—En el futuro, te llevaré allí. —Wu Du se toma unos segundos para organizar sus palabras y le dice a Duan Ling—: Te llevaré a todos los lugares que aún no has visto, todos los lugares que deseas conocer. Te prometo que incluso si llegas a… a ser… aún así te llevaré allí. Nos escaparemos para ver el océano, la nieve, las montañas y los lagos, y solo regresaremos cuando hayas visto suficiente.
Cuando termina de hablar, sus ojos permanecen fijos en Duan Ling, sus mejillas ardiendo; da otro sorbo de té y evita su mirada. Sus ojos reflejan una sonrisa.
Un extraño sentimiento brota en el corazón de Duan Ling, distinto a todo lo que ha experimentado en compañía de Wu Du. Aunque sea una noche de invierno, parece como si un melocotonero floreciera en su corazón, con nuevos brotes verdes que se despliegan en frescas hojas, y capullos que estallan en resplandecientes flores en la cúspide de la primavera.
—Por supuesto. —El corazón de Duan Ling comienza a latir violentamente dentro de su pecho. Por alguna razón, le vienen a la mente los momentos en que Wu Du le permitió apoyarse en su pecho, vestido con sus ropas de asesino, llevándolo mientras corrían ágilmente por los tejados; recuerda también cuando Wu Du lo abrazó con fuerza, vestido con armadura y el hedor a sangre, las estrellas brillando intensamente sobre las murallas de Tongguan.
Los sentimientos se agolpan en su pecho como una inundación; es como si todo lo que ha perdido desde que su padre se fue hubiera regresado de golpe, justo frente a él, en la persona que está al otro lado de la mesa. Duan Ling quiere darle un nombre a este sentimiento, pero no sabe cómo describirlo y mucho menos cómo expresarlo en palabras.
—Recuerdo que… —dice Duan Ling.
Wu Du lo mira fijamente, pero de repente Duan Ling siente que todo en su mente se enreda; sus ojos solo pueden enfocarse en Wu Du, y sin encontrar las palabras para expresar lo que siente, dice:
—Recuerdo…
¿Qué iba a decir? La mente de Duan Ling se queda en blanco.
—¿Qué recuerdas? —pregunta Wu Du.
—Recuerdo… — Duan Ling se siente desorientado y algo avergonzado. Mira hacia los copos de nieve que caen fuera de la ventana y dice—: Recuerdo que el director me enseñó una vez un… un poema… Ahora lo recuerdo. Suena bastante bonito.
—¿Qué poema? —pregunta Wu Du.
Duan Ling está a punto de recitarle el poema a Wu Du, pero al recordar las palabras, sus mejillas se sonrojan profundamente. Lo único que le viene a la mente es una escena: aquella noche en Tongguan, ambos vestidos con sus delgadas túnicas blancas, Wu Du sujetándolo en la cama y burlándose de él. «Si realmente quisiera tomarte, no serviría de nada que pidieras ayuda».
Mientras tanto, Wu Du, sentado frente a él, lleva una túnica de artista marcial bien ajustada, y su mano sobre la copa tiembla ligeramente.
—Lo he… olvidado —dice Duan Ling, con el corazón acelerado. Tantos recuerdos están volviendo a su corazón, pero no entiende qué le está ocurriendo, pues aún recuerda aquel poema…
Las montañas tienen árboles, oh, los árboles tienen ramas;
Te tengo en mi corazón, oh, pero tú no lo sabes[1].
Recuerda la primera vez que conoció a Wu Du, cómo este preparó un antídoto para él; en la mansión Mu, cómo le dio la oportunidad de ir a la escuela y presentarse a los exámenes; en las montañas Qinling, cómo se puso una armadura y fue a la guerra por él; y en la muralla de Tongguan, cómo arrastró su cuerpo herido de vuelta, enfrentándose a cualquier peligro para salvarlo.
El director les había dicho una vez que esto es «amor», y Duan Ling de repente siente un tipo de amor diferente al que tiene por su padre o por sus compañeros… Su corazón está lleno de emociones y no sabe qué decir, por lo que toma su taza de té y da un sorbo.
Al alzar la mirada y encontrarse con los ojos de Wu Du, ambos parecen estar a punto de hablar, pero se contienen; las palabras les quedan suspendidas en la lengua. Duan Ling lo mira con aire aturdido, sus pensamientos demasiado intrincados para expresarlos. Wu Du se lleva la mano al interior de su chaqueta como si fuera a sacar algo del bolsillo, pero en ese momento su mano resbala y vuelca accidentalmente la taza de té. El té se derrama y fluye hacia Duan Ling.
