47. Consentido

Los dos se apretujan en esa cama individual, con los cuerpos superpuestos. Afortunadamente, la cama es lo suficientemente resistente y no produce ningún ruido embarazoso.

El cielo fuera de la ventana se oscurece poco a poco. Tang Heng se queda en blanco mientras mira ese pequeño trozo de cristal.

La respiración de Li Yuechi resuena en sus oídos. Él tiene el rostro enterrado en el cabello de Tang Heng; su aliento roza sus mejillas, cálido y reconfortante.

Después de abrazarse así durante un rato, Tang Heng susurra:

—¿Qué hora es?

Li Yuechi permanece inmóvil, y le susurra cerca del oído:

—Son más de las cuatro.

—Está todo oscuro.

—Mn, va a llover.

No pasa mucho tiempo después de esta conversación cuando, efectivamente, empieza a lloviznar y el cielo se oscurece aún más. El parche de cielo enmarcado dentro de la ventana es como un tintero lleno de agua. Tang Heng mira por un rato y cierra los ojos ligeramente.

—El diagnóstico del médico fue BPD —murmura.

La respiración de Li Yuechi se detiene.

—¿Qué es eso? —pregunta.

—Trastorno límite de la personalidad. Una especie de… condición mental.

—¿Cuándo te diagnosticaron?

—No me acuerdo.

—Tang Heng.

—¿Mn?

—Cuéntamelo todo.

—No es mucho, en realidad. —Esas imágenes pasan por su mente y Tang Heng frunce el ceño—. Solo fue ir al médico, tomar pastillas, visitas de seguimiento… Eso. Me recuperé bastante bien. Incluso dejé de tomar la medicación.

Li Yuechi guarda silencio por unos segundos.

—Es por mi culpa —afirma, como si fuera una declaración.

—En parte. —Tang Heng aprieta sus brazos alrededor de la cintura de Li Yuechi—. En aquel momento todo estaba bastante confuso, pensaba en todo.

—¿Te has lastimado a ti mismo?

—No.

—¿De verdad?

—Sí, de verdad. Debe doler tanto. No podría soportarlo. —Tang Heng se ríe—. Solo me la pasaba acostado cada día. Las tardes eran insoportables.

—Las tardes.

—Así es. La casa que alquilé estaba cerca de una iglesia, de esas de estilo gótico. Por las tardes, las luces se encendían. Podía ver cómo el cielo se iluminaba desde mi ventana.

—¿Y luego?

—Y luego me quedaba en la cama, mirando cómo el cielo oscurecía, las luces se encendían, y luego llegaba la noche.

En silencio, Li Yuechi levanta una mano para acariciar la espalda de Tang Heng. Su sudor se ha secado y, quizás debido a la lluvia, la habitación está un poco fría. Li Yuechi cubre sus cuerpos con la manta y su palma comienza a acariciar la piel de Tang Heng debajo de ella. Hay callos en su palma, lo que le causa una ligera sensación de cosquilleo.

Tang Heng bosteza. En realidad, está cansado.

—Duerme un poco —dice Li Yuechi en voz baja.

Tang Heng emite un pequeño ruido en respuesta.

—¿Puedes hacerme compañía?

—Sí —responde Li Yuechi.

—Contigo a mi lado, las tardes no parecen tan malas —dice Tang Heng con una sonrisa antes de cerrar los ojos, junto a Li Yuechi.

Quizás debido al adormecedor sonido de la lluvia fuera de la ventana, o tal vez porque su cuerpo está demasiado agotado después del sexo, duerme tan profundamente que ni siquiera sueña. Cuando Tang Heng se despierta, sus miembros están doloridos y débiles; por supuesto, hay probablemente otra razón para esto.

Li Yuechi está a su lado, sujetando suavemente su cintura, mientras que su propia pierna descansa sobre la de Li Yuechi.

Tang Heng se siente confundido por un segundo.

—De verdad estás aquí —dice.

—De verdad —repite Li Yuechi.

—Mn… —Tang Heng parpadea—. ¿Qué hora es?

—Seis y media.

—¿Qué fecha?

—Once de abril.

—Oh.

—Iré a por agua y te limpiaré —dice Li Yuechi—. Luego cenaremos.

Después de eso, se levanta y se viste antes de irse.

