Duan Ling ha dado ya una vuelta completa en el diván mientras duerme. Cuando la intensa luz del sol entra de lleno en la habitación, se queda por fin sin un rincón donde ocultarse y despierta, acalorado.
—¡Lang Junxia! —lo llama.
Al otro lado de la ventana, Lang Junxia se mueve, pero Li Jianhong lo detiene alzando dos dedos extendidos y agitándolos levemente. Con esos mismos dedos le quita de las manos el certificado de nacimiento de Duan Ling; lo pliega con cuidado sin siquiera echarle un vistazo, se lo devuelve y le hace un gesto para que lo guarde.
Dentro de la habitación, Duan Ling recuerda que aquella mañana Lang Junxia le había dicho que debía salir a hacer unos recados. Entonces baja del diván, se viste, se envuelve bien en una túnica, se lava la cara y, empujando la puerta, sale al patio bostezando mientras camina.
—Como usted ordenó —dice Lang Junxia—, lo envié al Salón Ilustre. Ha estudiado bastante. Su joven alteza es muy brillante y ya puede componer ensayos.
Li Jianhong no responde a su informe. Se apresura por el largo corredor, siguiendo de cerca los pasos de Duan Ling, y se detiene ante una puerta al verlo entrar. Duan Ling busca algo de comer en la cocina y, al poco, vuelve a salir con la caja de comida que Lang Junxia le ha preparado.
—¿Ha estudiado artes marciales? —pregunta Li Jianhong.
—Siempre me insistió en que quería aprender, pero no me atreví a enseñarle, por temor a que interfiriera con sus estudios.
Li Jianhong permanece en silencio durante un buen rato. No aparta la mirada de Duan Ling en ningún momento y el borde de sus ojos se le enrojece.
—¿Su alteza? —lo llama Lang Junxia.
Li Jianhong da un solo paso hacia delante y luego parece quedarse clavado en el sitio, incluso retroceder, como si temiera acercarse al muchacho. Ha encarado sin vacilar a ejércitos de miles de hombres, pero en ese instante duda ante su propio hijo.
—¿Me odia? —pregunta.
—Nunca lo ha hecho —responde Lang Junxia—. Lo ha estado esperando todo este tiempo. Le dije que su alteza volvería cuando florecieran los melocotoneros.
A Li Jianhong le tiembla hasta el aliento. Con una puerta entre ellos, levanta una mano, pero durante mucho tiempo no se atreve a empujarla para abrirla y atravesarla.
La atención de Duan Ling se centra en comer su almuerzo. Un pájaro se le acerca; él recoge algunos granos de arroz con los dedos para alimentarlo. Al ver esta escena a través de la puerta, Li Jianhong comienza a sonreír.
—Ya ha leído algunos de los Cuatro libros y Cinco clásicos por adelantado, pero asimiló la información sin analizarla en profundidad. Por eso, necesitará un profesor que le enseñe una vez que vaya al Colegio Biyong. Su caligrafía es bastante buena: practicó copiando los cuadernos de la dama Wei[1]. Ha leído El arte de la guerra de Sun Tzu, El Wuzi y Los métodos de la Sima por diversión; y le gustan los poemas clásicos del Libro de las canciones. Se interesa por muchos temas diferentes. En sus días libres, también lee textos médicos y libros de herboristería.
—A la princesa Duanping le gustará mi hijo —dice Li Jianhong en voz baja—. Astrología, adivinación, estudiando todas las escuelas de pensamiento, hojeando una amplia gama de temas.
Una vez que termina de comer, Duan Ling recoge y limpia todo, se estira y luego sale al patio para sentarse y dejarse llevar por sus pensamientos. El sol derrama su luz dorada sobre su rostro joven y lozano, rebosante de la vitalidad de la primavera. Aunque parece estar sentado sin pensar en nada, su mente está colmada de una miríada de pensamientos: por un instante se ocupa de la lectura y la caligrafía; al siguiente, se detiene en su jardín, ese pequeño mundo que le pertenece.
—Le gusta la comida picante —añade Lang Junxia—. Al igual que a usted. También le gusta cultivar flores y similares, habilidades que aprendió de los Duan en Runan. Sus intereses son realmente muy amplios. No me atreví a enseñarle todo, y escogí algunos de mis conocimientos para compartirlos con él. La mayor parte del tiempo lo insté a concentrarse en sus estudios
—¿Tiene mi hijo una chica que le guste aquí en Shangjing? —pregunta Li Jianhong.
Lang Junxia sacude la cabeza.
Es raro que Lang Junxia esté fuera todo el día y que no haya nadie para decirle lo que tiene que hacer. Duan Ling decide cuidar primero de su jardín.
En el patio, el melocotonero ha florecido.
