Capítulo 21: Encuentro secreto

Todos los estudiantes están en el patio, haciendo sus exámenes. El Colegio Biyong está impregnado de una atmósfera solemne, un sorprendente polo opuesto al incesante bullicio que habitualmente llenaba el Salón Ilustre, como si una vez cruzado este umbral, todos se volvieran inconscientemente más sosegados y perdieran la osadía de desbocarse.

Los exámenes de ingreso solo duran una mañana. Al principio, Duan Ling había echado un vistazo a los árboles exteriores, preguntándose en cuál de ellos estaría sentado Li Jianhong para vigilarlo. Sin embargo, tras buscar por todas partes sin notar ninguna señal de él, volvió su atención a las preguntas que debía responder.

Al cabo de dos horas, Duan Ling ha terminado de contestar casi la mitad de ellas. Se frota las manos y vuelve a levantar la vista. Esta vez encuentra a Li Jianhong en el árbol más cercano, más allá del muro, recostado en una rama, con aspecto frívolo y una pierna balanceándose despreocupadamente de un lado a otro mientras come una brocheta de fruta confitada.

Duan Ling lo mira boquiabierto. Li Jianhong le muestra la otra brocheta de fruta confitada para hacerle saber que también ha comprado una para él, como diciendo «ahora concéntrate en el examen».

Duan Ling casi se ríe. De repente se da cuenta de que Li Jianhong probablemente acaba de llegar, y se pregunta dónde habrá ido antes. ¿Habrá estado trepando árboles durante dos horas?

Cuatro horas más tarde, bajo un sol abrasador…

—Entreguen sus papeles —ordena el examinador.

Como una olla de agua a punto de hervir, todos los examinados comienzan a hablar a la vez. El examinador tose y, al instante, todos vuelven a callar. Luego, los examinandos se levantan para saludar profusamente al examinador antes de decir a coro: «Gracias, señor examinador», y se alinean para marcharse.

En cuanto Duan Ling sale, corre hacia el árbol que hay al otro lado del patio, pero al levantar la vista, no ve a su padre por ninguna parte. Mientras está allí, de pie, preguntándose qué está pasando y mirando a su alrededor, es arrojado sobre el hombro de Li Jianhong. Se ríe con fuerza y Li Jianhong lo lleva a casa.

—Vamos a bañarnos. Esta noche te llevaré a un lugar divertido.

—¡Mañana anuncian los resultados! —le recuerda Duan Ling.

—Oh, está bien, iremos a casa a dormir.

Cuando llegan a casa, después de almorzar y bañarse afuera, Li Jianhong aprovecha que se han levantado muy temprano para hacer que Duan Ling se eche una siesta. Al despertarse, ya ha anochecido y Li Jianhong también ha traído ropa nueva para que Duan Ling se la ponga.

Duan Ling la observa con curiosidad. Las nuevas prendas están confeccionadas con brocado de seda negra de primera calidad, bordadas con un diseño de tigre blanco. Tanto los zapatos como el cinturón son nuevos.

—¿Dónde la has encargado?

—Hace siglos que están listas. Fui a recogerlas hoy justo cuando hacías el examen.

—¿Qué quieres decir? —Duan Ling termina de ponerse la nueva túnica, y casi no se reconoce cuando se mira en el espejo. Es claro que la nueva ropa ha sido confeccionada con las mismas medidas de la anterior. Es una espléndida túnica de brocado negro, adornada con un vivo tigre blanco bordado en plata.

—¿Qué clase de ropa es esta?

—Es la vestimenta de un príncipe. La túnica de un emperador es la del dragón, mientras que la de un príncipe adopta el símbolo del tigre blanco de Occidente[1]. El tigre blanco es el dios de los militares; representa el control sobre el ejército y es el guardián del Estado. Por eso, el emblemamilitar también se llama emblema del tigre[2].

Li Jianhong se pone una túnica larga, casi idéntica a la de Duan Ling. Este se ilumina al ver la imagen de su padre en el espejo.

—¿Qué tal? —pregunta distraídamente Li Jianhong.

—Es realmente… realmente… —Duan Ling por poco lo encuentra irreconocible.

Desde el día en que se reunieron, Li Jianhong se ha vestido con telas ordinarias, se ha peinado de manera sencilla y no había dedicado mucho tiempo a su aspecto. No obstante, ahora, vestido como un príncipe, incluso de pie y en silencio, emana un aura imponente, equilibrada y grácil. Sobre todo, irradia un aire digno, como el de un verdadero gobernante.

