Capítulo 127: Flores gemelas

Mu Kuangda se queda inmediatamente sin palabras; en su mirada hay un destello de ira mientras fija los ojos en Duan Ling.

—¿Por qué tienes que ser tan terco? —dice Mu Kuangda.

Duan Ling, sintiéndose como si caminara sobre espinas, no vuelve a responder.

—Algún día, acabarás destruyéndote por culpa de tus impulsos.

Duan Ling sigue sin decir nada.

Wu Du también ha permanecido en silencio. De repente, Mu Kuangda encuentra esto completamente ridículo. ¿Qué rayos es esto? El discípulo que cree que llegará más lejos en la vida está enamorado de un hombre, tan perdido que estaría dispuesto a tirar su propio futuro por la borda. Esta situación incluso hace que parezca que Mu Kuangda es el que está tratando de separar a una pareja. Es una razón tan absurda, y sin embargo, sumado a cómo reaccionó Duan Ling en su encuentro anterior, no le queda más opción que creerle.

—¿Entonces ustedes dos se van a fugar? —añade Mu Kuangda—. ¿Siquiera va a volver, señor Tanhua?

Duan Ling sigue asintiendo.

—Volveré.

Mu Kuangda de repente estalla en cólera y grita: 

—¡Wang Shan! ¿Qué demonios pasa por esa cabeza tuya?!

Mu Kuangda finalmente estalla de ira y lanza de golpe las cartas sobre la mesa directo a la cabeza de Duan Ling, quien se hinca en una rodilla de inmediato, sin atreverse a dar excusas.

Wu Du está a punto de decir algo, pero Duan Ling se vuelve para mirarlo. Le guiña un ojo. 

—Wu Du, afuera —ordena Mu Kuangda fríamente. 

Duan Ling recoge todas las cartas y las vuelve a apilar cuidadosamente sobre la mesa. 

Mu Kuangda da un sorbo de té y rompe el silencio. 

—Wang Shan, mejor escúchame bien.

—Por supuesto —responde Duan Ling.

—¿Ya estás tan crecido que ahora tienes el valor de ir en contra de mí? Quería que Wu Du se uniera al Palacio del Este, ¿y tú te fuiste a hacer tu truquito para poder escapar con él?

—Esa no era mi intención en absoluto. Yo solo… quería pasar más tiempo con él. Profesor, este es el deseo de mi corazón, el único que he tenido en toda mi vida.

Mirando fijamente a Duan Ling, Mu Kuangda se da cuenta de que realmente no puede comprenderlo. Con la voz temblorosa, Duan Ling dice:

—Profesor, por favor, déjeme tener esto. Lo que sea que me pida hacer por usted en el futuro –atravesar agua o fuego, escalar una montaña de espadas–, yo… yo haré cualquier cosa.

Con todo lo que Duan Ling le ha hecho pasar esta noche, Mu Kuangda ya no sabe qué hacer. 

—Para vivir en este mundo —le dice Mu Kuangda con grave seriedad— uno debe aprender a vivir sin conseguir todo lo que desea. La luna crece y mengua, a menudo se esconde tras las nubes; las personas tienen alegrías y tristezas, despedidas y reencuentros, rara vez las cosas son perfectas[1], ¿no lo entiendes?

Duan Ling se arrodilla detrás del escritorio, inmóvil.

—¿Qué clase de obsesión enfermiza es la de ustedes dos? —Mu Kuangda baja la voz—. ¿Hay algo en Wu Du sin lo que no puedas vivir? ¿Es tan bueno en la cama? «La lujuria nubla el juicio», ¿no lo entiendes? Dejando de lado si irte a Ye es una decisión razonable, ¿de verdad por esto decides enfrentarte abiertamente a mí? ¿O acaso es Wu Du quien te está obligando?

—No lo hizo. Fue algo que se me ocurrió a mí solo. Los demás funcionarios deben creer que ofrecerme para un puesto fuera de la capital fue sugerencia de usted, profesor… Y si logro tomar la ciudad de Ye… sin duda sería beneficioso para el Gran Chen…, sin perjuicio alguno.

