—Dos tazones de congee de Laba[1].
La voz de Lang Junxia se desvanece mientras una cálida luz de lámpara inunda la habitación. Duan Ling tiene tanto sueño que apenas puede mantener los ojos abiertos. Se da la vuelta, medio aturdido, pero Lang Junxia le da unas palmaditas para despertarlo.
En la habitación de huéspedes de una estación de relevo, el mozo les sirve dos tazones de congee de Laba. Lang Junxia le pasa uno a Duan Ling, quien, una vez más, lo devora con avidez; sus ojos se mueven de un lado a otro, lanzando miradas furtivas a Lang Junxia.
—¿Todavía tienes hambre? —le pregunta éste.
Duan Ling lo observa con desconfianza. Lang Junxia se sienta en la cama, pero Duan Ling se encoge en las cobijas, completamente nervioso.
Lang Junxia nunca ha cuidado de niños, y su expresión refleja un leve desconcierto. Tampoco lleva encima ningún caramelo con el que engatusar a uno. Se lo piensa un momento y desata el arco de jade[2] de su cinturón.
—Esto es para ti.
El arco de jade es cristalino, semejante a un trozo de caramelo duro, pero Duan Ling no se atreve a tomarlo. Su mirada se mueve del arco de jade de vuelta a la cara de Lang Junxia.
—Si lo quieres, tómalo —insiste Lang Junxia.
Sus palabras son cálidas, pero su voz no transmite ninguna emoción. Sujeta el jade entre sus dedos y se lo entrega a Duan Ling.
Con mucha inquietud, Duan Ling lo toma. Lo gira una y otra vez en sus manos para mirarlo. Luego, su mirada se dirige de nuevo al rostro de Lang Junxia.
—¿Quién eres? —Duan Ling de repente piensa en alguien, y pregunta—: ¿Eres… eres mi papá?
Lang Junxia no responde. Duan Ling ha escuchado innumerables rumores sobre su padre: algunos dicen que es un monstruo que vive en las montañas; otros, que es un mendigo; otros, que algún día volverá por él, que está destinado a vivir rodeado de lujos.
Sin embargo, al final Lang Junxia contesta:
—No, siento decepcionarte. No lo soy.
Duan Ling tampoco lo creía, pero no se siente particularmente decepcionado. Lang Junxia parece absorto en sus pensamientos. Cuando vuelve a la realidad, le dice a Duan Ling que se acueste y lo arropa.
—Duérmete.
El aullido de la ventisca se convierte en un eco para los oídos de Duan Ling. Runan ya está a cuarenta millas de distancia, pero Duan Ling está cubierto de cortes. En cuanto se duerme, sueña que de repente lo golpean, y luego comienza a tener pesadillas.
A veces se estremece, a veces grita de miedo, pero nunca deja de temblar.
Al principio, Lang Junxia se había hecho una cama en el suelo, pero en la segunda mitad de la noche, cuando se da cuenta de que las pesadillas de Duan Ling no parecen cesar nunca, se va a dormir a su lado. Cada vez que Duan Ling extendía la mano, Lang Junxia le permitía agarrarse con fuerza a su cálida mano. Solo después de varios episodios similares, Duan Ling empezó a calmarse.
Al día siguiente, Lang Junxia pide agua caliente y baña a Duan Ling, limpiándole todo el cuerpo. Duan Ling es pura piel y huesos, sus brazos y piernas llenos de cicatrices. Sus viejas heridas aún no han sanado y ya tiene nuevos cortes sobre ellas. Le escuecen terriblemente mientras está sentado en el agua caliente, pero no presta mucha atención al dolor. Toda su atención está en jugar con el arco de jade que tiene en las manos.
—¿Te ha enviado mi padre? —le pregunta Duan Ling.
—Shh. —Lang Junxia le pone un dedo sobre los labios—. No preguntes. No preguntes nada. Te lo contaré poco a poco.
»Si alguien te pregunta, le dirás que tu apellido es Duan, y que tu padre se llama Duan Sheng. Tú y yo somos de la familia Duan de Shangzi. Tu padre tiene negocios en Shangjing[3] y Sichuan, y te confió a la familia de tu tío. Como ya eres mayor, tu padre me ha enviado a buscarte, para llevarte a Shangjing y que puedas empezar la escuela. ¿Entendido?
