Por el rostro de Mingge Xingjun destellaron sentimientos encontrados.
—El Emperador de Jade ha decretado que ningún inmortal de la Corte Celestial debe usar sus poderes para interferir con el mandato del cielo.
—Si hay una manera en el mundo mortal de curarlo, ¿puedo hacerle un favor y tratarlo? —pregunté—. Me da dolor de cabeza cada vez que lo escucho toser.
Mingge se acarició la barba y lo consideró por un momento.
Este señor inmortal añadió:
—El Emperador de Jade dijo que Tianshu y Nanming son castigados en esta vida a sufrir todo tipo de pruebas de amor. Su tuberculosis no cuenta como una prueba de amor, así que no hay nada de malo en tratar su enfermedad.
Al final, Mingge cedió.
—Que así sea. Pero no debes usar tus poderes.
Bastante perplejo, logré responder:
—En mi situación actual, no me sería conveniente usarlos de todos modos.
Mingge soltó una risita.
—Lo admito, estos últimos días han sido difíciles para ti.
El anciano le hizo un favor a este señor inmortal y accedió a la petición. Luego, me pidió que enviara sus saludos a Hengwen Qingjun. Solo entonces se alejó cabalgando el viento, pero apenas había comenzado su ascenso cuando volvió a descender.
Este señor inmortal estaba a punto de regresar a mis aposentos cuando él gritó:
—¡Song Yao Yuanjun, espera un momento!
Jadeando, sacó un medallón de bronce con los Ocho Trigramas y se lo entregó a este señor inmortal.
—Este objeto se llama el Medallón de Separación Espiritual. Es un tesoro de Taishang Laojun, preparado especialmente para usted. Tanto usted como la reencarnación de Tianshu están en la mansión del príncipe de la Comandancia del Este, y ahora Hengwen Qingjun también vive aquí. Temo que los espíritus de la montaña y los monstruos salvajes los rastreen en busca de problemas. Con este objeto, podrá manifestar su verdadera forma en caso de emergencia. Sin embargo, solo puede usarse tres veces al mes. Yuanjun, úselo sabiamente.
Acepté el medallón.
—Solo tres veces. Es demasiado poco.
Pero Mingge no se impresionó ante la actitud exigente de este señor inmortal y, después de explicarme cómo usarlo –no sin antes darle varias vueltas–, montó una ráfaga de viento de regreso a la Corte Celestial.
Volví a poseer el cuerpo de Li Siming. Mu Ruoyan ya se había quedado dormido. Su respiración nocturna era débil y superficial. No era fácil crecer sin enfermedades ni dolencias, pero tampoco era fácil vivir una vida tan acomodada y seguir siendo tan frágil como él. ¿Cómo había pasado exactamente estos veinte y tantos años?
Yo no había cerrado los ojos por mucho tiempo cuando se despertó con otro ataque de tos. Lo ayudé a incorporarse y le di unas palmaditas en la espalda para calmarlo, luego bajé de la cama y tanteé la mesa en busca de la tetera. Seguía tibia, así que le serví una taza para que bebiera. Durmió un poco más tranquilo después de eso. Le subí la colcha y metí bien las esquinas bajo la almohada. Solo entonces cerré los ojos por el resto de la noche.
El príncipe no estaba en la mansión al día siguiente, lo que hizo conveniente que este señor inmortal fuera en busca de Hengwen por la mañana. Al no encontrarlo en su habitación, revisé los alrededores hasta que lo vi a lo lejos, sentado en el pabellón octogonal del jardín trasero. Una silueta borrosa se retorcía a su lado y, al acercarme, resultó ser Jinning, agazapado sobre un taburete de piedra, aferrándose y removiéndose alrededor de Hengwen. Me había estado preguntando por qué no había aparecido en mi patio últimamente. Resultaba que ahora se dedicaba a fastidiar a Hengwen.
Jinshu, quien estaba sentado correctamente en el otro lado, se atrevió a tirar de la manga de Hengwen con una mano.
Este señor inmortal se acercó al pabellón y escuchó a Jinning preguntarle a Hengwen:
—… Señor Zhao, si en el futuro hay alguna parte que no recuerde al recitar los textos de memoria, ¿puedo preguntarle?
Hengwen aún sostenía un libro en la mano. Al parecer, estaba leyendo cuando los mocosos llegaron a molestarlo.