—Ah, olvídalo. —Mu Kuangda se siente agotado tanto física como mentalmente; después de toda esta charla, resulta que su discípulo va a fugarse con un asesino. Suspira—. Cuando era joven, también tenía esta idea en la cabeza de casarme con mi único amor. Dale unos años, y ya no tendrás la intención de quedarte con una sola persona para siempre. Para el próximo año, mirarás atrás y te darás cuenta de lo ridículo que eres hoy.

Duan Ling se siente desconcertado, pero también sabe que ha logrado su objetivo. Mu Kuangda ha aceptado esta explicación aparentemente absurda, pero perfectamente lógica.

—Cuando llegues a Ye —dice Mu Kuangda—, ten el doble de cuidado con todo. Cada carta que envíes o recibas tardará casi un mes en viajar, y las soluciones a la distancia no sirven para problemas inmediatos. No podré ayudarte.

Duan Ling exhala un suspiro de alivio.

—Gracias, profesor.

—Trataré de encontrar la manera de que te transfieran de vuelta aquí lo antes posible. Ten algo de piedad por tu profesor, ¿sí? Aparte de Huang Jian, no tengo a nadie en la corte en quien pueda confiar ahora. Una vez que te vayas, estarás fuera al menos un año. Todo este esfuerzo para enseñarte a ti y a él, y de alguna manera terminas trabajando lejos de la capital… es una verdadera lástima perder un buen talento de la corte.

Duan Ling asiente. 

—Ve, pero no le digas mucho a Wu Du por ahora —añade Mu Kuangda.

Honestamente, Duan Ling encuentra a Mu Kuangda más difícil de tratar que todas las personas que ha tenido que ver hoy juntas. Sin embargo, sabe que finalmente ha logrado librarla. Aunque, cuando regrese, tendrá que ser muy cuidadoso. Después de todo, no puede seguir actuando sin pedir permiso.

Después de despedirse de Mu Kuangda, encuentra a Wu Du esperando afuera de la puerta. Duan Ling le sonríe para darle a entender que ha tenido éxito. 

—Voy a ver a Mu Qing. Tendremos que irnos mañana.

Wu Du asiente y camina con él hacia allá. Mu Qing ya está dormido; Duan Ling manda a los sirvientes que se vayan y entra solo, acostándose al borde de la cama. 

Afuera, los gallos ya cantan. El cielo comienza a aclararse.

—Mu Qing —dice Duan Ling. 

Mu Qing se da vuelta en un estado de somnolencia.

—Ah, eres tú.

—Tengo que irme hoy —dice Duan Ling. 

Mu Qing emite un sonido como respuesta, se da vuelta sobre su pecho y sigue durmiendo. 

—Cuídate.

Mu Qing comienza a roncar de nuevo. Es claro que no le ha prestado atención a lo que Duan Ling dice. Pero este sonríe y se levanta para irse.

El cielo ya está completamente iluminado, y Duan Ling está de pie en el patio; haber pasado una noche en blanco le ha dejado un poco inquieto. Sun Ting ya se ha levantado y está limpiando el patio. Wu Du entra a empacar sus cosas.

—Ve a dormir —le dice a Duan Ling—. Ya tienen todo listo y nos estarán esperando en las puertas de la ciudad al mediodía.

Duan Ling no puede mantenerse despierto por más tiempo y se desploma en la cama, quedándose dormido antes de darse cuenta. Lo último que oye es a Sun Ting preguntarle a Wu Du:

—¿Qué le pasa al joven maestro?

Wu Du no dice nada. Debe haber hecho un gesto pidiendo silencio, porque todos los ruidos del exterior parecen desvanecerse.

Duan Ling cae en un sueño profundo y oscuro y no tiene ni idea de cuánto tiempo lleva dormido cuando siente que una mano le toca. Está envuelto en la penumbra, y los labios de Wu Du, cálidos y suaves, le acercan agua a la boca; tras largas horas de sueño, Duan Ling tiene sed, así que bebe un poco. Wu Du le ofrece un poco más con la boca, y él también bebe.