Wu Du busca rápidamente a su alrededor un trapo con el que limpiar la mesa. Duan Ling dice:
—Está bien.
Wu Du hace que Duan Ling se mueva cerca de la ventana y le dice:
—Llamaré a alguien para que venga a limpiar.
—¡Camarero! —grita Wu Du.
El sonido de pasos que sube desde la planta baja hace que Duan Ling recobre la compostura, aunque permanece sentado con la mirada perdida. Desea alzar los ojos para contemplar a Wu Du, pero la vergüenza se lo impide. Siempre había pensado que Wu Du era atractivo, pero esta noche descubre en su rostro matices que nunca antes había percibido; con cada mirada, Wu Du le parece más y más apuesto.
Se acercan unos pasos y una figura sube al segundo piso, pero no es el camarero. Entra en el reservado contiguo al suyo.
El camarero lo sigue y pregunta:
—¿Qué desea tomar, señor?
—No voy a tomar nada —responde una voz.
Al escuchar esta voz, Duan Ling se queda instantáneamente atónito; la expresión de Wu Du también se llena de asombro.
¡Lang Junxia!
¡¿Qué está haciendo Lang Junxia aquí?!
Lang Junxia está justo ahí, en el reservado contiguo, separado solo por un biombo detrás de Wu Du. La mente de Duan Ling es un torbellino, pero Wu Du extiende su mano y la coloca sobre el dorso de la de Duan Ling, negando con la cabeza. «No hay nada que temer. Estoy aquí».
—Un tazón de tus wontones especiales y una taza de Pu’er —añade Lang Junxia—. Llevalos al reservado que está al lado del mío.
—Hoy es tu cumpleaños —dice Lang Junxia desde detrás del biombo—. He estado demasiado ocupado y no he tenido oportunidad de preparar nada. Prueba sus wantones. Son muy buenos.
Duan Ling no le responde. Y así, los tres simplemente permanecen sentados en silencio.
Todo está tranquilo; el té se extiende por la mesa y gotea por el borde, una gota, luego otra, cayendo sobre la alfombra bajo la mesa, creando una mancha oscura que se expande.
Las cejas de Wu Du están fruncidas con fuerza. Al poco tiempo, Duan Ling empieza a decir:
—Ya no como wontones. Hace mucho que no los pruebo.
—¿Temes que estén envenenados? —dice Lang Junxia desde detrás del biombo.
Wu Du toma una profunda bocanada de aire y, cuando está a punto de decir algo, Duan Ling le aprieta la mano para indicarle que no hable.
Alguien más está subiendo las escaleras hacia el segundo piso; sus voces llegan a los que están arriba antes de que aparezcan por la esquina.
—Traiga otras dos botellas de su vino —se oye la voz de Zheng Yan desde abajo—, y un corte de carne de buena calidad.
Wu Du se vuelve inquisitivamente hacia las escaleras.
—¿Así que hay un comedor privado arriba? —dice la voz de Chang Liujun.
Duan Ling se queda sin palabras. ¿Por qué han aparecido todos de repente? Ni siquiera sabe qué decir.
Zheng Yan y Chang Liujun suben las escaleras. Al entrar, ve a Duan Ling y Wu Du sentados uno frente al otro y exclama «¡aiyá!» sorprendido, pero no les pregunta por qué están allí. Él y Zheng Yan toman asiento en el reservado donde ya está Lang Junxia.
Duan Ling moja un dedo en el té y escribe sobre la mesa: «¿Qué está pasando?».
Wu Du sacude la cabeza para hacerle saber que no está seguro. Señala hacia fuera. «¿Por qué no nos vamos?».
Pero Duan Ling sacude la cabeza para indicar que quiere quedarse y escuchar de qué van a hablar. Dado que los cuatro asesinos se han reunido aquí, puede que realmente se esté tramando algo importante.
—Perdón por la interrupción. —Zheng Yan se asoma detrás del biombo, los mira y sonríe—. Wu Du, lamento interrumpir tu noche. Solo los hice venir aquí porque no se me ocurrió otro lugar.
Wu Du responde:
—No hay problema, di lo que tengas que decir.
—Realmente no es nada urgente —dice Zheng Yan—. No hemos comido en todo el día, así que esperemos a llenar el estómago primero.
—Wang Shan, ¿no volviste a la mansión? ¿Dónde está Mu Qing? —Chang Liujun también se asoma detrás del biombo para mirar a Duan Ling.
