Capítulo 5: Separación

—¡Basta ya! ¡Paren ahora mismo!

El ruido ha alertado finalmente a Lang Junxia. Sale corriendo de la habitación como una ráfaga de viento, con el profesor siguiéndolo de cerca, bramando:

—¡Basta!

De inmediato, los niños, cohibidos, se arriman a la pared. El joven sale corriendo y el maestro lo persigue, enfurecido, alcanzándolo. Sumamente pálido, Lang Junxia se apresura a levantar a Duan Ling para ver hasta qué punto está herido.

—¡¿Por qué no pediste ayuda?! —Lang Junxia está enfadado; piensa que realmente debería reconocerle a Duan Ling su capacidad de aguante. Si hubiera pedido ayuda, él se habría dado cuenta de que algo pasaba afuera, pero en lugar de eso, Duan Ling prefirió no decir nada. Cuando escuchó el sonido de los niños haciendo barullo, pensó que simplemente estaban jugando con una pelota.

Duan Ling tiene el ojo izquierdo hinchado y está hecho polvo, pero aun así le sonríe a Lang Junxia.

Una hora más tarde.

Lang Junxia le ha lavado la cara a Duan Ling y le ha limpiado el barro de su cuerpo y de sus manos.

—Sírvele el té al director —le indica Lang Junxia—. Ve.

Duan Ling acaba de recibir una paliza y sus manos no dejan de temblar; la taza de té que sostiene hace un montón de ruidos al agitarse.

—Si quieres unirte al Salón Ilustre, entonces tendrás que refrenar ese temperamento pugnaz que tienes —dice deliberadamente el director—. Si no puedes dejar ese comportamiento antisocial en la puerta, entonces te indicaré otro camino: sigue andando hasta la Administración del Norte[1]. Ellos te encontrarán un lugar.

El director mira a Duan Ling, pero no acepta su té. Duan Ling lo sostiene por un buen rato, sin saber qué decir. Como el director no lo toma, lo deja sobre la mesa y algo de té salpica sobre la manga del director, quien se enfurece de inmediato y grita:

—¡Insolente!

—Director. —Lang Junxia se arrodilla rápidamente sobre una rodilla, suplicando en nombre de Duan Ling—. Él no conoce las normas de etiqueta. Es culpa mía por no haberle enseñado bien.

—Levántate. —Duan Ling ya ha pasado por humillaciones similares antes, y tira de Lang Junxia para que se levante. Las palabras que el joven usó antes para rebajarlo todavía resuenan en sus oídos.

Pero en una rara muestra de ira, Lang Junxia le grita:

—¡Arrodíllate! ¡He dicho que te arrodilles!

Duan Ling no tiene más remedio que arrodillarse también, y eso finalmente parece calmar un poco al director. Éste dice con frialdad:

—Si no conoce la etiqueta, enséñale antes de traerlo. Hijos de militares, príncipes extranjeros rehenes, ¡¿quién de ellos ha venido alguna vez aquí y osado decir que no conoce la etiqueta?!

Lang Junxia no dice nada, y Duan Ling sigue su ejemplo y tampoco dice nada. Al director se le seca la boca de tanto hablar y toma un sorbo del té que Duan Ling le sirvió.

—Una vez que empieces las clases aquí, las reglas son iguales para todos. Si vuelves a meterte en una pelea, serás expulsado.

—Gracias, director. —Lang Junxia siente un gran alivio y hace que Duan Ling se arrodille y toque la frente contra el suelo tres veces frente al profesor. A regañadientes, Duan Ling lo hace, y luego Lang Junxia se lo lleva.

Al volver por el patio delantero, pasan junto al joven con el que Duan Ling había peleado antes, arrodillado frente a la pared para reflexionar sobre sus acciones. Duan Ling lo mira de nuevo y el joven le devuelve la mirada, ambos con los ojos llenos de resentimiento.

—¿Por qué no dijiste nada mientras te golpeaban? —Lang Junxia frunce el ceño.

De vuelta en el Viburnum, le lava la cara a Duan Ling y le aplica un ungüento.

—Él fue quien empezó —se explica Duan Ling.

Mientras enjuaga una toalla, Lang Junxia dice distraídamente:

—No te estoy culpando. Pero si no puedes vencerlo, ¿por qué no huiste?

—Oh —responde Duan Ling.

—Si alguien intenta provocarte de nuevo, entonces tienes que sopesar la situación —comienza Lang Junxia con paciencia—. Si puedes vencerlos, entonces lucha. Si no puedes vencerlos, corre, y yo lo resolveré por ti. Pero nunca debes jugarte la vida en una pelea, ¿entendido?