Después de darle el agua, la lengua de Wu Du sigue fría al tacto y, como para tentarle, se desliza de nuevo en la boca de Duan Ling, atrapando la punta de su lengua. Recién despertado y siendo besado de esta manera, Duan Ling siente que algo se le pone duro entre las piernas y su respiración se torna agitada. Medio dormido, alarga la mano para tocar a Wu Du.

En algún momento, Duan Ling se ha quedado sin la túnica exterior y sólo lleva puesta la ropa interior. Al abrir los ojos, se da cuenta de que la cama tiembla mucho y se ve rodeado por una tenue luz amarilla que se filtra a través de una cortina de tela, tiñendo la pequeña habitación de un cálido color anaranjado.

Wu Du, por su parte, está vestido todo de blanco. Sus brazos rodean a Duan Ling, reteniéndolo bajo su peso mientras lo besa.

—¿Dónde estamos? —Duan Ling siente que se balancea de un lado a otro.

—Shh. —Wu Du hace un leve rizo hacia arriba en la comisura de los labios—. Estamos en un carruaje.

Duan Ling se despierta de golpe por la sorpresa. ¿Ya están en camino? Tiene la sensación de haber dejado muchísimas cosas pendientes, ¿¡pero ya se han ido?!

—Estabas muy cansado, así que no te desperté. Te cargué hasta el carruaje.

—¿En serio? —murmura Duan Ling.

Dentro del carruaje, hay un diván mediano, apenas lo suficientemente grande para que una persona duerma; al estar los dos abrazados sobre él, el espacio resulta muy estrecho. Duan Ling se pone de rodillas y abre las cortinas del carruaje para asomarse. El sol poniente lo deslumbra tanto que apenas puede abrir los ojos; por lo que puede ver, ya han llegado al camino oficial.

Con un brazo alrededor de la cintura, Wu Du atrae a Duan Ling hacia sí y lo mantiene tumbado en la cama, donde continúa besándolo.

—Aquí no hay nadie más», susurra Wu Du—, y tampoco va a entrar nadie.

Duan Ling se calienta bajo sus besos, sintiéndose sumamente tímido. Pero Wu Du no le da tregua, le recorre el cuerpo con una mano y, mientras el puente de sus narices se rozan, le chupa el labio inferior.

Una oleada de novedad y excitación inunda a Duan Ling; este momento ha llegado demasiado rápido y de forma demasiado repentina.

El sol poniente derrama su luz como oro sobre el camino; es una tarde de principios de verano, llena de sol radiante, y su caravana de carruajes circula por la carretera mientras dejan atrás Jiangzhou rumbo al norte.


Dentro del carruaje, ambos respiran con dificultad. Wu Du ya ha despojado sin piedad a Duran Ling de toda su ropa. Desde que prometieron amarse, esta es la primera vez que él se muestra completamente desnudo ante Wu Du, y se siente terriblemente avergonzado. Wu Du se sienta con sus brazos alrededor de Duan Ling y su boca comienza a bajar hasta sus pezones, usando su lengua para provocarlo con suavidad.

Las mejillas de Duan Ling están encendidas. Se arrodilla con las piernas abiertas, las rodillas a cada lado de la cintura de Wu Du. Apoya la palma contra el mentón de Wu Du, obligándolo a alzar la mirada. Comparten un breve beso antes de que Wu Du le recorra el pecho con sus labios.

Años de práctica con el arco le han dado a Duan Ling una musculatura hermosa en los hombros y la espalda; unos pectorales definidos cubren su pecho, y la silueta de los músculos abdominales en la parte baja del abdomen se marca con claridad. Tiene una cintura firme y elegantemente moldeada, donde los besos de Wu Du siguen sus curvas y ondulaciones hasta llegar a su entrepierna.

—¡N-no! —Duan Ling casi comienza a gritar; se siente tan nervioso que apenas puede soportarlo. Wu Du le da a su cosa un lametón y Duan Ling siente que se endurece todo.

Wu Du se ríe. Las mejillas de Duan Ling están sonrojadas. Está completamente desnudo, mientras que Wu Du sigue vestido con su ropa interior, lo que solo lo hace sentir aún más mortificado.

—¿Te vas a quitar la ropa? —susurra.