—¿A dónde vamos vestidos así?

—A un lugar al que realmente no quieres ir —dice Li Jianhong—. El Viburnum.

La cara de Duan Ling se crispa, y su expresión dice claramente: «no puedo creer que estemos vestidos tan formalmente para ir a un burdel». En comparación con hace unos años, ya ha oído muchas más cosas que no debería saber.

—Sabía que pondrías esa cara. —Li Jianhong parece encantado—. Vamos al encuentro de un viejo amigo, no a hacer otra cosa.

Duan Ling parece bastante escéptico.

—¿En serio?

—Puedes vigilarme de cerca durante todo el proceso. Si te molesta algo de lo que diga, puedes ir a esposarme cuando quieras —le dice Li Jianhong, sonriendo.

—Fuiste tú quien lo dijo. —Duan Ling mira a Li Jianhong, incapaz de apartar la mirada. Su padre es, sin duda, muy guapo.

—Pero no podemos ir así como así. —Li Jianhong agarra dos máscaras de la mesa y le pone una a Duan Ling, asegurándose de que esté bien ajustada.

Duan Ling la toca, curioso. La máscara es de cuero y se desliza por encima de las sienes, cubriendo más de la mitad del rostro, dejando al descubierto el alto puente nasal de Li Jianhong y sus suaves labios, otorgándole una sensación de misterio y belleza.

Duan Ling se ajusta la máscara, y Li Jianhong le pide que saque su arco de jade para atarlo al broche decorativo de su cinturón. Luego, Li Jianhong le entrega su propio arco de jade con una insinuación en la mirada.

Duan Ling ata el otro arco de jade al cinturón de su padre.

—Vámonos. —Li Jianhong toma la mano de Duan Ling y se dirigen hacia el crepúsculo.

Afuera los espera un carruaje. El conductor abre la cortina y los deja entrar.

—¿Alguien ha visto que este carruaje ha llegado hasta aquí? —pregunta Li Jianhong una vez dentro.

—Quédese tranquilo, señor —responde el cochero.

El carruaje no va por la ruta habitual y recorre los callejones en círculos, pasando por dos calles principales antes de adentrarse de nuevo en los callejones, adentrándose en la parte occidental de la ciudad, donde se encuentran las residencias de muchos funcionarios, antes de volver a salir a una calle principal, y luego se dirige hacia el Viburnum a paso tranquilo, deteniéndose finalmente en su puerta trasera.

Las noches de verano son bochornosas y opresivas. Esta noche, el cielo está cubierto de nubes oscuras, y la luna brilla ausente. La tensión en el frente de batalla arroja una inusual atmósfera de desasosiego sobre toda la ciudad, como un sudario. No hay risas que se filtren por las paredes del Viburnum, solo quedan las linternas multicolores, que cuelgan en silencio.

—Saludos, su alteza.

Sosteniendo la mano de Duan Ling, Li Jianhong atraviesa el patio trasero y entra en la galería. Ding Zhi lleva la linterna y se inclina hacia un lado para mostrarles el camino con cuidado. Al pasar Duan Ling y Li Jianhong, los sirvientes situados a ambos lados del pasillo se postran en el suelo.

—Saludos, su alteza.

—Saludos, su alteza.

Duan Ling permanece en silencio.

Li Jianhong ni siquiera asiente con la cabeza. Le pregunta a Duan Ling:

—¿Tienes hambre?

Duan Ling sacude la cabeza de inmediato. Li Jianhong continua:

—Debes de tener hambre. Cuando nos sentemos dentro de un rato, come algo.

—Saludos, su alteza.

Bellamente vestidas, las cinco damas restantes del Viburnum salen del salón una tras otra para postrarse ante Li Jianhong. En el centro, la madame del Viburnum, ataviada con un traje ceremonial que la hace parecer un luan[3] de fuego, extiende las mangas y da un paso al frente al verlo entrar.

—Saludos, su alteza. Y saludos, su joven alteza —dice la madame con un tono solemne.

—Pueden prescindir de las formalidades —responde Li Jianhong con autoridad.

