Apenas terminó de hablar, Tang Heng se arrepintió, preocupado por si ponía a Li Yuechi en una situación difícil. Después de todo, tenía clases y trabajo, momentos en los que necesitaba mantener su teléfono en silencio. Su petición no tenía mucho sentido, o mejor dicho, era casi caprichosa.
Sin embargo, Li Yuechi no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza.
Continuaron caminando, atravesando la multitud, hasta llegar al reservado donde estaba Jiang Ya. Tian Xiaoqin fue la primera en verlos y, con expresión sorprendida, dijo:
—¿Yuechi, tú también has venido?
An Yun soltó una risita, sin decir nada. Jiang Ya, con tono travieso, comentó:
—Sí, qué raro verte por aquí.
Li Yuechi les sonrió.
—Vine a pasar el rato con Tang Heng.
Al escuchar esto, Tang Heng finalmente dejó escapar un suspiro de alivio, pensando que Li Yuechi probablemente no estaba molesto. Había estado nervioso todo el tiempo porque él no había dicho nada.
Jiang Ya extendió la mano hacia Tang Heng.
—¿Dónde están mis cigarrillos?
Tang Heng le entregó los Marlboro.
—Increíble, te tomaste media hora para comprarlos —murmuró Jiang Ya mientras encendía uno—. Pensé que te habías metido en otra pelea.
—Cállate y fuma —replicó Tang Heng.
—¡Oye, estás siendo malo!
Li Yuechi se inclinó hacia el oído de Tang Heng y susurró:
—¿Me esperaste mucho tiempo?
Su aliento rozó la oreja de Tang Heng, provocándole una ligera comezón.
—No tanto —respondió.
—Los cigarrillos están bastante buenos.
—¿Eh?
—Estos —dijo Li Yuechi, levantando el paquete de Huangguoshu, con una sonrisa en su voz—, son mejores que los Huangguoshu.
Las mejillas de Tang Heng se calentaron. De repente se sintió estúpido. ¿Cómo podría Li Yuechi no distinguir la diferencia entre las dos marcas?
Pero Li Yuechi permaneció junto a su oído.
—Gracias, Tang Heng.
—No hay problema… —Tang Heng se frotó la cara.
En ese momento, la banda en el escenario terminó otra canción. El vocalista saltaba alrededor como un mono y de repente exclamó:
—¡Nos enteramos por Lao Bu que hay otro invitado especial esta noche!
El público comenzó a aclamar y el vocalista dijo:
—¡Voy a invitarlo al escenario ahora mismo!, ¿están listos?
—¡Sí!
Tang Heng se dio la vuelta sorprendido cuando el vocalista y el bajista saltaron del escenario y se dirigieron directamente hacia él.
—Oye, jefe —dijo el bajista, que llevaba un chaleco sin mangas bastante llamativo, sujeto solo por unas cuerdas en los costados que dejaban ver sus exagerados músculos—, ¿vamos? ¿Subes a cantar una?
Tang Heng maldijo internamente preguntándose qué se traía entre manos Lao Bu, y negó con la cabeza.
—Canten ustedes… Yo solo escucharé.
—Vamos. —El vocalista se giró de repente hacia el escenario y gritó—: ¿Alguna vez han escuchado la música de Hushituo?
—¡¡Sí!!
—¿El vocalista de Hushituo está bueno?
—¡¡Muy bueno!!
—Vamos —dijo el vocalista con una sonrisa—. Todos están esperando, jefe.
Y así, Tang Heng fue escoltado al escenario por los dos tipos, uno a cada lado.
—¡Tang Tang! —gritó una chica desde el público.
—En realidad, recibimos esta «misión» hoy —dijo el vocalista misteriosamente, con un brazo alrededor del hombro de Tang Heng—. Todos, cooperen, ¿de acuerdo? Cooperen.
—Amigo, ¿qué vas a cantar? —preguntó el bajista.
Tang Heng hizo una pausa por un momento.
—¿Qué tal algo de Deserts Xuan?
—Por supuesto. —El bajista señaló al vocalista—. Él es un gran fan.
Las luces se atenuaron, quedando solo un foco de luz blanca iluminando el escenario. Tang Heng sintió de repente cierto nerviosismo.
El preámbulo comenzó a sonar. Agarrando el micrófono, se aclaró la garganta y dijo:
—Hijo de las tierras del sur[1], para mi… amigo.
No veía claramente las expresiones del público en ese momento; solo escuchaba sus discretos aplausos. Por supuesto, la expresión de Li Yuechi era aún más difícil de discernir en la penumbra, pero aun así, miró en su dirección, sin poder evitar preguntarse: ¿En la oscuridad, Li Yuechi también lo estaba mirando?
¿Sus miradas se estaban cruzando?