Di dos pasos más hacia adelante. Hengwen aún no había respondido cuando Jinning continuó con una sonrisa:
—Señor, aprendí una técnica de artes marciales, ¿quiere probarla?
—¿Tú incluso sabes artes marciales? —rio Hengwen—. Eso es muy impresionante. ¿Por qué no me muestras un movimiento?
Jinshu tironeaba ansioso de la manga de Hengwen, mientras que las pequeñas garras de Jinning se deslizaban hasta sus hombros.
—Señor, aprendí este movimiento de mi tío, el más joven. Se llama canalización del aire. Eh…
Justo cuando acercaba su rostro, este señor inmortal dio un paso repentino hacia adelante, apartó al pequeño demonio –que estuvo a nada de tocar la punta de la nariz de Hengwen– y lo dejó en el suelo.
—Tu tío tiene asuntos que atender con el señor Zhao. Vayan a jugar a otra parte —gruñí.
En miles de años, este señor inmortal jamás se había tomado libertades con Hengwen Qingjun, y este mocoso casi se salía con la suya.
Jinning salió corriendo entre sollozos, mientras que Jinshu, a regañadientes, soltó la manga de Hengwen y lo siguió con la cabeza baja.
Solté un largo suspiro de alivio.
—Menos mal que se fueron.
Hengwen dejó su libro a un lado y me miró.
—El niño solo está jugando. ¿Por qué te peleas con él?
Sonreí ante eso. Luego me preguntó con una sonrisa qué quería de él; Hengwen debía de estar de muy buen humor hoy.
—Nada en particular —respondí, y le conté las últimas instrucciones de Mingge.
—Mingge Xingjun tiende a ser perezoso y a simplificar las cosas para que le sea más fácil escribir en su libro —comentó Hengwen—. Sus palabras no siempre transmiten su intención con claridad, y sus ambigüedades pueden dar lugar a nuevos destinos. Solo espero que esta vez escriba con más precisión. Sería mejor que no hubiera más complicaciones.
Sus palabras reabrieron las viejas heridas de este señor inmortal, y respondí de inmediato:
—Eso es cierto. ¿Quién sabe qué habrá escrito en su libro? Más le vale que no termine con Nanming apuñalándome a mí en su lugar. ¡Sería la injusticia más grande!
Sonriendo levemente, Hengwen contestó:
—Quién sabe, tal vez Tianshu se conmueva cuando te vea desplomarte en el suelo, desangrándote. Como tú mismo dijiste: Tianshu siempre ha tenido un corazón compasivo hacia los débiles.
Este señor inmortal se estremeció.
Hengwen apoyó una mano en mi hombro.
—Solo quería asustarte. No te preocupes. Yo también estaré ahí, así que ¿cómo podrías salir herido?
—No me preocupa que me haga daño —respondí con una sonrisa amarga—. Solo temo que la fecha que mencionó Mingge no sea tan precisa. Dijo que ocurriría en cuatro o cinco días, pero bien podría pasar esta misma noche.
Esa misma noche, este señor inmortal yacía en la cama con los ojos tan abiertos como campanas de cobre, temiendo que Shan Shengling hiciera su movimiento. Permanecieron abiertos hasta pasada la tercera vigilia, pero aparte de la tos de Tianshu, no ocurrió nada extraordinario. Incapaz de resistir más, caí dormido.
Durante los dos días siguientes, este señor inmortal buscó a médicos renombrados que pudieran tratar a Tianshu. Y cada noche, me acostaba con el temor de que Shan Shengling irrumpiera antes de lo previsto. Vivir en constante vigilancia me agotaba, pero mi insomnio inducido por la ansiedad facilitaba que le diera agua a Mu Ruoyan para calmar su tos. Todos los días lo alimentaba con tónicos para fortalecer su salud, y sus ataques nocturnos fueron disminuyendo. Sus manos, también, se volvieron más cálidas. Una noche, tras llevarle agua, regresé a la cama y desde su rincón en la almohada llegó a mí un suave «gracias». Por alguna razón, este señor inmortal sintió ganas de derramar lágrimas amargas en respuesta.
La tercera noche después de la actualización del Viejo Mingge, la medianoche llegó sin luna, oscura y con un viento ominoso. Este señor inmortal escuchó un susurro y movimientos extraños afuera de la ventana.
¿Acaso realmente había acertado sobre el Viejo Mingge y Shan Shengling se había infiltrado en la mansión del príncipe antes de lo previsto?
