22. Idiota

Tang Heng estuvo a punto de levantarse de un salto. Tras serenarse, preguntó al fin:

—¿Cómo supiste que fui yo?

—Escuché —respondió Li Yuechi con franqueza. Su tono tenía un leve matiz de fastidio, como si Tang Heng hubiera hecho una pregunta absurda.

—¿Recuerdas… mi voz cuando canto?

—Por supuesto.

Después de decir eso, Li Yuechi cerró los ojos y volvió a sumirse en un sueño profundo. Seguía con fiebre, así que Tang Heng tuvo que tragarse todas las preguntas que aún le quedaban. Se inclinó y colocó un parche antipirético sobre la frente de Li Yuechi. La ventana estaba cerrada a cal y canto –quizás para bloquear el olor de la basura en el exterior– y el aire de la habitación estaba viciado. El ventilador del techo giraba con parsimonia, pero apenas surtía efecto.

Hacía demasiado calor, tanto calor que sus mejillas y orejas ardían. Tang Heng se sentó por un momento, aturdido. Luego abrió un parche para la fiebre y lo pegó en su propia frente.

No pudo evitar recordar los detalles de esa noche. ¿Había cantado muy fuerte? Eso no podía ser. El dueño del bar había ajustado el volumen del altavoz de antemano. Aquí vivían muchos residentes y el dueño no se atrevía a molestarlos, así que siempre mantenía el volumen muy bajo.

Pero la casa de Li Yuechi estaba muy lejos del Chang’ai. Lo que significaba que no solo esta persona había escuchado su voz con claridad, sino que también la recordaba y la asoció a su voz hablada más de medio mes después. ¿Tenía oídos de perro? Mientras Tang Heng pensaba esto, miró hacia las orejas de Li Yuechi. Sus orejas eran delgadas y, debido a la fiebre, los bordes estaban ligeramente enrojecidos. Esta persona probablemente tiene una audición extraordinaria, pensó Tang Heng.

Y entonces, se sintió un poco molesto. Dado que Li Yuechi sabía que él era el cantante, ¿por qué le hizo esa pregunta? Tang Heng tenía motivos para sospechar que las personas que eran buenas en matemáticas probablemente no tenían cerebros normales.  Cambió el parche para la fiebre de Li Yuechi con el ceño fruncido, pensando que simplemente debería seguir ardiendo en fiebre. Aunque esta persona todavía tenía esa cara molesta de «aléjate de mí» cuando tenía fiebre, al menos era más honesto.

La honestidad era un valor. Entonces, ¿debería decirle honestamente a Li Yuechi que quería contratarlo para algo? No era nada complicado, solo fingir que eran novios y tomarse algunas fotos para enviárselas a Fu Liling. Era solo una actuación. No había necesidad de besarse de verdad. Tang Heng vino a preguntarle porque realmente no podía soportar hacerlo con Jiang Ya… Pero no necesitaban besarse de verdad.

Su camiseta se pegaba a su espalda y su cabello a su cuello. Tang Heng no se dio cuenta de que se había quedado dormido en la cama de Li Yuechi hasta que su teléfono lo despertó.

Tang Heng entró al baño con los ojos medio abiertos y contestó la llamada.

—¿Tío?

—¿Tienes tiempo esta tarde? —preguntó el profesor Tang alegremente—. Tengo una reunión en Jingzhou mañana. Ven más tarde.

—¿Para qué debo ir?

—¡Bribón! ¿No prometiste trabajar en el proyecto conmigo? Tendré a los estudiantes de posgrado ayudándote, así que debes venir a conocerlos primero.

—Otro día. Estoy ocupado hoy. —Después de todo, había otra persona muy enferma en la habitación.

—Solo ven a saludar.

—Estoy realmente ocupado hoy.

—Está bien, eres el más ocupado. —El profesor Tang hizo una pausa y luego agregó—: Deja de discutir con tu madre. Ya eres un adulto. Deberías ser más sensato.

—Entendido —dijo Tang Heng.

Tang Heng se sacudió los brazos entumecidos y se lavó la cara con agua fría. Cuando salió del baño, se encontró con un par de ojos. Li Yuechi se había sentado en la cama y lo miraba fijamente.

—¿Estás despierto? —Tang Heng se sintió incómodo por alguna razón—. ¿Cómo te sientes?

Li Yuechi asintió hacia él.

—Mucho mejor.

—Eso es bueno.

—Perdón por las molestias de hoy.

—Está bien… De todos modos, fue mi culpa.

Li Yuechi sonrió de manera educada. Tang Heng comprendió que era un indicio para que se marchara. Como era de esperar, Li Yuechi se levantó de la cama, tomó la camiseta que estaba en una esquina de la cama y se la puso.

Tang Heng frunció el ceño.

—¿Todavía tienes que trabajar? —preguntó.

—No, mi compañero me dijo que fuera a la escuela.

—Así no puedes ir a ninguna parte.

—Tengo que ir.

—¿Por qué?

—Un idiota[1] va a trabajar en el proyecto con nosotros. —Li Yuechi guardó su teléfono en el bolsillo y dijo de manera despreocupada—: Tengo que ir a encontrarme con él.

—… ¿Qué idiota?

—Un familiar de mi profesor. Nunca ha asistido a ninguna reunión antes.

