Capítulo 42

Al día siguiente, Bai Rujin no viene y Qitan está demasiado ocupado presionando a Liu Tongyi para que vuelva. En mi casa, sin nada mejor que hacer, aprovecho para hacer mi equipaje.

En los últimos años, he ido a todas partes y me he acostumbrado a viajar ligero; mientras uno tenga dinero, se puede comprar lo que necesite. Naturalmente, ninguno de los artículos que compré en Chengzhou puede venir conmigo.

Empaco dos conjuntos de ropa, recojo toda la plata que tengo y escojo unos cuantos recuerdos que compré aquí y allá a lo largo de los años. Dejo en un armario algunos que pueden gustarle a Qitan. Confío en que sea capaz de encontrarlos.

El juego de vino que me regaló Yun Yu no es un buen compañero de viaje, pero después de todo él se tomó la molestia de regalármelo; sería de mala educación abandonarlo. Lo envuelvo con unos paños suaves y lo meto todo en mi bolsa de viaje. Eso es básicamente todo lo que hay que empacar.

A mediodía salgo en el barco Bai a almorzar y, a mi regreso, me acuesto en la cama a dormir la siesta. Siento cierta nostalgia; apenas había conseguido comprar una casa, hacerme un nido. Pensé que podría asentarme durante un par de días, pero todo indica que tendré que volver a vagabundear.

Parece que estoy destinado a ser un vagabundo en esta vida.

Tras la siesta, me sobresalto al ver que hay alguien en la habitación exterior cuando abro los ojos. Me da un buen susto.

Ese alguien está sentado junto a la mesa con ropa informal. Me sorprende ver que es Yun Yu.

Me levanto de la cama y me arreglo la ropa.

—Señor Yun, ¿cuándo ha llegado? ¿Cómo ha conseguido sacar tiempo de su apretada agenda para visitarme en mi humilde morada?

Yun Yu se levanta de su posición junto a la mesa.

—Acabo de llegar. Como me di cuenta de que seguías durmiendo, no quise despertarte, así que me tomé la libertad de entrar sin preguntar. Por favor, perdona mi descortesía.

Me rio.

—No es para tanto. —Y entro en la habitación exterior para encender un fuego para una olla de agua caliente antes de ir a la mesa, acercando una silla—. Por favor, tome asiento, señor Yun. El té tardará un poco en estar listo.

Yun Yu se sienta frente a mí.

—Comerciante Zhao, has dormido con la puerta abierta. ¿No te preocupan los ladrones?

—Señor Yun, bromea. Soy un soltero sin nada a mi nombre. Aunque los invitara a entrar, los ladrones no honrarían mi humilde hogar.

Yun Yu sonríe.

—Ahora eres tú el que bromea, comerciante Zhao. Eres un gran mercader viajero que ha estado en todas partes, con amplias propiedades y riquezas. ¿Cómo puedes decir que no tienes nada a tu nombre? Veo que has pasado la mañana empacando tus cosas. ¿Te marchas de la prefectura por negocios?

Pensé que mi corazón no se enfriaría por la decepción, pero después de escuchar su última frase, mi corazón todavía se enfría un poco.

—Gracias por sacar tiempo de su ocupado día para vigilarme, pero solo estaba ordenando la casa. Quizá tenga algún problema en los ojos, señor Yun.

Yun Yu se sienta inclinado junto a la mesa, observándome.

—¿A dónde vas? 

—Señor Yun, ¿me está interrogando o me está preguntando? —La habitación se llena vagamente de una atmósfera fría. Justo entonces, el agua hierve. Me rio—. Solo bromeaba. Por favor, no se ofenda, señor Yun. —Me levanto, quito la tetera de cobre del fogón, apago el fuego y muevo el juego de té para prepararlo.

Mientras enjuago las tazas con agua, Yun Yu habla despacio desde detrás de mí.

—Si su alteza el príncipe Huai vuelve a marcharse, las cosas se pondrán muy incómodas.

Me doy la vuelta, vuelvo a sentarme junto a la mesa, coloco correctamente las tazas y sirvo el té. Yun Yu continúa, hablando despacio como antes:

—Hay guardias ocultos cerca del edificio. Yo fui quien los desplegó ayer. Dado que su alteza y el príncipe Dai ya se han reconocido mutuamente, tales disposiciones son apropiadas. Antes no había, pero probablemente su alteza no me crea. —Se ríe, suavemente—. En cualquier caso, nunca he hecho nada bueno.

Tal vez debería tener una charla a fondo con Yun Yu hoy.

