A pesar de mi estupor, me revelé.
—Bola de Pelos, ¿qué estás haciendo?
Ese zorro sí que era un romántico, pues trataba a este señor inmortal como si fuera aire mientras sostenía a Hengwen entre sus brazos. Lo acariciaba con las garras en una clara exhibición dirigida a este inmortal.
Hengwen… Hengwen por su parte, lucía lúcido y enérgico. No estaba retenido.
Debería haberlo sabido desde el momento en que entré; su mirada estaba fija en el zorro y solo en él. Hasta que me hice presente, no miró a ningún otro lado y le permitió hacer lo que quisiera con sus garras y su boca. ¿Podría ser que a Hengwen le hubiera gustado la Bola de Pelos?
¿Realmente valía la pena? El espíritu zorro no se veía nada mal, pero ¿cómo podía compararse con la elegancia de este señor inmortal?
Los demonios zorro tenían ojos rojos como los de un fénix, irresistibles tanto en machos como en hembras, aunque seguían existiendo diferencias. En el rostro de una mujer, aquellos eran los hermosos y hechizantes ojos del fénix rojo, arrebatadores y cautivadores, dignos de poesía y pintura. En el rostro de un hombre, eran gallardos y fulgurantes, rojos como el semblante de jujube del segundo maestro, Guan Yu.
Admiré el descaro del zorro. No tenía intención de golpearlo con tanta fuerza, pero cuando me dispuse a darle un respiro, se tomó la libertad de ir aún más lejos: cuanto más tocaba, más cerca estaba de lugares inconfesables. Sin pensarlo dos veces, recité un hechizo de relámpago, y un destello de luz celestial cayó sobre la coronilla del zorro.
El zorro, con varios años de cultivación a sus espaldas, esquivó el golpe y desvió el resto con una descarga de energía demoníaca. Bloqueó una parte considerable, pero aun así retrocedió un paso. Tosió un bocado de sangre negra mientras se apoyaba en la mesa, jadeante.
Me acerqué al lado de Hengwen y encendí una lámpara de aceite. El zorro alzó un par de ojos rencorosos hacia Hengwen antes de cerrarlos con resignación.
—Así que solo me usaste como pantalla. No importa. Me basta con haber estado cerca de ti, aunque sea solo esta vez. —Abrió los ojos de nuevo y me miró—. Hazlo de una vez.
Hengwen dio un paso hasta quedar frente a mí.
—Tú no tienes la culpa de esto. Puedes irte. La idea de jugarle una broma a este señor inmortal fue mía; por eso te usé. Pensándolo bien, ahora que me pongo en tu lugar, estuvo realmente mal de mi parte tratarte así.
El zorro se limpió la sangre de la boca y se enderezó lentamente, con los ojos llenos de pesar.
—Estás burlándote de mí, ¿verdad? Un demonio como yo no es más que una bola de pelos con forma humana, justo como dijo el señor inmortal. Seguro que todo lo que te hice te pareció vil y repugnante. Cuando vine, nunca esperé salir con vida. Estoy satisfecho con morir en tus manos.
Qué palabras tan conmovedoras. Este señor inmortal no pudo evitar suspirar.
Hengwen dio otro paso adelante hasta quedar, a lo sumo, a treinta centímetros del zorro y dijo con dulzura:
—La verdad, me sentí bastante feliz cuando me dijiste todas esas cosas. En varios miles de años, nadie me había dicho algo así. No puedo corresponder a tus sentimientos, pero no es porque sea un inmortal.
Soltó una risa suave.
—No has hecho nada realmente grave, y por eso te pido disculpas. Deberías regresar y cuidar tus heridas.
Las orejas puntiagudas del zorro temblaron ligeramente, y en un tono apagado dijo:
—Hace unos días, cuando descendiste al mundo mortal, aterrizaste junto a la montaña donde yo cultivaba. Al principio, lo que codiciaba era el aura inmortal que emanabas, pero cuando te vi de cerca, no pude olvidarte, y por eso te seguí hasta aquí. Esta noche fui demasiado lejos. Entiendo lo que intentas decir con esas palabras previas. Es solo que… —Unos ojos colmados de anhelo se posaron profundamente en Hengwen—. Si mi cultivación da frutos y me convierto en inmortal, ¿podré encontrarte de nuevo en los recovecos de las nubes y beber contigo hasta saciarme?
Hengwen asintió.
—Sí. Te doy mi palabra. Asegúrate de recordar que mi título es Hengwen Qingjun.
Los ojos del zorro se iluminaron.
—Así que eres el Hengwen Qingjun que preside los asuntos literarios. ¿Podría pedirle a Qingjun el favor de recordar también mi nombre? Me llamo Xuan Li.
Este señor inmortal dio un paso adelante con una amplia sonrisa.
—Este humilde servidor es Song Yao Yuanjun. Si, después de alcanzar la inmortalidad, deseas vengarte por el golpe de esta noche, también puedes venir a buscarme.
Las orejas del zorro se estremecieron. Ni siquiera levantó las patas. Debí de herirlo profundamente cuando lo llamé Bola de Pelos frente a Hengwen.
Este señor inmortal siempre había sido magnánimo; no había necesidad de ser más duro con él. Cuando estaba por irse, lo intercepté con una advertencia que era necesaria decir.
—Bola de Pelos… oh, cierto, joven señor Xuan. Te gustan los de tu mismo sexo, así que no molestas a las muchachas comunes ni cultivas el arte demoníaco de absorber la esencia yin para nutrir tu esencia yang. Eso es algo bueno. Tal vez, precisamente por eso, tienes afinidad con la inmortalidad.
