97. Aldea Donghu

Insertan una nueva batería en el proyector y se enciende sin problemas. Luego, lo conectan a la laptop de Tang Heng.

En el escritorio hay una carpeta titulada «Xiaoqin», que muestra todas las pruebas que han recopilado: certificados de cremación, grabaciones de Wang Lili, grabaciones de Long Juan, grabaciones de Bao Lei y parte de las pruebas económicas proporcionadas por Fu Liling.

En estos días, Li Yuechi ha redactado una narración clara de lo sucedido. Un documento de Word con texto negro sobre fondo blanco aparece en la pantalla. La luz blanca hace que Tang Heng entrecierre los ojos y sienta que el corazón le late con más fuerza.

Aunque ya sabían que Li Yuechi había escrito este informe sobre el incidente, cuando los eventos de hace seis años se presentan ante sus ojos con detalles tan precisos como el día y el mes exactos, el impacto es tal que obliga a todos los presentes a contener la respiración.

—Échenle un vistazo —dice Li Yuechi con calma, —y vean si hay algo que necesite ser añadido, modificado o eliminado.

A medida que desplaza lentamente el cursor hacia abajo, el proceso de caza vuelve a aparecer ante sus ojos.

6 de septiembre de 2011, los nuevos estudiantes de posgrado del Departamento de Sociología de la Universidad de Hanyang comenzaron las clases, con Tian Xiaoqin como profesora adjunta.

2 de diciembre de 2011, Tian Xiaoqin y Li Yuechi se unieron al equipo del proyecto Tang Guomu.

26 de abril de 2012, Tian Xiaoqin, Li Yuechi y Wang Lili fueron al Condado de Dawu para hacer inventario de los suministros donados.

15 de mayo de 2012…[1]

Li Yuechi de repente deja el ratón.

Saca su billetera y dice:

—Xiaohui, ¿podrías ir a comprarme un paquete de cigarrillos? A mí se me olvidó.

Tian Xiaohui se sorprende un poco.

—¿Ahorita?

—Sí, ahorita. Sal de la comunidad y ve todo derecho. Hay una tienda de conveniencia en la primera intersección a la izquierda.

—Oh… está bien.

Tian Xiaohui sale.

Jiang Ya suspira suavemente; todos entienden claramente que Li Yuechi distrajo intencionalmente a Tian Xiaohui.

—Tengo unas fotos que Xiaoqin me envió esa noche —susurra Li Yuechi.

La mano de Tang Heng, que cuelga a su lado, se aprieta discretamente.

—La noche antes de que saltara del edificio, Tang Guomu la llevó a un hotel. Después, ella me envió fotos mostrando marcas en su cuerpo por haber estado atada. No dejen que Xiaohui las vea. Las voy a pixelar cuando las publique.

Jiang Ya se estremece.

—Entonces, hace seis años, ¿cómo…?

—Se las mostré al decano en ese momento, pero no me creyó.

An Yun se levanta de golpe, como si ya no pudiera soportarlo más, y camina directamente hacia el balcón. Con un sonido de «clang», abre la ventana.

Jiang Ya observa su figura mientras le pregunta en voz baja a Li Yuechi:

—¿Ella ya las había visto antes?

—Sí.

Jiang Ya toma una respiración profunda.

—Continuemos.

Sin embargo, Li Yuechi sigue sin tocar el ratón. Lentamente gira la cabeza y mira a Tang Heng.

—¿Qué pasa? —pregunta este.

Es entonces cuando se da cuenta de que su voz suena extrañamente ronca.

El brazo de Li Yuechi rodea la cabeza de Tang Heng desde atrás, y le cubre los ojos con la palma de la mano.

Tang Heng guarda silencio por unos segundos y luego dice:

—Estoy bien.

—Con que las haya visto yo es suficiente —dice Li Yuechi.

Tang Heng parpadea, sintiendo sus pestañas rozar la palma de la mano de Li Yuechi. Su palma está cálida, y ese calor se transmite a través de la piel. Tang Heng se da cuenta tardíamente de que su propio puño se ha aflojado.

En ese instante, está a punto de saltar y salir corriendo para darle otra puñalada a Tang Guomu.

Odio, arrepentimiento y dolor… se agitan en su pecho como un bloque de hielo. Pero la palma de Li Yuechi va disipando gradualmente esa frialdad dentro de él.

Después de un momento, Li Yuechi retira el brazo.

Ya ha cerrado el documento de Word y abre otro archivo.

Se escucha un golpe en la puerta. Jiang Ya, que frunce el ceño, se levanta para abrir y fuerza una sonrisa para Tian Xiaohui:

—Xiaohui, gracias.

Luego, abre el paquete de cigarrillos y le pregunta a Li Yuechi:

—¿Quieres uno?

Li Yuechi acepta en silencio.

