Después de aquel día, Tang Heng borró el número de Li Yuechi y dejó de involucrarse en el proyecto de su tío. No volvió a verlo. Su vida pareció retroceder de golpe al estado anterior a su encuentro; sin embargo, Tang Heng tenía la sensación de que había pasado muchísimo tiempo, tanto que aquel período le resultaba casi ajeno.
Era agosto. Aún quedaba un mes de vacaciones de verano, pero en Wuhan el estío parecía no tener fin. Tang Heng presentó el examen TOEFL y obtuvo una puntuación suficiente para postularse a todas las universidades de sus sueños. Estaba un paso más cerca de su plan de estudiar en el extranjero. Después de eso, dispuso de mucho tiempo libre. Debido al calor sofocante, solo salía por las tardes, ya fuera para ensayar, actuar o pasar el rato en una live house o en algún bar con Jiang Ya y An Yun.
Tang Heng se encontró con Tian Xiaoqin unas cuantas veces más. No sabía qué explicación le habría dado Li Yuechi, pero cuando coincidían, ella nunca preguntaba cosas como «¿por qué ya no vienes con nosotros?». Se comportaba siempre con gentileza, como si nada hubiera ocurrido.
Tal vez, para ella, en efecto no había pasado nada. Y quizá, para Li Yuechi, tampoco.
Una noche de principios de agosto, los tres –junto con Tian Xiaoqin– volvieron a cenar juntos en un puesto callejero: cangrejos de río, fideos, almejas salteadas y una variedad de brochetas a la parrilla. Los cuatro comían empapados en sudor, mitad por el calor, mitad por el picante. Las bebidas de la mesa se habían acabado, y An Yun se ofreció voluntaria para comprar más. Jiang Ya, con falsa caballerosidad, dijo: «¿Cómo podemos hacer que una chica haga eso? ¡Deja voy yo!», pero su trasero permanecía pegado a la silla, completamente inmóvil.
An Yun, siempre especialmente servicial delante de Tian Xiaoqin, le siguió el juego y dijo:
—Mejor voy yo, ¿qué quieren beber?
—¡Yo quiero una Coca-Cola! —dijo Jiang Ya—. ¡Bien fría!
An Yun giró los ojos discretamente, pero con voz muy suave preguntó:
—¿Y tú, Xiaoqin?
—Un té helado estará bien —respondió Tian Xiaoqin con voz dulce—, gracias por la molestia.
—¿Y tú, Tang Heng?
—Una Sprite.
—¡Tang Heng, me has traicionado! —exclamó Jiang Ya con los ojos bien abiertos—. ¡Si siempre solíamos beber Coca-Cola juntos!
—La Coca-Cola mata los espermatozoides —comentó An Yun con tono sarcástico—, más vale que te lo tomes con calma.
Jiang Ya no entendió al principio:
—¿Ah? ¿En serio?
—No es nada —dijo Tang Heng—. Simplemente ya me harté de la Coca-Cola.
Tang Heng nunca había sido muy hablador, y ahora estaba aún más callado. Mientras An Yun iba a comprar las bebidas, solo quedaban Jiang Ya y Tian Xiaoqin charlando en la mesa.
—¿Por qué An-ge está tan irritable estos días? —murmuró Jiang Ya.
Tian Xiaoqin le sonrió.
—En realidad, he estado queriendo preguntar…
—¿Qué cosa?
—¿Por qué llamas «An-ge» a An Yun?
—Oh, es que ella es un año mayor que yo. Soy del mismo curso que Tang Heng.
—Pero, ¿por qué «ge»….?
–Ja, eso es una larga historia —dijo Jiang Ya agarrando un pincho de carne de res—, cuando nos conocimos, Tang Heng y An-ge estaban preparando formar una banda y buscaban un bajista, así que me presenté.
—Pero ¿no eres el baterista?
—Solo quería probar mi suerte. ¿Y si necesitaban un baterista? —Jiang Ya se rio tontamente—. Así que fui y An-ge dijo que no estaban buscando un baterista porque ella podía tocar la batería. En ese momento solté un comentario estúpido, diciendo que no había visto a ninguna chica tocar bien la batería. An–ge se enfadó y me retó a un solo, y yo dije «está bien». Entonces propuso que quien perdiera tendría que hacer una reverencia y llamar «ge» al otro.
Tian Xiaoqin se rio.
—¡Qué infantiles!
—De verdad, éramos unos completos idiotas. —Jiang Ya también se rio—. Al final, perdí, tuve que disculparme, y llamarla «ge»… Después de eso, los tres formamos la banda. An-ge me dejó tocar la batería y ella cambió al bajo.
—Ustedes tres son geniales —dijo Tian Xiaoqin con un tono de envidia—. Todos mis amigos ya se graduaron.
—¿Te refieres a tus amigos de la universidad?
Tian Xiaoqin asintió.
—Sí, uno se fue a ser profesor en su pueblo, otro consiguió trabajo en Shenzhen, y yo me quedé en Wuhan.
—Puedes salir con nosotros —respondió Jiang Ya inmediatamente—. An-ge siempre nos habla de ti. Y también ese compañero tuyo, Li ¿cómo se llamaba…?
—¿Li Yuechi?
—Sí, ese chico también está bien —dijo Jiang Ya con desenvoltura—, ¡cuando sea mi cumpleaños, lo invitaré!
Tang Heng escuchaba la conversación con la mirada baja, sin intervenir.
—Claro —repuso Tian Xiaoqin—. Pero Li Yuechi está muy ocupado últimamente…
—¿Ocupado en qué? —preguntó An Yun regresando con las bebidas—. ¿Sigue con el proyecto del profesor Tang?
