50. Mirada cubierta

El director Xu se levanta y se dirige hacia la puerta, pero antes de salir, se vuelve de nuevo y le pregunta con seriedad:

—¿De verdad no vas a volver conmigo?

Tang Heng tiene la cabeza baja, sin mirar al director. Responde con un simple «mn».

—Entonces volveré y escribiré el informe yo solo.

—Sí, claro.

—Te lo digo de una vez, definitivamente salvaré a Sun Jihao. No te enojes después.

Tang Heng no puede aguantar más.

—¿Te vas a ir o no?

—¿Por qué te enojas conmigo? —murmura el director Xu—. No soy yo quien se va metiendo con estudiantes. Solo estoy diciendo la verdad, no sabía que Tang Guomu pudiera criar a un sobrino así.

Con eso, se mete las manos en los bolsillos y se marcha. Sus pasos son más ligeros que cuando llegó. Claramente, está de buen humor.

Solo quedan Tang Heng y Li Yuechi en la habitación. Por un momento, ninguno habla.

Los patos graznan y las gallinas cacarean afuera, creando un ambiente animado. Sin embargo, Tang Heng parece incapaz de escuchar nada más que sus propios pensamientos mientras mira fijamente sus manos y las voces de hace seis años llenan sus oídos.

Seis años atrás, Tang Guomu había caminado de un lado a otro en su oficina, con el ceño fruncido por el dolor, y había dicho:

—Nunca imaginé que Tian Xiaoqin… ¡Que la condición de esta niña fuera tan grave! ¡Si lo hubiera sabido, preferiría haber fingido salir con ella que atreverme a rechazarla!

El arrepentimiento en su voz había sido tan sincero que Tang Heng no pudo evitar creer en sus palabras. Y no fue solo él. Incluso el usualmente estricto e implacable profesor An había comentado:

Lao Tang, eres simplemente demasiado carismático. Hay tantos profesores en el departamento de sociología, pero ninguno de ellos es como tú, que se la pasa recitando poesía todos los días. ¿No te das cuenta de que realmente atraes a chicas jóvenes e ingenuas?

Su tono había sido tan objetivo. Por lo tanto, objetivamente Tian Xiaoqin se había sentido atraída por Tang Guomu, una joven apasionada por el aprendizaje que se encontró con un hombre mayor altamente educado y lleno de talento. Se enamoró perdidamente de él, pero no pudo tenerlo, por lo que se aventó desde un edificio.

¿Era eso cierto? Todos lo afirmaban en ese momento. Eso era lo que había sucedido.

De repente, Tang Heng se lleva la mano a la boca y empieza a sentir náuseas. Hay una tormenta revolviéndose en su estómago. No son los fideos que Li Yuechi cocinó; son las palabras de esas personas de hace seis años. Esas voces, como una mano gigante, agitan su estómago. Quiere vomitar, pero las palabras se le quedan atascadas en la garganta como si fueran una bola de cabello mojado. 

Li Yuechi lo agarra por los hombros y le da unas palmaditas en la espalda. 

Tang Heng tiembla mientras pronuncia algunas palabras entrecortadas:

—¿Te sientes… asqueado?

—Deja de pensar en eso —dice Li Yuechi.

—Todos piensan que debería haberlo sabido. —Tang Heng aprieta los puños con todas sus fuerzas. Su brazo también tiembla—. De verdad que no sabía… pero sí llegué a creerles. ¿Crees que soy cómplice?

—Tang Heng —dice Li Yuechi con voz suave. Le agarra la muñeca y le separa los dedos.

El cigarrillo ha sido aplastado hace tiempo, quemándolo hasta formar una ampolla en la palma.

—Li Yuechi —murmura Tang Heng—. Dame un cigarrillo.

Esta vez, Li Yuechi no dice nada más. Enciende el cigarrillo y lo coloca en la boca de Tang Heng. Los cigarrillos chinos no tienen el sabor ligero de los extranjeros; son fuertes y densos. Tang Heng inhala hondo y comienza a toser violentamente, hasta que las lágrimas le brotan de los ojos y la garganta le duele. Finalmente, se siente un poco mejor. 