Wu Du lo mira de arriba a abajo con una expresión totalmente imposible. Duan Ling ya está avergonzado al extremo y, encontrando esto muy injusto, comienza a tirar de la cuerda corta que mantiene la camisa de Wu Du cerrada. Este, por su parte, se muestra bastante generoso; después quedar desnudo, se sienta con las piernas abiertas, mostrándole a Duan Ling su verga, erecta y gruesa, que sobresale de su entrepierna.

—Ya somos como un matrimonio viejo. ¿De qué hay que avergonzarse?

Duan Ling se encuentra conteniendo el aliento; ambos están evaluando el cuerpo desnudo del otro. Wu Du tiene los músculos bien definidos, irradiando vigor y fuerza, una belleza masculina que despierta de inmediato los deseos de Duan Ling.

—¿Te gusta lo que ves? —le dice Wu Du junto al oído—. Mira todo lo que quieras, pequeño pervertido. Por la forma en que te pasabas todo el día manoseándome, ya sabía que te gustaban los hombres.

La verga de Wu Du es larga y gruesa, y su punta le llega hasta el ombligo. Duan Ling la toca, pero tras solo un leve roce con la palma de la mano, Wu Du suelta una exhalación temblorosa y vuelve a rodearlo con los brazos, girándose hacia un lado y haciendo que Duan Ling se tumbe.

—Date la vuelta —susurra Wu Du.

Duan Ling obedece. Hace que Wu Du se agarre a él por detrás, con esa cosa presionando contra sus nalgas, frotando arriba y abajo. Esa sensación de abrazarse desnudos, piel con piel y frotarse el uno contra el otro, llena a Duan Ling de una sensación de gratificación.

—¿Te gusta? —le dice Wu Du al oído.

—Sí… me gusta. —Duan Ling gira la cabeza para besar a Wu Du y estira la mano por detrás para pasársela por la cintura y las nalgas.

Wu Du lo agarra bien y se frota contra él un rato más antes de susurrar:

—Voy a entrar.

—Entra entonces. —El corazón de Duan Ling sigue latiendo con fuerza—. ¿Cómo vas a hacerlo?

Wu Du se vuelve hacia su lado, saca una cajita de debajo del diván y la abre para revelar un frasco de bálsamo de olor dulzón. Duan Ling lo huele una vez antes de que Wu Du se aplique un poco en la punta de su miembro y en la entrada de Duan Ling. Luego, sin gastar palabras, aprieta su verga contra las nalgas de Duan Ling y poco a poco comienza a forzar su entrada.

En ese momento, los dos están más nerviosos que nunca; cuando Duan Ling siente esa cosa empujar dentro de él, el primer pensamiento que lo asalta es: «¡Ahhhhh, de verdad duele! ¡Duele, duele, duele!».

La sensación de ser abierto a la fuerza duele tanto que casi grita. Está temblando como una hoja.

—¿Duele? —le pregunta Wu Du.

Duan Ling no hace más que respirar, jadeando en silencio, tratando de soportarlo. Esto es demasiado distinto a como había imaginado que se sentiría; ¿por qué alguien querría ser tratado así? Pero por Wu Du, puede soportarlo. Sin embargo, nada de esto le resulta placentero en absoluto.

Wu Du permanece inmóvil, con el pecho pegado a la espalda de Duan Ling y el corazón latiéndole tan fuerte que incluso Duan Ling puede sentirlo.

—Si te duele, no lo hagamos —dice Wu Du.

Duan Ling gira la cabeza y le dice:

—No… no me duele.

—Te salen lágrimas de los ojos —dice Wu Du con remordimiento—. Paremos.

—No —insiste Duan Ling. Tiene la sensación de que se les debe estar escapando algo, y tal vez si esperan un poco estará bien. Así que estira la mano por detrás para agarrar la cadera de Wu Du y evitar que se salga. También vuelve a girar la cabeza para darle un breve beso.

—Te amo —dice Duan Ling—. Quiero hacer esto contigo. Quiero que solo tú… entres en mí, Wu Du.

La respiración de Wu Du se acelera de inmediato, pero no se atreve a moverse por miedo a hacerle daño a Duan Ling, así que permanece quieto en su interior, sin moverse. Duan Ling respira hondo; ya se siente mucho mejor. Ese dolor agudo y repentino que sintió antes se ha transformado en oleadas de un dolor sordo por la distensión, algo que puede soportar.

