—En todo el ancho mundo, ¿en serio no hay nadie que pueda matar a Li Jianhong?
Mu Kuangda deja escapar un larguísimo suspiro. El enmascarado Chang Liujun está parado detrás de él.
El gran general Zhao Kui está de pie frente a Mu Kuangda. Zhao Kui viste hoy como un erudito literato y está en el estudio practicando caligrafía. Wu Du, de pie a su lado, no dice una palabra.
—No es que no puedan matarlo —responde Zhao Kui—, es que no se les permite matarlo. Wu Du, Chang Liujun, Zheng Yan, así como ese Innombrable están todos obligados por la Zhenshanhe. Mientras esa espada esté en manos de Li Jianhong, no podrán alzarse en armas contra él.
La caligrafía de Zhao Kui es robusta y decisiva, cada trazo se derrama sobre el papel como una tormenta que envuelve incontables espadas.
—Desde que murió Nayantuo —dice Zhao Kuai en tono bajo—, ha sido difícil encontrar a alguien que pueda rivalizar con Li Jianhong.
—Por muy fuerte que sea, solo es humano —repone Mu Kuangda—. Y si es humano, tiene debilidades. Si tiene un plan para todo y cree que todo va según lo previsto, entonces debe haber alguna variable en esos planes.
—Tal vez el Innombrable sea esa variable —opina Zhao Kui—. Ese hombre traicionó a su maestro y luego masacró a toda su escuela. Aún no ha explicado el porqué de sus acciones. Ya lo tenía localizado basándome en lo que me dijo Wu Du. Es del extremo de la cordillera de Xianbei, y cuando Li Jianhong se dio a la fuga también se quedó allí por poco tiempo.
Mu Kuangda se lleva una taza de té a los labios y, tras dar un sorbo, se vuelve para mirar afuera, a la galería.
—Estoy bastante al límite en lo que respecta a él; solo puedo dejarlo en tus manos, general.
—Aparte de eso, recuerdo que hay alguien más —dice Zhao Kui, y deja su pincel— que podría ser capaz de luchar contra Li Jianhong.
Zhao Kui se vuelve hacia Mu Kuangda.
—Pero no estoy en posición de contratarlo, así que solo puedo dejarlo en tus manos, canciller.
Mu Kuangda parece pensativo, pero no responde.
—Cuando el maestro Wangbei fue gravemente herido por Nayantuo, pasó la Duanchenyuan a Kongming —continúa Zhao Kui—. El maestro Wangbei tenía otro discípulo junior de Kongming que estudiaba budismo sin afeitarse la cabeza. Más tarde, traicionó a su secta y se llevó consigo la Duanchenyuan.
—Bueno, no podemos contar con Wu Du o Chang Liujun. —Zhao Kui lanza un suspiro—. Para ellos, está permitido matar a cualquiera bajo el sol, excepto a Li Jianhong. Él es la única excepción.
»En cuanto al Innombrable, debe estar viniendo aquí en una misión importante. Los mongoles han declarado la guerra a Liao. Si las cosas marchan como espero, dentro de unos meses, cuando estalle la guerra por todas partes, Li Jianhong sin duda se dejará ver.
Durante largo rato, Mu Kuangda permanece en silencio, sin decir una palabra.
Los mongoles marchan hacia el sur y su avanzadilla ya ha capturado Huchang. Desde la burocracia hasta la gente común, la población de Liao está alarmada. Los refugiados pululan hacia Shangjing. Para el día quince del sexto mes, ya había cerca de treinta mil personas reunidas en las afueras de la capital de Shangjing. Li Jianhong toma las carreteras con Duan Ling a caballo hasta las puertas de la ciudad.
—¡¿Quién está ahí?! —dice el guardia de la puerta—. ¡Muestre sus documentos! ¡Tenemos que registrarlos!
Li Jianhong gira la cabeza del caballo y silba hacia lo alto de las murallas de la ciudad. Cai Wen, encargado de la defensa de la ciudad, los ve y manda a alguien a abrir una puerta lateral, dejándolos pasar.
—Dale las gracias —le dice Li Jianhong a Duan Ling.
Desde su posición a caballo, Duan Ling junta las manos en señal de respeto hacia Cai Wen, y este le devuelve el saludo. Probablemente está demasiado ocupado con su trabajo como para preguntarles cuándo salieron de la ciudad o a qué asuntos se dedicaron fuera.
