro que volvió ayer y el señor al que usted curó acaban de irse.
Este señor inmortal, lleno de inquietud, fue a consultar con Hengwen, y de paso saqué a colación a Mingge.
—El viejo Mingge solía venir a verme dos o tres veces al día cuando acababa de descender al mundo mortal —dije—. En aquel entonces era tan diligente. ¿Por qué se ha vuelto tan descuidado últimamente? Ni rastro suyo se ve ya. ¡Shan Shengling ha huido con Tianshu! ¿Vamos tras ellos o no?
—La Corte Celestial está a punto de celebrar el Diálogo de la Doctrina Taiqing, y la llave de la Puerta de los Cielos aún no ha sido encontrada. Quizá Xingjun Mingge esté ocupado con estos asuntos y, por un descuido momentáneo, haya pasado por alto lo que sucede en la tierra.
Las palabras de Hengwen iluminaron a este señor inmortal. Claro, el viejo Mingge siempre había sido amante de acumular méritos ante el Emperador de Jade. Con el ajetreo que reinaba ahora en el Cielo, sin duda estaría esperando su oportunidad para acaparar todo el mérito que pudiera. Por el momento, me dejaría a mí abandonado a mi suerte.
Miré a Hengwen, todavía con cierta preocupación.
—¿No deberías regresar a la Corte Celestial si va a celebrarse el Diálogo de la Doctrina Taiqing?
El Diálogo de la Doctrina Taiqing era una reunión destinada a debatir las doctrinas del taoísmo y el budismo. Se celebraba una vez cada sesenta años, alternando como anfitriones la Corte Celestial y el Paraíso Occidental del Tathagata. Apenas sesenta años atrás había obtenido yo las cualificaciones necesarias para asistir a esa reunión, y aun así, mi papel no había sido más que el de un inmortal espectador, presente solo para hacer número. Por otro lado, Hengwen Qingjun era un participante clave de esta reunión. En el pasado, cada vez que Hengwen asistía, yo, sintiéndome solo en la Corte Celestial, solía ir al Palacio de la Luna a beber con el leñador Wu Gang. Después de que yo mismo empezara a asistir a la reunión, es probable que Wu Gang solo tuviera al Conejo de Jade como compañero de tragos.
El diálogo doctrinal de hace sesenta años se celebró a orillas del río Fanjing, en el Paraíso Occidental. El paisaje era un espectáculo de dicha y esplendor. La arena de las riberas era dorada, los árboles de Bodhi tenían hojas de jade y sus frutos frescos colgaban al alcance de la mano.
El Emperador de Jade no pudo asistir, así que la congregación, encabezada por Taishang Laojun, estuvo conformada por Hengwen Qingjun, los cuatro Dijun, los ocho Xingjun y otros inmortales, entre ellos este señor inmortal. Todos cabalgaban nubes auspiciosas en una grandiosa procesión, con las mangas ondeando en la brisa cristalina, formando un espectáculo imponente.
El Buda Tathagata, Bhaisajyaguru, el Buda de la Medicina; Maitreya, el Buda Sonriente; el Buda Virtuoso y Benéfico; el Buda de la Gran Compasión, y los demás budas y bodhisattvas permanecían sentados, erguidos y ordenados, sobre sus asientos de loto, con las auras radiantes a su alrededor.
El diálogo se prolongó durante cuarenta y nueve días. Este señor inmortal comía frutos frescos mientras escuchaba, entretenido, cómo ambas partes debatían sus doctrinas. Todo resultaba sumamente interesante. Hengwen Qingjun y el Buda de la Gran Compasión discutieron las doctrinas durante tres días y tres noches, en un brillante intercambio bajo una lluvia de flores celestiales. Taishang Laojun se acariciaba la barba, mientras el Buda Tathagata sostenía una flor en la mano, ambos sonriendo.
Finalmente, Hengwen salió victorioso. Juntó las manos en señal de respeto y regresó a su asiento. Con un movimiento de la manga, apartó sin esfuerzo la montaña de huesos de fruta acumulados a mi lado y se sentó con aire despreocupado.
—Impresionante —lo felicité con toda sinceridad, y Hengwen esbozó una sonrisa, fingiendo modestia.
Nanming Dijun y Tianshu Xingjun también habían asistido al diálogo. Cinco días después de Hengwen, llegó el turno de Tianshu para debatir con el Venerable del Dharma Virtuoso. La exposición y argumentación de Tianshu fueron tan suaves como el agua; su intercambio con el Venerable fluyó de forma pausada y continua, sin que se produjera la menor interrupción.
