Si Duan Ling se pone a pensarlo, Mu Qing es la persona a quien más ha decepcionado. Con cada amigo que ha hecho antes, tanto él como la otra parte habían entregado una parte de sí mismos, tratando su amistad con sinceridad, mientras que con Mu Qing es el único contra quien se ha mantenido constantemente en guardia. Si se hubieran conocido a los diez años, seguramente se habrían convertido en los mejores amigos.
—El maestro Chang Pin dijo que Wu Du quiere mantenerte a su lado, y por eso dijo que tu fortuna te hacía inadecuado para el matrimonio. No quiere que alguien más te lleve. Eres plenamente consciente de que no hay tal cosa, ¿verdad?
«Chang Pin tiene una mirada demasiado aguda», piensa Duan Ling. Cuando Wu Du dijo esas palabras aquella noche, Duan Ling realmente no se lo esperaba, y por eso Chang Pin captó su sorpresa momentánea. Después de eso, Duan Ling lo había analizado cuidadosamente en su cabeza y se dio cuenta de que era algo que se tenía que declarar, de lo contrario, si los Mu decidieran que quieren formar una alianza matrimonial con él, ciertamente complicaría las cosas. ¿Quién podría garantizar que Mu Kuangda no tiene una hija ilegítima escondida por ahí en alguna parte?
Esto es solo lo que Mu Qing está diciendo en voz alta, así que debe haber más información que no ha sido transmitida. Chang Pin no habría sacado el tema del matrimonio de Duan Ling sin una buena razón. Debió haber tenido una conversación con Mu Kuangda que implicaba hacerle preguntas a Mu Qing, y este último alcanzó a escuchar algo.
‘Incluso si eso fuera cierto —dice Duan Ling con una leve sonrisa—, ¿qué tiene de malo estar con Wu Du?
Eso es lo que Duan Ling realmente cree; sea cual sea el camino que le depare el futuro, solo lo recorrerá al lado de Wu Du. No se aislaría como lo hizo su padre. Cuando piensa en su padre, Duan Ling se atrevería a decir que ya era inconcebiblemente fuerte.
A veces, podía identificarse con Cai Yan. Aunque no se han visto cara a cara desde que regresó a Jiangzhou, sabe que el miedo y la ansiedad de Cai Yan son aún más intensos que los suyos, y la única persona a la que puede aferrarse, la única rama a la que se agarra al borde del precipicio, es Lang Junxia.
Pero Mu Qing se siente bastante indignado en nombre de Duan Ling, creyendo que Wu Du ha atado a Duan Ling a sí mismo con una deuda de gratitud. Sin embargo, ya que Duan Ling lo ha expresado de esa manera, Mu Qing dejará de hablar mal de él a sus espaldas. No puede hacer más que asentir y decir:
—Bueno, mientras tú seas feliz.
Duan Ling sonríe, pero lo que realmente tiene en mente es otra escena: cuando Mu Qing escuchó la conversación entre Chang Pin y su padre, e, indignado, dijo que le advertiría a Duan Ling. Mu Kuangda debió decirle que no valdría la pena, pero Mu Qing no le creyó, lo mencionó de todos modos, y este es el resultado predecible.
«Soy un hombre con tacto», Mu Kuangda siempre lo dice. Duan Ling lo entiende perfectamente, pero su hijo, por desgracia, siempre va al grano. A veces, Duan Ling siente que él se parece más al hijo que debería tener Mu Kuangda, mientras que Mu Qing tiene una forma de pensar más parecida a la de su propio padre, Li Jianhong. Quizás si intercambiaran padres, todo encajaría de una manera más lógica.
—Has crecido —dice Duan Ling.
—Hablas como si fueras un anciano o algo así.
—Cuando estaba en Tongguan, te extrañé mucho.
Mu Qing dice con una sonrisa:
—Papá estaba tan ocupado con el traslado de la capital que casi me muero de aburrimiento. Esperaba tu regreso todos los días.
Duan Ling casi no pensó en Mu Qing en absoluto, solo le está diciendo esto ahora en un intento de hacerlo feliz. Wu Du es alguien que lo trataría bien sin saber quién es, y Mu Qing también. Sin embargo, hay un mundo de diferencia entre estas dos personas.