—¡Guao! —exclama Duan Ling, sonando eufórico. El melocotonero ha florecido maravillosamente este año, con muchas más ramas que el año anterior; algunos pétalos incluso han caído al suelo. Duan Ling se apresura a buscar una caja de madera y guarda en ella los pétalos caídos antes de regar sus plantas medicinales.
Al dejar la regadera, Duan Ling siente de repente la presencia de alguien detrás de él.
—¿No habías salido? —pregunta sin volverse.
Da una mirada alrededor y se queda inmóvil. En el patio hay un hombre desconocido. Sin embargo, en lugar de asustarse, Duan Ling siente curiosidad. «¿Será el nuevo jardinero? —se pregunta—. ¿De verdad Lang Junxia ha contratado a alguien? Aunque no tiene pinta de jardinero».
El desconocido es más alto y corpulento que Lang Junxia, y de tez más oscura que la de la mayoría de la gente de Shangjing. Tiene la mandíbula firme y la nariz afilada, pero los labios suaves y apacibles. Sus ojos, profundos, negros y brillantes, centellean como estrellas.
Aunque parece agotado por las vicisitudes, es más apuesto que cualquier hombre que Duan Ling haya visto en Shangjing, y de él emana un aura que hace que uno se sienta seguro.
Se quita el sombrero cónico de bambú. Sus ojos, del color de la tinta, vivaces y colmados de esperanza, muestran el contorno enrojecido cuando se posan en Duan Ling.
Duan Ling siente una extraña sensación de familiaridad, como si ya se hubiera encontrado con aquel hombre en sueños.
—¿Tú has cultivado todo esto? —le pregunta Li Jianhong.
Cuando Duan Ling asiente con la cabeza, Li Jianhong da un paso adelante con lentitud.
Duan Ling se sienta en un pequeño taburete frente al parterre, contempla por un instante los frutos de su jardín y luego vuelve la mirada hacia Li Jianhong, quién se arrodilla a su lado para que sus miradas queden a la misma altura. Li Jianhong observa el parterre durante un momento antes de volverse de nuevo hacia Duan Ling.
—¿Qué tipo de flores son estas? —pregunta Li Jianhong.
—Esta es peonía, esta es vid de sangre de pollo[2], hierba hulan, albahaca…
Duan Ling presenta su pequeño rincón del mundo a Li Jianhong, pero los ojos de éste nunca se apartan de la cara de Duan Ling. Pronto empieza a sonreírle. Duan Ling no tiene ni idea de por qué, pero le devuelve la sonrisa.
—¿Por qué lloras? —pregunta Duan Ling.
Li Jianhong niega con la cabeza, incapaz de decir nada. Duan Ling le seca las lágrimas con su manga y le deja sitio para que se siente. Li Jianhong se sienta con las piernas cruzadas detrás de Duan Ling.
Duan Ling sigue removiendo la tierra con una pala.
—¿Tienes alguna lombriz de tierra? Ya es primavera, así que me gustaría conseguir algunas lombrices y guardarlas aquí.
—Mañana iré a atrapar algunas para ti —responde Li Jianhong.
—Ya tengo que irme a estudiar.
Duan Ling regresa al estudio, pero Li Jianhong lo sigue. Al principio Duan Ling pensó que era su nuevo jardinero, pero ahora no le parece el caso.
—¿Eres amigo de Lang Junxia? Aún no ha vuelto. Hoy salió a hacer algunas cosas.
Li Jianhong asiente, así que Duan Ling lo invita a pasar al estudio y le sirve una taza de té.
—Burgeen Bianhai.[3]
—¿Te diste cuenta? —pregunta Duan Ling—. Lo compré en la ciudad. Toma, límpiate la cara.
Duan Ling le tiende una toalla húmeda. Li Jianhong le pregunta:
—¿Qué has estado leyendo últimamente?
—Tres comentarios sobre los Anales de primavera y otoño.
—¿En cuál estás?
—Me he saltado La Tradición Zuo —responde Duan Ling al tiempo que abre un libro—. Ahora mismo estoy leyendo El Comentario de Gongyang. El director dice que no profundizo lo suficiente para comprenderlo bien.
Li Jianhong le dedica una sonrisa.
—Puedes leerlo junto a Las notas explicativas de los Trece Clásicos.
Duan Ling rebusca entre sus pilas, encuentra un libro debajo y se lo muestra a Li Jianhong.
—Lo tomé prestado de la tienda Chengkeng. ¿Tú también has estudiado?
Li Jianhong toma un sorbo de té.
—No mucho. No conseguí terminar los Cuatro libros y Cinco clásicos y no sé escribir ensayos del todo bien. Uno no debe descuidar los conocimientos de los antepasados. Lo estás haciendo bastante bien.
—¿Eres han? —le pregunta Duan Ling con curiosidad.