—Vamos… —susurra Duan Ling—. Entra un poco más.

Wu Du traga saliva y empuja apenas un poco más para seguir entrando, y solo entonces su gruesa verga queda finalmente, completamente adentro. En ese instante, Duan Ling tiene una sensación extraña, casi irreal: siente con absoluta claridad cómo encajan, unidos sin fisuras, como si fueran uno solo.

—¿Todavía te duele? —pregunta Wu Du en voz queda.

—Ya… no me seguirá doliendo. —Con los ojos cerrados, Duan Ling trata de sentir la cosa grande y palpitante dentro de él. Sólo le dolió cuando comenzó a empujar, pero una vez dentro de él, todo lo que siente es una satisfactoria plenitud.

Wu Du empieza a moverse lentamente, entrando y saliendo, y Duan Ling suelta de inmediato un gemido.

—¡Ah!

Suena casi como un gemido, como si se le escapara sin querer, y al instante una descarga sacude a Wu Du; respira con fuerza, sus manos recorren el pecho de Duan Ling, pellizcando sus pezones y acariciando sus abdominales mientras lo penetra con lentitud. Su mano desciende y, cuando vuelve a penetrarlo, rodea con los dedos el pene de Duan Ling.

—Ah… —Duan Ling empieza a gemir con ganas, y aunque el sonido que emite es totalmente instintivo, también parece estar totalmente bajo el control de Wu Du.

Wu Du embiste varias veces con suavidad, y Duan Ling siente una oleada de placer extenderse por su cuerpo, y a medida que Wu Du se introduce más hondo en él, parece que se siente tan bien que su propio pene empieza a hincharse hasta alcanzar una erección.

—Estás duro —dice Wu Du, asombrado, y una sonrisa se dibuja en su rostro—. ¿Tan bien se siente?

—Es… —Duan Ling no puede expresar con palabras esa sensación y, tragando con cierta dificultad, dice—: Se siente muy… bien… es bastante… agradable.

—¿De verdad? ¿Te sientes bien? —Agarra el pene de Duan Ling entre sus dedos, acariciando sobre el glande, y con la verga de Wu Du clavándose en él desde atrás, el líquido preseminal comienza a salir de la verga de Duan Ling sin control.

—Ah ah… —Incluso el tono de sus gemidos se ha convertido en una especie de jadeo. Puede sentir los movimientos de Wu Du volviéndose cada vez más rápidos, y cuando se hunde por completo en su interior, una sacudida recorre todo el cuerpo de Duan Ling. El placer se va acumulando dentro de él, capa tras capa, llevándole a mayores alturas.

Gime por reflejo y gira la cabeza para poder mirar a Wu Du. Wu Du se incorpora apoyándose con una mano en el diván y pasa las piernas de Duan Ling por detrás de su cintura para poder sentarse entre las piernas de Duan Ling, abiertas de par en par, desde donde puede contemplar el cuerpo desnudo de Duan Ling mientras entra y sale de él.

El rostro de Duan Ling está sonrojado; ambos están completamente desnudos, y ser mirado por Wu Du de esta manera le hace sentir tan avergonzado que podría morir, pero su cuerpo está atrapado por el placer. Cada vez que Wu Du le penetra hasta el fondo, no puede evitar estremecerse.

Las mejillas de Wu Du brillan como si disfrutara de la expresión de Duan Ling. Se inclina sobre él y presiona sus labios contra los de él.

—¿Te gusta?

—Me gusta —dice Duan Ling, jadeando—. Wu Du, bésame.

Wu Du le da un beso, prolongado y profundo; mientras sus labios se separan, Duan Ling mira fijamente el cuerpo de Wu Du, cómo entra en él, una y otra vez. Duan Ling se siente tan abrumado que ya no puede contener lo que lleva dentro; el corazón se le desborda, y la emoción lo sobrepasa hasta hacerlo llorar sin poder evitarlo.

Wu Du, sorprendido, lo envuelve en sus brazos.

—¿Por qué lloras?