Ambos salen al balcón y le ofrecen un cigarrillo a An Yun también. Los tres se quedan fumando frente a la ventana abierta, sin decir una palabra. Tang Heng siente un cosquilleo en la garganta; sabe que es el ansia de fumar. Se palpa el bolsillo y saca dos caramelos de menta que ha tomado en la caja registradora del restaurante durante el almuerzo.

Tang Heng le ofrece uno a Tian Xiaohui.

Tian Xiaohui desenvuelve el papel del caramelo.

—¿Profesor Tang, tú no fumas? —pregunta suavemente.

Tang Heng suspira.

—Solía hacerlo… pero ahora lo estoy dejando.

—Oh.

Tang Heng se mete la menta en la boca. El fresco sabor se extiende, pareciendo calmar su deseo de fumar.

De repente, Tian Xiaohui pregunta:

—Profesor Tang, ¿estaban tratando de evitar que no viera?

Tang Heng se queda sin saber qué decir por un momento. Después de una breve pausa, simplemente dice la verdad:

—Um, había algunas fotos de tu hermana. Las vamos a difuminar antes de publicarlas.

Tian Xiaohui asiente sin insistir más. Tang Heng piensa que tal vez tiene más dudas, así que explica nuevamente:

—No es que no podamos mostrártelas, es solo que tenemos miedo de que te asusten o te hagan sentir… incómodo.

Sentado en el suelo, Tian Xiaohui se abraza las rodillas.

—Entiendo —dicd.

Su complexión ya es pequeña y delgada, y esta postura lo hace parecer aún más un niño. El corazón de Tang Heng se aprieta, sintiendo una mezcla de tristeza y dolor.

Tian Xiaohui continúa:

—Profesor Tang, no tienes que preocuparte por mí… No tengo miedo. Solo quiero buscar justicia para mi hermana. Mis padres siempre me han favorecido desde pequeño, por ser un niño… Sé que si yo no me ocupo de esto, nadie en mi familia se preocupará por mi hermana.

Tang Heng se sorprende. Es la primera vez en días que Tian Xiaohui habla tanto.

—Ese día, el hermano Yu me llamó a solas y me contó lo que había pasado en ese entonces. Al final, dijo que podríamos fracasar, y que el resultado, ganemos o perdamos, tardaría mucho, mucho tiempo. Me preguntó si podría aguantar, y le dije que sí, porque quería proteger a mi hermana…, aunque ya sea demasiado tarde. Él dijo que también perseveraría, porque al igual que yo, él también quiere proteger a alguien.

Tang Heng levanta la mirada y ve a Li Yuechi de espaldas a él, el humo gris azulado saliendo suavemente de su cigarrillo. Está de pie, erguido, como perdido en sus pensamientos.

De repente, como si hubiera una conexión entre ellos, Li Yuechi apaga el cigarrillo y se gira para encontrarse con la mirada de Tang Heng.

No sonríe ni habla, simplemente lo observa con calma.

—¿Dijo algo más? —le pregunta Tang Heng a Tian Xiaohui.

Tian Xiaohui no responde.

—No te preocupes, no le diré a nadie.

Unos segundos después, Tian Xiaohui baja la cabeza y habla con una voz tan suave que las palabras parecen disolverse en el aire:

—Él dijo que has sufrido mucho estos años, y también dijo que nunca tuviste la culpa de nada. Me pidió que, sin importar a quién odie, no te odie a ti.

Al día siguiente, Tang Heng se reúne con una periodista en una cafetería. Ella trabaja para un periódico conocido en Wuhan y se ha graduado de la Universidad de Hanyang dos años antes que Tang Heng, con especialización en periodismo.

Después de revisar en silencio durante cinco minutos todos los materiales que Tang Heng ha preparado, finalmente pregunta:

—¿Estás decidido?

Tang Heng asiente con determinación.

—De hecho, podrían buscar a otra persona para revelar la información. An Yi sería ideal; ella fue compañera de clase de Tian Xiaoqin. Desde una perspectiva periodística, definitivamente apoyo que lo publiques bajo tu nombre. Eres sobrino de Tang Guomu y profesor universitario; que lo expongas tú sin duda atraerá atención… —Hace una pausa y mira seriamente a Tang Heng—. Pero desde un punto de vista personal, te recomiendo que lo reconsideres. Esta noticia tendrá un gran revuelo y te expondrá a una presión inimaginable. En serio.

Tang Heng le sonríe.

—Estoy preparado, no te preocupes.

—No tienes miedo de no poder seguir en la academia si haces esto?

—No me importa.

—Está bien… Entiendo.

—Entonces, te lo agradezco, xuejie. Una vez que tu periódico lo publique mañana, lo compartiré en Weibo.

Metiendo los documentos en su mochila, ella dice con firmeza:

—No te preocupes, ya he hablado con el editor en jefe. Se publicará toda la historia.

Después de que ella se va, Tang Heng se queda sentado en el rincón de la cafetería. Con el buen tiempo que hace estos días y siendo sábado, desde la ventana puede ver a los estudiantes paseando en pequeños grupos.