Este señor inmortal había comido demasiadas frutas frescas, y me sentía un poco empachado. Me froté el estómago al compás adormecedor de sus voces y, mientras lo hacía, caí profundamente dormido. Pero, por desgracia para mí, Hengwen Qingjun estaba sentado justo a mi lado. Salía victorioso de cada intercambio verbal, ganándose de vez en cuando una mirada de aprobación tanto del Buda del Paraíso Occidental como de los inmortales de la Corte Celestial. Y en esas, también alcanzaban a ver a este señor inmortal durmiendo plácidamente con los ojos cerrados.
Al regresar, la furia del Emperador de Jade por la deshonra que este señor inmortal había traído a la Corte Celestial se sentía con claridad. Con Nanming Dijun a la cabeza, los demás lo instaron a imponerme un castigo severo.
Hengwen, Donghua Dijun, Bihua Lingjun, Taibai Xingjun y algunos otros intercedieron en mi favor, así que el Emperador de Jade llamó a Tianshu Xingjun a comparecer ante los peldaños de su trono y le preguntó:
—Song Yao Yuanjun se quedó dormido mientras exponías los principios de la doctrina. Según tú, ¿cómo debería castigársele?
En ese momento, yo me encontraba en el salón, bastante complacido. El Emperador de Jade claramente deseaba perdonarme y buscaba darme una salida. Al plantear la pregunta de ese modo, hasta quienes tenían rencillas conmigo probablemente me harían un favor, Tianshu incluido.
Pero este señor inmortal jamás imaginó que Tianshu Xingjun le diría solemnemente al Emperador de Jade que, «si bien quedarse dormido durante una disertación es un asunto menor, este pequeño incidente es de conocimiento de todos los inmortales del reino celestial y de todos los budas del Paraíso Occidental, convirtiéndose así en una deshonra para la Corte Celestial. Además, Guangxu Yuanjun alcanzó la inmortalidad por mera casualidad, pero nunca ha cultivado a fondo su naturaleza taoísta ni ha construido una base sólida a partir de sus raíces inmortales. Habla a menudo del mundo secular con anhelo y sentimentalismo. En verdad, no es apto para ser un inmortal en la Corte Celestial…».
Como antes, seguía hablando con lentitud y suavidad, como el murmullo del agua, pero escucharlo me hizo estremecer.
Entonces el Emperador de Jade dijo:
—En ese caso, según tú, ¿de qué pecado debe declararse culpable a Guangxu Yuanjun, y cómo debe ser castigado?
Tianshu hizo una reverencia al pie de las escalinatas de jade y respondió lentamente:
—En su día, en la Tierra Pura del Paraíso Occidental, hubo un venerable cuya mente se distrajo por un instante mientras el Buda exponía el Dharma, y fue arrojado al mundo mortal para vivir diez reencarnaciones y soportar todos los sufrimientos del ciclo de la vida. Hoy, Guangxu Yuanjun ha mostrado una falta de decoro ante los diversos inmortales y budas, deshonrando a la Corte Celestial, y además, sus deseos mundanos aún no han sido erradicados por completo. En opinión de este humilde inmortal, debería ser desterrado de nuevo al mundo mortal, sin poder volver a poner un pie en la Corte Celestial jamás.
Sus palabras fueron como cinco rayos cayendo de golpe sobre mi cabeza, cada uno tan brutal que me dejaron sin habla, completamente paralizado.
Hengwen dio un paso hacia el frente del salón.
—Pensar que se trata de un pecado tan grave… En ese caso, este culpable debe dar un paso al frente y confesar su falta, no sea que el Supremo castigue injustamente a Song Yao Yuanjun.
El Emperador de Jade, naturalmente, tuvo que preguntar por qué. Hengwen sonrió, bajó la cabeza y respondió:
—Todo fue culpa mía. Antes del diálogo, hice una apuesta con Song Yao… es decir, con Guangxu Yuanjun. Siempre me he burlado de Guangxu Yuanjun por haber alcanzado la inmortalidad de pura casualidad y por su falta de dominio en el arte del Tao. Por su parte, las doctrinas del taoísmo y el budismo son vastas y profundas. Si se me permite la blasfemia, debo admitir que a veces las encuentro áridas y tediosas cuando las escucho. Por eso, aposté con Guangxu Yuanjun que no podría evitar quedarse dormido durante el diálogo. La expresión de Guangxu Yuanjun fue solemne cuando me respondió: «El diálogo es una oportunidad invaluable para comprender el arte del Tao. El hecho de que el Emperador de Jade me permita participar es una gran muestra de generosidad. Este humilde inmortal apenas puede saborear cada palabra que escucha, ¡¿cómo podría quedarme dormido?!». Por eso, él apostó treinta tinajas de vino de osmanthus elaborado personalmente por Yuezi. Donghua Dijun estaba presente en ese momento. Él es nuestro testigo.
