Capítulo 7

Temiendo que Tianshu intentara golpearse la cabeza contra la pared de nuevo cuando despertara, me quedé dormido junto a su cama, desplomado en el borde. A la mañana siguiente, mi aspecto era un desastre, como si no fuera ni humano ni fantasma. Varias sirvientas y jóvenes sirvientes intentaron convencerme de que me aseara y comiera algo. Con esfuerzo, lograron arreglarme lo suficiente para que al menos pareciera medio humano.

Me aseguré de darle su medicina a Tianshu antes del mediodía. A mitad del proceso, despertó, y al darse cuenta de cómo estaba siendo alimentado, la vergüenza y el resentimiento lo consumieron al punto de intentar suicidarse de nuevo. Esta vez, quiso morderse la lengua para arrancársela.

Acababa de terminar de darle un bocado de medicina. Apenas tuve tiempo de levantar la cabeza, pero le agarré la mandíbula, y en un momento de desesperación, lo detuve plantando mi boca en la suya. Mi mano de resbaló y sus dientes se cerraron sobre mi lengua con firmeza. La sangre brotó. El dolor casi me destroza.

Durante varios días, viví con una lengua hinchada y con dificultades para hablar. Solo podía beber té frío; la sopa caliente ni siquiera era una opción. Quizás Tianshu se había desahogado un poco al hacerle daño a este señor inmortal, o tal vez se dio cuenta, después de varios intentos de morderse la lengua, que era inútil. Sea como fuere, ya no causó más alboroto. 

Me regocijaba en secreto cuando la sirvienta entró con el informe: el joven señor Yan no estaba tomando su medicina, ni comiendo un grano de arroz, ni bebiendo una gota de agua. 

Santo cielo, estaba haciendo otra huelga de hambre. Me froté las sienes y, de forma poco clara, dije:

—Que no coma nada. De todas formas, no se va a morir de hambre.

Eso podría haber sido cierto, pero Mu Ruoyan ya era puro hueso. Unos días más así, y se vería como un esqueleto.

Que el cielo no permita que al salir a respirar aire fresco en el patio por la noche asuste a todos hasta la muerte. 

Así que apliqué algo de medicina refrescante a mi lengua y me dirigí de nuevo al ala este.

Mu Ruoyan respiraba débilmente, su rostro tan pálido que parecía una hoja de papel. Había encontrado un rincón en una silla, donde fingió meditar cuando me vio entrar.

Hice mi mejor esfuerzo por hablar con claridad.

—Tienes el deseo de morir, pero ¿por qué no encuentras una mejor forma de hacerlo? ¿Huelga de hambre, eh? Este joven señor escuchó que los fantasmas que mueren de hambre no pasan al inframundo. Se convierten en almas errantes que devoran otras almas o la energía vital de otros seres. Reunirte con tus seres queridos y con el general Shan dentro de un siglo será solo un sueño imposible.

Me di la vuelta para irme, pero de repente Tianshu habló:

—El joven señor Li sabe bastante sobre lo supernatural.

Me giré hacia él y sonreí mostrando los dientes.

—Los rumores dicen que este joven señor es la encarnación de la estrella tigre. Es natural que la estrella tigre sepa mucho sobre lo supernatural.

Solo ver a Tianshu hacía que me doliera la lengua. No tenía sentido decir más, así que solté una última ocurrencia antes de salir por la puerta.

—Si no me crees, adelante, muere de hambre.

Al llegar la noche, la sirvienta Luoye me dijo que el joven señor Yan estaba comiendo. 

Este señor inmortal también estaba haciendo lo propio en ese momento. Al escuchar las buenas nuevas, olvidé de soplarle a la sopa. Me lleve una cucharada a la boca y me dolió tanto que mi rostro pronto se convirtió en una máscara de agonía.

Luoyue se quedó de pie a mi lado mientras yo sufría. Con los ojos enrojecidos, me dijo:

—Joven señor, todos pueden ver lo bien que trata al joven señor Yang. Esta humilde esclava cree que mientras él no sea un hombre de corazón duro, llegará a entender sus sentimientos sinceros por él.

Este señor inmortal casi llora.

«Mis sentimientos por él».

Oh, Emperador de Jade. ¿Era realmente a Tianshu a quien me habías enviado a atormentar?

El joven señor Yan comió su comida. El joven señor Yan tomó su medicina. La lengua de este señor inmortal se curó. Las cicatrices del joven señor Yan se desvanecieron. 