Ahora que lo pienso, él y yo nunca hemos tenido una conversación sincera sin nada que ocultar. Doy un suspiro.

—Yun Yu, seamos sinceros el uno con el otro hoy y hablemos honestamente por una vez. —En cuanto pronuncio el nombre «Yun Yu», la expresión del hombre que tengo enfrente cambia rápidamente, la tensión entre sus cejas se alivia mucho. Si bien es cierto que parece tan severo como antes, es la solemnidad familiar que Yun Yu solía llevar cuando hablábamos de cosas serias.

Voy directo al grano:

—Yun Yu, ¿has venido hoy porque piensas retenerme en Chengzhou?

—Difícilmente tengo el valor de hacer algo así. Es más, aunque el príncipe Huai murió hace tres años, el que está sentado frente a mí sigue siendo el tío de su majestad. En todos los territorios bajo el cielo, nadie más que su majestad puede retenerlo[1]. Probablemente usted ya lo sabe; un esbirro como yo nunca se atrevería a ofender a los que están por encima de mí, a menos que esté haciéndolo bajo órdenes. Pero como usted y el príncipe Dai ya se han reconocido mutuamente, no hay forma de que esto se le pueda ocultar a su majestad por más tiempo. Si su alteza no solo se va ahora, sino que también se va con Liu Tongyi, un gran número de personas probablemente se verán en una posición difícil, incluyendo a Liu Tongyi. Solo digo las cosas como son. Por favor, perdóneme si algo de lo que dije fue irrespetuoso, su alteza.

Asiento con la cabeza.

—Tu razonamiento estaba en efecto bien justificado. Me tomaré un tiempo para reconsiderarlo. —Levanto mi taza y bebo un sorbo de té. Como ya hemos empezado a hablar con franqueza, algunas palabras salen de mi lengua con mucha naturalidad—. Hay un mundo de diferencia entre el tú de antes y el tú de ahora, Yun Yu.

Yun Yu se recoge la manga y levanta su taza.

—Usted también ha cambiado mucho, su alteza.

—Aquel que viaja por todo el mundo llevará naturalmente los años de penuria en su rostro.

—Quien está en medio de la corte imperial no puede evitar estar en el camino de espadas desenvainadas.

Me quedé sin palabras. Sus circunstancias son embarazosas; uno puede imaginarse fácilmente el trato que ha recibido en la corte en los últimos años. Planteo otra pregunta:

—¿Se encuentra bien el gran tutor Yun?

Yun Yu permanece en silencio un momento antes de asentir con la cabeza, lo está haciendo bien. Después de tres años de estudio monástico, su actitud se ha vuelto más tranquila.

Estaba a punto de preguntar sobre Qizhe también, pero si le pregunto a Yun Yu parecerá que estoy insinuando algo. Por eso, vuelvo a cambiar de tema:

—La razón por la que nunca cedí y reconocí quién era cuando te quedaste aquí anteayer fue porque no quería que salieran más problemas del pasado. Lo cierto es que ya por entonces quería contarte estas cosas.

Yun Yu me mira atentamente. 

—Sobre el incidente de hace algunos años, aunque al final del mismo fui derrotado por el plan que su majestad, Liu Tongyi y tú idearon, yo ya conspiraba contra ti y tu padre antes de eso. Por eso, entre tú y yo, considera que estamos a mano. Si le hubiera dicho a su majestad la verdad antes, lo que ocurrió después nunca hubiera sucedido. Por lo tanto, no tiene sentido debatir lo que está bien o mal. No te lo tomes a pecho.

El rostro de Yun Yu adopta muchas expresiones, como si quisiera decir algo pero acabara deteniéndose una y otra vez. Al final se decide por una sonrisa.

—Así que parece que los años que ha pasado fuera del palacio realmente han hecho que su mente sea tan amplia como los océanos o los cielos.

—Bueno, es cierto que viajar deja claro lo pequeños e insignificantes que somos los humanos comparados con el mundo. —Y ya que hablamos del tema, le hago un breve resumen de los lugares en los que he estado haciendo negocios en los últimos dos años. Emocionado por la conversación, le enseño los recuerdos que pensaba regalar a Qitan y que aún no he envuelto.

Una copa de cuerno de vaca, un colgante de piedra de colores, unos dados hechos con huesos de cabra, chucherías de piedra tallada… Yun Yu parece absorto mientras mira los objetos uno a uno, pero cuando termina, levanta el trapo en el que estaban envueltos los dados. Lo abre y sonríe sin decir palabra.

