¿Era un hombre o una mujer? Ahora que está en casa, Duan Ling sigue repasando mentalmente los movimientos del asesino enmascarado. La figura estaba tan bien cubierta que no podía saber su género, pero esa persona solo podía proceder del Viburnum, ya que únicamente un asesino del Viburnum se abstendría de hacerle daño. Si el asesino hubiera sido enviado por la familia Han, lo habrían matado en el primer movimiento…
—¿Ya has vuelto? —La voz de Cai Yan surge de la oscuridad.
Duan Ling casi se desmaya del susto.
—He vuelto. ¿Qué haces aquí?
—Quedamos en vernos, ¿no? —Cai Yan está sentado en el patio, bebiendo solo; quién sabe de dónde ha sacado el vino. Duan Ling deja caer su espada al suelo y se sienta frente a Cai Yan con total desparpajo, luego toma la jarra de vino y se sirve una copa.
Cai Yan ha sido seleccionado, pero Yelü Zongzhen no le confiará ninguna responsabilidad importante. A menos que se pase al bando de Yelü Zongzhen, sus estrechos lazos con la familia Han seguirán siendo un lastre. Por otro lado, Duan Ling no está realmente preocupado por las perspectivas de Cai Yan, pero eso es solo porque tarde o temprano tendrá que irse. Con el talento de Cai Yan, probablemente no tendrá dificultades para adaptarse a cualquier situación.
—No sé por qué, pero hoy me he puesto a pensar en mi papá. Si aún estuviera vivo, probablemente estaría muy feliz.
—Si mi papá se entera, estoy seguro de que también estará feliz. Cuando llegue a Zhongjing, le enviaré una carta para pedirle que vaya a buscarme.
Cai Yan apura una copa tras otra, pero Duan Ling no se atreve a beber más por temor a decir algo que no debería si se emborracha. No obstante, la realidad demuestra que se preocupa demasiado, ya que Cai Yan bebe hasta el estupor, y sollozando y riendo, acaba tirándose sobre la mesa para llorar a lágrima viva.
Duan Ling lleva a Cai Yan a su dormitorio, lo acuesta en su cama y se acomoda donde solía dormir Li Jianhong. Cai Yan sigue divagando sin cesar.
—Reino… próspero. Reino, este reino…
Duan Ling siente que su corazón le salta a la garganta, pero al final Cai Yan no dice mucho más. Murmura incoherencias hasta que cae en un sueño profundo.
Al día siguiente, cuando Duan Ling despierta, Cai Yan ya se ha ido. Esa misma mañana, un soldado llama a su puerta.
—Su señoría quiere saber si estás dispuesto a partir hacia Zhongjing hoy.
—¿Qué? —Después de beber la noche anterior, la cabeza de Duan Ling todavía le duele, pero de repente se pone sobrio—. ¿Qué señoría?
—Mi superior dijo que usted lo sabría en cuanto se lo dijera. —El soldado también parece totalmente desconcertado—. ¿No lo sabe? Sus palabras exactas fueron: «Su señoría quiere saber si usted está dispuesto a partir hoy hacia Zhongjing. Nadie lo sabe, usted es el único al que se lo dice, y si está dispuesto a partir ahora, la Administración del Norte enviará un escuadrón para escoltarlo en su camino. Esto es ultrasecreto. Si prefiere esperarlo en Shangjing también está bien».
Duan Ling busca en su mente por un rato y de repente recuerda a Yelü Zongzhen. ¡¿Ya se fue anoche?! Naturalmente, Duan Ling no tiene deseos de irse ahora mismo. En cuanto se vaya, todos los planes se desbaratarán.
—Tengo asuntos pendientes aquí. Por ahora, no puedo irme.
—Esto es para usted, de parte de su señoría. Debe guardar uno de estos objetos, no debe perderlo. Tendrá que darme alguna prueba de que lo ha recibido, y la mandaré a Zhongjing.
El soldado de la Administración del Norte ha traído una caja de comida y un estuche pequeño. La caja de comida está llena de todo tipo de exquisiteces, junto con un juego de escritura con tinta, pincel, papel y tintero, y también hay una espada. Duan Ling abre el estuche pequeño y encuentra una placa forjada en oro; es bastante pesada. Asiente al soldado y vuelve a entrar. Se lo piensa un poco, pero al darse cuenta de que no tiene nada que pueda regalar, arranca una rama de la que han brotado unos cuantos melocotones verdes y la mete en el estuche, con melocotones y todo. Lo sella y se lo entrega al soldado.