Lang Junxia pone ungüento medicinal en las heridas de Duan Ling, le ayuda a vestirse con una prenda ligera sin forro y lo envuelve en un abrigo de marta que le queda grande. Le dice a Duan Ling que se siente bien y lo mira a los ojos.
Duan Ling mira a Lang Junxia con escepticismo, pero tras un breve momento, asiente.
—Ahora repítemelo.
—El nombre de mi padre es Duan Sheng.
Galopan hacia la orilla del río. Lang Junxia salta del caballo, lo guía hasta el cruce congelado y camina a su lado mientras el animal lleva a Duan Ling a través del río.
—Soy de la familia Duan de Shangzi… —repite Duan Ling.
—Voy a Shangjing para poder empezar la escuela… —Somnoliento y cabeceando, Duan Ling se balancea de un lado a otro sobre el caballo.
A mil millas de distancia, bajo Yubiguan, Li Jianhong avanza con dificultad por la nieve, cojeando y tambaleándose.
Está cubierto de heridas y hematomas, va dando tumbos mientras avanza y tiene múltiples fracturas en todo el cuerpo. Su única compañía es la espada que lleva a la espalda, y la cuerda roja que cuelga de su cuello.
La cuerda roja está enhebrada en un colgante. El colgante es cristalino, un arco de jade blanco impecable.
Una ráfaga de viento barre la nieve que ha caído sobre el jade y revela un suave resplandor en la oscuridad.
Lejos, muy lejos, en el otro extremo del mundo, desde el otro arco de jade, parece que una gran fuerza lo llama. Son las montañas Xianbei[4] que ni el azor del norte puede cruzar; es el río Dongquan, al que los peces nunca pueden llegar. Esa fuerza se encuentra al otro lado del río. Es un yugo. También es el destino.
Esa fuerza parece tener sus raíces en su alma; fluye por sus venas, sosteniéndolo mientras lucha por seguir adelante.
Una voz parece acercarse poco a poco a él en medio de la ventisca. ¿Es una manada de lobos corriendo por el páramo, o es un torbellino que puede destruir el mundo?
—¡Benxiao[5]! —aúlla Li Jianhong.
Un hermoso caballo negro azabache con cuatro cascos blancos levanta polvo mientras galopa hacia él.
—Benxiao…
El relincho de un caballo de guerra resuena en el cielo, dirigiéndose hacia Li Jianhong. Éste se cuelga de las riendas y, haciendo acopio de todas sus fuerzas, se lanza sobre el caballo para echarse sobre su lomo.
—¡Vamos! —grita Li Jianhong, y desaparece en la ventisca junto a Benxiao.
Vadean ríos y viajan hacia el norte. Gradualmente, la tierra a lo largo de su viaje se vuelve cada vez más poblada. Lang Junxia le enseña una y otra vez a Duan Ling que no debe hablar de su pasado con ningún extraño, hasta que Duan Ling puede recitarlo de memoria. Lang Junxia también le cuenta algunos hechos y anécdotas interesantes sobre Shangzi, y poco a poco, Duan Ling comienza a olvidar sus angustias y su dolor.
Las pesadillas de Duan Ling, al igual que las heridas en su cuerpo, mejoran de manera gradual. Para cuando los cortes de su espalda empiezan a formar costras, los otros ya han sanado y las costras se desprenden, dejando tras de sí nada más que tenues marcas. Finalmente, Lang Junxia pone fin a este viaje que parecía interminable, y Duan Ling ve la ciudad más próspera que jamás ha visto en su vida.
Los colores del océano se reflejan en las torres, el río centellea sobre las sedas y carruajes que pasan[6]. Al cruzar la vertiente occidental de las montañas Xianbei, una franja roja ilumina la vasta llanura mientras el sol se pone; el río Jin envuelve la ciudad como una cinta retorcida, brillando con el lustre de un glaciar.
Shangjing se yergue majestuosa al anochecer.
—Llegamos —le dice Lang Junxia a Duan Ling.
Duan Ling está bien abrigado; todo el viaje ha sido muy frío. Envuelto en los brazos de Lang Junxia, los dos contemplan Shangjing a lo lejos desde el lomo del caballo. Duan Ling cierra los ojos levemente. Se siente calientito.
