Capítulo 23

A medianoche, con la luna en lo alto, este señor inmortal y Hengwen invocamos al dios local de la tierra para que abriera la sepultura y así poder levantar el ataúd de Li Siming. Li Siming yacía dentro, ves tido con túnicas de seda y satén de la mejor calidad, enterrado con montones de objetos antiguos de oro y plata.

En los días más templados del otoño, los cuerpos no suelen durar mucho, y aunque Li Siming aún no se había descompuesto, unos cuantos insectos entraban y salían de sus fosas nasales y oídos. En cuanto sopló una brisa, el hedor del cadáver se esparció por el aire.

Le cubrí la cara a Hengwen con la manga.

—Qué inmundicia, qué suciedad. Rápido, no mires.

Hengwen apartó mi manga y dijo con una sonrisa:

—Él también fue tú una vez, y en su aspecto actual no hay nada que me resulte ofensivo.

Después de volver a colocar la tapa del ataúd, agradecí al dios local de la tierra por las molestias y cerramos de nuevo el túmulo.

Li Siming ya no podía usarse. No nos quedó más remedio que regresar a la Corte Celestial y pensar en otro método.

Toqué la lápida frente a la tumba. A sus pies había una pequeña plataforma de piedra incrustada, donde se colocaban las ofrendas. Sobre ella reposaban una jarra y una copa de vino que aún no habían sido retiradas. La copa seguía llena, tan clara que se podía ver el fondo. Como si el vino se hubiera servido hoy mismo. Li Siming, al parecer, gozaba de bastante estima incluso después de muerto.

Hengwen y yo cabalgamos las nubes de regreso a la Corte Celestial. Mientras volábamos, miré hacia la tierra. El lugar donde Li Siming estaba enterrado era el cementerio ancestral del príncipe de la Comandancia del Este, un terreno repleto de túmulos funerarios.

Este señor inmortal no pudo evitar suspirar con cierta melancolía.

—De no haberme topado por casualidad con aquel elixir inmortal y haberlo comido, también habría terminado en un ataúd y un túmulo como estos, hace ya mucho tiempo, con insectos arrastrándose por todo mi cuerpo mientras me pudría en el barro. Mi alma habría quedado bajo la custodia del rey Iama y habría pasado vida tras vida reencarnando sin fin. Me pregunto en qué habría reencarnado esta vez.

Hengwen me lanzó una mirada de soslayo y aspiró con fuerza.

—Qué lúgubre te pones.

Al regresar a la Corte Celestial, este señor inmortal se lanzó de inmediato hacia la Puerta Oeste.

De las Cuatro Puertas de la Corte Celestial, la Puerta Sur conduce al reino presente, la Oeste al reino pasado, la Este al reino futuro, y la Norte al reino mundano.

Una vez en la Puerta Oeste, este señor inmortal planeaba regresar al momento en que Li Siming aún yacía postrado en cama para recibir diagnóstico y tratamiento. Mi intención era volver a poseer su cuerpo justo en el instante en que el Dios de la Patrulla Diurna levantaba mi cuerpo verdadero y Li Siming exhalaba su último aliento. Entonces, Hengwen restauraría ese corazón completamente destrozado a su estado original. Final feliz.

Sin embargo, el mariscal Gong Zhang, que estaba de guardia ante la Puerta Oeste de los Cielos, me detuvo.

—Yuanjun acaba de regresar del Palacio Lingxiao. ¿No se ha enterado? El Inspector Celestial Cao ya informó al Emperador de Jade que la Puerta Occidental se ha derrumbado y está en reparaciones. Por el momento no puede utilizarse.

No tuve más remedio que dirigirme a la Puerta Norte, que conectaba con los diversos reinos; podía considerarse una vía de respaldo cuando las otras tres puertas celestiales estaban fuera de servicio.

Un gentío de generales divinos rodeaba también la Puerta Norte de los Cielos, haciendo ruido mientras deambulaban de un lado a otro.

Para mi sorpresa, entre la multitud se encontraba el Taibai Xingjun.

Me acerqué a saludarlo y estiré el cuello, solo para ver que la Puerta Norte estaba bien cerrada.

—¿Song Yao Yuanjun también quiere pasar por la Puerta Celestial del Norte? —preguntó Taibai Xingjun—. Ahora mismo no puede usarse. La llave ha desaparecido.

—¿¡Cómo!? —exclamé, conmocionado.

Jinxing soltó un largo suspiro y explicó que el día anterior, cuando el Bihua Lingjun salió por la Puerta Norte, el general divino encargado de la guardia estaba distraído jugando una partida. Bihua Lingjun tomó él mismo la llave y abrió la puerta; después de que saliera, el general volvió a cerrarla, y solo entonces recordó –demasiado tarde– que la llave seguía en manos del Lingjun, que había quedado fuera. Bihua Lingjun fue al Paraíso Occidental para asistir a un banquete doctrinal ofrecido por el Buda Dipankara. Habría que esperar a que concluyera el banquete para que emprendiera el regreso: primero descendería al mundo mortal y luego entraría de nuevo a la Corte Celestial por la Puerta Sur. Solo entonces podría abrirse esta Puerta Norte.

Pregunté cuánto tiempo aproximadamente tomaría, y las palabras de Taibai Xingjun me sumieron en la desesperación.

—Unos diez o veinte días, supongo.

Diez o veinte días. Eso significaba diez o veinte años. Para entonces, Nanming y Tianshu ya serían prácticamente una pareja de ancianos viviendo en armoniosa dicha conyugal.

Solté un suspiro y le dije a Hengwen:

—Destino. Esto está destinado a ser así. Informemos al Emperador de Jade, y luego podemos lavarnos las manos de este asunto y volver a nuestras residencias a dormir.

Hengwen bostezó.

—De acuerdo. También estoy algo cansado. ¿Bebemos y dormimos en tu residencia o en la mía?

Eso dijimos, pero ¿realmente el Emperador de Jade me dejaría tranquilo y me liberaría de esta asignación?

A medio camino hacia el Palacio Lingxiao, ya nos esperaba Mingge Xingjun.

—Qingjun, Yuanjun —nos dijo—, el Emperador de Jade ya está al tanto de lo sucedido en el mundo mortal. Tianshu y Nanming han salido de la ciudad de Shangchuan y se dirigen a la Comandancia del Sur. En unos días, habrá un fuerte oleaje en el río Yangtsé, y su grupo quedará atrapado en la Posada Ribereña por el Ferry Zhoujia. Actualmente hay un cuerpo disponible: un maestro taoísta itinerante que se hospeda por la noche en un templo taoísta de la ciudad de Shangchuan. Ha llegado al final de su vida y su alma ha partido al inframundo, por lo que su cuerpo está libre para el uso de Yuanjun. Este asunto no admite demora, así que por favor descienda cuanto antes por la Puerta Sur de los Cielos.

Al amanecer, con el sol ya tibio, este señor inmortal abrió los ojos sobre una cama hecha de tablones de madera, en una habitación austera y deslucida, con una puerta y una ventana torcidas, medio podridas.

Justo entonces, alguien golpeó la puerta carcomida con fuerza.

—¡Guangyunzi! ¡Guangyunzi! ¡Ya va a comenzar la ceremonia ritual del trigésimo quinto día para el tercer joven señor de la mansión del príncipe! ¡Si no sales ahora, no llegarás a tiempo!

Ah, así que este maestro taoísta de corta vida se llamaba Guangyunzi. Uno de los caracteres de su nombre incluso se parecía al título de este señor inmortal: Guangxu Yuanjun.

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