—El viento agitó tu cabello oscuro, tú lo sacudiste distraídamente de tu mejilla… —Su voz sonaba un poco ronca, tal vez por el tabaco.
—En la noche, llevas el aroma de la tierra, puro y primitivo salvajismo… —Sí, este era Li Yuechi. Tang Heng cerró los ojos, recordando la primera vez que lo conoció, pensando que ese nombre por sí solo ya sonaba como un libro de Lévi-Strauss, evocando el espíritu de los tótems entre las montañas y los bosques.
Li, Yue, Chi. ¿Me escuchas?
El guitarrista erró una nota, pero no importaba. Tang Heng sabía que su voz ya se había liberado, extendiéndose infinitamente como el sol del atardecer. Eres un hijo de las tierras del sur, con un espíritu imposible de contener. Tu cuerpo está cubierto de profecías sin siquiera saberlo. Tang Heng cerró los ojos, sintiendo cómo la multitud se sumía en el silencio, desvaneciéndose en la oscuridad. Y allí estaba él, cantando hacia los vastos bosques y montañas de Guizhou, más allá del sur de Wuhan.
Al final de la canción, las luces regresaron y Tang Heng le devolvió el micrófono al vocalista.
—Amigo, tienes una voz bastante buena —dijo el cantante abrazando a Tang Heng—. ¿Quieres cantar otra canción?
—No, voy a bajar a acompañar a mi amigo.
—¿El de la camisa blanca?
La audiencia estaba completamente enfocada en ellos y el corazón de Tang Heng latía rápido.
—Sí —respondió en voz baja.
Cuando regresó al reservado, An Yun y Tian Xiaoqinse se habían esfumado, Jiang Ya estaba jugando en su teléfono, mientras que Li Yuechi estaba sentado en silencio en un rincón, mirando a Tang Heng.
Fue entonces cuando Tang Heng se dio cuenta de que estaba sudando. Su flequillo estaba pegado a su frente y sus mejillas también estaban húmedas.
Tomó asiento junto a Li Yuechi.
—El dueño les hizo hacerlo —explicó, visiblemente avergonzado.
—¿Para quién era esa canción? —preguntó Li Yuechi.
Tang Heng le respondió con otra pregunta:
—¿No lo sabes?
Li Yuechi sonrió, y de repente, bajo la mesa, agarró la mano de Tang Heng Su palma estaba seca. Tang Heng sintió cómo su propio sudor se transfería a su mano.
Jiang Ya les miró de reojo y resopló.
—¡Ya está bien, eh! ¡Que hay otra persona aquí!
Tang Heng lo ignoró y le preguntó a Li Yuechi en voz baja:
—¿Quieres escuchar más canciones?
—Vámonos de aquí—dijo Li Yuechi.
—De acuerdo.
—Si no, seguirán mirándote —añadió Li Yuechi mientras apretaba la mano de Tang Heng—. No puedo bloquearlos.
Se pusieron de pie y salieron. Al abrir la puerta, vieron que la lluvia había cesado, pero las nubes aún colgaban bajas en el cielo nocturno. Justo cuando Tang Heng estaba a punto de preguntarle a Li Yuechi a dónde debían ir, vio a An Yun acercándose hacia ellos.
Al no ver a Tian Xiaoqin, Tang Heng le preguntó:
—¿La enviaste de regreso?
An Yun no respondió. Su mirada se posó primero en Tang Heng, pero luego se centró en el rostro de Li Yuechi.
—Dejaste de trabajar como profesor adjunto, ¿verdad? —preguntó con calma. Li Yuechi asintió.
—Así que ahora, solo Xiaoqin es profesora adjunta. —An Yun parecía estar hablando para sí misma, pero sus ojos permanecían fijos en Li Yuechi.
—Sí. —Li Yuechi también parecía confundido—. ¿Qué pasa?
—Los estudiantes de primer año de posgrado no pueden ser profesores adjuntos. ¿Cómo es que Tian Xiaoqin consiguió un lugar?
—No lo sé. El profesor Tang se lo dio.
—¿Nunca le preguntaste al profesor Tang? —Su tono se volvió exigente.
—¿Por qué debería? —Li Yuechi frunció el ceño—. Si el profesor Tang se lo dio a ella y ella lo aceptó, ¿por qué tendría que preguntar yo?
—Porque tú…
—An Yun —la atajó Tang Heng, desconcertado—, ¿qué te pasa?
An Yun se quedó en silencio y, después de un momento, habló con un tono forzadamente casual:
—Ay, es que Xiaoqin está un poco incómoda, ya sabes… los otros estudiantes están mirando, y piensan que no es justo.
Tang Heng seguía sintiendo que algo no cuadraba, aunque no podía precisar qué.
An Yun sonrió y dijo con aire despreocupado:
—Bueno, ya está. Iré a hacer la pelota a mi papá para que me deje ser profesora adjunta también.
