El hombre sentado frente a mí se ríe a carcajadas y se quita del rostro algo tan fino como el ala de una cigarra, revelando por fin los rasgos de Yun Yu. Tiene moretones e hinchazón en la mejilla izquierda y la piel rota en la comisura del labio. Parece estar un poco mal.
Sorprendido, tartamudeo:
—¿Qué…?
Yun Yu se toca ligeramente la herida de la cara.
—Ah, esto. Mi hermano me pegó.
—¿Por qué te pegó?
Yun Yu intenta sonreír.
—La primera razón es familiar: le guarda rencor a nuestro padre, pero no pudo soportar lo que hice. En segundo lugar, con la forma en que he venido hasta aquí no ha podido evitar llamarme perrito faldero y hacer ciertas inferencias sobre mi columna vertebral.
Arroja la máscara sobre la mesa.
—Entonces le dije: ya que me has pegado, al menos deberías dejarme viajar en tu barco.
Miro su máscara.
—Y aquí me estaba preguntando qué haces yendo por ahí con un objeto ilícito como este. Así que en realidad es de tu hermano.
Yun Yu se ríe.
Al final no soporto seguir mirando la herida de su cara y voy a rebuscar en mi equipaje. Saco una caja de ungüento.
—Esto funciona bien para reducir la hinchazón y los moretones, solo tienes que ponértelo después de lavarte la cara.
Yun Yu toma el ungüento y me da las gracias. Me encuentro con sus ojos a través de la tenue luz, y finalmente no puedo evitar preguntarle:
—¿No estabas… gestionando las inundaciones en Chengzhou?
¿Por qué está aquí de repente? ¿Por qué se ha parado en la proa del barco en mitad de la noche? ¿Por qué me habló? ¿Por qué me invitó a beber con él?
La llama de una vela titila en los ojos de Yun Yu, y por un momento me resulta difícil saber lo que siente.
Pasa un rato antes de que responda.
—Recibí el mensaje de Zhang Ping mientras estaba en Chengzhou. Él temía que Deng Tan y los demás no fuesen lo suficientemente fiables, así que dejé el asunto de la gestión de las inundaciones en manos del príncipe Dai y me apresuré a venir aquí durante la noche.
Ya veo.
—Su majestad ya se ha ido a dormir. Fue a los mercados por la tarde con Liu Tongyi y los guardias; no ocurrió nada fuera de lo normal.
Yun Yu asiente.
—Ya lo sé. Llegué al atardecer. Parece que su majestad aún quiere que Liu Tongyi vuelva a la corte.
Este es un asunto personal de Liu Tongyi y un tema inapropiado para que yo lo discuta, así que cambio evasivamente de tema.
—Es medianoche y todavía sigues despierto, ¿tienes que montar guardia toda la noche como uno de los guardaespaldas?
Yun Yu bosteza.
—Correcto. Estamos parados en un muelle y es de noche, así que hay que extremar las precauciones. Una vez que llegue el día y estemos de nuevo en camino, podremos relajarnos un poco. Estaba concentrado en vigilar cuando por casualidad te vi allí de pie en la proa, comerciante Zhao, por eso me acerqué.
—Cierto. Dos quedándose despiertos toda la noche hablando es más cómodo que uno quedándose despierto solo. Pero disfrazarte de tu hermano es bastante redundante. Tanto en el físico como en la voz tú y tu hermano difieren demasiado, incluso yo fui capaz de darme cuenta de inmediato, por no hablar de su majestad.
Yun Yu se ríe.
—Eso es cierto—. Y se mete la máscara dentro de la túnica.
Bebemos té y charlamos hasta el amanecer. Me cuenta algunas cosas interesantes que han sucedido en los últimos años en la corte, y yo le cuento algunas de las que he visto en mis viajes a lo largo de los años.
A medida que el cielo se va aclarando, Yun Yu hace ruidos de irse, y yo le pido que se quede:
—¿Por qué no te vas después del desayuno y vas a ver a su majestad directamente desde aquí? Puede que se entere de que has llegado en cuanto se despierte. Ya has subido al barco, así que no tomar la iniciativa de ir a verlo puede ser impropio.
—Claro —responde, y así acabo reteniéndolo un rato más.
Una vez que el sol ha salido del todo y deduzco que Qizhe probablemente esté despierto, estoy a punto de ir a echar un vistazo cuando se oyen unos suaves golpes en la puerta.
—Comerciante Zhao, ¿estás despierto?
Es la voz de uno de los sirvientes del barco. Respondo afirmativamente.
Pasa un rato y vuelven a llamar a la puerta. Abro y dos trabajadores traen una bañera llena de agua ligeramente humeante.
Me quedo brevemente asombrado y, a pesar mío, mi cara se crispa una vez. Los dos trabajadores bajan la cabeza y salen de la habitación en cuanto dejan la bañera en el suelo.
Los llamo para que se detengan:
—Siempre me he bañado por la noche. ¿Por qué me han traído agua esta mañana?
Uno de ellos me dice con la cabeza aún inclinada:
—Fue el director general quien nos encargó que la preparáramos.
Yun Yu suelta una sonora carcajada.
Me paro junto a la bañera. Me parece mal pedirles que se la lleven, pero quedármela tampoco me parece bien.
—Ya han traído el agua. Sería un desperdicio decirles que se la lleven. Simplemente toma otro baño. Iré a ver a mi superior. —Yun Yu se levanta, y se va con tranquilidad.