Después de fumar su cuarto cigarrillo, Li Yuechi le dice en voz baja: 

—Ya es suficiente. 

Tang Heng deja el paquete en silencio. 

—Deja de pensar en eso, ¿de acuerdo? —Li Yuechi le toca el rostro—. Cuéntame.

—¿Contarte… sobre qué?

—¿Cuándo empezaste a fumar?

—No lo recuerdo.

—No fumabas antes —dice Li Yuechi—. Tenías que cantar.

—Mn. —Tang Heng niega con la cabeza—. Pero ya no canto.

—¿Y nunca volverás a cantar?

—No.

—Canta para mí.

—Yo… —Tang Heng se ríe con tristeza—. Mi voz está dañada.

Li Yuechi se mantiene en silencio por unos segundos antes de hablar.

—No importa.

Tang Heng está a punto de responder cuando Li Yuechi agrega:

—Durante mi tiempo allí, pasé más de cuatro años sin escuchar música.

Tang Heng se siente abrumado por estas palabras. Después de un momento de silencio, pregunta con la cabeza gacha: 

—¿Qué canción quieres escuchar? 

—Aquella que cantaste la primera vez que nos conocimos. 

—Déjame intentarlo —dice Tang Heng. 

Respira hondo, esperando que su voz no suene tan mal. Sabe que está dañada, quizá por fumar, quizá por alguna otra razón. De todos modos, nunca será tan clara y brillante como antes. Pero al menos, no será demasiado ronca y áspera, ¿verdad? 

Tang Heng separa los labios. La primera palabra, «verano»… En ese instante, se da cuenta con un sobresalto de que no puede pronunciarla. «Verano». Su lengua presiona contra sus dientes. ¿Y luego? Y luego, no sabe qué hacer. No puede cantarla.

—No creo que pueda cantar esa —dice Tang Heng con voz ronca.

Li Yuechi asiente.

—Entonces otra.

—¿Cuál?

—La primera canción de Hushituo. ¿La recuerdas?

Tang Heng cierra los ojos.

—Aquella para la que escribiste la letra —dice, como en trance—. Sí.

Sí, conoce la canción de la que habla Li Yuechi. En ese momento, Hushituo había llegado a la final de la competición. Los jueces pedían a los grupos que interpretaran una canción original. La canción que cantaron tenía la letra escrita por Li Yuechi y la música compuesta por An Yun: la primera canción de Hushituo.

Mirada cubierta —dice Li Yuechi.

Ah, sí. Mirada cubierta.

En ese momento, Jiang Ya seguía quejándose de que el arreglo de An Yun era demasiado complicado, lo que aumentaba la presión cuando él tocaba la batería. Luego, había dicho a Tang Heng con fingida envidia:

—Ese tipo te escribió una canción de amor. Si no puedes cantarla bien, mejor deja que la cante yo.

Y en ese momento, Tang Heng había respondido fríamente:

—Él no la escribió para ti.

Mirada cubierta.

Tang Heng se cubre los ojos y dice con ansiedad:

—No puedo recordar la letra.

Li Yuechi le aprieta la mano y dice cálidamente:

—Está bien.

—Hay muchas cosas que no puedo recordar. Cuando estábamos junto al río, me preguntaste si podía recordar lo que dijiste antes de apuñalar a Tang Guomu… Realmente no puedo recordarlo. Es horrible, ¿verdad?

—No es culpa tuya.

—Pero lo olvidé. —Tang Heng sacude la cabeza, continuando hablando solo—. No puedo controlarlo.

Li Yuechi no dice nada más y simplemente le acaricia la espalda. Después de algún tiempo, Tang Heng se queda dormido. No duerme bien: la brisa fría se cuela intermitentemente por la ventana entreabierta. A medio camino entre el sueño y la vigilia, Tang Heng se ve transportado de vuelta a Wuhan, seis años atrás. La ronda final se lleva a cabo en Jiangtan. Los tres grupos deben actuar, y Hushituo será el último en subir al escenario. Están ahí, rodeados por el público y los jueces. No siente ni un ápice de pánico, porque ya han ensayado esa canción incontables veces. La música comienza y Tang Heng dice:

—Esta canción se titula Mirada cubierta.