—¿Quieres ir a dar un paseo? —Li Yuechi se acerca al lado de Tang Heng, sin sentarse, como si esperara que estuviera de acuerdo con su propuesta.

Fuera, la aldea Donghu acaba de ser renovada.

Tang Heng se levanta, sonriendo.

—Vamos.

El nombre de la aldea Donghu sigue siendo el mismo, pero todo lo demás ha cambiado radicalmente en comparación con hace seis años. Las viejas casas destartaladas han desaparecido y los callejones estrechos y empinados han sido nivelados. En su lugar, se levanta una imponente torre con el letrero «Centro de Emprendimiento de la Universidad de Hanyang», rodeada de restaurantes, librerías y tiendas de accesorios de todo tipo…

Tang Heng observa el nuevo panorama urbano y sacude la cabeza, confundido.

—¿Puedes adivinar dónde estaba el Chang’ai?

—¿Quizás por allá? —Li Yuechi señala un restaurante no muy lejos.

Tang Heng niega con la cabeza.

—No puedo reconocerlo en absoluto.

Mientras avanzan y pasan junto al restaurante que acaban de mencionar, Tang Heng se detiene abruptamente.

—Este nombre…

Li Yuechi se queda pensativo por un momento.

—¿Esa persona es…?

El nombre del restaurante es «Robert Park». Robert Park, conocido por cualquier estudiante de sociología, fue una de las figuras principales de la Escuela de Sociología de Chicago a principios del siglo XX.

En ese momento, ambos recuerdan que hace seis, Tang Heng había renunciado a una oferta de la prestigiosa Universidad de Chicago y se perdió la oportunidad de involucrarse con esta importante corriente de pensamiento.

La rueda del destino gira. Tang Heng sonríe, sintiendo la curiosa ironía del destino.

De repente, la puerta de cristal del restaurante se abre de golpe y sale un hombre con uniforme de chef. Hablando en dialecto wuhanés, gruñe:

—¡No voy a comprar! ¿Cuántas veces tengo que decir que no quiero comprar una casa? ¿No puedes entenderlo, idiota? ¡Ya tengo cinco casas demolidas!

Luego cuelga el teléfono, se gira y de repente se queda paralizado.

—¿Tú…? —El hombre frunce el ceño—. ¡Ah! ¡Son ustedes!

—¿Es usted el dueño de Fideos con carne de Xiangyang? —vacila Tang Heng.

—¡Sí! ¡Tú, tú eres el estudiante que canta! ¡Ustedes siempre venían a comer a mi restaurante a medianoche! ¡Hacían un ruido infernal!

—No era tan tarde como medianoche, solo un poco tarde. —Tang Heng sonríe—. ¿Es usted el dueño de este lugar?

—Sí, la vieja casa fue demolida, y mi hijo se graduó y regresó a Wuhan, así que decidimos abrir este lugar… ¡Mira, ahora servimos comida italiana!

—¿Todavía hacen fideos con carne? —pregunta Tang Heng.

—¡Claro que sí! —El dueño abre la puerta de cristal y los recibe con entusiasmo—. ¡Pasen, pasen, les prepararé dos platos! ¡A mitad de precio!

Tang Heng y Li Yuechi se miran y siguen al dueño hacia el restaurante.

La decoración del restaurante italiano es realmente de otro nivel en comparación con el Fideos con carne de Xiangyang del pasado. Ahora las sillas están tapizadas con suave terciopelo, y lámparas de araña de color rosa cuelgan del techo. Tang Heng hojea el menú y ve en la primera página una lista de «Platos estrella»: pollo con queso Parmesano, pasta con salsa de almejas, bruschetta de tomate y albahaca…

—Un gran salto —susurra Liu Yuechi.

Tang Heng no puede evitar sonreír.

—Jefe, ¿podría prepararnos cinco tazones de fideos con carne para llevar, por favor? —dice Tang Heng.

—Oh, ¿están con sus amigos? ¡Llámalos para que vengan a comer también!

—Ellos están lejos… ¿Los recuerda? Había uno que tocaba la batería y otro que tocaba el bajo.

El dueño asiente de inmediato.

—¡Claro que los recuerdo! ¡Ese chico con el cabello teñido de rojo, bastante llamativo! ¡Y esa chica que siempre vestía como un chico!

Tang Heng guarda silencio por un par de segundos.

—… Sí, son ellos dos.

Li Yuechi aprieta la mano de Tang Heng por debajo de la mesa.

—Antes siempre te ibas a pagar la cuenta en secreto. Dime, ¿crees que aún se acuerde?

Las mejillas de Tang Heng se sonrojan ligeramente.

—Mejor no preguntemos eso.

Li Yuechi bajó la mirada y sonrió.


[1] Yo inventé el día. En los raws no se menciona debido al orden en que se escribe la fecha en chino: año/mes/día.

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