Duan Ling quiere aguantarse, pero no puede evitarlo. Inclinado sobre él, Wu Du sigue besándolo mientras su verga continúa clavándose en el cuerpo de Duan Ling, entrando y saliendo de su entrada. Los ojos de Duan Ling se llenan de lágrimas mientras gime; ya no puede hablar. Provocado por su reacción, Wu Du pierde el control, como si una bestia se hubiera liberado en su interior, besa a Duan Ling al tiempo que continúa ultrajando su cuerpo sin mesura, penetrándolo con frenesí.

Mientras Wu Du lo embiste y lo acaricia frenéticamente por dentro, el placer estalla por fin en el cuerpo de Duan Ling. Siente una sensación de incontinencia, como si hubiera perdido el control de sí mismo, un hormigueo que le sube a su pene dolorido e hinchado. Por alguna razón, un chorro tras otro de semen brota de su pene. Incluso después de un largo rato y de que el placer se hubiera disipado, su culo sigue contrayéndose.

Wu Du exhala entrecortadamente.

—Yo… acabé.

Duan Ling mira el desastre que hay delante de él y de Wu Du con las mejillas sonrojadas. Ambos están cubiertos de un olor cautivador.

—Ponte la ropa. —Wu Du empieza a sentir vergüenza, así que ayuda a Duan Ling a vestirse.

Duan Ling sigue mirando al suelo, tan avergonzado que casi desea morirse, y después de ponerse la ropa interior, Wu Du comienza a vestirse también. Ninguno de los dos dice una palabra. Wu Du se limpia la zona de la entrepierna con un paño antes de jalar a Duan Ling hacia él con un brazo y limpiarle el vientre. 

—¿Aún te duele?

—Ya no… ya no duele.

Wu Du se detiene, pensativo.

—Voy… voy por un poco de agua para limpiarte.

—No importa. Dejemos eso para cuando lleguemos.

—De todas formas, ya casi estamos en la posada —dice Wu Du—. Voy a echar un vistazo.

Wu Du parece bastante avergonzado, y cuando está a punto de irse, algo se le ocurre y se da la vuelta para darle a Duan Ling un breve beso en los labios. Luego toma una manta y la coloca sobre él. 

Duan Ling se esfuerza por no reír. Abre las cortinas del carruaje para poder mirar afuera. Ve a Wu Du bajarse del carruaje, se detienen por un momento, y poco después, continúan su camino. A lo lejos se ven varias casas, y aún más lejos, un pueblo. Han llegado a una posada.


Esta caravana incluye a Sun Ting, Yan Di y Wang Zheng, así como a Lin Yunqi y toda su familia junto con sus sirvientes. Algunos de los hombres que solían trabajar de cerca con Wang Zheng cuando estaba en el ejército también los acompañan –más de veinte personas–, todos ellos gente que Mu Kuangda se esforzó en organizar para que vinieran en esta misión. En total, en su caravana viajan cerca de cuarenta personas, con seis carruajes detrás y varios caballos.

La casa de postas se convierte de inmediato en un bastión de conmoción en cuanto su grupo se dirige al interior. Tras entregarse antes a la pasión en el carruaje, el cuello de Duan Ling sigue enrojecido, y parece estar sin aliento. Siempre que alguien pasa a su lado, se inclina y le llama «mi señor».

Duan Ling, incómodo y sin saber qué hacer, asiente apresuradamente en respuesta y entra a toda prisa a la casa de postas. Cuando ve que alguien está moviendolos utensilios de té, le dice:

—Deja que te ayude.

Hay mucha gente y los camareros de la casa de postas no se dan abasto, por lo que Duan Ling agarra una pila de cuencos y comienza a repartirlos. En el momento en que empieza a servir agua, sus subordinados se asustan de muerte y se apresuran a decirle:

—¡Siéntese, mi señor! ¡Nosotros podemos hacer esto! ¡Permítanos!

Duan Ling se acomoda detrás de un biombo, pero cuando escucha a unos niños haciendo alboroto, se asoma para echarles un vistazo. Son los hijos de la familia Lin, un niño y una niña, muy lindos. Los lugares se sienten más alegres cuando hay niños alrededor. No puede evitar pensar en que, si Wu Du hubiera podido casarse, es probable que ya sería padre en este momento.