»Pero jamás de los jamases debes cometer maldades como acosar a hombres bonitos y delicados. ¿Sabías que absorber esencia yang para nutrir esencia yang te resultaría perjudicial? El camino de la cultivación exige mantener un corazón puro y libre de deseos mundanos. Ser puro de espíritu es poseer claridad en la energía vital, y…
El zorro se transformó en viento y se marchó, dejando las palabras inconclusas de este señor inmortal enterradas en la noche.
Rara vez este señor inmortal exponía el Tao, pero aun así, él no quiso escuchar mis enseñanzas.
Con un leve arqueo de cejas, Hengwen comentó con ironía:
—Te pasas el día divagando sobre cómo te convertiste en inmortal por casualidad, pero resulta que eres bastante persuasivo cuando hablas del arte de la cultivación.
—Eso es todo lo que he escuchado en los miles de años que llevo en el cielo —repuse—. Bola de Pelos ya te ha sacado bastante provecho esta noche. Si a eso sumamos mis enseñanzas, es más que suficiente para que se beneficie durante los próximos cien años.
Atender a Mu Ruoyan se había convertido en una costumbre, así que, al ver las solapas delanteras de la túnica de Hengwen entreabiertas un poco, no pude evitar extender la mano para cerrarlas.
—He estado a tu lado durante miles de años, y ahora incluso comparto tu lecho cada noche. Y aun así, una bola de pelo se me adelantó en todas las cosas que aún no he hecho contigo. Eso duele.
La mirada sonriente de Hengwen se clavó en mí.
—En ese caso, ¿qué te parece si tú y yo hacemos algo que el zorro no alcanzó a hacer?
Permaneciendo a mi lado, su rostro se acercó despacio. De repente, unos labios suaves rozaron la piel de este señor inmortal, y me estremecí.
Por los cielos… compórtate. El Emperador de Jade y Mingge bien podrían estar observando desde el cielo en este mismo instante.
Pero hay cosas que solo te conceden un instante de lucidez. Era como estar sumergido en un lago; no tenía sentido que la ropa no se mojara.
Hengwen no estaba familiarizado con este tipo de asunto y mordisqueaba y lamía a su antojo, viéndose cada vez más seductor. No pude evitar abrazarlo con fuerza y tomar la iniciativa. Esos labios suaves eran un pozo profundo de agua en el que me dejaría ahogar de buena gana. Cuando nos separamos, Hengwen entreabrió los ojos, velados por la bruma bajo la luz. Sus labios húmedos y rojos se curvaron en una sonrisa. De repente, se acercó a mi oído y exhaló:
—Así que así sabe.
Esas palabras realmente serían mi muerte. Estuve a punto de agitarme tanto como aquel zorro y rozar mi lengua contra su oreja. El cuerpo entre mis brazos se movió ligeramente. Afortunadamente, los años de cultivación de este señor inmortal se impusieron, y mi mente se despejó justo a tiempo. Sujetando a Hengwen por los hombros, lo empujé a una corta distancia.
Hengwen frunció el ceño.
—¿Qué pasa?
Con una sonrisa amarga, respondí:
—Si seguimos así, nos enviarán directo a la Terraza de Ejecución Inmortal.
Hengwen se echó un poco hacia atrás.
—Si ese fuera el caso —arguyó—, hace mucho que te habrían llevado allá y despedazado en ocho partes, considerando todos esos alientos de vida que has canalizado a Tianshu.
Este señor inmortal se sirvió en silencio una taza de té frío y se la bebió de un trago.
Hengwen se sentó al borde de la cama y agarró su desgastado abanico plegable.
—Es solo un momento de diversión. No es como si fuera algo real. Incluso si realmente hiciéramos algo, ¿no podríamos decir que estábamos practicando el arte de la cultivación dual?
Aún en silencio, dejé la taza de té sobre la mesa. Hengwen continuó:
—Con razón siempre pareces tan abatido cuando mencionas tu destino de eterna soledad. Resulta que en el mundo mortal no faltan maravillas cuando se trata del amor.
Parecía fascinado, y este señor inmortal estaba consumido por el terror.
—Qingjun —dije—, tú y yo descendimos al mundo mortal para preparar pruebas de amor para otros. Bajo ninguna circunstancia debes permitir que surjan complicaciones, y mucho menos terminar pagando el precio por ellas. Si te involucras en algo así, debes saber que su costo es mucho más doloroso que cualquier otra tortura brutal en el mundo.
Los ojos límpidos de Hengwen se clavaron en mí.
—No te preocupes. Solo tenía algo de curiosidad y quería experimentar un poco de esto. Tú, en cambio, hablas como si estuvieras sufriendo en este mismo momento. ¿No será que, mientras la Corte Celestial miraba hacia otro lado, tú mismo has sido conmovido por el amor mortal?
—¿Cómo podría ser eso? —La risa que solté fue bastante seca—. Simplemente me puse sentimental al recordar mi pasado.
Le deseé buenas noches a Hengwen y regresé a mis aposentos.
Volví a poseer el cuerpo de Li Siming, calculando que no faltaba mucho para el amanecer. Tianshu dormía profundamente. Quizás la barrera divina que había erigido se había fundido con su aura inmortal y había calmado su mente.
Me giré en la cama. Después de haber besado a Hengwen, sería un milagro si lograba conciliar el sueño.
Veamos… La primera vez que vi a Hengwen en la Corte Celestial. ¿Cómo fue aquello?
