Era amplio, pero estaba vacío.
Vi a Tianshu de pie frente a la ventana. Cuando me acerqué, se volvió hacia mí y dijo de pronto:
—Todos en aquella ciudad murieron, ¿verdad?
Me quedé momentáneamente en blanco.
—Cuando el león de nieve enloqueció —repitió Tianshu—, todos en Luyang murieron, ¿cierto?
Entonces caí en la cuenta del incidente del que hablaba. Conociendo el temperamento de Tianshu, sin duda se echaría la culpa por lo ocurrido.
Así que le dije:
—El león de nieve se volvió loco de repente. Si hay que culpar a alguien, la responsabilidad recae en Mingge, quien escribe los destinos. Cuando la gente de la ciudad llegue al inframundo, solo hay que hacer que Yanwang les conceda una buena reencarnación.
Tianshu se limitó a sonreír.
Había vuelto ya a su forma verdadera. Como esperaba su castigo, vestía únicamente una túnica blanca y sencilla, y aun así conservaba esa frialdad y serenidad que siempre lo caracterizaban.
Dudé un instante antes de hablar.
—Nunca llegué a reconocerte como Du Wanming. Perdón.
—No tiene importancia —respondió Tianshu—. En todo caso, debería ser yo quien te pida perdón. Lo nuestro debió ser solo un encuentro pasajero en una vida mortal, nada más; pero al final te viste implicado y unido al hilo del vínculo inmortal. Te agradezco sinceramente que me cuidaras en el mundo mortal. Por eso quería verte. Pensé que no volvería a hacerlo, pero aquí estás.
Bajé la cabeza.
—No menciones el mundo mortal… Me siento aún más avergonzado solo de recordarlo. Te traté de las peores maneras posibles allá abajo, y aun así, durante todo este tiempo que he estado en el Cielo, me has estado ayudando. Yo… te debo demasiado. Todo esto es culpa mía, y te he arrastrado conmigo. El Emperador de Jade conoce toda la historia, así que seguro te dejará libre.
Tianshu volvió a sonreír.
—Hablas como si hubieras venido a disculparte y rogar perdón.
Solté una risa seca. Tianshu y yo estábamos unidos por el hilo del vínculo inmortal, pero por alguna razón, nuestras conversaciones seguían siendo extremadamente incómodas.
—Tú sientes que me has implicado y causado problemas —dijo Tianshu—. Y yo, a mi vez, siento que te he implicado a ti. La verdad es que le debo mucho a Nanming Dijun también. Una deuda aquí, otra allá, ¿quién puede distinguirlas con claridad?
Tianshu se volvió y miró hacia la ventana.
—En realidad, desde que regresé de mi vida como Du Wanming, he estado pensando que quizás sería mejor ser mortal. Bastaría con estar en un patio tranquilo, contemplando el paso de las estaciones, viendo florecer y marchitarse las rosas amarillas sin espinas. Eso supera con creces el estar en la Corte Celestial, involucrado en infinitos enredos.
Al escuchar sus palabras, sentí que algo no iba bien. Tenía suficiente experiencia lidiando con Mu Ruoyan en el mundo mortal como para reconocer que aquello sonaba a despedida.
Di un paso largo hacia él y lo tomé de la manga. Tal como temía, su cuerpo se desplomó, ligero como un trozo de papel. El aura inmortal en él era extremadamente débil y su resplandor divino era tan tenue que casi se había extinguido.
—¡¿Qué has hecho?! —exclamé, estupefacto.
Tianshu sonrió apenas.
—Todos estos años de enredos… estoy demasiado cansado. Olvidemos quién debe a quién. Ya no quiero preocuparme más.
Usé un poco de mis poderes para examinarlo: solo encontré un vacío gélido.
Tianshu había destrozado su propia esencia inmortal.
Era aún más despiadado consigo mismo que cuando fue Mu Ruoyan.
Quería ser obliterado, tanto que no dejaría ni la más mínima oportunidad para que alguien pudiera salvarlo.
Tianshu extendió una mano y colocó una pieza de jade en la mía.
—Has cuidado tanto de mí… La verdad es que no me debes nada. Gracias… por todo lo que hiciste… aquellos días de infancia en el mundo mortal…
Sus ojos se cerraron y su cabeza cayó hacia delante.
Sentí un agudo dolor en la base del dedo meñique, seguido de la sensación de algo aflojandose.
«Tianshu Xingjun, ¿de verdad crees que por haber usado este truco ya no tienes salvación?».
El vínculo inmortal entre nosotros resultaría útil después de todo.