—Entendido —responde Duan Ling.

La habitación se queda en silencio. Duan Ling le pregunta de repente:

—¿Sabes luchar? Enséñame.

Lang Junxia deja la toalla a un lado y lo observa en silencio. Finalmente, dice:

—Habrá muchas personas que querrán ridiculizarte o hacerte daño. Aunque aprendas a matar, hay tantas personas en el mundo… ¿cómo vas a acabar con todas si lo haces una por una?

Duan Ling lo mira confundido; realmente no lo entiende. Lang Junxia prosigue:

—Lo que vas a aprender es erudición. Es razonamiento. En el futuro, las personas que querrás matar serán millones. ¿Cuánto tiempo crees que te llevará hacerlo con tus puños? Si buscas venganza, compórtate y ve a la escuela.

»¿Lo entiendes ahora? —pregunta Lang Junxia de nuevo.

Duan Ling no entiende, pero aun así asiente. Lang Junxia le toca el dorso de la mano con un dedo.

—No debes volver a actuar como lo has hecho hoy.

—Oh.

—Hoy te mudarás a la escuela. Te llevaré por la tarde, compraremos lo que necesitemos y pediremos prestado lo demás.

De repente, el corazón de Duan Ling se le sube a la garganta y se queda ahí, sin moverse. La verdad es que, desde hace tiempo, Lang Junxia se ha convertido en su única familia. Desde que tiene recuerdos, nadie ha sido tan amable con él. Ahora que parece haber encontrado un lugar al que llamar hogar, ¿dice que tendrán que separarse?

—¿Y tú? —le pregunta Duan Ling.

—Todavía tengo trabajo que hacer. Ya lo he arreglado con el director. Cada mes, el primero y el quince, iré a buscarte, y tendrás dos días libres en esas ocasiones. Revisaré tus deberes, y si has cumplido con todo, te llevaré a jugar.

—¡No iré!

Lang Junxia deja lo que está haciendo y observa a Duan Ling con una mirada sombría. Todavía no ha empezado a hablar, pero Duan Ling ya puede sentir su aura imponente, un aura que no tolera la desobediencia.

No tiene más remedio que ceder y contener las lágrimas. Lang Junxia le dice tranquilamente:

—Eres un buen niño. En el futuro lograrás grandes cosas.

»Una vez fuera de Runan y lejos de Shangzi, el mundo no te dará más tristezas. Aunque haya penurias, no serán dignas de mención comparado con lo que has pasado. Simplemente es ir a la escuela por tu cuenta. ¿Por qué llorar?

Lang Junxia lo mira con perplejidad, como si no pudiera comprender su miedo y tristeza. En su viaje, a menudo reflexionaba sobre cómo sería Duan Ling, pero éste siempre va en contra de sus expectativas.

Es travieso, pero nunca se porta mal frente a él. Pasó años en un mundo oscuro y sin sol, en una leñera en Runan cuando vivía con los Duan, así que cualquier otro lugar debería resultarle cómodo…

Es solo una escuela, ¿por qué parece que va a entrar en la guarida de un lobo? Lang Junxia no sabe cómo interpretar la rebeldía de Duan Ling más que como parte de la naturaleza infantil: cuando no hay nadie que los mime, se vuelven apáticos como plantas medio marchitas, pero en cuanto alguien les presta atención, comienzan a actuar como malcriados.

—Solo aquellos que pueden sufrir lo peor pueden convertirse en los mejores hombres.

Lang Junxia reflexiona largo rato, y al final ese es el único proverbio que se le ocurre para decirle a Duan Ling.

Por la tarde vuelve a nevar. Duan Ling ya no quiere ir a ese lugar, pero no tiene otra opción. Parece que desde el momento en que nació, nadie le ha preguntado qué es lo que desea. Lang Junxia es suave en apariencia, pero rara vez habla; si alguna vez se desafía su decisión, entonces se vuelve como un lobo que abre los ojos en una noche tranquila, emitiendo un aura peligrosa.

Cada vez que Duan Ling no hacía lo que Lang Junxia decía, tal aura se extendía y se apoderaba invisiblemente de su alma hasta que cedía. En cuanto a todo lo que sucede en su vida, Lang Junxia nunca se retracta de su palabra.

Al día siguiente, Lang Junxia compra todos los artículos esenciales que Duan Ling pueda necesitar y paga su matrícula en el Salón Ilustre, inscribiéndolo en una habitación en el ala este, apartada y tranquila.