Sostuve el medallón de cobre de los Ocho Trigramas entre mis palmas, me lo llevé al pecho y recité en silencio el encantamiento. En un instante, mi forma celestial se liberó y flotó en el aire. Sin hacer ruido, me escabullí fuera.
En el exterior, el viento traía consigo un hedor nauseabundo. En el patio, una figura humana borrosa se deslizaba entre los arbustos en flor. De vez en cuando, una risa embriagadora resonaba como el lamento del viento helado. Era la voz de una mujer.
Así que este señor inmortal se había equivocado.
Viejo Mingge, boca de mal agüero.
No era Shan Shengling quien había venido, sino un demonio.
Y a juzgar por ese hedor, era un demonio zorro.
La zorra se dirigía hacia la alcoba de Hengwen. Ella apenas era una bola de pelo con menos de mil años de cultivo, y aun así se atrevía a lanzarse a las manos de un inmortal.
Este señor inmortal no estaba de humor para desperdiciar esfuerzos persiguiéndola, así que simplemente me teletransporté ante la puerta de Hengwen y esperé a que ella misma se entregara.
La zorra era rápida y astuta. En cuanto me vio, sonrió con encanto.
—Vaya, vaya, sí que hay muchos inmortales en este patio.
Según las reglas de la Corte Celestial, a estos demonios menores no se les podía matar al instante. Primero, debíamos razonar con ellos.
Por eso procedí con voz calmada:
—Demonio, viendo que tienes la intención de cultivar el Tao, este señor inmortal no te obligará a volver a tu forma original. Si puedes abandonar el camino del mal y cultivar el camino recto, tras algunas pruebas y tribulaciones espirituales podrías alcanzar el Tao y entrar a la Corte Celestial como inmortal.
—¡Oh, vaya! —exclamó la zorra—. Sabía que los viejos taoístas eran pesados, pero no imaginé que un joven inmortal como tú lo fuera también. Esta humilde esclava solo desea pasar una noche con el señor inmortal que está ahí dentro y absorber un poco de néctar inmortal. Pero olvídalo, parece que alguien se me ha adelantado. No perderé más palabras contigo. No volvamos a encontrarnos. —Entonces, se contoneó y se esfumó hacia el sur en una mancha negra.
Levanté una mano. Con un simple chasquido de dedos, de la sombra negra surgió un aullido de miseria. Ya le había mostrado suficiente misericordia. Si lograría sobrevivir con el último aliento que le quedaba, eso dependería de su suerte.
La alcoba de Hengwen estaba cargada de energía demoníaca. Estaba a punto de entrar cuando, de repente, recordé: había dejado a Tianshu solo en nuestra habitación. Como reencarnación de un señor estelar, no había duda de que atraería la atención indeseada de seres malignos.
Los poderes divinos de Hengwen superaban con creces los míos, y en su habitación no se percibía ningún alboroto, así que debía de estar bien. A través de la rendija de la puerta, le dije:
—Hengwen, encárgate tú por ahora. Volveré a ayudarte después de revisar a Tianshu.
En un instante, me transporté de vuelta a mi alcoba en el patio Han. Mu Ruoyan dormía profundamente en la cama; por fortuna, todo estaba en orden. Erigí una barrera divina para protegerlo aún más y, solo entonces, regresé a la habitación de Hengwen.
El hedor era aún más denso ahora, y el aura demoníaca frente a su alcoba se había intensificado. Aun así, dentro no se percibía ninguna actividad. Esto no podía ser una buena señal. Contuve la respiración y entré.
En medio del resplandor rojizo que me envolvía, se alzaba una figura con Hengwen en sus brazos. La figura exhaló:
—Desde el momento en que puse los ojos en ti, he ansiado verte día y noche, incapaz de contenerme. Sé que a un demonio como yo solo le espera la muerte al encontrarse con un inmortal. Al venir aquí, no albergaba esperanza de salir con vida. Solo espero… —La punta de una lengua lamió suavemente la oreja de Hengwen—. Solo espero que me permitas pasar una noche contigo. ¿Sabes a qué sabe exactamente el acto más delicioso de este mundo…?
Aun después de escuchar todo esto, no me moví; estaba atónito.
Cabello largo, plateado como la nieve. Un par de ojos rasgados y hechizantes.
Era un espíritu zorro blanco.
La túnica blanca que vestía estaba abierta en el pecho, dejando al descubierto unos pectorales perfectamente esculpidos.
Devastador.
¿Aún más devastador? Este zorro era un macho.