Aunque solo han pasado unos pocos días desde que se fueron, cuando llegan a casa, Duan Ling siente como si hubiera pasado toda una vida. Desde el momento en que salió de casa aquella noche para rescatar a Batú, se había adentrado involuntariamente en un camino épico y trascendental: en una sola noche ha pasado a formar parte del clan imperial de Chen del Sur, su padre se ha convertido de algún modo en el guerrero más destacado de la frontera, el dios han de la guerra… y ahora, con el repentino cambio en la situación de Chen del Sur, Li Jianhong no ha tenido más remedio que alejarse de su hogar, y los dos deben depender únicamente el uno del otro.
Tras un cambio tan radical en su vida, todo lo que había sucedido antes le resulta ahora desconocido. El secretismo de Lang Junxia, la llegada de su padre… todo tiene ahora una explicación.
«Hay mucho que debes lograr en el futuro».
Mucho de lo que antes no entendía, de golpe lo comprende por completo.
En el pasillo se sienta bajo el alero, con la mirada perdida en el patio.
—Papá.
—Sí, hijo. —Por otro lado, Li Jianhong actúa igual que siempre mientras riega el parterre de Duan Ling con una vasija de agua.
Duan Ling no dice nada. Una vez que Li Jianhong termina de regar las plantas, saca más agua del pozo, pone el arroz a hervir y corta un pescado junto al pozo mientras prepara una comida para Duan Ling.
Este sorprendente cambio se ha producido demasiado deprisa y demasiado de repente; Duan Ling no tiene ni idea de lo que debería hacer consigo mismo. Mira fijamente la espalda de Li Jianhong, sintiendo como si el hombre que conocen el maestro Kongming, Lang Junxia y la señora del Viburnum no fuese de alguna manera el mismo que su padre. Es como un sueño.
Mientras Li Jianhong afeita las escamas de pescado, incluso se toma el tiempo de mirar a Duan Ling.
—¿Tienes hambre? La comida estará lista pronto. En media hora.
—Papá —dice Duan Ling—, ¿qué debería estar haciendo ahora?
Li Jianhong lo mira sin comprender durante un instante y luego sonríe. Lleva el pescado a la cocina, y Duan Ling lo persigue, observando a Li Jianhong desde atrás mientras calienta el aceite en el wok.
—Puedes hacer lo que quieras —dice Li Jianhong despreocupadamente—, todas esas viejas quejas son problemas de tu papá. De ninguna manera son tus grilletes.
—Tus problemas son mis problemas. ¿Qué tiene que hacer un príncipe?
Li Jianhong hace retroceder un poco a Duan Ling y se interpone entre él y el wok para que el aceite que chisporrotea no lo salpique. Introduce el pescado en el aceite por el borde del wok y, con un ligero chisporroteo, una deliciosa fragancia llena el aire.
—Tu cuarto tío aún no tiene heredero —dice Li Jianhong con despreocupación—. Y aunque lo tenga, el futuro trono de Chen del Sur seguirá siendo tuyo. No eres un príncipe. Eres el emperador.
Duan Ling se le queda mirando, sin habla.
Li Jianhong golpea el borde del wok con el dorso de la mano y el pescado frito gira en el wok. Li Jianhong le da un golpecito con el dedo y el pescado se da la vuelta. Ahora el lado dorado está hacia arriba mientras chisporrotea en el aceite.
—Cuando estudias, estás aprendiendo a ser emperador —dice Li Jianhong con una sonrisa—. Eso te evitará correr como un pollo con la cabeza cortada cuando subas al trono. ¿Recuerdas lo que dijo el gran antepasado?
—Gobernar un gran país… —Duan Ling está mirando el pescado dentro del wok— es como cocer a fuego lento un plato de acompañamiento[1].
—Exactamente —dice Li Jianhong con seriedad absoluta—. Parece que estudiar sí es útil después de todo.
—Pero no sé hacer nada.
Li Jianhong añade medio cucharón de agua, echa cebollas verdes, jengibre, ajo y lo tapa. Se limpia las manos.
—Si no sabes, entonces aprende. Su majestad, tome un tazón, ¡es hora de comer!