—Le he pedido a Ding Zhi que le pida a un amigo suyo que te cuide —le dice Lang Junxia—. Los nobles y los funcionarios suelen beber en el Viburnum. También consiguió que alguien le diera una advertencia a ese niño yuan[2]. Probablemente ya no irá a causarte problemas.

Cada día, los sirvientes ordenan las habitaciones y encienden el fuego, y además los calentadores están colocados justo contra la pared. Aunque no es tan agradable como el Viburnum, al menos es cálido. Duan Ling se familiariza con el comedor, donde sirven dos comidas al día y los estudiantes se reúnen al toque de una campana. Toma el tazón y los palillos que Lang Junxia le compró y regresa a su habitación.

Duan Ling se sienta y Lang Junxia se agacha para prepararle la cama.

—Asegúrate de mantener el arco de jade a salvo contigo —le recuerda Lang Junxia una y otra vez—. Guárdalo bajo la almohada cuando duermas. No debes perderlo. Llévalo contigo cuando estés despierto.

Duan Ling no dice nada. Tiene los ojos enrojecidos; Lang Junxia hace como si no lo viera.

Sus Cuatro tesoros del estudio han sido entregados y dados a la escuela para su custodia.

Finalmente, Lang Junxia termina de hacer la cama y se sienta frente a Duan Ling. La habitación de Duan Ling es la única ocupada en esta ala. Empieza a oscurecer y un sirviente entra a encender las lámparas. Lang Junxia se sienta tranquilamente a la luz como una bella estatua, mientras Duan Ling permanece solo en el diván, mirando al vacío.

Lang Junxia no se levanta hasta que suena la campana tres veces.

—Vamos, es hora de comer. Trae tu tazón y tus palillos.

Duan Ling hace como se le indica y sigue a Lang Junxia hasta el comedor. En el camino frente al lugar, Lang Junxia le dice: 

—Ya me voy. Vendré a buscarte el primer día del próximo mes.

Duan Ling se queda en su sitio, mirándolo con una expresión vacía. Lang Junxia añade:

—Ve a comer solo. Recuerda todo lo que te he dicho. Levántate en cuanto suene la campana, no debes quedarte en la cama. Alguien te ayudará durante los primeros días.

Lang Junxia se queda allí dándole a entender a Duan Ling que debe entrar al comedor, pero éste no puede hacer que sus pies se muevan en absoluto.

Los dos se miran en silencio durante largo rato. Con el tazón y los palillos en los brazos, Duan Ling abre la boca queriendo decir algo, pero no le salen las palabras.

Al final, Lang Junxia se arma de valor y se va, pero a penas se da la vuelta, Duan Ling lo sigue.

Lang Junxia echa un vistazo atrás y, no dispuesto a demorarse más, acelera el paso. Duan Ling lo persigue con su tazón hasta la puerta trasera de la escuela, donde el portero le cierra el paso y no lo deja salir. Y así, Duan Ling se queda adentro, observando a Lang Junxia, con las lágrimas a punto de caer por sus mejillas.

Lang Junxia no sabe qué hacer. Mientras camina, se gira y le dice:

—¡Regresa! Si no, ¡no volveré el primero!

Duan Ling no tiene más opción que quedarse en la entrada. Lang Junxia, al verlo, también se siente triste, pero sabe que no puede quedarse por más tiempo y desaparece tras la puerta.

—Estudie, aprenda, y podrá ser funcionario en el futuro —aconseja suavemente el anciano que vigila la puerta—. Regrese, ¿sí?

Duan Ling se da la vuelta, secándose las lágrimas mientras camina. El cielo está oscuro y la escuela está iluminada con linternas amarillas. Antes de que consiga andar la mitad del camino de regreso, ya se ha perdido. Afortunadamente, el director pasa por la galería junto a varios profesores, mientras Duan Ling está sentado en el pasillo en este frío día de invierno, donde el agua que gotea puede convertirse en hielo, secándose las lágrimas.

—¡¿Qué estás haciendo?! —grita el director, enojado, todavía sin reconocer a Duan Ling—. ¡Actuando como una cosita delicada y sentimental! ¡¿Qué comportamiento es este?!

Duan Ling se levanta de inmediato, temeroso de ofender al director y de volver a enfurecer a Lang Junxia.

—¿De quién es este niño? —pregunta uno de los profesores.

El director escudriña a Duan Ling durante mucho tiempo antes de por fin recordar.