La noche ya ha caído cuando llegan a la capital. La seguridad en las puertas es estricta; Lang Junxia entrega sus documentos y el guardia se fija en Duan Ling.
—¿De dónde vienes? —pregunta el guardia.
Duan Ling lo mira fijamente. El guardia le devuelve la mirada.
—Mi padre se llama Duan Sheng. —Duan Ling ya lo ha memorizado al derecho y al revés, y responde—: Soy de la familia Duan de Shangzi…
El guardia, impaciente, interrumpe su relato autobiográfico.
—¿Cuál es su parentesco?
Duan Ling se vuelve hacia Lang Junxia.
—Soy amigo de su padre —contesta él.
El guardia examina los documentos una y otra vez, pero al final, a regañadientes, los deja pasar.
La ciudad está brillantemente iluminada; la nieve se ha amontonado a ambos lados de la calle. Falta poco para el fin de año. Un borracho al borde del camino sostiene una lámpara en una mano y una jarra de vino en la otra. Una cantante se acompaña del qin[7] mientras canta, y hay otros sentados o recostados esperando afuera de tabernas de aspecto sórdido.
Las voces desinhibidas de las cortesanas que saludan a sus clientes se derraman en la noche. Un espadachín armado se detiene para mirarlas. Un rico comerciante, completamente borracho y con una mujer vestida de colores vibrantes bajo cada brazo, se balancea de un lado a otro y por poco vuelca un puesto de fideos. Una carreta traquetea al avanzar por la calle cubierta de hielo. Al grito de los portadores[8], lujosos palanquines se elevan del suelo y se dirigen a todos los rincones de Shangjing, como si fueran casas individuales.
Está prohibido que los caballos corran por las calles principales, así que Lang Junxia hace que Duan Ling se siente en la montura mientras él mismo toma las riendas y avanza a pie. Duan Ling va completamente abrigado, con solo una pequeña abertura en su gorro de piel por la que asoma la mirada, observándolo todo con curiosidad. Al girar en una calle lateral, Lang Junxia vuelve a montar el caballo. Mientras galopan junto a imponentes mansiones, levantan copos de nieve y se adentran en oscuros callejones.
Dejan atrás la música, pero las calles continúan brillando. Grandes linternas rojas cuelgan a ambos lados de la tranquila callejuela; el único sonido es el del hielo al crujir cuando los cascos de los caballos pasan al galope. Numerosas casas patio de dos pisos se agrupan al final del callejón, las linternas colgando en lo alto, una sobre otra. Incluso esta suave nevada es atenuada por su cálida luz.
Están en una puerta trasera en un callejón oscuro. Lang Junxia le dice a Duan Ling:
—Baja.
Un mendigo está sentado frente a la puerta trasera. Lang Junxia ni siquiera se molesta en mirarlo. Con el movimiento de un dedo, algunas monedas caen en el cuenco del mendigo, tintineando mientras giran hacia el fondo. Curioso, Duan Ling vuelve la cabeza para mirar al mendigo, pero Lang Junxia lo gira de nuevo y le quita con palmaditas la nieve acumulada en la ropa antes de llevarlo adentro. Lang Junxia conoce el camino y pasa junto a la galería del jardín, traspasa el patio central y se adentra en un ala lateral; a lo largo del camino se oyen los tintineos de un qin percutido.
Una vez que están en un salón apartado, Lang Junxia parece relajarse.
—Siéntate. ¿Tienes hambre?
Duan Ling niega con la cabeza, así que Lang Junxia le dice que se siente en la mesa baja delante de la estufa y se arrodilla para ayudarle a quitarse el abrigo de piel, sacudirse la nieve de las botas y desatarse el gorro con orejeras. Luego, Lang Junxia se sienta con las piernas cruzadas y lo mira; hay un leve atisbo de ternura en sus ojos, aunque está enterrado tan profundamente que apenas parece destellar.
—¿Es esta tu casa? —pregunta Duan Ling, dubitativo.
—Este lugar se llama Viburnum[9]. Nos quedaremos aquí por ahora. En unos días te llevaré a un nuevo hogar.