Afuera, cae una suave nieve en polvo, y ellos se acurrucan alrededor de un brasero, sin ganas de estudiar en absoluto. Duan Ling piensa que bien podría darse por vencido, y arroja sus libros a un lado. Le dice a Mu Qing:
—Déjame llevarte a algún lugar. ¿A dónde quieres ir?
Mu Qing nunca se habría imaginado que el estudioso Duan Ling sería quien le propusiera salir a algún lado. Sus ojos se iluminan de inmediato.
—¡Vamos! ¡Yo te llevaré a un lugar!
De vez en cuando hay que detenerse a oler las flores, y da la casualidad de que la finca está vacía en este momento. Duan Ling guarda rápidamente sus cosas y regresa a su patio para cambiarse de ropa. Cuando sale detrás de Mu Qing, el carruaje está detenido justo frente al callejón. Duan Ling pregunta:
—¿A dónde vamos?
—Ya lo verás cuando lleguemos —responde Mu Qing y hurga en su bolsa de la cintura hasta encontrar una placa. Se aferra a la placa y toma la mano de Duan Ling, entregándole su propio calentador de manos.
—¿Quién anda ahí?
El carruaje avanza un rato antes de detenerse en un puesto de control custodiado. Duan Ling está a punto de hablar, pero Mu Qing hace un gesto para que guarden silencio y muestra su placa a los guardias a través de la cortina.
—Soy yo. Vengo de la familia Mu.
—Joven maestro de la familia Mu —dice el guardia—. ¿Es solo usted?
—Vengo a ver a mi padre —responde Mu Qing.
El guardia le devuelve la placa y deja pasar el carruaje. «¿Vamos al Secretariado? ¿Donde trabaja Mu Kuangda?» Siempre ha querido ver la Oficina de la Gran Secretaría. Pero Mu Qing sigue sin dejarlo hablar. No es hasta que pasan por varios controles y después de que el carruaje ha tomado muchas curvas y se detiene, que Mu Qing le dice:
—¡Está bien, vamos!
Está cayendo una ligera nevada y ya ha pasado el mediodía; todo está algo húmedo. Cuando Duan Ling baja del carruaje, se da cuenta de que está en un patio, con muros tan altos como dos personas apiladas una sobre otra. Parece ser un patio trasero.
—¿Qué es este lugar? —pregunta Duan Ling con curiosidad.
Mu Qing no dice nada. Toma la mano de Duan Ling y lo guía hacia la otra puerta del patio. Duan Ling se pregunta si este es el aspecto de la Oficina de la Gran Secretaría, pero con cada paso parece menos probable. Solo después de atravesar una galería cubierta y un jardín de flores, se da cuenta de repente de que están en el palacio.
—¡¿El palacio?! —exclama Duan Ling, atónito.
—Jeje. —Está claro que Mu Qing ha traído aquí a Duan Ling para ampliar sus horizontes, así que, por supuesto, el asombro de Duan Ling lo ha hecho sentirse bastante complacido. Pero no sabe que, para Duan Ling, este lugar nuevo en el que nunca ha estado es en realidad su hogar.
La cabeza de Duan Ling hace una docena de cálculos, pensando que lo mejor sería evitar encontrarse con Cai Yan ahora mismo. Aunque, si se topa con él, ¿qué importa? No se atrevería a cometer un asesinato en el palacio, ¿verdad? La idea lo pone nervioso y emocionado a la vez.
Mu Qing parece perdido.
—Maldita sea, olvidé que no estamos en Xichuan. ¿Cómo puede ser tan enorme el palacio de Jianzhou? Ni siquiera sé dónde está el camino.
Duan Ling dice:
—No te preocupes. Le preguntaremos a alguien.
Vienen a la vista varios guardias en el pasillo sinuoso y un guerrero que parece el capitán, dando instrucciones a los demás. Duan Ling se acerca para pedir direcciones. Pero, en cuanto el guerrero se da vuelta, Mu Qing se pone pálido de miedo y le agita la mano a Duan Ling mientras susurra:
—¡No vayas!