—No. Mu Qing todavía está con la Emperatriz, así que probablemente le pidieron que se quedara a cenar.
Suben tazones de fideos y los colocan sobre las mesas. En la mesa de Wu Du y Duan Ling hay dos tazones de fideos y un tazón de wontones de camarón frescos. Cuatro tipos de mariscos están dispuestos sobre los fideos, y varios pétalos de ciruelo flotan en la sopa.
—El caldo de fideos que usan es una receta secreta —le dice Zheng Yan sonriendo—. Se hace cociendo huesos de anguila, cartílago de pato, huesos de rodilla de vaca, algas del norte y flores de ciruelo en conserva del año pasado. Combinado con una sola ciruela en salmuera, es lo mejor. Como estamos comiendo fideos, necesitamos un buen vino para completar el sabor. Wu Du, ¿les gustaría una botella?
—Nah. Nos iremos en cuanto terminemos de comer. Si tienes algo que decir, dilo ya.
Duan Ling se siente algo incómodo, pero como Chang Liujun y Zheng Yan están presentes, Lang Junxia probablemente no le causará problemas, así que suspira aliviado. Sin embargo, Wu Du parece algo irritado y se está conteniendo para no explotar.
El camarero termina de servir los fideos, hace una reverencia y se retira. Zheng Yan da una última indicación:
—Si no te llamamos, no hace falta que vuelvas a subir.
—¿Quieres comer los wontones? —le pregunta Wu Du a Duan Ling.
Duan Ling sacude la cabeza, y ninguno de ellos toca el tazón de wontones. Prueba la sopa y descubre que está realmente deliciosa y nada grasosa. Los fideos tienen una textura perfecta, mientras que las almejas, camarones, barriga de carpa y carne de cangrejo están frescos y tiernos. Este restaurante de fideos realmente hace honor a su arrogante nombre.
—La razón por la que los llamé aquí hoy —anuncia Lang Junxia desde detrás del biombo— es porque quiero escuchar la opinión de cada uno sobre varios asuntos importantes.
—Cierto alguien no asistió a la reunión en el Palacio del Este —dice Zheng Yan—. Imagino que fuiste a hacer algunas averiguaciones.
—Para ser sincero —responde Lang Junxia—, fui a la posada en la casa de postas y descubrí algo. No puedo resolver esto yo solo.
Los cuatro dejan lo que están haciendo y prestan atención mientras Lang Junxia les cuenta lo que ha descubierto.
—El emisario mongol es Khatanbaatar, pero en realidad, el responsable dentro de la delegación diplomática es Amga. Sus planes incluyen tanto distracciones como sus verdaderas intenciones: Khatanbaatar actúa a la vista de todos, mientras que Amga trabaja en secreto. Además de celebrar el cumpleaños del príncipe heredero, tienen otro motivo.
Zheng Yan responde:
—Anoche, en el Palacio del Este, escuché al Ministro de Ritos decir que Yuan está preocupado de que Liao se vengue de ellos tras la batalla de Shangjing. Por eso, están pensando en aliarse con Chen para enfrentarse a Liao, llegar a un acuerdo con nosotros y establecer relaciones amistosas. Entre Chen y Liao está la ira de Shangzi, mientras que entre Chen y Yuan está la enemistad de Shangjing. De los tres estados, cada uno considera a los otros dos como enemigos. El canciller Mu y los ministros discutieron mucho tiempo, pero al final no pudieron encontrar una solución.
—¿Qué dijo su majestad? —pregunta Duan Ling de repente.
—Su majestad no dijo nada en absoluto —responde Zheng Yan.
Wu Du dice:
—Aunque el difunto emperador no fue asesinado por los mongoles, murió a causa de la batalla de Shangjing. Si el príncipe heredero decide aliarse con Yuan ahora, me temo que su majestad se opondría.
—Así es —afirma Lang Junxia—, pero no hay tal cosa como enemigos permanentes en el mundo. Después de la batalla de Shangzi, toda la enemistad de nuestra nación se dirigió hacia Liao, así que ¿quién podría haber imaginado que el difunto emperador llevaría tropas de vuelta a Shangjing para salvar a Yelü Dashi?
—Wuluohou Mu, ¿esta es la opinión de su alteza o la tuya? —pregunta Chang Liujun.
—¿Importa de quién sea la opinión? —observa Zheng Yan—. Borjigin Batú y su alteza son viejos amigos de la infancia y, según los rumores, hermanos jurados con la promesa de Anda entre ellos. Jochi y Batú también fueron rescatados y enviados lejos de Shangjing por el difunto emperador. Los Borjigin esperan establecer relaciones amistosas con el Gran Chen y aprovechar esta oportunidad para acordar una tregua.