Duan Ling nunca olvidó que Lang Junxia le dijo que no hiciera preguntas, así que durante su viaje preguntó muy poco y se guardó muchas de sus dudas para sí mismo, como un conejo inquieto y vigilante. Sin embargo, por fuera parecía bastante tranquilo; por el contrario, Lang Junxia le explicaba las cosas por iniciativa propia.
—¿Tienes frío? —le pregunta Lang Junxia, luego toma su pie helado entre sus grandes manos y lo frota. Su ceño se frunce—. Tu constitución es demasiado débil.
—Pensé que no ibas a volver nunca más. —La voz argentada de una muchacha suena desde detrás de Lang Junxia.
Duan Ling levanta la vista hacia la voz y se da cuenta de que una bonita joven, vestida con un abrigo bordado, ha aparecido en la puerta, seguida de cerca por dos sirvientas.
—Salí de viaje a hacer unos recados. —Lang Junxia ni siquiera se da la vuelta. Desata el cinturón de Duan Ling, abre su fardo de viaje, saca ropa seca y le cambia la prenda exterior. Solo al sacudir la túnica encuentra un momento para echarle un vistazo a la muchacha, que entra en la habitación y observa a Duan Ling.
Duan Ling se siente un poco incómodo bajo su escrutinio y empieza a fruncir el ceño, pero ella habla primero.
—¿Quién es él?
Duan Ling se endereza y esas palabras pasan por su cabeza: «Soy Duan Ling, mi padre se llama Duan Sheng…».
Pero antes de que pueda decirlas, Lang Junxia responde por él:
—Es Duan Ling. —Y luego le dice a Duan Ling—: Esta es la señorita Ding.
Duan Ling se vuelve hacia la señorita Ding y coloca un puño en la otra mano siguiendo la etiqueta que Lang Junxia le enseñó, y la mira de arriba abajo. La muchacha, llamada Ding Zhi, sonríe radiante. Se lleva ambas manos a la parte izquierda de la cintura, hace una reverencia[10] y le dice sonriendo:
—Saludos, joven Duan.
—¿Ha pasado alguien de la Administración del Norte? —pregunta Lang Junxia, distraído.
—Según informes militares de la frontera sobre cómo ha ido la lucha en las montañas Jiangjun[11], hace ya tres meses que no ha venido. —Ding Zhi se sienta a un lado y le dice a una sirvienta—: Tráenos algunos bocadillos para que el joven Duan coma algo.
Ding Zhi agarra la tetera, sirve una taza de té y se la entrega a Lang Junxia. Lang Junxia la acepta y bebe un sorbo.
—Té de jengibre. Te ayudará a entrar en calor —dice, y se la entrega a Duan Ling.
Durante su viaje, Lang Junxia siempre probaba primero todo lo que Duan Ling iba a comer o beber para asegurarse de que estuviera bien. Duan Ling se ha acostumbrado a esto, pero mientras toma su té, se da cuenta de que Ding Zhi lo observa con perplejidad, sus claros y hermosos ojos entrecerrándose un poco al tiempo que lo mira fijamente.
Al cabo de un rato, una sirvienta les trae bocadillos. Son alimentos que Duan Ling nunca ha visto ni oído antes. Lang Junxia parece ya estar bien familiarizado con el comportamiento de Duan Ling y le recuerda:
—Come despacio. Habrá cena más tarde.
A lo largo de su viaje, Lang Junxia le ha repetido una y otra vez que, sin importar lo que esté comiendo, no debe devorar la comida. Aunque eso contradice los hábitos de Duan Ling, no puede desobedecer. Poco a poco se da cuenta de que ya nadie va a pelear por la comida con él. Toma un trozo de pastel y se toma su tiempo para masticarlo. Mientras tanto, Ding Zhi simplemente permanece sentada, muy quieta, como si nada de lo que ocurre en el salón tuviera que ver con ella.
No es hasta que se colocan dos cajas de comida sobre la mesa, y Lang Junxia hace que Duan Ling se siente frente a ella y le dice que puede empezar a comer, que Ding Zhi agarra la jarra de vino caliente de manos de la sirvienta y se arrodilla junto a Lang Junxia para servirle.
Lang Junxia levanta una mano, bloqueando la copa con los dedos.
—Beber es inconveniente.