—Cierto, este es el que se peleó nada más llegar. ¿Dónde estaba toda esta fragilidad cuando estaba peleando, eh? Vamos, sigue al profesor.

El profesor lleva a Duan Ling al comedor. Los estudiantes ya casi han terminado de cenar, dejando un desastre en las mesas. Los sirvientes echan la comida en el tazón de Duan Ling y este se lo come todo. Deja sus utensilios sobre la mesa; tanto el tazón de madera como la caja que contiene sus palillos tienen su nombre grabado, así que alguien vendrá a recogerlos para lavarlos. Duan Ling vuelve solo a su habitación para dormir.

Alguien, en algún lugar, empieza a tocar una flauta de bambú.

Las notas flotan en el aire, sonando lejanas y cercanas a la vez; empieza y se detiene como una canción de despedida en Runan al atardecer… y todo parece un sueño. Durante el último mes y algunos días que pasaron viajando hacia el norte, Duan Ling pensó que ya había olvidado los años que pasó con los Duan. Lang Junxia a su lado era la prueba de que su nueva vida había comenzado.

Sin embargo, una vez que todo se queda quieto y en silencio, en una habitación oscura con el crepitar y el silbido de un fuego que arde bajo la ventana, con él solo en la cama, Duan Ling se da cuenta de que tiene miedo de dormirse: teme que cuando se despierte estará de nuevo en aquella lúgubre leñera, cubierto de cortes y hematomas. Está ansioso, tiene pánico, como si hubiera una pesadilla en la habitación esperando a que se duerma, y en cuanto pierda la conciencia, lo arrastrará de vuelta a Runan, a mil millas de distancia.

Por fortuna, la canción es melodiosa, envolvente y llena de significado, tejiendo un tapiz de escenas de pétalos de melocotones a la deriva, y esa imagen lo envuelve mientras se queda dormido.

Lang Junxia está bajo el alero, con la capa llena de nieve.

Permanece largo rato en silencio. Con el ceño fruncido, saca una carta que nunca llegó a entregar.

«Xiaowan:

Considera ver esta carta como verme a mí. He enviado al mensajero que te la entrega; lleva consigo el emblema que rechazaste hace años. Considéralo también una prueba.

Alguien en Chen del Sur me ha traicionado. La situación es crítica. Para evitar que un asesino enviado por la corte imperial te capture, sigue al mensajero hacia el norte. Antes del tercer día del primer mes, llegaré a Shangjing para reunirme contigo.

Hong».

Es medianoche, el cuarto día del primer mes. Li Jianhong no ha llegado.

Lang Junxia vuelve al Viburnum, empaqueta sus cosas, se cambia a un conjunto de ropa negra para viajar de noche y se echa una capa encima.

—¿Adónde vas ahora? —Ding Zhi aparece por la puerta.

—Trabajo —responde distraídamente Lang Junxia.

—He encargado a alguien lo que me pediste —le dice ella—. El hermano menor del capitán de la guardia cuidará de él.

—Ayúdame a comprar una casa. No te preocupes por limpiarla. —Lang Junxia saca un solo billete y lo pone bajo un pisapapeles.

—¿Cuándo volverás?

—El quince.

Ding Zhi entra en la habitación y, tras un largo silencio, pregunta:

—¿De dónde ha salido ese niño que estás cuidando? La verdad.

Vestido de pies a cabeza con ropas ajustadas[3] de color negro, la capa de Lang Junxia oculta la parte superior de su rostro. Alto y esbelto, se erige en la puerta con la máscara puesta, sus ojos claros y brillantes fijos en Ding Zhi.

El pulgar de su mano en la espada empuja ligeramente hacia delante, y la hoja resplandece con una luz fría.

—Han llegado noticias del sur. El emperador de Chen le quitó a Li Jianhong el derecho a desplegar el ejército. Wu Du se está moviendo hacia el norte durante la noche con dieciocho asesinos de la Guardia Sombra, así que deben estar yendo a buscar a Li Jianhong. Ya que no estás con Li Jianhong sino protegiendo a un niño de esa manera todo el camino hasta aquí…

Lang Junxia levanta lentamente la mano izquierda. Ding Zhi deja de hablar.

—¿Quién más sabe esto? —La voz de Lang Junxia suena desde detrás de la máscara, y su espada, con la vaina incluida, se apoya en el cuello de Ding Zhi, la hoja afilada presionando justo contra su garganta.