Dirige su mirada hacia Wu Du, y, como si fueran capaces de leerse la mente, él levanta la vista. Sus ojos se encuentran por un segundo antes de que él desvie su mirada para ordenar a la gente de Wang Zheng hacer patrulla.

Además de ser el prefecto asistente, Wang Zheng también ha acompañado al ejército en campaña. Aunque no es un experto comparado con esos maestros de las artes marciales, es lo suficientemente competente para la guerra y la batalla. Wu Du le asigna tareas, ordena que se monte guardia en los alrededores y va a revisar si la comida en la cocina está limpia y en buen estado.

Durante un rato, hay mucho bullicio en la casa de postas hasta que los camareros les sirven un tazón de fideos a cada uno, momento en que todos se calman y nadie habla, pues todos están demasiado ocupados comiendo fideos. Yan Di incluso bebe algo, y todos participan en la conversación de vez en cuando, pero dado que no conocen bien el carácter de Duan Ling, todos andan con pies de plomo a su alrededor.

Wu Du toma asiento junto a Duan Ling.

—No son tan buenos como los fideos de Los Mejores Fideos del Reino, así que tendrás que conformarte. Le pedí a Zheng Yan un libro de recetas antes de partir. Ya pensaremos cómo arreglárnoslas cuando lleguemos a Ye.

Duan Ling se siente muy conmovido. Wu Du le mete prisa, diciéndole que coma ya.

—Vamos, come, come.

—Tú deberías comer más. —Duan Ling saca algunos de sus propios fideos de su cuenco y los pone en el de Wu Du—. ¿Estás cansado?

Algo parece ocurrírsele a Wu Du, y por poco escupe la comida sobre la mesa. Hace tal esfuerzo por contenerse que se le enrojece la cara, pero no puede evitar las ganas de reír.

—¿Quieres que me llene para que pueda trabajar más duro, ¿eh? —Wu Du mira fijamente a Duan Ling, con una sonrisa pícara en los labios.

Duan Ling se avergüenza de inmediato y, para disimular, toma un sorbo de té. Ambos están sentados con las piernas cruzadas frente a una mesita baja. Wu Du estira una pierna sin pensarlo mucho y la coloca sobre las rodillas de Duan Ling. Este intenta apartarla, pero Wu Du la vuelve a poner. Tras varios intentos infructuosos, Duan Ling termina por rendirse.

Después de la cena, mientras Duan Ling está absorto en sus pensamientos, Lin Yunqi se acerca para hablar con él.

—Señor gobernador, ¿le gustaría revisar las cuentas?

Duan Ling recuerda que probablemente la corte imperial le asignó fondos para tomar posesión de su cargo, ya que no habría forma de que lo enviaran sin un solo cobre. Aún no tienen un departamento de contabilidad, así que por ahora, Lin Yunqi se encarga de la lista de nombres y los libros, lo que incluye sus fondos. Ni bien se había bajado del carruaje, ya había gente transportando cofres hacia el interior; y puesto que Ye no tiene un banco donde puedan cambiar billetes por efectivo, lo que había en los cofres debía ser plata.

—Dame una suma total de nuestros fondos —responde Duan Ling—. Y también quiero ver la lista de personal.

Su séquito está compuesto por un total de treinta y siete personas, y casi la mitad de ese número corresponde a la familia y sirvientes de Lin Yunqi. Los viejos amigos de Wang Zheng del ejército se encargan de los trabajos menores y también actúan como alguaciles bajo órdenes de un prefecto asistente, ocupando más de la mitad del total. Eso deja a Yan Di, Sun Ting, Wu Du y él mismo como los cuatro restantes. Duan Ling tiene la sensación de que es probable que Lin Yunqi haya sido informado por Mu Kuangda de que, una vez que realice este viaje a Ye, no regresará, y por eso ha decidido trasladar a toda su familia.

Wang Zheng, por otro lado, ha seguido a Duan Ling hasta Ye con el fin de labrarse una carrera. Tal vez pueda conservar a Wang Zheng en el futuro.