La alegoría dice «devuelve un ciruelo por su melocotón», no por gratitud, sino como signo de nuestra amistad eterna[1]. Aunque el original realmente dice «dame un melocotón de madera» y un melocotón de madera es una papaya. No obstante, como no tiene papayas a mano, tendrá que conformarse con melocotones. Confía en que Yelü Zongzhen lo entenderá.
Durante los próximos días, aparte de salir a comprar algo de comida, Duan Ling casi nunca sale de casa. Cada vez que pasa por la tienda de té, se detiene y escucha durante mucho tiempo, tratando de obtener alguna noticia del sur. La información en sí misma es variada y contradictoria: algunos dicen que Zhao Kui ha organizado un levantamiento, otros que Mu Kuangda ha desertado en favor de Li Jianhong, algunos dicen que el emperador del sur y el Cuarto Príncipe han muerto, y momentáneamente Duan Ling no tiene idea de a quién debería creer.
Entretanto, Cai Yan le hace una visita. Le dice a Duan Ling:
—Su majestad regresó a Zhongjing hace quince días.
Duan Ling está sentado junto al pozo frotando la ropa. Finge asombro.
—¿Así que se ha ido sin más?
—El ejército en Zhongjing estaba tan listo como una flecha tensada. Yelü Dashi escribió una misiva secreta, y cuando su majestad regresó, convocó a todos los funcionarios de la corte y bloqueó la decisión de marchar a pesar de la oposición del tutor imperial Han.
Duan Ling piensa «gracias a los cielos» y finalmente se siente aliviado.
—¿Tu papá no ha regresado todavía?
—No.
—¿Te escribió o no? ¿Esa carta en la mesa del salón es de tu papá?
Duan Ling lo mira sorprendido en silencio durante un momento antes de correr a revisar. Encuentra una carta aún sellada que no estaba allí antes, colocada cuidadosamente sobre la mesa. Cai Yan sale del salón sin que Duan Ling tenga que pedírselo, y Duan Ling abre la carta.
«Preguntas por mi retorno, mas tal día no está aún determinado;
Las tormentas de lluvia en el monte Ba[2] han anegado el estanque en otoño.
¿Cuándo, juntos, recortaremos la mecha[3] junto a la ventana occidental,
y hablaremos sobre las lluvias nocturnas que caen en el monte Ba?[4]
Espérame».
Li Jianhong ha ganado la guerra.
Hace siete días, Jianmenguan se rindió.
Siete días antes.
Es una noche lluviosa, y ha empezado a llover frente a Jianmenguan, un aguacero torrencial que cae de horizonte a horizonte. Los relámpagos cruzan las cadenas montañosas, iluminando el cielo; el barro y las piedras en ambas orillas del río se fusionan en uno en la riada, el diluvio ruge a través de la noche mientras se precipita aguas abajo de las montañas en la oscuridad.
Un visitante llega al campamento de los Armaduras Negras con un niño y un guardaespaldas enmascarado.
Li Jianhong está mirando hacia un costado de la tienda mientras bebe, con un pie apoyado en una caja llena de armas. La luz de la lámpara proyecta su perfil en la pared de la tienda.
—Realmente está lloviendo muy fuerte —exclama el visitante mientras se quita el sombrero de bambú y el impermeable—. Si no fuera por Chang Liujun cargándome a cuestas todo este camino, probablemente nunca habría llegado aquí frente a su alteza por mi cuenta.
—Canciller Mu, han pasado años desde la última vez que nos vimos. —Li Jianhong señala una silla—. Toma asiento.
Xie You se sienta cerca, mirando a Mu Kuangda en silencio.
—Calienten un poco de sopa de jengibre para el canciller Mu, para que se proteja del frío —ordena Li Jianhong.
—Este es mi hijo —dice Mu Kuangda—. Mu Qing. Qing’er, reverencia.
El hijo de Mu Kuangda se adelanta, arrodillándose frente a Li Jianhong, y se inclina para realizar la reverencia. Li Jianhong hace un pequeño gesto con una mano para hacerle saber que las formalidades no son necesarias.
—Los que viajan grandes distancias siempre deben ser tratados como invitados. No importa cuál haya sido tu intención al venir aquí hoy, canciller Mu, por tu valentía al hacerlo solo, te dejaré ir libremente. No te detendré.
—Le dije que tenía que venir en persona. Chang Liujun siempre es muy precavido. Le aseguré que todo estaría bien, que si podía llegar sano y salvo, su alteza me dejaría ir igual.
—Habla —dice Xie You, sombríamente—. Su alteza está esperando.