—Es un tributo imperial del mes pasado. Daqijiu de Liangnan[12] —explica Ding Zhi—. ¿No lo probarás? La madame se aseguró de tenerlo listo aquí para cuando volvieras.
Lang Junxia no la rechaza y se bebe una copa. Ding Zhi vuelve a llenarla, y Lang Junxia también se la bebe. Ding Zhi llena la copa por tercera vez y, una vez que Lang Junxia se la termina, voltea la copa y la deja sobre la mesa.
Durante todo el tiempo en que Lang Junxia bebe, Duan Ling lo mira sin aliento.
Ding Zhi se mueve como si fuera a servirle a Duan Ling, pero Lang Junxia alarga la mano y le pellizca la manga con dos dedos, impidiéndoselo.
—No puedes darle vino —dice Lang Junxia.
Y entonces Ding Zhi le sonríe a Duan Ling. «Lo intenté», dice su expresión.
Duan Ling realmente quiere probar el vino, pero su obediencia hacia Lang Junxia prevalece sobre su deseo por la bebida.
Mientras Duan Ling cena, su mente no deja de intentar averiguar qué clase de establecimiento es este y qué clase de relación tiene Lang Junxia con esta muchacha. Su expresión fluctúabrevemente, y no puede evitar robar miradas entre ellos; solo quiere escuchar más de su conversación.
Lang Junxia aún no ha explicado a Duan Ling por qué lo ha traído aquí. ¿Lo sabe la señorita Ding? ¿Por qué no le pregunta sobre sus antecedentes?
De vez en cuando, la señorita Ding lo mira, como si estuviera pensando en algo. Pronto, Duan Ling deja los palillos y, finalmente, ella empieza a hablar. Duan Ling siente que su corazón se le sube a la garganta.
—¿La comida es de su agrado, joven? —le pregunta ella.
—Nunca la había probado. Está deliciosa —responde Duan Ling.
Ding Zhi se echa a reír. La sirvienta se lleva las cajas de comida.
—Con su permiso, me retiro —dice Ding Zhi.
—Adelante —responde Lang Junxia.
—¿Cuántos días te quedarás en Shangjing esta vez? —le pregunta ella.
—Una vez que me establezca aquí no volveré a marcharme —contesta así Lang Junxia.
Los ojos de Ding Zhi parecen iluminarse, y sonríe, volviéndose hacia la sirvienta.
—Lleva al señor Lang y al joven Duan al patio de invitados.
La sirvienta los guía con una linterna. Lang Junxia envuelve a Duan Ling en su propio abrigo de piel de lobo, lo levanta y, cruzando la galería cubierta, llegan a un patio de invitados lleno de bambú azul verdoso. Duan Ling puede oír el sonido de una copa que se estrella contra el suelo procedente de no muy lejos, seguido de los gritos de un hombre borracho.
—No mires alrededor —le dice Lang Junxia mientras lo lleva a la habitación. A la sirvienta que los sigue, simplemente le indica—: No necesita atendernos.
La sirvienta se retira. La habitación está impregnada de un suave incienso; Duan Ling no ve ningún brasero, pero el ambiente es muy cálido. En el exterior hay una chimenea que se adentra en el suelo y echa un humo que indica la presencia de un calefactor de carbón subterráneo «dragón»[13].
Lang Junxia hace que Duan Ling se enjuague la boca. Tan cansado que apenas puede mantenerse despierto, Duan Ling se recuesta en la cama, vistiendo una prenda sin forro. Lang Junxia se sienta junto al diván.
—Mañana te llevaré de compras.
—¿De verdad? —Duan Ling se siente despierto de nuevo.
—Me voy a dormir. Estaré en la habitación contigua.
La mano de Duan Ling sigue sujetando la manga de Lang Junxia, y parece un poco decepcionado. Lang Junxia está confundido, pero después de observar a Duan Ling durante un rato lo entiende: Duan Ling quiere que Lang Junxia duerma con él.
Desde que salieron de Shangzi, Lang Junxia nunca se ha separado de Duan Ling. Comen juntos durante el día y duermen juntos por la noche. Ahora que Lang Junxia se va, Duan Ling no puede evitar sentir miedo.