—Soy la única. —Ding Zhi enarca una ceja y levanta la cabeza para mirarlo fijamente—. Si me matas ahora podrás guardar este secreto para siempre.

Lang Junxia se queda callado, como pensativo. Y entonces, sin dejar que su espada abandone su vaina ni una fracción más, se retira y pasa junto a Ding Zhi, mirándola de reojo.

—Cuidado con Wu Du —susurra Ding Zhi.

No hay más respuesta por parte de Lang Junxia. Llega al patio trasero, monta en el caballo y sale a toda velocidad con la capa ondeando tras él.

Cuando Duan Ling vuelve a abrir los ojos, ya ha amanecido. Suena la campana, cada vez con más urgencia que la anterior. Un sirviente está fuera de su habitación.

—Señorito Duan, es hora de la lectura matutina. Por aquí, por favor.

Duan Ling no ha tenido ninguna pesadilla, y tampoco se ha despertado en Runan; la tristeza de la noche anterior ha sido olvidada hace tiempo. Recuerda lo que Lang Junxia le dijo, y se apresura a levantarse y lavarse la cara, uniéndose a la clase de recitación matutina con los otros niños.

—Cielo negro, tierra amarilla, vasto universo, todo caos…

»Oro en el río Li, jade en el monte Kunlun…

»La base de un imperio está en la agricultura, trabajar duro sembrando y cosechando…

Duan Ling se sienta en el último asiento libre y asiente con la cabeza junto a los demás niños, esforzándose por seguir el ritmo de sus labios, pero está completamente perdido: no tiene ni idea del contenido de su recitación. Afortunadamente, gracias a sus escuchas fuera de las escuelas privadas en el pasado, ya lo ha oído todo antes, y las palabras se sienten suaves y fluyen por la lengua, así que no tarda en recordarlas y poco a poco va entrando en ritmo.

Una vez terminada la recitación de la mañana, el profesor les da hojas de caracteres con dibujos en papel de bambú amarillo, para que empiecen a aprender los caracteres. Duan Ling empieza tardíamentelas clases, así que tiene ante sí un grueso montón de hojas. Aprenderse los carácteres le supone un gran esfuerzo mental, y logra avanzar con la parte más fácil antes de que su mente empiece a divagar; se pregunta dónde estará el joven con el que se peleó ayer.

El Salón Ilustre fue construido por los han que desertaron al Imperio Liao tras la expedición punitiva kitánica al sur. Está separado en tres áreas: la escuela primaria, la sala de tinta y el pabellón de literatura. Los niños que empiezan la escuela van primero a la escuela primaria para aprender los caracteres, y una vez que los aprenden todos y aprueban el examen avanzan a la sala de tinta, para aprender textos más difíciles. En el pabellón de literatura, por su parte, se enseñan las lenguas kitán, han y xiqiang[4], además de cómo escribir ensayos y el estudio de las seis artes confucianas[5].

Para cuando ni siquiera el pabellón de literatura pueda enseñarte más, entonces será el momento de dejar atrás el Salón Ilustre y entrar en el Colegio Biyong[6], bajo la Administración de la Oficina de Asuntos Militares del Sur. Allí, uno aprenderá los Cinco Clásicos y se preparará para los exámenes imperiales con la esperanza de convertirse en funcionario.

El ritmo de aprendizaje de los estudiantes en el Salón Ilustre varía. El joven que vio ayer estudia en la sala de tinta. Duan Ling solo consiguió verlo a la hora de comer. Ahora está sentado con un pie en el banco, sin que nadie se atreva a sentarse cerca de él, mirando fijamente a Duan Ling al tiempo que come de un tazón de hierro.

Otro joven han viene a sentarse junto a Duan Ling y le dice:

—Te llamas Duan Ling, ¿verdad?

Duan Ling mira al joven han, no sin cautela. Es un poco mayor que el propio Duan Ling, pero parece bastante maduro; viste ropas lujosas con un cuervo dorado bordado en el cuello y el botón de su solapa derecha es de lapislázuli, sus cejas son negras como la tinta y su rostro es bonito como el de alguien de una casa noble.

—¿Cómo… lo sabes?

—Mi hermano mayor me pidió que cuidara de ti y me asegurara de que no te molestaran —le susurra el joven noble.

—¿Quién es tu hermano?

El joven noble no responde a la pregunta. Señala al joven que tuvo una pelea con Duan Ling ayer, a lo lejos.

—Es parte de la familia Borjigin. Incluso su padre tiene que someterse a la Mansión Han. Si te da más problemas, ve a denunciarlo con esa persona.