Las seis mujeres se apartan del camino. Li Jianhong permite que Duan Ling avance primero y lo sienta en la cabecera de la mesa, ocupando él mismo el lugar a su lado. Xu Lan trae una bandeja de té, mientras que Qiu Jin le ofrece una taza a la madame, quien la acepta y la coloca junto a la mano de Li Jianhong. Él toma un sorbo antes de pasárselo despreocupadamente a Duan Ling. Solo entonces la madame le sirve el té a Li Jianhong.

—Xunchun —dice Li Jianhong.

—A su servicio —responde la madame.

A Duan Ling le parece haber oído ese nombre en alguna parte, pero no logra ubicarlo. Sin embargo, pronto su atención se ve desviada por algo que dice Li Jianhong.

—¿Lo llamaste aquí? —pregunta Li Jianhong.

—Qiu Jin lo ha invitado —responde tranquilamente Xunchun, con la cabeza gacha y la mirada fija en el suelo—. Lo más probable es que venga esta tarde.

—¿Quién más está en este patio? —indaga Li Jianhong.

—Alguien llamado Cai Yan, junto con otros hijos de la Administración del Sur, están en el ala lateral, escuchando música y bebiendo vino. Tengo gente vigilándolos para que no interrumpan.

—Trae algo de comida —ordena Li Jianhong—. Su alteza tiene hambre.

Xunchun y las seis mujeres hacen una reverencia y abandonan la habitación.

Duan Ling se siente un poco incómodo, pero solo porque la ocasión es demasiado formal. Li Jianhong tampoco dice nada, así que durante un rato los dos se quedan sentados, con la mente vagando. La sala está perfumada con madera de sándalo, y el humo del incienso se eleva en espirales para luego dispersarse.

Pasa un tiempo indeterminado. En medio de este silencio, Li Jianhong empieza a hablar de repente:

—Si algún día tu padre no estuviera a tu lado, ¿me extrañarías?

Duan Ling se vuelve para mirar a Li Jianhong, sin entender lo que quiere decir. Li Jianhong también le devuelve la mirada, como si estuviera en trance.

—Te extrañaría. ¿Te vas? ¿Cuándo?

Últimamente, Duan Ling ha tenido un fuerte presentimiento –tanto una intuición como una deducción– de que si Li Jianhong va a movilizar tropas para recuperar el sur, seguramente no podrá llevarlo consigo en la campaña militar, y menos aún tendría tiempo para pasar con él.

La comisura de los labios de Li Jianhong se curva un poco.

 —Bueno, no es exactamente eso. Pero una vez que estés en el Colegio Biyong tendrás que vivir allí. Solo podrás ir a casa de vez en cuando. No soporto estar lejos de ti.

Li Jianhong alarga la mano y, agarrando con los dedos el borde de la máscara de Duan Ling, la empuja lentamente hacia la parte superior de su cabeza y se queda observando su rostro. Duan Ling extiende también la mano y sube la máscara de su padre hasta la parte superior de su cabeza. Él también ha estado pensando en esto todo el tiempo. Si va a la escuela tendrá que vivir en el Colegio Biyong, y a menudo pensaba en cuánto odiaría que estuvieran separados.

Li Jianhong pone una mano sobre la mejilla de Duan Ling.

—Si te miro tanto como pueda mientras tenga la oportunidad ahora, entonces cuando esté fuera luchando, cuando esté tumbado en una tienda, siempre estarás en mi mente.

Duan Ling no dice nada, pero sus ojos se han enrojecido. El Colegio Biyong anunciará los resultados del examen mañana por la mañana, y si aprueba tendrá que mudarse por la tarde. El Colegio Biyong es más estricto con sus estudiantes que el Salón Ilustre, y solo tendrá tiempo libre una vez al mes. Su padre solo ha estado a su lado durante varios meses, pero estos últimos meses han borrado todo el sufrimiento que ha padecido, todas las lágrimas que ha derramado, como si por el bien del momento presente, todo hubiera valido la pena.

Afuera, en algún lugar, alguien toca la flauta. El sonido es suave y melódico, como pétalos de flores lloviendo cerca del horizonte en esta noche silenciosa, revoloteando al viento.

—He oído esta canción antes —dice Duan Ling, asombrado.

Es exactamente la misma canción que oyó sonar afuera del Salón Ilustre, pero esta vez está tocada con un tono mucho más suave y meloso.

Reunión alegre —murmura Li Jianhong, mirando a los brillantes ojos de Duan Ling—. «Las flores del bosque se han marchitado desde entonces, los rojos primaverales se han ido… demasiado rápido». La letra fue escrita por el último emperador de Tang del Sur tras la caída del imperio. La naturaleza transitoria de la vida a menudo nos deja con remordimientos[4].