No me queda más remedio que volver a bañarme. Tengo un poco de sueño por haber estado despierto toda la noche; después de un baño, me siento mucho más fresco. Justo antes de salir, en un descuido me golpeo fuertemente la pierna contra la pata de la mesa, por lo que, al salir de la habitación, cojeo un poco.
Liu Tongyi es la única persona en la sala de estar del barco, tomando un poco de té. Miro a mi alrededor y no encuentro ni a Yun Yu ni a Qizhe. Liu Tongyi me dice:
—Tu sobrino y el joven señor Wan han ido juntos al barco mercante Wan. —Pide que sirvan el desayuno.
Tanto el congee del desayuno como los platos de acompañamiento están ligeramente condimentados. Pido un plato de salsa picante para mojar mi shumai[1], y por un segundo los palillos de Liu Tongyi se quedan suspendidos en el aire.
—La cocina se olvidó de hacerla. —Recoge un trozo de brote de bambú cortado en juliana y lo coloca en el cuenco de congee.
Cuando termina el desayuno, aún me duele un poco la pierna. Le había dado mi ungüento medicinal a Yun Yu la noche anterior, así que no me queda más remedio que preguntarle a Liu Tongyi.
—Comerciante Mei, ¿tienes algún ungüento medicinal o una tintura para los moretones y esas cosas?
Liu Tongyi me dedica una mirada complicada. Dice con calma:
—Sí. Haré que te lo traigan.
Poco después, un sirviente trae el ungüento. Liu Tongyi lo recibe de él y lo revisa primero.
—¿Por qué has traído este? Trae el ungüento Eficaz y Puro del Salón de la Salvación y que lo lleven a la habitación del comerciante Zhao.
Miro el frasco y dice claramente que es un ungüento para frotar fabricado por la Academia de Medicina Interna, y sé que es bastante efectivo, así que interrumpo:
—Este está bien.
Liu Tongyi me vuelve a dedicar otra mirada complicada.
—Hay menta en ese ungüento. Deja que te consiga algo más suave.
Me doy cuenta de repente de lo que está pasando y mi cara vuelve a crisparse. Entonces simplemente me levanto la parte inferior de la túnica y me subo una pernera del pantalón.
—Me he golpeado la pierna con algo, eso es todo. La menta me vendría muy bien.
Liu Tongyi vuelve a mirarme, con la misma expresión complicada, pero no dice nada más. Y así, el sirviente me entrega el frasco.
La mañana es muy calurosa. Vuelvo a mi camarote a por un abanico y, nada más entrar, veo sobre la mesa una caja de ungüento con las palabras Salón de la Salvación grabadas en la tapa.
Ya no aguanto más. Recojo la caja, me la pongo en los brazos y voy en busca de Liu Tongyi.
Encuentro a Liu Tongyi leyendo en su habitación, con el ceño muy fruncido y aspecto muy serio. Cierro la puerta tras de mí y le digo solemnemente:
—Comerciante Mei, el señor Yun y yo hemos pasado la noche sin hacer otra cosa más que beber té y hablar. Y además…
Aunque me da un poco de vergüenza decir lo que voy a decir en voz alta, no tengo más remedio que decirlo desafiante:
—Yo, Jing Weiyi, desde la primera ocasión, nunca me he acostado debajo de nadie.
Liu Tongyi deja el libro que estaba leyendo, aparentemente sin palabras; un toque rosado asoma a sus mejillas y sube por su cuello. Es la primera vez que lo veo con cara de no saber qué decir. Me parece fascinante.
Me acerco a él, me siento junto a su mesa y me sirvo una taza de té.
—Nunca hubo «amor» entre Yun Yu y yo. Y después, probablemente hubo algo de culpa. Dentro de unos días me iré a Java. Tal vez algunos vínculos nunca han existido, y tal vez algunos ya han sido cortados. No volverán a crecer.
Decir estas palabras abiertamente me sabe amargo y hace que me duela el corazón. En realidad, solo anoche despejé mi mente de algunas de estas distracciones.
Una vez pensé que Yun Yu podría haber albergado otros sentimientos hacia mí.
Solíamos beber y salir a divertirnos juntos. Al menos debería haber habido algo de afecto entre nosotros.
Aquella noche en Chengzhou[2] le había dado a mi corazón la vida suficiente para agitarse un poco. Sin embargo, no fue hasta anoche cuando lo comprendí del todo.
La verdad es que Yun Yu nunca me amó. Debería haberlo sabido desde aquel día en el Pabellón Luz de la Luna.
Yun Yu estaba ahogando sus penas aquel día, pero cuando yo lo abrazaba, estaba petrificado de pies a cabeza; podía sentir su pelo erizado bajo mis palmas, los escalofríos que no podía contener y la piel de gallina que no podía reprimir.
Todos queremos creernos nuestras propias mentiras, pero por mucho que quiera engañarme a mí mismo, siempre habrá un umbral que ni yo mismo podré traspasar. Por eso, aunque consiga tejer una mentira en la que pueda creer, no podré convertirla en verdad.
Liu Tongyi recupera por fin su actitud habitual y vuelve a agarrar su libro.
—No debería hablar de los asuntos privados de otras personas, pero… por lo que tengo entendido, el señor Yun y su majestad no tienen en realidad… lo que algunos pueden conjeturar que existe entre ellos.
[1] Un tipo de dumpling.
[2] Véase el capítulo 39.