Tang Heng se arropa con la manta hasta la barbilla. Su trasero le duele. Probablemente está hinchado. Baja la cabeza y aspira, captando el tenue aroma de la loción, la misma que Li Yuechi ha usado en él.

A pesar de que Li Yuechi ha cerrado la puerta, las casas de madera como esa apenas tienen aislamiento acústico. Tang Heng todavía puede escuchar su voz mientras se acurruca bajo la manta.

—Ma, no calientes la comida todavía. Necesito hervir agua.

—¿Para qué necesitas hervir agua?

—El profesor Tang necesita darse un baño.

—Aiya, ¿no tiene fiebre? No debería bañarse…

—Tiene que hacerlo. —Li Yuechi hace una pausa—. Está acostumbrado a que lo consientan.

Tang Heng: —…

Unos momentos después, Li Yuechi entra en la habitación con agua caliente, pero se marcha de nuevo después de dejar la palangana. Cuando regresa, trae una toalla en una mano y un par de calzoncillos en la otra.

Lanza la toalla en la palangana y los calzoncillos hacia Tang Heng. Son unos bóxers azul oscuro, con los bordes un poco desgastados.

—¿Son tuyos? —susurra Tang Heng.

Li Yuechi asiente.

—No tengo ningunos nuevos.

—Oh…

Li Yuechi lo mira de reojo.

—No tienes que ponértelos.

El rostro de Tang Heng se calienta.

—Eso no es lo que quise decir —dice enseguida.

—Mn. —Li Yuechi guarda silencio por un momento, como si estuviera pensando seriamente, y luego pregunta—: ¿No te gusta este color?

—…

Resulta extraño no recordar ni siquiera el día o el mes actual, pero sí tener en la mente, con absoluta precisión, algo ocurrido hacía seis años.

En aquella época, solían pasar la noche en aquel apartamento alquilado. Aunque sus ropas quedaban amontonadas, era fácil distinguirlas. Después de todo, la ropa de Tang Heng llevaba logos de marca, mientras que la de Li Yuechi era sencilla, comprada en puestos callejeros. Sin embargo, con la ropa interior no ocurría lo mismo.

Como tenían cuerpos similares y siempre vivían con prisa y enredados en el desorden, sus prendas íntimas terminaban mezcladas. Al despertar, no podían distinguir cuál era de quién.

Con el tiempo, Tang Heng había comprado dos paquetes de ropa interior nueva y los había guardado en el apartamento: uno de calzoncillos azul oscuro para Li Yuechi y otro blanco para él.

Le sorprende poder recordar ese tipo de detalle; es como si esos recuerdos hubieran quedado atrapados en aquel apartamento. Cuando cerró suavemente la puerta en la noche, pensó que se desvanecerían en la oscuridad para siempre.

Pero ahora, al abrir la puerta de nuevo, con solo un rayo de luz, se dio cuenta de que todos esos recuerdos todavía estaban ahí, intactos.

Li Yuechi exprimió la toalla y levantó la manta.

—Gírate —le dice suavemente.

Con las luces encendidas, Tang Heng se siente un poco tímido.

—Puedo hacerlo yo mismo.

—No puedes ver.

—Está bien. Es solo que…

—Gírate —repite Li Yuechi—. Siempre ha sido así.

Tang Heng se da la vuelta y entierra la cara en la almohada, inmóvil, como si hubiera renunciado a resistirse. Su cuerpo está tenso; es como si todas las demás partes estuvieran adormecidas, salvo el lugar que limpiaba la toalla. Está tan sensible como un río, ondulando continuamente.

De hecho, así era en el pasado. Ese apartamento era demasiado estrecho, demasiado sofocante. Incluso después de instalar el aire acondicionado, estarían empapados de sudor tras el sexo. A veces, lo hacían hasta la medianoche y luego Tang Heng usaría el brazo de Li Yuechi como almohada y murmuraría perezosamente:

Xuezhang, quiero limpiarme.

La voz de Li Yuechi ya no sonaría tan clara como antes, sino que tendría un deje de satisfacción y cansancio.

—Entonces hazlo.

—No puedo levantarme.

—Oh.

Xuezhang.

Entonces Li Yuechi suspiraría y obedientemente se levantaría de la cama para calentar agua.

—Tang Heng.

—¿Eh? —Tang Heng vuelve a la realidad—. ¿Qué pasa?

Li Yuechi sostiene su teléfono ante él.

—Llamada del director Xu.

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