Li Jianhong está sentado bajo el sol; la luz se derrama radiante sobre él. Aunque sus ropas están raídas, hay algo inefablemente digno y noble en su persona. Mira a Duan Ling con solemnidad.
—Sí. Mi familia ha producido incluso un sabio en el pasado antiguo.
Duan Ling se sorprende.
—¿Cuál?
—Adivina.
—¿Cuál es tu apellido?
Li Jianhong comienza a sonreír.
—Es Li.
—«El viento no dura todo el día, la lluvia no dura toda la mañana» —recita Duan Ling.
Li Jianhong asiente.
—«No hay permanencia ni siquiera para la naturaleza, así que no digamos para las personas». Así es. Es Li Er[4].
Duan Ling se le queda mirando, absolutamente asombrado.
—Tengo tres hermanos, y de los cuatro soy el que menos ha estudiado. A menudo me siento como si hubiera defraudado al antepasado —dice Li Jianhong.
Duan Ling sonríe.
—Debes ser realmente impresionante en todo lo demás. ¿Era una espada lo que llevabas a la espalda?
Duan Ling dirige su atención a una larga caja que está junto a Li Jianhong, y entonces éste la recoge y la coloca sobre el escritorio, abriéndola para mostrársela. Duan Ling nunca se había sentido tan asombrado.
—¿Es tuya?
—¿Te gusta?
Hay una espada pesada dentro de la caja. Es toda negra, casi tan alta como Duan Ling, con un diagrama yin-yang tallado en la empuñadura. La hoja está grabada con extraños jeroglíficos, como si fuera muy antigua, pero su filo está reluciente y afilado por el uso frecuente. Duan Ling quiere tocarla, pero Li Jianhong le agarra la muñeca con dos dedos para que no pueda moverse, luego cambia su agarre para sujetarle los dedos y le toma la mano. Le advierte:
—Es una espada pesada de hierro meteórico que pesa cuarenta jin[5], pero está tan afilada que un cabello lanzado contra ella se cortará por la mitad. Atraviesa el hierro como si fuera de barro. Un movimiento en falso y perderás un dedo.
Duan Ling se ríe. Li Jianhong le toma la mano y le presiona la palma sobre la empuñadura de la espada. Esta deja escapar temblores como si estuviera viva.
—¿Cómo se llama?
—Algunos la llaman «Zhenshanhe». Yo la llamo «Sin Nombre», porque su encarnación anterior fue un sable llamado «Sable Sin Nombre»[6]. Cuando cayó el imperio también cayó en manos extranjeras. Los herreros del kanato de Rouran la reforjaron en cinco armas y las asignaron a cada una de sus tribus.
Duan Ling está totalmente fascinado por la historia.
—Más tarde, el Gran Chen irrumpió en el reino de Loulan y las recuperó todas, reforjándolas de nuevo en esta espada. Representa el mandato del cielo, cortando líneas a lo largo de las montañas y a través de los ríos. Se fabricó con los mejores metales de Occidente, se fundió cien veces y se golpeó mil. Es la espada del reino de los han.
Duan Ling asiente, cerrando la caja de espada.
—Lang Junxia también tiene una espada. Y también es muy afilada.
—Su espada se llama Qingfenjian —explica Li Jianhong—. La Qinfengjian de Lang Junxia, la Lieguangjian[7] de Wu Du, la Baihongjian[8] de Chang Liujun, la Zidianjinmang[9] de Zheng Yan, la Zhanshanhai[10] de Xunchun y la Duanchenyuan[11] del maestro budista Kongming son espadas famosas legadas de la dinastía anterior. Y entre ellos, Zheng Yan, Chang Liujun, Wu Du y Lang Junxia son asesinos.
—¿Y tú? ¿De dónde eres? —Duan Ling siente mucha curiosidad por este espadachín errante—. ¿Eres un asesino?
Li Jianhong sacude la cabeza.
—Vengo del sur. ¿Has estado allí?
—Antes solo vivía en la ciudad de Runan, y después de venir a Shangjing no he estado en ningún otro lugar.
—Ahora todo es antigua patria. Una vez viví en Xichuan. Las calles opulentas de Xichuan se extienden a lo largo de millas, con ríos de color verde jade que serpentean como si fueran cintas. El monte Yucheng, coronado de nubes, está perpetuamente rodeado por una niebla que se enrosca, y la extravagante y decadente Jiangzhou nunca duerme.
Duan Ling se queda con la boca abierta. Li Jianhong prosigue:
—Jiangnan no se parece en nada a Shangjing. Los árboles son de un verde intenso, no de este color de brotes frescos que tienen aquí. Cuando llega la primavera, hay melocotoneros en flor por todas partes. También está el océano; el océano no tiene fin.
—¿Has estado en todos esos lugares?
Li Jianhong asiente, dedicándole una sonrisa.