—Entonces… —Lang Junxia duda un momento antes de decir—: No importa. Me quedaré contigo.
Se quita la camisa, revelando su pecho fuerte y musculoso, y abraza a Duan Ling. Este apoya la cabeza en su poderoso y robusto brazo, como solía hacer antes. Solo entonces sus párpados se vuelven más pesados y poco a poco se queda dormido.
El aroma de la piel masculina de Lang Junxia le resulta agradable a Duan Ling. Es como si ya se hubiera acostumbrado a su túnica y su cuerpo; siente que, al abrazar a Lang Junxia mientras se duerme, no tendrá más pesadillas. Ha experimentado demasiadas cosas hoy, hasta el punto de que su cerebro está saturado de información. Demasiados sueños, una sola noche, y por más vertiginoso que sea el ritmo, siente que no puede soñar lo suficiente.
Deja de nevar en la segunda mitad de la noche, y el mundo se vuelve extraordinariamente silencioso; sueño tras sueño llegan a él como montañas arrastradas por una ola, y sin saber por qué, se despierta. Cuando se da la vuelta, lo único que consigue agarrar es un puñado de ropa de cama caliente.
El Lang Junxia a su lado ha desaparecido. Su temperatura permanece sobre las mantas. Duan Ling empieza a ponerse nervioso y, sin saber qué hacer, baja de la cama sin hacer ruido, abre la puerta y sale.
La luz se filtra desde la habitación de al lado. Duan Ling camina descalzo por el pasillo y se pone de puntillas para mirar a través de la celosía de la ventana.
El interior es amplio y luminoso, y la cortina de la cama cuelga hasta la mitad. Lang Junxia se está desnudando de espaldas a la ventana.
Su cuello está abotonado hasta la nuez de Adán, y se desabrocha los botones a un ritmo constante. Deja caer el cinturón de su túnica hacia un lado, y la prenda cae de inmediato, revelando su espalda, la hermosa y ceñida línea de su cintura y sus firmes glúteos. Su cuerpo desnudo está completamente expuesto, con contornos que recuerdan a un musculoso, esbelto y sólido caballo de guerra. Cuando se gira hacia un lado, su órgano masculino erecto se revela sin ambigüedades.
Duan Ling contiene la respiración, su corazón late desbocado. No puede evitar dar un paso atrás, derribando un enrejado de flores.
—¿Quién está ahí? —Lang Junxia se vuelve para mirar.
[1] ☄ O “congee de los ocho tesoros”, pues se prepara con ocho (o más) ingredientes. Vídeo de referencia.
[3] 上京: significa literalmente “capital superior” y fue una de las cinco capitales de la dinastía Liao, cuando parte de China estaba gobernada por los kitanos. (Está situada en la moderna región autónoma de Mongolia Interior, en la ciudad de Chifeng).
[4] Montañas Xianbei es un nombre histórico, y probablemente se refiera a la cordillera del Gran Khingan. De momento es solo una metáfora.
[5] El nombre completo de Benxiao es 萬里奔霄 (Wanlibenxiao), o “Diez mil millas, corre hacia los cielos”.
[6] Poesía de Li Bai.
[7] Generalmente se refiere a lo que ahora llamamos guqin, pero también se usa para el qin tipo cítara que se mantiene de pie.
[8] ☄Los portadores de palanquín eran responsables de transportar a las personas en estas sillas, que eran utilizadas principalmente por la nobleza y las personas de estatus elevado.
[9] El nombre completo es 瓊花院 o “Patio de Viburnum”, pero se trata de una especie específica de viburnum hoy extinta. Solo se cultivó con éxito en Yangzhou, y cuando Song del Sur cayó en manos de la dinastía mongola Yuan, las flores se extinguieron junto con ella. El viburnum es un arbusto.
[10] ☄萬福; Reverencia especial de mujeres: Se dobla la mano izquierda y se cubre con la derecha. Luego se coloca ambas manos sobre la cadera izquierda y se hace una pequeña reverencia, inclinándose ligeramente con las rodillas flexionadas.
[11] Esto sería en el Pekín moderno.
[12] Es el nombre de la bebida.
[13] Estos fueron históricamente conocidos por ser utilizados durante la dinastía Qing en el palacio, y son una especie de calentadores de piso.