Por mucho que él buscara la muerte, yo siempre podría frustrar sus intentos.
Solté un suspiro y canalicé una corriente de energía inmortal hacia su espalda.
Luego saqué algo del interior de mis ropas y lo introduje en la boca de Tianshu.
De pronto, una luz envolvió su cuerpo.
No era la luz plateada de Tianshu Xingjun, sino la luz azul de Song Yao Yuanjun.
Le hablé al hombre envuelto en ese resplandor:
—Xingjun, lo siento. Fuiste amigo mío cuando eras Du Wanming, así que deberías saber que lo que yo, Song Yao, más temo en la vida es deber favores. Esta deuda, aunque no me permitieras saldarla, aun así tengo que hacerlo.De ahora en adelante… cuando recuperes tu cuerpo inmortal, todo el pasado quedará borrado; a partir de este momento, tú y yo no nos debemos nada.
Miré el colgante de jade que tenía en la mano y, cerrando el puño con suavidad, lo hice añicos hasta reducirlo a polvo.
Abandoné el Palacio Yaoguang.
He Yun se hallaba de pie justo frente a la puerta.
Le dije:
—Acabo de hablar con Tianshu Xingjun, y ha recobrado la claridad. ¿Podría el emisario He interceder ante el Emperador de Jade por él? Permítanle un par de días de tranquilidad, y luego se podrá discutir el resto.
—La orden inicial del Emperador de Jade —respondió He Yun— era precisamente que Tianshu Xingjun meditara durante dos días. Así que podéis estar tranquilo, Yuanjun.
Le di las gracias y, fingiendo indiferencia, pregunté:
—¿Sabe acaso dónde está encerrado ese zorro?
—El Emperador de Jade ha ordenado que Bihua Lingjun lo vigile por el momento —contestó He Yun.
Me encaminé hacia la residencia de Bihua Lingjun. El joven asistente inmortal me informó que Lingjun no se encontraba allí, pues había sido invitado a tomar el té por Hengwen Qingjun.
Era evidente que Hengwen debía de haberle pedido a Bihua que cuidara bien del zorro. La ausencia de Bihua Lingjun, en todo caso, me venía de maravilla: un melodrama de despedida menos que soportar.
—¿Puedo ver al zorro que el Emperador de Jade ordenó a Lingjun vigilar? —pregunté.
Puesto en un aprieto, el joven asistente inmortal frunció el rostro.
—El Emperador de Jade solo dio la orden de impedir que Hengwen Qingjun lo viera, ¿no? —dije—. Así que no pasa nada si lo veo yo, ¿verdad?
El joven asistente inmortal reflexionó un momento antes de asentir.
—Está bien.
Me condujo hasta una cámara de piedra en el patio trasero y abrió la puerta.
—El zorro está ahí dentro.
—Quiero verlo a solas —le indiqué—. Retírate y cierra la puerta por fuera.
—De acuerdo —respondió el joven asistente inmortal—. Pero no se demore.
Entré en la cámara de piedra, y oí el chasquido de la cerradura al cerrarse.
El zorro yacía sobre un cojín de oración colocado en una cama de jade.
Su pelaje estaba seco y enmarañado, y tenía la cabeza apoyada sobre las patas delanteras. Al verme, alzó apenas los párpados.
Me senté en el borde de la cama.
—¿Cómo estás, Bola de Pelos?
El zorro cerró los ojos y permaneció inmóvil.
—Si el Emperador de Jade te obligara a dejar de querer a Hengwen Qingjun, ¿qué harías? —pregunté.
Las orejas del zorro se movieron.
—¿Y si el Emperador de Jade mandara arrancarte la piel y pulverizar tus huesos solo para obligarte a dejar de amarlo? —insistí.
Las orejas del zorro volvieron a moverse, su expresión firme e imperturbable.
Excelente.
—Entonces recuerda bien mis palabras de hoy —dije—. A Hengwen le gusta el té suave. Cuando escribe, suele dejar el pincel en el lavapinceles y se olvida de guardarlo. Cuando bebe, lo hace hasta emborracharse, así que no puedes dejar que beba todo el vino que quiera. No tiene malos hábitos al dormir, pero recuerda que, al despertarse, debe beber la primera infusión de té Lengua de Gorrión.
»Tiende a perder la noción del tiempo cuando lee documentos oficiales, así que tendrás que arrastrarlo afuera de vez en cuando para que tome aire. Tiene a alguien bajo su mando llamado Lu Jing, que se las arregla para hacer aparecer montones de papeles oficiales a cualquier hora para que él los revise. No necesitas prestarle atención a ese inmortal.