Li Jianhong levanta a Duan Ling de lado y lo deja fuera del salón principal. Duan Ling va a poner la mesa.
—Cuando tengas tiempo libre puedes pensar en lo que quieres hacer cuando seas emperador —le dice Li Jianhong a Duan Ling seriamente durante la cena.
Duan Ling asiente, desconcertado. Li Jianhong le dice:
—Antes de que todo esté dicho y hecho, piénsalo para ti mismo, no hace falta que se lo digas a nadie, no sea que se pongan celosos. Al fin y al cabo, de casi todos, nueve de cada diez no pueden convertirse en emperador.
Duan Ling se echa a reír. Sí, es cierto, pero parece algo tan remoto. Esa noche, Li Jianhong se sienta en el pasillo bajo el alero, con los brazos alrededor de las rodillas contemplando las estrellas, mientras Duan Ling lee algo para prepararse para el examen que se aproxima rápidamente. Poco a poco, se va quedando dormido sobre el escritorio. Li Jianhong lo levanta con cuidado, lo lleva adentro y los dos se quedan dormidos en la misma cama.
—Un erudito no debe ser más que firme y persistente…
El tiempo se vuelve gradualmente más caluroso. Duan Ling recita las palabras de Zengzi[2], y no puede evitar echar un vistazo a Li Jianhong, que está leyendo un libro a su lado.
Li Jianhong interviene con calma:
—… pues sus responsabilidades son grandes y su camino es largo.
—Pues sus responsabilidades son grandes y su camino es largo —recita Duan Ling.
Su cabeza está llena de preguntas. Su padre está solo, y la única persona a la que puede dar órdenes es Lang Junxia. Chen del Sur tiene cientos de miles de soldados y sus territorios son vastos. Sin nada más que su identidad como pariente imperial, ¿cómo se supone que va a recuperarlo todo?
—Papá —pregunta Duan Ling—, ¿conoces a Yelü Dashi?
—Lo conozco. Él siempre finge que no me conoce.
Duan Ling lo mira interrogante.
Li Jianhong se burla:
—Es por la misma razón por la que cuando una persona golpea a otra, el golpeado siempre intenta evitarlo.
Duan Ling lo mira en silencio durante un rato.
—¿Entonces vendrá a por ti? —Ha estado pensando mucho últimamente, y se da cuenta de que la identidad de su padre es bastante delicada. Una vez que esté por su cuenta, sus enemigos probablemente vendrán a buscarlo.
—No lo hará. Antes éramos sus enemigos, pero ya no. Yelü Dashi es un hombre extraordinariamente astuto, y siempre ha ajustado sus velas con el viento. Y además, no tiene idea de que estoy aquí.
—Entonces, ¿qué hacemos con el sur?
—Lo he estado considerando últimamente. —Li Jianhong piensa en silencio para sí un momento antes de decir—: Básicamente solo tengo que pedir tropas prestadas, hacer alianzas, acercarme a Liao y resistir a los mongoles. Si Yelü Dashi me prestara diez mil hombres sería pan comido acabar con Zhao Kui.
—¿Te prestaría tropas?
—Bueno, eso es algo en lo que vale la pena pensar, y es exactamente en lo que he estado pensando. Cómo le doy una razón para que no tenga más remedio que aceptar. Ese día estuve hablando con el papá de Batú sobre este mismo acuerdo. Le dije que desplegara sus tropas en Yubiguan, de ese modo el ejército de Chen del Sur no podrá llegar hasta aquí, y Shangjing no tendrá más remedio que pedir refuerzos por el camino del suroeste
—Y al igual que con Batú, dejarme aquí como rehén…
—De ninguna manera. —La expresión de Li Jianhong se oscurece, y su tono se vuelve sombrío y frío—. No puedes decir eso otra vez. A tus ojos, ¿esa es la clase de hombre que es tu papá?
Duan Ling asiente para darle a entender que no lo volverá a mencionar, pero al mirarlo disimuladamente, se da cuenta de que está un poco enojado. Así que se acerca e intenta arreglar las cosas. Li Jianhong se gira y lo abraza con un brazo. Le dice sin más:
—Yelü Dashi no debe enterarse de quién eres.
Duan Ling tararea en señal de acuerdo. Li Jianhong prosigue:
—Si algo cambia, papá lo discutirá contigo. No tienes que preocuparte por estas cosas.