Entre los brazos de Li Jianhong, Duan Ling se apoya en él; puede intuir que esta noche no es una noche cualquiera y que Li Jianhong no lo ha traído aquí solo para comer, beber y divertirse. A juzgar por lo que habló antes con Xunchun, sabe que aún tienen una cita con alguien.

Li Jianhong acaricia la cabeza de Duan Ling y se inclina para aspirar el aroma limpio de su cabello. Afuera, la música de flauta ha terminado, alguien dice en voz baja «madame», luego viene el sonido de pasos.

—Su alteza. —Es la voz de Xunchun.

—Adelante —dice Li Jianhong.

La puerta de la sala se abre y Ding Zhi trae una bandeja con bocadillos y pone la mesa. Es la misma comida que Ding Zhi le preparó el primer día que Duan Ling vino a Shangjing, pero esta vez está aún más exquisitamente hecha.

—Está aquí —dice Xunchun.

—Tráelo aquí dentro de un rato —le dice Li Jianhong.

Xunchun hace una reverencia. Li Jianhong vuelve a hablar justo cuando está a punto de marcharse.

—Entre la Reunión de los Ocho Inmortales, están Lan, Shao, Jin, Zhi, Mo, Zhi, Tang y Juan. ¿Por qué solo veo a seis de ellas?

—Su alteza —responde Xunchun—, Qin Tang y Su Juan han fallecido.

Hay un ligero cambio en la expresión de Li Jianhong.

—¿Cuándo? ¿Dónde?

—El día que Liao irrumpió en la capital. El diecisiete del mes siguiente es el aniversario de sus muertes.

Li Jianhong le dedica una leve inclinación de cabeza.

—¿Eras tú quien tocaba la flauta hace un rato?

—Sí. —Xunchun mantiene los ojos bajos; Li Jianhong no dice nada. Pasa un largo rato antes de que Xunchun abandone la habitación en silencio.

Después de comer un poco, Duan Ling está lleno, así que Li Jianhong lo ayuda a ponerse de nuevo la máscara y lo hace sentarse detrás del biombo. Pronto se oyen pasos fuera.

—Su alteza. —Es una voz de mujer.

—No debería estar aquí esta noche. —Es la voz de Yelü Dashi, hablando desde fuera—. Eligiendo un momento como este para tomar una copa, madame, ¿acaso tiene algo de vital importancia que desee discutir conmigo?

Duan Ling se tensa en cuanto oye la voz de Yelü Dashi y saca la cabeza de detrás del biombo para mirar. Pero Li Jianhong le dedica una leve sonrisa, pone la mano en la cabeza de Duan Ling y lo vuelve a meter detrás del biombo. Se gira hacia Duan Ling y le pone el dedo delante de la boca en señal de «shh».

En la sala exterior…

La suave voz de Xunchun responde:

—¿Cómo puede alguien como yo comentar asuntos de Estado? Para ser sincera, la razón por la que he invitado hoy aquí a su alteza es porque tengo un invitado que desea reunirse con usted.

—¿Oh? —Yelü Dashi se limita a emitir un sonido inquisitivo. Su figura proyecta una sombra alta sobre el papel de la ventana—. ¿Quién puede ser?

—Está adentro. Su alteza lo averiguará en cuanto lo vea.

Yelü Dashi siente desconfianza; Xunchun se adelanta y le abre la puerta, pero no entra. Él permanece de pie en el patio, el vino ruborizando sus mejillas, mirando a través de la puerta con ojos medio borrachos.

Li Jianhong está reclinado en un diván bajo frente a un biombo, con un pie apoyado en la mesa de té, el codo apoyado en la rodilla levantada y la cara cubierta. Ni siquiera se molesta en dedicar una sola mirada a Yelü Dashi. Toma un sorbo de té y dice fríamente:

—Cuánto tiempo sin verte, Yelü-xiong.


[1] De las Veintiocho Mansiones. Equivalentes a las constelaciones zodiacales de la astronomía occidental.

[2] ☄Tiger Tally en inglés. Aquí hay un tweet con más información e imágenes.

[3] El luan es un ave mítica que se asemeja a un pavo real rojo volador de patas largas.

[4] Traducción del poema completo en inglés aquí.

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