Donghua Dijun se cubrió la boca con la manga para disimular una tos.
—Para informar al Emperador de Jade, este humilde inmortal efectivamente fue testigo. Oh, Jinxing, recuerdo que tú también estabas allí. Tú también lo viste, ¿no?
Taibai Xingjun asintió ciegamente.
—Cierto, cierto. Este humilde inmortal también lo presenció. Soy un… ejem, testigo también.
Hengwen continuó:
—Guangxu Yuanjun tenía un aire tan santurrón cuando hizo la apuesta conmigo, que me dejó un sabor amargo. No esperaba que se sentara erguido, con los ojos brillantes, durante el diálogo. Me temo que no tengo tanta autoridad como para pedirle a Yuezi treinta tinajas de vino de osmanthus… y en un arrebato de ganas de ganar… —Tosió una vez y adoptó una expresión de dolor mientras proseguía—: Al ver a Guangxu Yuanjun tan feliz comiéndose los frutos, saqué dos bichos somníferos, que lancé discretamente al interior de su fruta y, pues…
Al llegar a este punto, se giró hacia mí y se inclinó profundamente.
—Lo siento mucho. Jamás imaginé que acabaría causándole a Yuanjun una acusación tan grave. Lo lamento de veras, de veras.
Al ver que Hengwen asumía toda la culpa por mí, estuve a punto de derramar lágrimas. ¿Cómo podría pronunciar siquiera una palabra?
Nanming Dijun, Tianshu y los demás también se quedaron en silencio. Con Hengwen Qingjun dando un paso al frente para cargar con la culpa, y Donghua Dijun y Taibai Xingjun como testigos, refutar sus palabras equivaldría a acusar a tres venerables señores de mentir para encubrirme. Si seguían discutiendo, sin duda la situación se tornaría aún peor.
Justo cuando nos encontrábamos en un punto muerto, la Reina Madre salió del salón trasero y dijo:
—Solo se quedó dormido durante una disertación. Aunque sí constituye una falta de decoro, no me parece que sea un crimen tan grave. Los principios que se debaten en los coloquios son profundos; hasta yo, en ocasiones, los encuentro agotadores. Cuánto más Song Yao. Los que cultivamos la inmortalidad valoramos la autenticidad y el fluir con la naturaleza; es un enfoque muy distinto al de quienes estudian las enseñanzas de Buda. Como se dice, «nosotros cultivamos el Tao de la despreocupación, ellos meditan en su quietud». No creo que tengamos que imponer castigos conforme a sus preceptos. El Emperador de Jade es sabio. De seguro tiene su propio juicio imparcial.
El Emperador de Jade, por supuesto, era sabio. Al final, declaró a Hengwen culpable del delito de confesar falsamente una falta y engañar a sus superiores. En consecuencia, le impuso una sanción de dos meses sin salario y un mes de autorreflexión sobre sus propios pecados. Donghua Dijun y Taibai Xingjun fueron hallados culpables de encubrirme y de engañar también a sus superiores, por lo que se les descontó medio mes de sueldo a cada uno. En cuanto a este inmortal, por haber violado el decoro quedándose dormido durante el coloquio, me tocó un castigo de dos meses de autorreflexión.
El Emperador de Jade dijo:
—Teniendo en cuenta que ya habrías quedado en bancarrota pagando la multa por Hengwen y Donghua Xingjun, no se te descontará el salario.
Alabé al Emperador de Jade en voz alta por su sabiduría y magnanimidad.
La Reina Madre comentó lánguidamente, con una sonrisa apenas perceptible:
—Un momento. Escuché que cierto inmortal afirmó junto al río Fanjing que Tathāgata era verdaderamente generoso por permitir que se comieran sus frutos a placer, a diferencia de la Reina Madre del Reino Celestial, tan avara que incluso hacía custodiar unos cuantos duraznos por los soldados celestiales. ¿Te suena de algo esto, Song Yao Yuanjun?
Solté una risita seca.
Y así fue como este señor inmortal pasó medio año regando los melocotoneros en el Jardín de los Melocotones Inmortales de la Reina Madre.
