Contemplé ese brillante hilo dorado y lo toqué con un dedo. No sentí nada, pero vibró muy suavemente.
—Si no puede deshacerse, entonces no me queda más que dejarlo atado —dije—. ¿Cuál es la consecuencia de dejarlo así?
Lo llamaban «hilo de vínculo inmortal», pero lo había llevado puesto durante muchos años sin que sirviera para propósito alguno.
—Precisamente porque hay una consecuencia —dijo Hengwen— fue que Tianshu Xingjun fingió no reconocerte al principio y mantuvo las distancias contigo en la Corte Celestial. Aquella vez que intentó hacer que te desterraran al reino mortal también fue por protegerte. Recuerdo haberte dicho antes que los inmortales nacidos en la Corte Celestial, como Tianshu y yo, tenemos nuestros deberes asignados incluso antes de tomar forma. Por eso yo solo tengo un título, pero no un nombre, como los mortales. Lo mismo ocurre con Tianshu. Él nació para estar al mando del Palacio Beidou. Como estrella de los emperadores, está destinado a corresponder y complementar a Nanming Dijun.
La comprensión me llegó de golpe.
—Ya lo entiendo. Me entrometí entre ellos y corté el hilo que los unía, mientras yo mismo me enredaba con Tianshu. Como resultado, trastorné la correspondencia mutua entre esos dos señores.
Pero jamás había albergado la intención de interponerme entre ellos, ¿por qué, entonces, este hilo tuvo que tomarlo como una intromisión de mi parte y empeñarse en aferrarse a mí?
—Y encima tienes buena suerte —dijo Hengwen con una sonrisa amarga—: un elixir inmortal cayó del cielo y fuiste quien lo recogió. Ascendiste y te convertiste en inmortal, y el hilo dejó de poder romperse, a menos que uno de los dos fuera obliterado. Aunque Tianshu Xingjun intentó mantener las distancias contigo, ambos seguían unidos por el hilo. Nanming Dijun guardó rencor por aquello, y así fue cómo ambos señores comenzaron a distanciarse. Las calamidades y las guerras se volvieron frecuentes en el mundo mortal, y las dinastías, incapaces de alcanzar la estabilidad, surgían y caían en un abrir y cerrar de ojos… Para la Corte Celestial, ese hilo no puede conservarse, pero para cortarlo, uno de los dos –tú o Tianshu– tiene que desaparecer. Si tú fueras el Emperador de Jade, ¿a quién conservarías entre tú mismo y Tianshu?
—A Tianshu —respondí.
Mi respuesta fue inmediata. Hengwen volvió la cabeza para mirarme. Suspiré.
—Puedes saltarte el resto. Ya me lo puedo imaginar. El Emperador de Jade quería aniquilarme incluso antes de ese debate doctrinal, ¿verdad? Por eso Tianshu intentó buscar una excusa para enviarme al mundo mortal. En ese caso, ¿por qué el Emperador de Jade montó todo este espectáculo, diciendo que Nanming y Tianshu fueron desterrados al mundo mortal por su aventura ilícita, y haciéndome preparar pruebas para separarlos?
—Esta fue la parte sobre la que Mingge Xingjun titubeó cuando me contó la historia antes —dijo Hengwen—. Fue solo cuando lo presioné más que me dijo la verdad. Resulta que toda esta idea fue originalmente suya.
¡Ese Viejo Mingge! ¡Lo sabía! ¡¡Siempre tenía que meterse en cada asunto!!
Con resignación, Hengwen continuó:
—En este caso, Mingge lo hizo con buenas intenciones, para salvarte. Deberías darle las gracias en su lugar. Diversos inmortales han desarrollado cierta amistad contigo durante todos estos años que has estado en la Corte Celestial, y no pueden soportar verte obliterado.
»Por esa razón, Mingge le dijo al Emperador de Jade que, si bien un nudo muerto no puede deshacerse a menos que una de las partes sea obliterada, tú habías ascendido en circunstancias inusuales y nunca desarrollaste sentimientos por Tianshu en todos estos años. Sostuvo, por tanto, que podía haber otras formas de resolver este problema.
»Luego, Yue Lao añadió que era un gran pecado destruir el matrimonio de otros, predestinado por el hado, pues ello arruinaría el propio matrimonio como retribución kármica.
»Así que fue Mingge quien ideó este plan, y Tianshu le dijo al Emperador de Jade que estaba dispuesto a intentarlo.
Además, la crueldad de Nanming hacia Qingtong y Zhilan significaba que existía una deuda que debía saldarse. De este modo, fue como descendiste al mundo mortal.
Todo cobraba sentido ahora. Todos los sucesos extraños durante ese descenso al mundo de los hombres encontraban de pronto una explicación. Con toda probabilidad, había sido Mingge Xingjun quien le habló a Shan Shengling sobre la hierba inmortal. Por eso Shan Shengling, un simple mortal, supo robarla para salvar la vida de Mu Ruoyan.
Miré el estanque de lotos, cubierto de hojas tan verdes como el jade.
—Realmente le debes mucho a Tianshu —dijo Hengwen.
Du Wanming. Tianshu Xingjun.
Mirando atrás, sigo pensando que en realidad no fui especialmente bueno con Du Wanming. Habría actuado igual con cualquier otro, pero ese gesto, en efecto, cercenó su lazo y lo ató a mí. Y, al final, aquello se volvió un nudo imposible de desatar.
Du Wanming había vivido con sencillez y era de carácter apacible. Su aspecto también difería del de Tianshu Xingjun. Por más que lo pensara, no podía imaginarlo como el frío Tianshu.
Había hecho padecer a Mu Ruoyan con toda clase de actos detestables. Y Tianshu, para protegerme, había estado dispuesto a descender al mundo mortal y sufrir tribulaciones, y aun así, yo lo traté de aquella manera. ¿En qué estaría pensando ahora? ¿Y cómo podría pagarle todo lo que le debía?
Hengwen no dijo nada más, y se quedó sentado a mi lado junto al estanque de lotos.
Volví a mirar mi mano.
—Me pregunto si el hilo desaparecería si me corto este dedo ahora mismo.
—Ojalá —rio Hengwen—. Yo también quisiera que lo hicieras. Si eso funcionara, el Emperador de Jade ya lo habría hecho hace mucho. Aunque te quedaras sin meñique, el hilo podría aferrarse a otro lugar. A menos que…
A menos que yo fuera completamente obliterado, y no quedara ningún sitio al que pudiera unirse.
Solté dos breves risas secas. Hengwen y yo permanecimos sentados sin decir nada más. Pasado un rato, dije:
—El Emperador de Jade me ordenó ir con Mingge Xingjun, así que será mejor que vaya.
Me puse de pie.
—Está bien —respondió Hengwen—. Escuché que Xuan Li también ha sido traído a la Corte Celestial. Iré a ver cómo está.
Él también se levantó, y lo miré, sin saber qué decir.
—Entonces, supongo que esto es la despedida —dijo Hengwen.
—Esto es la despedida —respondí.
Lo observé mientras se daba la vuelta y se marchaba. Su figura se fue alejando poco a poco, y por un instante fugaz, fue como si acabara de ascender por primera vez a la Corte Celestial. En aquel primer encuentro, también lo había observado de espaldas, viéndolo alejarse cada vez más.
Exhalé un suspiro de aire frío y entré por la puerta trasera a la residencia de Mingge Xingjun.