Mientras hablan, el joven noble señala a alguien más cercano. El que señala es un niño medio crecido rodeado de otros niños, regordete y con ojos amables. Parece bastante simpático, y aunque sus rasgos son más bien ordinarios, muchos niños lo siguen a todas partes.

—Solo dile al joven Han —lo instruye el joven noble— que el chico Borjigin siempre te está causando molestias y pídele que te ayude.

Duan Ling no lo entiende muy bien, pero comprende que el joven tiene buenas intenciones.

—¿Tu familia pertenece a la Administración del Norte o a la del Sur? —le pregunta el joven noble.

Duan Ling no tiene más remedio que responder:

—No lo sé.

—¿Han o Liao?

—Han. Mi padre se llama Duan Sheng. Hace negocios en Shangzi.

El joven noble asiente.

—Oh, es un hombre de negocios. Soy Cai Yan. Mi hermano mayor es el capitán de la patrulla de Shangjing. Su nombre es Cai Wen. Yo soy han, y también el joven Han. Si alguien te intimida, ven a hablar con nosotros. Eso es todo por ahora.

Una vez que termina de hablar, Cai Yan se aleja con su tazón sin molestarse en explicarle nada más a Duan Ling. No considera a Duan Ling como alguien importante, solo ha venido a completar una tarea que le encomendó su hermano mayor.

Duan Ling termina su comida, se toma una siesta después, y la campana vuelve a sonar. Los días de invierno son tranquilos. Los estudiantes toman asiento y por la tarde les enseñan a escribir, pero con un brasero en la habitación todos se adormecen y echan una cabezada. Uno de los niños simplemente apoya la cabeza en una pila de papeles de escribir y se duerme tan profundamente que empieza a babear.

—¡Extiendan sus caracteres! —les dice deliberadamente el director—. No intenten ahorrar papel…

Es el primer día de clase, y sus muchas preocupaciones se olvidan temporalmente. Duan Ling valora mucho esta oportunidad tan difícilmente ganada, y centra toda su atención en escribir sus caracteres. El director pasa a su lado y golpea con la regla de castigo la cara del niño que duerme a su lado.

La mejilla del niño se hincha al instante y comienza a llorar como si se hubiera abierto una represa. El director lo agarra del cuello de la camisa y lo saca, obligándolo a quedarse de pie en el pasillo. Duan Ling se estremece, observando temeroso a ese niño; después de eso, no se atreve a sentir ni un ápice de cansancio.

Pasa un día tras otro y lo que Duan Ling espera que ocurra nunca sucede. El joven no viene en busca de venganza; Cai Yan y los demás niños tampoco lo tratan de forma especialmente favorable. Todo sigue una rutina establecida, limpia y ordenada. Nadie le pregunta por su origen familiar, ni por qué ha venido. La presencia de Duan Ling parece algo natural, como si no fuera más que un pino en el patio que siempre ha estado allí.

Cuando acaban las clases y Duan Ling se queda solo en su habitación, dando vueltas en la cama, recuerda constantemente el sonido de la flauta que escuchó la primera noche que pasó aquí.

Esa noche fue la única en que sonó la flauta; su melodía se arremolinaba en el aire como flores marchitas en el sur, cayendo para ser arrastradas en el viento, llevando consigo un toque de esperanza y melancolía. Cada vez que lo evoca, Duan Ling recuerda un poema[7] que le enseñó el director.

Ya debería ser primavera en Runan, ¿verdad?


[1] El Imperio Liao estaba dividido en las administraciones del Norte y del Sur, y la del Norte controlaba el ejército.

[2] La dinastía Yuan fue la dinastía mongola en China, pero que Yuan, Liao y Chen (Song) fueran dinastías al mismo tiempo es ficticio. El orden histórico dinástico después de Tang es Song (Han) > Song del Sur + Liao (Khitan) > Song del Sur + Jin (Jurchen) > Yuan (Mongolia) > Ming (Han de nuevo) > Qing (Manchuria) > era moderna post-dinástica.

[3] Un tipo de ropa comúnmente descrita en novelas wuxia y xianxia.

[4] Posiblemente una tribu de los xirong.

[5] Los ritos (filosofía), la música, la arquería, la auriga, la caligrafía y las matemáticas.

[6] El colegio Biyong existía como parte del Colegio Imperial, pero en este caso solo toma prestado el nombre, ya que el verdadero no estaba en Shangjing.

[7] Probablemente Reunión alegre de Li Yu.

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