—Su majestad ha fallecido —informa Mu Kuangda.
—¿Cuándo? —inquiere Li Jianhong sin mucho interés.
—Hace cinco días, una hora antes de la medianoche.
—¿Cómo es que no sabía nada al respecto? —pregunta Li Jianhong con indiferencia.
—Zhao Kui ha cerrado el palacio, asegurándose de que no se filtre la noticia de la muerte de su majestad —continua Mu Kuanda—. Su alteza, el decreto imperial de hace seis años no fue idea mía. Fue de Zhao Kui, excediendo sus límites.
—Lo sé —responde Li Jianhong con desdén.
—Y la movilización de la Guardia Sombra también fue algo que no pude impedirle.
—Lo sé.
—Si su alteza no pone fin a esta guerra pronto, y si Han Weiyong y la emperatriz Xiao no pueden contenerse y el ejército kitano regresa, será la perdición inminente para el Gran Chen. No podemos permitir una secesión. Además, ambos lados estarían bajo el mando de la familia imperial, así que la separación no tendría sentido.
—Mn.
—Zhao Kui emitió una orden militar hoy para trasladar más de la mitad de las tropas de Yubiguan hacia la llanura central y unirse a la lucha contra su alteza. Xichuan ya está bajo su control. Si su alteza pierde esta batalla, Zhao Kui regresará a Xichuan y utilizará este ejército para forzar una abdicación.
Li Jianhong frunce el ceño. No dice nada.
—Iré a emitir una orden de arresto ahora mismo y coordinaré con la Guardia Sombra. En tres días, al sonido de un silbato, la Guardia Sombra colaborará con su alteza y abrirá las puertas de Jianmenguan.
—Canciller Mu, ¿hay algo que te gustaría que hiciera?
—Ningún aumento de impuestos para Xichuan en los próximos diez años, y ningún reclutamiento obligatorio. Y ya es hora de que… la capital se traslade a Jiangzhou.
Li Jianhong sonríe.
—Canciller Mu, parece que lo has pensado todo por mí.
Mu Kuangda sonríe también.
—Siempre he sido un hombre con tacto.
Li Jianhong se vuelve a mirar al hijo de Mu Kuangda. Mu Qing, algo asustado por su mirada, retrocede un poco.
—Durante los próximos días, Qing’er se quedará a su lado para aprender algo. Su alteza, este es el niño que más amo; espero que su alteza…
—No es necesario. Confío en ti. Adelante, esperaré tu señal en tres días.
Y así Mu Kuangda se lleva a su hijo y a Chang Liujun lejos del campamento militar una vez más.
En medio de la noche, tres días después, surge de repente una onda alarmada de canto de aves por todas las montañas, y los hombres que custodian las puertas de Jianmenguan son asesinados. De la noche a la mañana, Li Jianhong captura Jianmenguan, y los doscientos mil soldados de Zhao Kui que lo defienden son derrotados; huyen por la carretera de Xichuan. Ambos bandos se enfrentan en una batalla decisiva bajo el monte Wenzhong[5] al amanecer. Zhao Kui, que apenas logró organizar apresuradamente a sus tropas, primero pierde ante Xie You, luego cae en una emboscada de Li Jianhong.
Al final de la batalla, los lados de la carretera están cubiertos de cadáveres, y la maleza a su alrededor está llena de desertores. Li Jianhong lidera un escuadrón para perseguir a Zhao Kui personalmente, pero después de que Wu Du lo rescatara en algún lugar del camino, huye hacia la ciudad de Xichuan.
—Cuando la campana del monte Wenzhong suena nueve veces, el antiguo régimen da paso al nuevo…
—Cuando el hielo del río Feng se descongela, el invierno da paso a la primavera…
Para cuando Zhao Kui ha huido a la falda del monte Wenzhong, los niños de la lejana ciudad de Xichuan cantan esta canción. Y lo que le espera en la carretera es la Guardia Sombra amotinada. Wu Du detiene a la Guardia Sombra, solo, con su espada, mientras Zhao Kui retrocede una vez más, huyendo hacia el oeste.
En medio de la maleza se alza un gran árbol. Con todas sus opciones agotadas, Zhao Kui ha llegado aquí con una docena de guardaespaldas. El monte Wenzhong se cierne sobre ellos en la distancia.
—Si lo hubiera sabido, debería haber muerto con honor —exclama Zhao Kui.