Su sonrisa me parece un poco extraña, y al ver que no es más que un trozo de tela arrugada, vieja y toscamente tejida, me encuentro momentáneamente confundido.

Yun Yu extiende la tela sobre la mesa, le da la vuelta y la empuja hacia mí. Señala una esquina.

Noto algo indescifrable bordado torcidamente en la esquina que señala. Tras examinarlo detenidamente, me doy cuenta de que son unos pequeños caracteres…

«Para el querido Cai que amo; no me olvides. Mei-zi».

Parece ser… el regalo de despedida de esa joven coreana, Jin Mei-zi…

Y estas palabras… parecen ser… las mismas que me hizo enseñarle a escribir…

Incluso le correspondí dándole una cuarteta de cinco caracteres. Ella se emocionó hasta las lágrimas cuando se la leí. Dijo que nunca había oído versos con más encanto.

Una ondulación cruzó entonces el lago inmóvil de mi corazón, y mentí:

—Este es también el bordado más hermoso que he visto nununca. —Así, me lo metí bajo la solapa izquierda. Durante una fracción de segundo mi hastiado corazón se sintió alimentado y reconfortado…

Oh, lo que una vez fue…

Yun Yu levanta la comisura de sus labios.

—Ni esta tela ni el bordado parecen de nuestro imperio. Supongo que fue un asunto extranjero bastante romántico.

Me siento un poco avergonzado.

—No era más que una confidente femenina. —Me pareció que a él le gustaba mucho la copa de cuerno de vaca cuando la estaba mirando antes, así que la recojo y se la entrego—. Anteayer recibí de ti un juego de vino. ¿Por qué no hacemos de esto un regalo de correspondencia?

Yun Yu parece sorprendido.

—Su alteza… es usted demasiado amable. —Se niega; insisto en que debe tenerlo y lo acepta.

Después de haber tenido esta conversación, parece como si el nudo atado por el incidente de hace años hubiera desaparecido como una nube de humo. Yun Yu también empieza a actuar con más naturalidad poco a poco, no tan torpe como la noche que se quedó a dormir. Charlamos un rato más antes de que se levante para irse, pero justo antes de marcharse me pregunta:

—Su alteza, ¿cuándo pensaba irse?

Puesto que esto implica a Liu Tongyi, no respondo con sinceridad.

—Iba a ser pronto.

Yun Yu no dice nada más. Se va en su barco.

Esa noche, voy a donde se aloja Liu Tongyi y le digo que se olvide de lo que le pedí; ya no me voy a ir.

Liu Tongyi termina de escucharme y luego pregunta:

—Comerciante Zhao, ¿no quieres irte o crees que no puedes irte?

Me tomo un momento para considerarlo y luego le digo que, por supuesto, quiero irme pronto, pero que probablemente la salida no va a ser tan fácil.

Liu Tongyi me dice con calma:

—Las autoridades locales ya han anunciado que a partir de mañana cualquiera puede entrar y salir libremente de Chengzhou; ya no hay ninguna restricción. ¿Por qué no es fácil que dos comerciantes como tú y yo salgamos de la prefectura?

—Solo me preocupaba que te causara problemas, Ransi.

Liu Tongyi me mira.

—Tanto si nos quedamos como si nos vamos, no hay diferencia.

Todo me queda claro con esa sola frase.

Hace tiempo que arrastré a Liu Tongyi al fango conmigo. En efecto, tanto si nos vamos juntos como si no, da lo mismo.

Acto seguido, viajo en barco a casa de Bai Rujin para dejarle algunas escuetas instrucciones, diciéndole que tengo que gestionar un gran negocio y que, por ahora, le encomiendo que se ocupe de las cosas en Chengzhou. Luego regreso a casa para recoger mi equipaje y abordar el barco mercante de Liu Tongyi.

Desde luego, es sumamente fácil salir de Chengzhou; los soldados que vigilan el camino ni siquiera se molestan en revisar el barco antes de dejarnos marchar. Qitan y Yun Yu probablemente aún no se han levantado, todavía profundamente dormidos.

Cuando el cielo empieza a amanecer, el barco mercante de Liu Tongyi se desplaza por el agua, con el viento llenando sus velas, llevándome lejos de Chengzhou.


[1] El primer uso de la palabra 扣 / retener es utilizado por Chengjun, para significar “retener”, mientras que el segundo, utilizado por Yun Yu, significa “arrestar”. Así que, parafraseando, Chengjun pregunta si Yun Yu quiere obligarlo a quedarse en Chengzhou, y Yun Yu responde con “nunca me atrevería a arrestarte sin órdenes directas”.

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