Duan Ling asiente y se reclina en el regazo de Li Jianhong para leer y prepararse para los exámenes, mientras Li Jianhong mira fijamente un viejo mapa amarillento que hay sobre el escritorio. En el mapa aparece el vasto territorio del norte, que se extiende hacia el sur desde Yubiguan hasta el río Huai, y tiene un enorme caracter escrito: Liao.
Li Jianhong lleva días dándole vueltas, mientras se acerca el día de los exámenes de Duan Ling. Hablando de eso, curiosamente Duan Ling se siente como si hubiera crecido de la noche a la mañana; parece que ya no le importan todas las otras cosas que tanto le gustaban hacer antes, y ya no clama por querer ir a jugar. Su vida parece tener cosas más importantes esperándole.
Debe de ser el destino, ¿no? Está empezando a desarrollar otro tipo de sentimiento nuevo e intenso hacia su padre: su adoración hacia su padre ha pasado de ser una idea informe a un sentimiento de que, aunque su padre es suyo, también es responsable de muchas otras personas, una responsabilidad que no puede eludir. Tal vez esto es exactamente lo que el director quería decir cuando hablaba del gobierno benevolente. Y esta «forma de gobierno benevolente» pertenece tanto a Duan Ling como a su padre.
Poco a poco, empieza a evitar molestar a Li Jianhong, esforzándose por no interrumpirlo cuando este pasa largos ratos ensimismado. Ha llegado el verano, y el canto de las cigarras es algo constante; los días estivales de Shangjing son secos y frescos, con un aroma fresco que perdura.
Hoy, Duan Ling atraviesa el pasillo con un fardo al hombro y, volviéndose hacia el salón donde Li Jianhong está tomando el té, dice:
—Papá, me dirijo al examen de ingreso.
Li Jianhong lo observa desde el salón; su mirada es notablemente complicada pero llena de una sensación de calidez.
—Has crecido —dice Li Jianhong.
De pie en el patio luminoso, Duan Ling se baña en los rayos del sol de verano. Debería alegrarse, pero no sabe por qué cuando oye a su padre decir eso se siente un poco triste.
—Pero a papá le gusta mucho cómo estás ahora. —Li Jianhong se levanta con una sonrisa—. Vámonos.
Duan Ling no iba a dejar que Li Jianhong gastara energía en él, pero Li Jianhong nunca lo ha olvidado. Todo está ya empaquetado, a la mano. Ahora deja la taza de té y recoge el fardo, para dirigirse al Colegio Biyong con Duan Ling para hacer sus exámenes.
Es la primera vez que Duan Ling se presenta a un examen y, más que nada, se siente un poco nervioso. Pero Li Jianhong le dice:
—No te preocupes. Si no consigues entrar, papá solo tendrá que gastarse algo de dinero para que entres y te diviertas.
Duan Ling se echa a reír, y ese nerviosismo se aligera. El colegio Biyong ya está a rebosar de estudiantes que vienen a hacer el examen y que hablan ruidosamente entre ellos. Li Jianhong encuentra un asiento y hace que se siente. Luego le dice en voz baja:
—Papá te esperará en ese árbol de fuera.
Transcurre un instante de silencio antes de que Duan Ling diga:
—Deberías irte a casa.
Se siente bastante avergonzado, aunque el interior del Colegio Biyong está bastante concurrido y nadie se ha fijado en ellos.
Li Jianhong le prepara la mesa con papel y pincel.
—Tendrás la oportunidad de ocuparte de muchas grandes ocasiones todavía. Escribe lo que te apetezca. No necesitas probarte a ti mismo con esta hoja de papel. Papá cree en ti. No hace falta que te lo tomes demasiado en serio.
Duan Ling comprende de repente lo que quiere decir Li Jianhong y le responde con un asentimiento. Dominar las habilidades literarias y marciales es para beneficiar a la familia imperial, y puesto que él forma parte de la familia imperial, ¿de qué tiene que preocuparse? Lo que Li Jianhong probablemente quiere decir es que no necesita esforzarse demasiado, no sea que destaque y llame demasiado la atención.
Li Jianhong levanta el pulgar hacia Duan Ling, se da la vuelta y sale.
[1] Del Tao Te Ching de Laozi.
[2] Zengzi fue alumno de Confucio.