Y entonces, no puede recordar la letra.

Es extraño que pueda recordar tantos detalles de aquel entonces, pero que simplemente no pueda recordar la letra. 

Abre los ojos y mira el techo oscuro color sangre de cerdo. Se incorpora y ve a Li Yuechi sentado junto a la ventana, de espaldas a él. 

La ventana está entreabierta, porque Li Yuechi está fumando. Es ese paquete rojo de cigarrillos Zhonghua. Ya solo quedan dos. 

Li Yuechi apaga el cigarrillo y se acerca a la cama.

—¿Todavía te sientes mal? —pregunta.

Tang Heng mira sus dedos con atención.

—¿No habías dejado de fumar?

Li Yuechi ríe suavemente.

—Si los cigarrillos están aquí, no puedo dejar de pensar en ellos.

—Yo… yo necesito usar tu teléfono.

—¿Qué sucede?

—Necesito buscar algo.

Li Yuechi le entrega el teléfono. Tang Heng abre el navegador y busca «Primer concurso de bandas del Campus Zhouheiya». Sorprendentemente, encuentra un artículo de noticias y lo abre. Es de un sitio de noticias local de Wuhan y una serie de anuncios pornográficos flotan en la parte inferior de la página. 

«El primer concurso de bandas del Campus Zhouheiya fue un éxito. ¿Quién es el campeón…? Permítanme presentar esta banda a todos… Banda Wujing del Conservatorio de Música de Hanyang…». Tang Heng lee el artículo de noticias palabra por palabra y descubre que solo presenta a la banda ganadora.

Sin rendirse, busca Mirada cubierta. Los resultados no tienen nada que ver con la canción; toda la pantalla está llena de «No temas a las nubes que cubren los ojos que miran». 

¿Podría ser que no hubiera rastro de la canción que habían cantado?

—Yuechi, ve a quemar la leña.

—Voy —le responde Li Yuechi a su madre. Se levanta y se va.

Tang Heng mira fijamente la pantalla, sintiendo como si lo hubieran arrojado a un páramo desolado. Sus recuerdos, su existencia, parecen haber perdido significado. Recuerda a Tian Xiaoqin; incluso su trágica muerte no parece importar. Mucha gente piensa que se suicidó porque su amor por Tang Guomu no fue correspondido, ¿verdad? En este mundo, tantas memorias se desvanecen sin dejar rastro, los testigos están muertos, sin poder confirmar nada. 

Tang Heng presiona la pantalla de manera mecánica, sin saber qué está buscando. Distraído, abre la aplicación de transmisión en vivo y descubre que Li Yuechi solo sigue una cuenta: WR Lili. Tiene dos mil seguidores, no muchos.

WR Lili no parece ser una streamer profesional. Su última transmisión fue  el 20 de marzo. Tang Heng abre su perfil sin querer –de hecho, es solo sin querer– y ve que ha hecho covers de algunas canciones antes.

Febrero 14, Flotando a través del mar para verte: «¡Feliz día de San Valentín para todos!».

5 de enero, Nuestro aniversario: «De repente quise cantar esta canción».

8 de octubre del año pasado, Amor de mil años: «¡Cantando con mi amigo!».

16 de julio del año pasado…

Mirada cubierta.

«Por casualidad escuché una grabación de esta canción hace un tiempo. No pude encontrar la letra o la música, así que solo pude hacer mi propia versión…».

Tang Heng aguanta la respiración. Observa las palabras Mirada cubierta, con los dedos temblando. Unos segundos después, finalmente se atreve a abrir el video. 

La música comienza y él, como una cometa tambaleante, de repente queda atrapado en el tiempo. 

Llega la primera línea y ya no hay necesidad de continuar. Recuerda que es la letra que Li Yuechi escribió para él…

Frente a la lluvia crepuscular que riela el río y el cielo

Adoro

Cómo tu largo cabello cubre mi mirada

Y hace que el Lago del Este desaparezca

Y la avenida Luoyu

Y la línea 2[1].


[1] Esta traducción no es literal.

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