»Ten cuidado cuando vengan Donghua Dijun, Bihua Lingjun, Taibai Xingjun y los demás a invitarlo a beber. Tiene la costumbre de olvidar o perder cosas. Cuando se levante de su asiento, revisa su mesa por si ha dejado algún abanico u otra cosa olvidada.
»No le gustan mucho las cosas dulces, y aun cuando se trata de semillas de fruta o frutos secos, solo come los salados, no los confitados. Su almohada debe ser baja y su ropa de cama, suave. Y asegúrate de que el agua del té esté siempre a una temperatura agradable.
El zorro se incorporó y me miró de reojo, desconcertado. Con amabilidad, le acaricié la cabeza.
—Quédate al lado de Hengwen a partir de ahora.
El zorro tembló bajo mi mano. Suspiré de nuevo y recité un encantamiento. Una luz azul apareció en mi palma y envolvió al zorro, primero como un resplandor tenue que se intensificó hasta volverse brillante, para luego ir apagándose poco a poco. Finalmente, toda la luz fue absorbida por el cuerpo del zorro. Éste se acurrucó sobre el cojín y me miró con asombro.
—Bola de pelos —dije—, ya tienes la mitad de mi cultivación dentro de ti. Ahora puedes volver a tomar forma humana. Con un poco más de cultivación, podrás convertirte en un inmortal.
Bola de pelos saltó al suelo y rodó hasta transformarse en su forma humana. Ahora que poseía mi cultivación, parecía incluso un poco más agradable a la vista. El zorro me miró.
—¿Por qué haces esto?
—A decir verdad —expliqué—, mi esencia inmortal y la otra mitad de mi cultivación ya se la he entregado a otra persona, como pago de una deuda. En este momento me sostienen solo los hechizos, y en unos pocos días no seré más que cenizas. Esta mitad restante de mi cultivación desaparecerá junto conmigo, así que prefiero dártela. Pero no te la doy sin motivo. La deuda de gratitud que Hengwen Qingjun te debía por haberle salvado la vida… la he saldado en su nombre. Desde este instante, él ya no te debe nada.
El zorro me miró, desconcertado. Poco a poco, un atisbo de tristeza se apoderó de su expresión. Este señor inmortal también se sintió invadido por la melancolía. Pronto me desvanecería en el olvido.
—Hazme un favor, ¿quieres? —le pedí—. Quisiera ver a Hengwen, pero no deseo que me vea en este estado, así que me gustaría tomar prestada tu apariencia. Transfórmate en mí y sal de este lugar primero. Llevas mi aura inmortal contigo, así que el joven asistente celestial no podrá notar la diferencia. Regresa después de que haya visto a Hengwen. Tú y Hengwen tienen una relación romántica predestinada, así que el Emperador de Jade no te hará las cosas difíciles. Es muy probable que puedas quedarte a su lado para seguir cultivando. Más adelante, cuando te conviertas en un inmortal, recuerda todo lo que te he dicho.
Mis últimas palabras superaron a las de Tianshu en impacto emocional. El borde de los ojos del zorro incluso se enrojeció un poco.
—De acuerdo —respondió en voz baja, y luego se transformó en este señor inmortal—. Déjame ayudarte a tomar mi forma. Deberías contener el uso de tus artes inmortales, así podrás… resistir un poco más…
Me transformé en el zorro, y de pronto el mundo pareció ensancharse. Hasta el pequeño cojín de oración se había vuelto mucho más grande. Bola de pelos salió de la habitación, mientras yo me acurrucaba sobre el cojín. Tal como esperaba, un aura inmortal se acercó instantes después. La puerta de la cámara de piedra se abrió, y apareció Bihua.
Bihua se acercó al diván de piedra y suspiró.
—¿Qué voy a hacer contigo, zorro? Hengwen Qingjun insiste en verte, pero no puede venir hasta mi residencia. Compórtate. Este señor te llevará a ver a Hengwen Qingjun.
Antes de que pudiera asentir, una bolsa me cubrió la cabeza, y todo ante mis ojos se volvió oscuridad. Escuché la voz de Bihua Lingjun decir:
—Quédate quieto dentro de la bolsa y no te muevas. Este señor te llevará a ver a Hengwen Qingjun.
Permanecí dentro, aspirando los aromas que se filtraban por las costuras de la tela y, de tanto en tanto, adivinando vagamente por dónde íbamos.
Tras un cuarto de hora aproximadamente, Bihua Lingjun pareció cruzar por encima de un muro que rodeaba el lugar. Fue entonces cuando supe que probablemente habíamos llegado al Palacio Weiyuan.
