Capítulo 20

La sombra avanzó agazapada, aprovechando la luz de la luna para adentrarse en la habitación interior y acercarse a la cama. El arma que llevaba en la mano brillaba con un destello helado en la oscuridad. Hengwen y yo estábamos de pie junto al biombo. No pude evitar decirle:

—Dos personas están durmiendo en la misma cama, y aquí dentro está oscuro. ¿Cómo va a distinguir cuál es Tianshu y cuál soy yo? Mira cómo agita el arma, ¿no teme herir a la persona equivocada?

Justo cuando hablaba, Nanming se detuvo frente a la cama. De pronto, algo brilló en su mano: una perla luminosa nocturna del tamaño de un huevo de paloma. Con la otra mano, usó la punta de su espada para correr la cortina de la cama. Tianshu dormía del lado donde él se encontraba, así que solo tuvo que colocar la perla luminosa sobre él para ver a Mu Ruoyan. Hengwen y yo nos deslizamos hasta la cama, estirando el cuello para mirar.

Dentro de las cortinas, Mu Ruoyan pareció percibir algo y se incorporó de golpe. Bajo el resplandor de la perla, las miradas de los tortolitos se cruzaron, y por un instante, el tiempo se detuvo.

De verdad, ninguno de los dos parecía temer que este señor inmortal –el tercer joven señor Li– que dormía al lado, pudiera despertarse.

—Te toca entrar en escena —dijo Hengwen—. ¿No vas a volver a tu cuerpo y levantarte?

—No hay prisa, no hay prisa —respondí.

Shan Shengling agarró el brazo de Mu Ruoyan y lo sacó de la cama. Luego alzó la espada, que brillaba con un fulgor helado, y se dispuso a hundirla con precisión en el interior del lecho. Mu Ruoyan alzó una mano para detenerlo.

—No lo mates.

Habló en voz baja, pero yo lo oí con toda claridad.

—¿Por qué? —cuestionó Shan Shengling, con una voz tan helada que parecía hecha de millones de cuchillas de hielo.

«¡Basta de parloteo! ¡Lo urgente es huir, señores!».

Pero no, estos dos simplemente se negaban a escapar, empecinados en enredarse en los detalles.

—Él no ha hecho nada. No es una mala persona —dijo Mu Ruoyan, con un tono sumamente tranquilo, como si hablara sobre un repollo.

—Ah, qué profundos son los sentimientos de Tianshu por ti —comentó Hengwen.

—¿No quieres que lo mate porque temes por su vida, o porque no quieres manchar mi acero? —dijo Shan Shengling con frialdad.

Tianshu guardó silencio.

Shan Shengling soltó una risa desdeñosa y de pronto elevó la voz:

—He estado armando escándalo junto a tu cama todo este tiempo, y aunque hayas contenido la respiración para disimular, despertaste hace rato. ¿Por qué no te levantas y charlamos un poco?

Ahora sí, este señor inmortal podía iniciar su espectáculo.

Me lancé de nuevo al cuerpo de Li Siming y serené el aliento.

Cuando uno se enfrentaba a un maestro, debía mantener la compostura y la presencia. Así que abrí los ojos despacio, me incorporé despacio, tanteé el pedernal para encender la vela despacio, y salí por el otro lado de la cama despacio.

E igual de despacio, me pregunté dónde demonios había escondido mi hoja de acero. Shan Shengling ya había guardado la perla luminosa en la parte delantera de su ropa. Con la mano libre, sujetaba el brazo de Mu Ruoyan. Al cruzar miradas con las dos personas frente a mí, este señor inmortal sintió alegría, inquietud y pesar.

Que, con el trato que le di a Tianshu, él aun así detuviera la hoja por mí: ahí estaba la alegría.

Que, con el trato que le di, aun así dijera que no era una mala persona: o he actuado demasiado bien, o ha perdido la cabeza; ahí estaba la inquietud.

En cuanto al pesar…

—Tu espada está dentro del jarrón grande, en la esquina —intervino Hengwen desde detrás de mí.

Este señor inmortal dijo de inmediato:

—Disculpe mis malos modales al no haber recibido como es debido su entrada nocturna a mis aposentos. El trabajo servil de un criado durante el día es agotador, sucio y diverso; sin duda ha sido una gran injusticia para el general Shan. Lo lamento profundamente. Pero me pregunto: ¿cuál es el propósito del general al intentar llevarse a mi hombre del lecho que compartimos en plena noche?

Con la mano tras la espalda y una sonrisa en el rostro, caminé tranquilamente hasta el jarrón y extraje la hoja larga y desenvainada.

—En un principio, no pensaba quitarte la vida con esta hoja y mancillarla —dijo Shan Shengling—. Pero da igual. Permitiré que una bestia como tú se retuerza un poco antes de morir.

El fulgor de sus ojos pasó sobre mí, rebosante de desprecio.

—Las decenas de guardias afuera ya están fuera de combate, así que no parece que vayas a poder contar con ellos.

—Oh —dije.

¿Que no podía contar con ellos? Con Hengwen aquí, bien podría arrebatar a Tianshu de las manos de los mismísimos Heibai Wuchang antes de que se lo llevaran al inframundo; ¿qué eran unos cuantos desmayados?

Así que, ¿preocuparme? ¿Por qué?

—¿Nos batimos en el jardín? —propuse.

El general Shan salió con paso resuelto de la alcoba. Yo aproveché para lanzarle una mirada a Mu Ruoyan. Estaba pálido. Él también se dio la vuelta y se dirigió al jardín, sin mirarme ni una sola vez.

Bajo la luna clara y brillante del patio, este señor inmortal pidió disculpas y luego soltó un grito llamando a los guardias.

De la oscuridad emergieron varias decenas de ellos, rodeando a Nanming y Tianshu. Las armas chocaron con estrépito, y los destellos fríos de las hojas se cruzaron en el aire.

Yo me quedé al margen, observando el espectáculo. Todo lo que podía hacer era esperar a que Nanming comenzara a perder fuelle y entonces acercarme y apuñalarlo. Final feliz.

Hengwen, que había salido de mi habitación antes para despertar a los guardias, ya había regresado al patio. Se mantenía a una distancia prudente, mirando el combate.

—Qué golpe tan bajo —me comentó.

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