—No, nuestro trabajo de campo ya terminó y Yuechi se retiró del equipo.
—¿Mmm? —An Yun le lanzó una mirada furtiva a Tang Heng—. ¿Por qué?
—Dijo que tenía otros asuntos y pidió permiso al profesor Tang para retirarse.
—¿Ahora trabajas tú sola?
—Trabajo con dos estudiantes de maestría de economía. Ahora nos centramos principalmente en procesar los datos, ellos son bastante buenos en eso.
—Mn. —An Yun les pasó las bebidas a todos—. ¿Estudiantes de maestría de economía? Tiene sentido.
Tang Heng, sosteniendo su Sprite helado, comentó con frialdad:
—¿Li Yuechi no sabía también cómo procesar datos?
—Sí, pero dice que no tiene tiempo —respondió Tian Xiaoqin con un ligero aire de confusión—. En realidad, retirarse ahora es bastante lamentable.
Tang Heng no dijo más.
Después de cenar, llevaron primero a Tian Xiaoqin a su casa y luego fueron al apartamento de Jiang Ya. Habían planeado pasar un rato en el Chang’ai, pero unos truenos retumbaron en el cielo nocturno, presagiando lluvia. Y, en efecto, justo cuando Jiang Ya encendió el proyector, las primeras gotas comenzaron a golpear con estrépito los cristales.
Vieron My Blueberry Nights de Wong Kar-wai. La película avanzaba entre una escena lenta y otra, envuelta en un tono sombrío. Antes de que alcanzara la mitad, Jiang Ya ya se había quedado dormido en el sofá. Afuera, la lluvia había perdido fuerza, pero seguía cayendo una llovizna que despertaba en Tang Heng una cierta irritación.
Jiang Ya comenzó a roncar. An Yun bajó el volumen y de repente preguntó:
—¿Qué pasó entre tú y Li Yuechi?
Tang Heng, mirando fijamente el rostro de Norah Jones en la pantalla, respondió en voz baja:
—Nada.
—Es decir, ustedes… ¿terminaron?
—Nunca fuimos cercanos.
An Yun dejó escapar una leve risa irónica y guardó silencio. Al cabo de un rato, cuando sonó un interludio de jazz, volvió a hablar:
—Será mejor que no te involucres con él.
—¿Por qué?
—No pertenecen al mismo mundo.
—Ah.
—En serio… Míralo, su vida es tan agotadora. Nosotros tampoco podemos ayudarlo, así que procuremos, al menos, no complicarle las cosas.
Tang Heng se volvió hacia An Yun.
—¿Qué quieres decir?
An Yun se encogió de hombros.
—Total, que no te metas en sus asuntos.
—¿Qué es exactamente lo que quieres decir?
—Yo… —An Yun suspiró suavemente—. Déjalo. Lo entenderás a su debido tiempo.
Tang Heng se preparó mentalmente debido a las palabras de An Yun, pero no esperaba que ese «a su debido tiempo» llegara tan pronto. Dos días después, el profesor Tang llamó a Tang Heng a su despacho.
Cuando llegó, en la oficina ya había dos chicos: uno alto y delgado, con gafas y aspecto refinado; el otro mucho más bajo, también con gafas y con un lunar muy visible en la frente. El alto se llamaba Pan Peng, y el del lunar era Zhang Baiyuan, ambos estudiantes de maestría de Economía que se habían unido posteriormente al proyecto.
—Tang Heng, trabajarás con estos dos shixiong en los datos —dijo el profesor Tang con una sonrisa—, pregúntales si no entiendes algo.
—Somos nosotros quienes debemos aprender de shidi —dijo Zhang Baiyuan modestamente, frunciendo los labios—. No sabemos mucho sobre sociología.
—Centrarse en un campo los mantendrá aislados. Ustedes, jóvenes, tienen mucho de qué hablar, así que no me interpondré en su camino. —El profesor Tang se levantó y sacó una bolsa de papel de un cajón—. Baiyuan, ayúdame a darle esto al decano Zhang. Es el poema Guo Lin Ding Yang que le prometí escribir, ja, ja.
—No hay problema. —Zhang Baiyuan sonó gratamente sorprendido—. ¿Puede escribir algo para mí también? La próxima vez traeré un libro.
—Por supuesto —respondió el profesor Tang con una risita—. De todos modos, siempre estoy dispuesto a hacer el ridículo.
Tang Heng escuchaba su conversación mientras intentaba recordar quién era el «decano Zhang», sin lograr ninguna conclusión. Después de todo, Zhang es un apellido muy común.
Cuando terminaron de hablar, los dos estudiantes de maestría se fueron primero.
Solo quedaron el profesor Tang y Tang Heng en la oficina.
—¿Qué decano Zhang? —preguntó Tang Heng.
—Zhang Jianlong, que acaba de ser transferido al departamento de economía —respondió el profesor Tang—. Ese Zhang Baiyuan es su hijo.
—¿Por qué el departamento de economía está en nuestro proyecto?
—¡Somos nosotros trabajando para ellos! Este proyecto quedará bajo el nombre del decano Zhang en el futuro.
Tang Heng guardó silencio por un momento.
—Entonces, ¿echaste a Li Yuechi?
—¡Mocoso! —El profesor Tang golpeó la mesa, fingiendo enojo—. ¿Cómo osas hablar así de tu tío?
—Entonces, ¿por qué se retiró?
—¡Pregúntaselo a él!
—¿Fue decisión suya?
—¡Pues claro! —dijo el profesor Tang con algo de frustración—. No entiendo qué piensan ustedes los jóvenes, una oportunidad tan buena y la desechan sin más.