Tendrá que acercarse a diferentes personas de manera diferente. Una vez que llegue Shi Qi, tendrá un contable, y eso supondrá treinta y ocho seguidores en total. Para su sorpresa, Mu Kuangda no parece haber meditado demasiado sobre a quién poner a cargo del dinero. Tal vez sea porque la mayoría de los funcionarios enviados fuera de la capital malversarán algunos fondos de un modo u otro, y por eso no siente la necesidad de mantener una vigilancia estrecha sobre el dinero.

Duan Ling siente de pronto el peso de la responsabilidad de llevar una comitiva tan numerosa a un lugar totalmente desconocido: no puede consentir que vivan en la pobreza, no puede permitir que enfermen y, sobre todo, no puede dejar que mueran… Antes no paraba de hablar de su patria y de esas grandes ideas, pero, independientemente de cómo lo plantee, una vez que hay mucha gente es inevitable que se conviertan en una estadística, en tanto que las treinta y siete personas que tiene justo enfrente son una responsabilidad literal y enorme que no puede eludir.

Una vez que termina de leer la lista, se prepara para ir a la cama, esperando que todo marche bien en su viaje.

—¿Pasa algo afuera? —Duan Ling se da cuenta de que Wu Du ha vuelto a salir para inspeccionar los alrededores.

—Vamos a dormir —le contesta Wu Du—. Todo está tranquilo ahí afuera.

Se tumban detrás del biombo. La casa de postas apaga sus faroles y la luz de la luna inunda la habitación. Corren tiempos extraordinarios, por lo que las condiciones de sus alojamientos a lo largo del camino son bastante rudimentarias. Y lo cierto es que, cuanto más al norte vayan, sus alojamientos no harán sino empeorar; algunos lugares ni siquiera tendrán habitaciones individuales y todos tendrán que compartir el salón principal, tanto para comer como para dormir.

Duan Ling apoya la cabeza en el brazo de Wu Du y se arrima a su pecho, ambos cubiertos por una fina manta. La noche es tranquila; Wu Du toma la mano de Duan Ling y, sabiendo que sigue despierto, le da un breve beso en los labios.

Se acerca al oído de Duan Ling y éste levanta la vista pensando que le va a susurrar algo dulce. Pero nunca se habría imaginado que lo que Wu Du le susurraría al oído con la voz más baja posible sería:

—Mañana, tu señor te lo hará.

Duan Ling se queda perplejo.

Wu Du se ríe y, poniéndose de lado, estrecha a Duan Ling entre sus brazos. Duan Ling puede sentir sus penes apretándose uno contra otro a través de una capa de pantalones finos. Se besan durante un rato, pero saben que si permanecen despiertos más tiempo no tendrán energía para el día siguiente, por lo que no les queda más remedio que dormirse.


A cinco millas de distancia, alrededor de una docena de cadáveres vestidos de negro yacen esparcidos sin cuidado a un lado del camino.

Un hombre de negro se agacha y limpia su espada en uno de los cadáveres, luego va uno por uno arrancando las placas de identificación de los cuerpos: son las placas de cobre personales de la Guardia Sombra. Después, recoge todas sus armas y las arroja al río antes de arrastrar los cuerpos hasta un campo de cultivo junto al camino, colocarlos en una pila y echarles leña. Una vez hecho esto, se aleja de ellos y, sin prestarles atención, empieza a masticar algunas raciones secas.

Una vez que termina de comer, el asesino se da unas palmaditas en la ropa para quitarse las migas y silba a los pájaros que vuelan bajo la luz de la luna en busca de comida. Se tumba justo donde ha estado de pie y se echa a dormir. Una vez que el cielo empieza a clarear, prende fuego a la pila de cadáveres.

Es la época de la cosecha y la siembra de verano, y hay muchas granjas a lo largo de ambos lados del camino quemando rastrojos; los transeúntes no van a reparar en el espeso humo. El asesino termina de quemar los cadáveres, se echa su fardo al hombro y continúa su camino hacia el norte.


[1] Cita una línea del poema de Su Shi (Su Dongpo), pero parece haber intercambiado las líneas de la luna y de la gente.

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