Por desgracia, aunque Duan Ling se pregunta por la reacción de Mu Qing, ya está en el campo de visión del guerrero. El hombre ha terminado de dar sus instrucciones y ha notado a Duan Ling.
Mide ocho pies[1], de cejas negras y rectas y ojos brillantes. Está completamente ataviado con una armadura negra y lleva un mazo de hierro negro en forma de dragón[2].
Envuelto en una capa de piel, Duan Ling acaba de salir de su aula en la residencia del canciller sin preocuparse por su apariencia. Su cabello cae desordenadamente sobre sus hombros y espalda, y el brazalete de coral que le regaló Mu Qing le rodea la muñeca. Al verlo, el hombre se detiene en seco, mirándolo con incredulidad, como si hubiera caído en un sueño.
Duan Ling no sabe qué pensar y se queda en silencio un momento.
El guerrero parece perdido en sus pensamientos. Duan Ling levanta la mano y la mueve frente a su cara, algo preocupado.
—¿Tú eres…? —dice el guerrero, frunciendo el ceño.
La nieve que cae los envuelve, y Duan Ling sonríe, enderezando la espalda antes de hacer una reverencia formal al guerrero, juntando un puño con la palma de la otra mano.
En un instante, el tiempo retrocede a su alrededor; la nieve que cubre tierra y cielo se aleja en un instante hacia el horizonte.
El tiempo fluye en sentido contrario. Las hojas amarillas bajo los árboles en los jardines del palacio vuelven a sus ramas; las flores se marchitan y vuelven a florecer, y las hojas pasan de amarillas a verdes. El tiempo fluctúa a su alrededor, y en un parpadeo, imágenes innumerables pasan ante sus ojos, como si hubiera regresado a la frontera, al sur del Río Amarillo.
Vivo junto al mar del Norte y tú en el sur;
ni siquiera el gran ganso puede llevar mis cartas.
Árboles de durazno y ciruelo en la brisa primaveral, una copa de vino,
vagar, lluvia nocturna, diez años bajo una linterna solitaria. [3]
—Me llamo Wang Shan. ¿Podría decirme en qué salón del palacio reside la emperatriz, por favor?
Xie You finalmente despierta de sus recuerdos, y para entonces Mu Qing ya se ha acercado a Duan Ling. Se coloca detrás de él y le sonríe tímidamente a Xie You.
—General Xie, he venido a… ver a mi tía.
—Saludos, general Xie —se apresura a añadir Duan Ling.
Xie You regresa al presente de golpe, pero cae en una distracción aún mayor, hasta que un copo de nieve cae en la ceja de Duan Ling. Duan Ling parece algo confundido y una leve arruga aparece en su frente.
Entonces, Xie You levanta lentamente una mano y señala al final del pasillo.
Mu Qing y Duan Ling saludan inmediatamente para darle las gracias.
—Gracias, general Xie —dice Mu Qing.
—Gracias, general Xie —repite Duan Ling.
Mu Qing toma la mano de Duan Ling y sale corriendo lo más rápido que puede. Mientras Xie You permanece en la galería cubierta, se sorprende al sentirse momentáneamente deslumbrado, abrumado por un vértigo repentino, y su corazón parece haber recibido un golpe sordo, como si le hubieran dado un martillazo.
—Ese era Xie You —le dice Mu Qing a Duan Ling—. Comandante de una división mayor del ejército. El mejor luchador de Jiangzhou, Defensor General del Gran Chen.
Duan Ling está completamente asombrado. «¿Acaso me reconoció? No debería haber sido capaz de hacerlo». Ni Wu Du ni Mu Kuangda lo reconocieron, así que, ¿cómo podría Xie You? Se parece a su madre y no a su padre, pero eso de alguna manera se ha convertido en una capa de protección para él.
—Tiene un aura muy amenazante —dice Duan Ling—. Por la forma en que me miró parecía que iba a matarme.
—Es así con todo el mundo. —Claramente, Mu Qing aún recuerda la impresión que le dejó Xie You hace un año. Durante aquella tormenta de verano, Mu Kuangda lo había llevado a Li Jianhong para ofrecerle a su hijo como discípulo. El poder de Xie You realmente le causó una impresión profunda.