En un despejado día de otoño puedes ver por siempre. Hay un susurro en los campos de trigo, y se acerca un asesino alto, moviéndose contra el viento. Alarmados, los guardaespaldas rugen:
—¡¿Quién está ahí?!
Y sin embargo, antes de que estos guardias tengan la oportunidad de hacer un movimiento, varias rayas de luz brillante pasan y los guardias personales de Zhao Kui han caído muertos al suelo donde estaban de pie…
—Saludos —dice el asesino—, mi nombre es Chang Liujun.
—Finalmente, yo también oigo estas palabras —dice Zhao Kui.
—He venido a matarte. —Chang Liujun se desata la máscara y le dice esto cortésmente.
El último pensamiento en la mente de Zhao Kui es el tatuaje de un tigre blanco en el lado del rostro de Chang Liujun.
Una franja de rojo tiñe el horizonte al anochecer, y en la maleza, un árbol solitario susurra. Cubierto de pies a cabeza en cortes y heridas, Wu Du ha seguido el rastro de Zhao Kui hasta el Desfiladero del Arce. Lo que ve al llegar son los cadáveres de Zhao Kui y de todos sus guardias, y a Chang Liujun agachándose para limpiar la sangre de su espada con la capa desgarrada de Zhao Kui.
Las pupilas de Wu Du se dilatan ligeramente, pero Chang Liujun ni siquiera se molesta en mirarlo.
—Tienes dos opciones. Una es suicidarte para que al menos puedas morir con tu cuerpo intacto; la segunda es empezar a correr ahora mismo. Contaré hasta diez. Cuando llegue a diez, iré a matarte.
Wu Du no puede dejar de temblar. No huye, ni tampoco se quita la vida. Se limita a desenvainar la espada que cuelga de su cintura mientras sigue temblando.
—¿Pensabas que todos huirían? —se burla Wu Du de él.
Chang Liujun levanta la espada que tiene en la mano y, justo en ese momento, una mirada de sorpresa los golpea a ambos. Chang Liujun devuelve rápidamente la espada a su vaina, se da la vuelta para entrar en el campo de trigo y desaparece sin dejar rastro.
Ralentizado por sus heridas, Wu Du se tambalea hacia el cuerpo de Zhao Kui, aullando de dolor y rabia.
Un caballo galopa hacia él por la carretera. Ataviado de pies a cabeza con una armadura de hierro, la capa de Li Jianhong ondea con la brisa otoñal. Wu Du se gira al instante hacia él.
—Envaina tu espada —le dice Li Jianhong.
Wu Du parece indeciso. Li Jianhong lanza una carta y esta aterriza frente a Wu Du. Todavía temblando, abre la carta. Cuando termina de leerla, Li Jianhong repite:
—Envaina tu espada.
Wu Du devuelve abruptamente su espada a la vaina. Su sonido metálico resuena como el grito de un dragón que sacude los cielos, reverberando en el viento, y en ese valle se convierte en un eco persistente.
Sin perder a un solo soldado, toda la ciudad de Xichuan se rinde ante Li Jianhong. Mu Kuangda lidera una procesión completa de funcionarios fuera de la ciudad para darle la bienvenida; Li Yanqiu sale a recibirlo personalmente.
—Tercer hermano, has vuelto.
Li Jianhong está a punto de decir algo cuando el sonido de una gran campana que tañe llega desde el monte Wenzhong, un llamado resonante que se extiende por la puesta de sol.
[1] “Dame una papaya, yo te devuelvo un trozo de jade ornamental, no por gratitud, sino como signo de nuestra amistad eterna” es de “La papaya”, un poema del Libro de los cantares / Clásico de la poesía.
[2] El monte Ba está en el extremo oriental de Sichuan. (Xichuan es el nombre más antiguo de Sichuan).
[3] “Recortar la mecha” es un eufemismo para referirse a quedarse despierto hasta tarde para hablar toda la noche, ya que la noche es el único momento en que se necesitan velas, y solo cuando una vela arde demasiado tiempo es necesario recortar la mecha.
[4] Carta al Norte escrita en una noche lluviosa es un poema del poeta de la dinastía Tang Li Shangyin. Era para su esposa o para su amigo; no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que cuando escribió este poema, su esposa ya había fallecido por enfermedad, solo que él aún no había recibido la noticia.
[5] El monte Wenzong (literalmente “Montaña donde se oye la campana”) es un lugar ficticio que también aparece en Yingnu, y según el MC de Yingnu está dentro de la provincia de Xichuan, al norte (y probablemente al este) de la ciudad de Xichuan. Por cierto, la campana se fundió en Yingnu hace más de 500 años.