Incapaz de conseguir la muerte que buscaba, Tianshu no se diferenciaba de un cadáver viviente. Sus ojos estaban vacíos, y su expresión, como de madera. Él no lloraba, ni reía, ni hablaba: en cambio, se ponía a merced de los demás, dejando que hicieran con él lo que quisieran. Lo cambié a mi habitación, donde comimos y dormimos juntos. Él no comía mucho, y yo no lo forzaba. En la noche, cada uno descansaba en su lado de la gran cama. Él se quedaba de lado sin moverse, y yo no le prestaba atención. Esto continuó así por varios días, y en todo ese tiempo, Mu Ruoyan era como un charco de agua estancada, sin olas ni ondas. Una vez, lo vi tomar el colgante que colgaba de su pecho, y fue solo cuando miraba ese trozo de jade que sus ojos brillaron por un instante.

Sus emociones podían ser tan planas como agua quieta, sin ondas, pero yo tenía olas que provocar. El Emperador de Jade había enviado a este señor inmortal para someterlo a pruebas de amor, no para atenderlo en cada momento de su vigilia. Estos días, me podía encontrar susurrando dulces palabras mientras mantenía a Mu Ruoyan entre mis brazos. Mu Ruoyan, por otro lado, no parecía ser engañado. Yo hablaba, él escuchaba. Estaba igual de distante que antes.

Un día, lo senté en el pabellón junto al lago en el jardín trasero. Sabía que no le gustaba ser observado, así que despaché a los sirvientes, diciéndoles que se alejaran a menos que fuera algo importante. A pesar de eso, Mu Ruoyan seguía siendo una piedra. No importaba de qué hablara, él permanecía en silencio, inmóvil. Me aburrí muchísimo. Pasé medio día hablando con ese tronco hasta que se me secó la garganta, pero como no había nadie cerca para atendernos, tuve que ir yo mismo a buscar té. 

Regresé con la tetera en mano, pero me detuve en un sendero estrecho entre los arbustos en flor, que me permitió ver el pabellón desde lejos, donde Mu Ruoyan tenía la mirada perdida en esa pieza de jade.

Este señor inmortal se sintió complacido. El momento para atormentar a Tianshu había llegado. 

Este señor inmortal avanzó con paso firme hacia el pabellón y dejó la tetera sobre la mesa de piedra con un golpe. Con voz fría, le pregunté:

—¿Qué estabas mirando hace un momento?

Mu Ruoyan levantó la vista hacia mí. Un destello de pánico cruzó su rostro, pero rápidamente volvió a su actitud impasible y, con tono suave, respondió:

—El paisaje.

Solté una sonrisa cruel, le agarré la mano izquierda y le separé los dedos a la fuerza. Sujetando el colgante por su cuerda, lo levanté en alto.

—¿Qué es esto?

—Un colgante común y mi herencia familiar —respondió Mu Ruoyan.

Palmeé el colgante mientras lo sujetaba a mi espalda.

—¡¿Un colgante común?! Te refieres al colgante común que te dio Shan Shengling, ¿verdad?

Este señor inmortal nunca había escuchado la furia de un esposo cuernudo cachando a su esposa en el acto, así que hice mi mejor interpretación.

Agarré los frágiles hombros de Mu Ruoyan y sacudí mi cabeza con una pena amarga.

—¿En qué forma yo, Li Siming, soy inferior a ese tal Shan? Después de todo lo que este joven señor ha hecho por ti, ¿por qué tus corazón y ojos están llenos solo de ese Shan Shengling?

Admito que esas palabras fueron algo asquerosas, pero en ese momento, este señor inmortal no pudo pensar en otros trucos.

Solté mi agarre sobre él, di un paso atrás y escupí veneno.

—No puedo distinguir cuáles de tus palabras son verdad y cuáles son mentiras. Si esta pieza de jade no es más que un colgante común… —Levanté la mano y lo lancé hacia el lago. El pequeño punto negro describió un arco en el aire antes de hundirse en el agua, salpicando a su paso.

El rostro de Mu Ruoyan se tornó mortalmente pálido. Se puso de pie y rio con amargura.

—Este humilde servidor tampoco puede distinguir cuáles de las palabras del joven señor Li son verdad y cuáles son mentiras. Me retiene en su honorable residencia, pero apenas puedo adivinar sus intenciones.

«Te secuestré para atormentarte, y ese es un secreto del Cielo. Por supuesto que no puedes adivinarlas».

—Independientemente de la intención que parece albergar, siempre actúa en contra de ella. Este humilde servidor no es más que un fugitivo buscado por la Corte Imperial, una persona sin valor, como madera podrida más allá de toda salvación. ¿Qué hay en mí que merezca un esfuerzo tan arduo y persistente de su parte?

«Oh, Tianshu, el que realmente está haciendo este esfuerzo incansable es el venerable Emperador de Jade. Este señor inmortal solo actúa bajo sus órdenes. Para mí también es difícil».

Sin apartar la mirada, Mu Ruoyan de repente sonrió.

—Joven señor Li, usted no gusta de los hombres, ¿verdad?