Llegan al Palacio del Otoño Eterno y descubren que la emperatriz Mu Jinzhi no está. Sin embargo, una doncella que se quedó conoce a Mu Qing y le sonríe.
—Ay, ¿qué haces aquí solo?
—¿Dónde está mi tía?
—Ella está en el jardín con su majestad en este momento.
Mu Qing le pide a la doncella que busque la ropa que guarda en el Palacio del Otoño Eterno, y luego él y Duan Ling se cambian. Duan Ling recuerda que la tía de Mu Qing es Mu Jinzhi, la actual emperatriz. Es decir, si va allí así, probablemente se encontrará con Li Yanqiu. Al pensar en esto, su corazón comienza a latir con fuerza. Ni siquiera está seguro de cómo resultarán las cosas si Cai Yan y Lang Junxia también están presentes.
Wu Du también ha venido al palacio. ¿Está aquí?
—Es mejor que… —Duan Ling duda— no me muestre. Solo observaré desde lejos. Me trajiste aquí en secreto, y no es apropiado.
—Está bien —dice Mu Qing—. La emperatriz es mi tía y el emperador es mi tío. ¿Por qué deberías tener miedo?
—No, no. Estoy un poco asustado.
Duan Ling está mucho más que un poco asustado; ir directamente a encontrarse con Li Yanqiu sin preparación crearía una situación fuera de su control. Mientras insiste una y otra vez, Mu Qing dice:
—Está bien, observaremos desde lejos. Así yo tampoco tendré problemas.
Cuando llegan a los Jardines Imperiales, la nieve ha cesado. Las barandillas talladas y los aleros curvos del palacio están cubiertos por una capa uniforme de blanco brillante. Al ver lo que ocurre en el jardín, el corazón de Duan Ling da un vuelco. Dentro del pabellón hay varias mesas; una persona está sentada detrás de una de ellas, mirando hacia el jardín, mientras que la gente ha dejado un espacio despejado en el jardín mismo, con varios espectadores de pie al borde.
—El del medio es su majestad —explica Mu Qing, sujetando a Duan Ling por la manga y manteniéndolos detrás de un pilar.
La mujer junto a Li Yanqiu es, por supuesto, Mu Jinzhi. A la izquierda del trono del emperador, está sentado un joven con un subordinado detrás de él. Más adelante en la fila están Mu Kuangda y dos oficiales más.
A la derecha, en el asiento de invitados, se encuentra un emisario vestido con ropa mongola.
—¿Los mongoles están aquí? —Duan Ling piensa en las cuentas de coral que lleva puestas; ahora todo encaja.
—Hoy es el sexto del duodécimo mes, el cumpleaños del príncipe heredero —les explica la doncella—. Los mongoles han enviado un emisario con regalos para felicitarlo.
Duan Ling asiente y ve a cuatro personas en el espacio despejado fuera del pabellón, que no están hablando entre sí. Son Chang Liujun, Lang Junxia, Zheng Yan y Wu Du. Duan Ling localiza a Wu Du de inmediato, y nota que está visiblemente impaciente, observando la escena con los brazos cruzados.
Dos mongoles están realizando una exhibición de lucha libre para el príncipe heredero. Duan Ling no puede evitar recordar los movimientos de lucha que Batú le enseñó en el Salón Ilustre. Por lo que ve, no es la primera vez que los mongoles visitan a la familia imperial de Chen del Sur.
[1] La descripción de “ocho pies de altura” era una forma común de decir “alto”. Probablemente se refiere a alguien de aproximadamente 185 cm.
[2] El precursor de los nunchakus. Se parecen a los nunchakus, pero uno de los palos es unas cuatro veces más grande que el otro, con una cadena corta en el medio. Es un arma diseñada para combatir la caballeria.
[3] Poema de Huang Tingjian, de la dinastía Song. Se llama “A Huang Jifu”, un amigo de Huang Tingjian en su juventud. Lo que se da a entender es: “Desde que nos conocimos en primavera bajo los árboles frutales y bebimos de una sola copa, han pasado diez años de vagar solo, de ir de un lugar a otro y de extrañarte”.