Wu Du se vuelve hacia Duan Ling. Este se señala a sí mismo, asiente, y luego aparece una arruga entre sus cejas mientras abre las manos para indicar «el panorama general» antes de descartarlo con un gesto ligero. Con una interpretación rápida, Wu Du entiende lo que Duan Ling quiere decir: es cierto que son Anda, pero las decisiones entre dos estados no pueden verse empañadas por relaciones personales.
—Entonces, ¿qué? —pregunta Chang Liujun—. ¿Hacemos esta alianza o no?
—Bueno, eso dependerá de ti, Wu-xiong —contesta Lang Junxia—. Su majestad te llamó especialmente hoy al Estudio Imperial, y supongo que no fue para hablar del clima y preguntar por la salud de tu familia.
Duan Ling piensa en silencio por un momento. Wu Du empieza a hablar:
—Su majestad me encargó algo, pero no sería apropiado revelar los detalles.
—Lo haré por ti —ofrece Zheng Yan—. Tú eres quien mejor entiende a su majestad. Así que dinos.
—Cada uno sirve a su propio amo —dice Wu Du—, pero dado que esto tiene que ver con el destino de la nación, no hay problema en que lo sepan. Se trata del paradero de la Zhenshanhe. Su majestad quiere intercambiarla por la espada de Kublai Kan.
Todos guardan silencio por un momento antes de que Lang Junxia responda:
—Bueno, eso quiere decir que su majestad no quiere negociar una alianza. Chang Liujun, ¿cuáles son las condiciones de los mongoles para formar una?
Chang Liujun medita sobre esto por un breve momento; aunque los demás quizás no lo sepan, si se proponen averiguarlo, lo descubrirán eventualmente, y tampoco es ningún secreto, así que comienza a explicar:
—Cuando el emisario mongol llegó a Jiangzhou hace tres meses, hizo una visita al canciller. Khatanbaatar le dijo que la Zhenshanhe está en Yuan, pero no en manos de Batú. Si las dos naciones tienen la intención de formar una alianza de hermandad, los ejércitos del norte tendrán que retirarse del monte Jiangjun y tendremos que trazar una ruta comercial de norte a sur. El Gran Chen deberá ceder las ciudades de Ye y Hejian e incorporarlas al territorio de Yuan.
—Ye es una ciudad clave cerca de la frontera norte —dice Duan Ling—. No hay manera de que podamos renunciar a ella.
—A cambio, también cederían ciento veinte millas de territorio al sur de Yubiguan. Así, una vez que Chen y Yuan intercambien territorios, los mongoles podrán concentrarse en Liao y avanzar lentamente hacia el sur. Si la corte imperial forma esta alianza con ellos, ambas partes intercambiarán ciudades, Yuan devolverá la Zhenshanhe, y entonces estableceremos una alianza matrimonial para asegurar un siglo de paz y el compromiso de no iniciar guerras.
El paradero de la Zhenshanhe sigue siendo desconocido, pero es muy probable que esté en manos mongolas.
—¿Una alianza matrimonial? —repite Wu Du—. ¿Con quién? ¿No serían los Yao otra vez, verdad? ¿Cuántas hijas tiene para casar?
—A cambio, también renunciarían a ciento veinte millas de territorio bajo Yubiguan. De este modo, una vez que Chen y Yuan intercambien territorios, los mongoles podrían centrarse en Liao y avanzar gradualmente hacia el sur. Si la corte imperial forma esta alianza con ellos, ambos lados intercambiarán ciudades, Yuan devolverá Zhenshanhe, y entonces estableceremos una alianza matrimonial para asegurar un siglo de paz y el compromiso de no iniciar guerras.
Aún no se sabe dónde está la Zhenshanhe; podría estar en manos de los mongoles, según se podría deducir.
—¿Alianza matrimonial? —pregunta Wu Du—. ¿Con quién? ¿Otra vez los Yaos? ¿Cuántas hijas tiene que casar?
El tono de Wu Du rebosa de regodeo, y Duan Ling comprende al instante por qué Zheng Yan está tan preocupado por el asunto. Yao Zheng es una princesa soberana, pero no importa con quién se case, no desearía partir hacia el norte. Si la corte imperial realmente acepta la alianza, todo lo que Yao Fu podrá hacer es despedir a su querida hija entre lágrimas.