—¿Eh? Tú…

Este señor inmortal se quedó en blanco por un momento. ¿Descubrió mi actuación? Me obligué a calmarme. Eso era imposible. Este señor inmortal había dado todo de sí en esta farsa; no había forma de que cometiera un desliz.

Mu Ruoyan no apartó la mirada ni un instante mientras se apoyaba contra la barandilla. Sus mangas ondeaban suavemente con la brisa, igual que…

Igual que el elevado y distante Tianshu Xingjun de pie entre las nubes plateadas la primera vez que puse un pie en el palacio celestial de los Nueve Cielos.

—Joven señor Li, ¿hay algo en particular que se diga sobre los fantasmas de quienes mueren ahogados?

Antes de que pudiera reaccionar, Mu Ruoyan ya había saltado sobre la barandilla y se había arrojado al lago.

«Oh, santo cielo. No me digas que el viejo Mingge me está saboteando a mis espaldas. ¿Por qué cada vez que hago un movimiento, Tianshu intenta quitarse la vida…?».

Observé un mechón de cabello negro desaparecer poco a poco en la superficie del agua y pensé: «¿Por qué no dejarlo remojarse un rato? Descubrirá que no puede morir y así no habrá una próxima vez».

Supongamos que lo saco del agua. Y que, después de eso, Tianshu Xingjun decide probar las Dieciocho Formas de Suicidio en una especie de ensayo: cortarse el cuello, lanzarse de un acantilado, envenenarse… y que, aun así, no muera. Para entonces, mi cuerpo y mi espíritu podrían simplemente desintegrarse de la pura desesperación.

La primera técnica inmortal que este señor inmortal aprendió en la Corte Celestial fue el arte de separar las aguas.

Porque, la verdad es que, este señor inmortal le tiene fobia al agua…

Observé la superficie ondulante, sintiéndome un poco mareado. No podía dejar a Tianshu ahí abajo tampoco.

Este señor inmortal, habiendo alcanzado el Tao hace tantos años, había recorrido el firmamento arriba y los manantiales amarillos abajo. ¿Qué podía temer de un simple lago?

Me despojé de mi túnica exterior y me lancé al agua. El agua del lago se precipitó sin ceremonias por mi nariz y mi boca, ahogándome hasta que me sentí mareado y mi visión se tornó borrosa. Pensé en si debía estirar primero las manos o las piernas. Este lago era enorme, y no tenía idea de dónde había hundido Tianshu.

El rugido en mis oídos se volvió más fuerte y mi cabeza, más pesada.

«Oh no». ¡Li Siming no podía resistir más tiempo!

Entonces, una voz tenue gritó en mis oídos:

—Song Yao Yuanjun, Song Yao Yuanjun, Tianshu Xingjun está aquí…

De repente, mi cuerpo se volvió ligero. El agua del lago que me rodeaba se separó, abriendo una gran extensión de espacio en todas direcciones. Una vieja tortuga del fondo del lago me saludó con una inclinación de cabeza.

—Esta humilde deidad, Shou Zhen, es la mayordoma de las criaturas de este lago. Saludos a Yuanjun.

No había esperado que una deidad del agua estuviera habitando el lago del príncipe.

Lo que es más, no esperaba que yo, el gran Song Yao Yuanjun, casi moriría ahogado en este lago sin mis poderes divinos.

A un lado de la vieja tortuga, Mu Ruoyan yacía con los ojos cerrados. La vieja tortuga dijo:

—Xingjun ha tragado dos bocados de agua. Se ha desmayado, pero estará bien después de salir a la orilla y recuperar el aliento. Esta humilde deidad tardó un poco en salvarle, y por eso le pido perdón.

Ahuequé las manos en señal de saludo y le respondí con una sonrisa de disculpa:

—Anciano Zhen, es demasiado cortés. Si no hubiera sido por usted, hasta yo habría perdido la vida en este lago. Por favor, discúlpeme por hacer el ridículo.

—Yuanjun, usted no puede desplegar completamente sus poderes divinos; por eso tiene miedo al agua. Esta humilde deidad tiene aquí una perla que separa las aguas. Si no desprecia este modesto regalo, por favor, acéptelo, y así podrá moverse libremente en el agua.

Le agradecí y guardé la perla que separa las aguas, después de lo cual tomé a Tianshu en mis brazos y abrí un camino de regreso a la orilla. Luego, sosteniendo la cabeza de Mu Ruoyan en mi palma, comencé a canalizar una bocanada de aire inmortal de la manera en que ya me resultaba demasiado familiar.

Apenas había separado sus dientes con mi lengua y canalizado la segunda bocanada de aire cuando, de repente, una voz sonó a mi lado.

—Tío, ¿qué estás haciendo?

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