—También está Diannan.[12] Diannan es tan hermoso que parece el paraíso; es primavera todo el año y nunca nieva. Los lagos de allí son como espejos, y el agua es clara, fría y continuamente alimentada por el deshielo del monte Xue. Luego está Yubiguan. Cuando llega el otoño a Yubugian, hasta donde alcanza la vista todo es arce rojo sangre.
La expresión de Duan Ling está llena de añoranza.
—Me pregunto si podré ver todos estos lugares algún día.
—Si quieres ir, te llevaré mañana —dice Li Jianhong.
Sorprendido, Duan Ling se queda callado por un momento.
—¿En serio? —pregunta, incrédulo.
—Por supuesto —responde Li Jianhong, perfectamente serio—. Con el cielo como cobertor y el suelo como cama, puedes ir donde quieras.
—Pero tengo mis estudios. —Duan Ling no sabe qué sentir y dice con torpeza—: Tengo que… quedar en un puesto alto en el examen imperial. Lang Junxia no me dejará ir.
—Él no puede controlarte. Yo puedo darte lo que quieras en la tierra —dice Li Jianhong—. Puedo hacérselo saber esta noche y donde quieras ir, podemos partir mañana. Quieres aprender artes marciales, ¿verdad? Puedo enseñarte eso también si quieres. Si no quieres ir a la escuela entonces ya no tendrás que hacerlo.
Duan Ling se queda boquiabierto. Su primer instinto le dice que este hombre solo está bromeando con él, pero la forma en que lo ha dicho todo tan en serio hace que sea imposible dudar de él. Aunque ya tiene trece años, Duan Ling sigue siendo un joven, y es propio de la naturaleza juvenil querer divertirse, así que ¿cómo podría quedarse quieto?
—Um… oh, olvídalo. —Duan Ling pone fin a la idea. Sabe que no puede alejarse.
—¿Por qué? —Li Jianhong lo mira fijamente.
—Todavía tengo que esperar a alguien. Lang Junxia me dijo que vendría —dice Duan Ling.
—¿A quién estás esperando? —inquiere Li Jianhong.
Duan Ling se lo piensa por un segundo.
—Estoy esperando a mi padre. Lang Junxia dice que mi padre es un hombre extraordinario.
El sol se desliza por el cielo hacia el oeste, pero en ese preciso instante el tiempo parece congelarse. Al otro lado de la ventana, una flor de melocotón abandona su rama y gira a la deriva hacia el estanque. El agua hace ruido. Es el sonido de un pez rompiendo la superficie.
Li Jinghong saca algo de un saco atado a su cintura, haciéndolo con sumo cuidado. Al dejarlo sobre el escritorio, suena un suave tintineo de jade contra la madera. Luego, lo empuja suavemente a través de la mesa hacia Duan Ling.
—¿Estabas esperando esto? —En la voz de Li Jianhong asoma un leve indicio de lágrimas.
Duan Ling se encuentra conteniendo la respiración. Es un arco de jade en forma de medio anillo, claro y translúcido como el hielo, grabado con dos palabras.
Temblando, Duan Ling se quita el cordón rojo del cuello, con la bolsa bordada, y saca con cuidado la otra mitad del trozo de jade. Al unirlos, forman un anillo de jade impecable, decorado con relieves de plumas de águila y un dragón anillado en nubes, que conecta las cuatro palabras.
Reino próspero; imperio glorioso.
[1] ☄La dama Wei se refiere a Wei Shuo. Es conocida por ser la maestra de caligrafía del máximo calígrafo chino: Wang Xizhi.
[2] ☄Ji Xue Teng o Chicken blood vine es el nombre común de una planta medicinal usada en la medicina tradicional china.
[3] Burgeen es un té verde poco común. Bianhai puede significar costa o ser un lugar real.
[4] Li Er es el verdadero nombre de Laozi. Esta es una línea del Tao Te Ching, aunque se trata de una cita errónea. En realidad, el original tiene invertidas las palabras “mañana” y “día”.
[5] Si se tratara de la dinastía Song, esa espada pesaría unos 25 kg (técnicamente esta novela está ambientada en una dinastía imaginaria).
[6] Para conocer la historia completa del Sable Sin Nombre y su dueño, Zhang Mu, lee Yingnu, del mismo autor de esta novela, Fei Tian Ye Xiang.
[7] Literalmente “espada de luz ardiente”.
[8] Literalmente “espada de halo”.
[9] Literalmente “rayo púrpura, punta dorada”, pero se supone que representa la túnica púrpura de un funcionario de alto rango y la banda de seda dorada que se lleva alrededor de la cintura.
[10] Literalmente “cortar-montes-océanos”. La misma palabra para decapitar se utiliza aquí para la palabra cortar.
[11] Literalmente “cortar los lazos con el samsara”.
[12] Diannan está en la provincia de Yunnan, junto a la frontera moderna con Vietnam, al suroeste de China.