—Él, probablemente, tampoco quiera ir.

—Eso sería lo mejor.

Silencio. Un largo silencio.

¿Sabes que ese «idiota» acaba de salvarte la maldita vida?

Más importante aún, ¿quién diablos es el idiota? Las calificaciones de Tang Heng nunca habían estado fuera de los cinco mejores durante sus tres años en la universidad. Sus proyectos de investigación eran aprobados, había abordado problemas a nivel provincial, y todo había ido sobre ruedas hasta ahora. Lo único negativo era que no podía quedar exento del examen de posgrado. ¿Quién demonios era el idiota?

Li Yuechi se vistió rápidamente, poniéndose su ropa con pulcritud y acomodando su cabello. No parecía en absoluto como si acabara de tener una fiebre alta. Levantó la bolsa de papel de la tabla de plástico y se la entregó a Tang Heng.

—Es tuya, ¿verdad?

—Es del idiota —gruñó Tang Heng.

Li Yuechi frunció el ceño, pareciendo confundido y con un toque de impaciencia.

Tang Heng le echó un vistazo y dijo fríamente:

—Me voy. Haz lo que quieras. —Tiró el dinero de sus bolsillos sobre la mesa. Los billetes rosas se esparcieron de manera desordenada y uno incluso flotó al suelo. Tang Heng esquivó a Li Yuechi y salió a toda velocidad por la puerta.

Continuó caminando, incluso ignorando el abrasador sol, y no se calmó un poco hasta que ingresó a la Universidad de Hanyang. Tang Heng llamó a An Yun.

—¿Dónde estás?

—Todavía en casa de Jiang Ya —respondió An Yun, notando que sonaba extraño—. ¿Te enfadé? Suenas enojado.

—No le dijiste a Tian Xiaoqin y a los demás sobre mí, ¿verdad?

—Sobre ti, ¿qué?

—Mi relación con el profesor Tang.

—Ellos no necesitan que se lo diga. Lo descubrirán tarde o temprano —respondió An Yun, despreocupada—. Pero todavía no deberían saberlo, ¿verdad? Después de todo, no estudiaron la carrera aquí.

—Sí, no lo saben. —«Pero lo sabrán pronto».

—¿Escuchaste algo? —An Yun ya estaba acostumbrada y continuó en un tono despreocupado—: ¿Dijeron que nuestras familias hicieron algún tipo de intercambio otra vez? Yo estudio con tu tío, tú estudias con mi papá… Pf, no pueden pensar en nada nuevo.

—No seré el estudiante de posgrado del profesor An —dijo Tang Heng, palabra por palabra.

—Apoyo eso. Así, mi mamá dejará de compararme contigo.

—Lo que quiero decir es que no haré mi maestría en China —dijo Tang Heng con irritación—. De ninguna manera.

An Yun dejó de hablar. Un momento después, finalmente preguntó:

—¿Estás seguro? Tú… ¿Por qué te has decidido tan de repente? —Su tono era tentativo.

Tang Heng había estado preparándose para irse al extranjero durante un tiempo; había tomado el TOEFL y escrito todos los ensayos. Sin embargo, había dilatado la decisión. Por supuesto, la razón era que su madre se oponía. No quería que su hijo pasara por dificultades en el extranjero. Cuando habían hablado de ir al extranjero antes, la actitud de Tang Heng siempre había sido «ya veremos», pero ahora, de repente, había decidido no hacer su maestría en China.

—No hay porqué —dijo Tang Heng con indiferencia—. Solo me aburrí de Wuhan.

—Oh, sí, es un poco aburrido… ¿No puedes ir a otra escuela?

—Todas las escuelas aquí son iguales.

—Entonces, ¿qué hay de la tía…?

—Hablemos cuando nos veamos —la interrumpió Tang Heng—. No olvides que tenemos una actuación esta noche.

Hacía tanto calor que parecía como si pequeñas gotas de agua flotaran en el aire. La Universidad de Hanyang también era conocida por su vegetación, por lo que al caminar por los senderos, el aire se llenaba del aroma del musgo húmedo. Este aroma era similar al del pasto, pero tenía un toque de olor a moho limpio. Tang Heng estaba muy familiarizado con él. En su memoria, cada verano que había pasado en Wuhan estaba impregnado de este olor.

Pero ya había tenido suficiente. Para ser exactos, Wuhan no era su hogar. Fu Liling era de Suzhou y su papá de Shijiazhuang, el lugar que produjo muchas bandas de rock. Pero no estaba familiarizado ni con Suzhou ni con Shijiazhuang. Su papá había enseñado en una escuela de Beijing antes de fallecer, así que Tang Heng pasó los primeros once años de su vida en Beijing. Luego, su papá tuvo un accidente automovilístico en un viaje de negocios y falleció. El negocio de Fu Liling ya iba bien en ese momento, así que se lo llevó de ese lugar triste que era Beijing. Se mudaron con frecuencia en esos años: Zhengzhou, Shenzhen, Shanghai, Wuxi… Al final, su tío dijo: «El chico ya va a la preparatoria. Tráemelo aquí. Me encargaré de él». Y así, Tang Heng llegó a Wuhan en su primer año de preparatoria y se ha quedado durante seis años.

Seis años. Estaba cansado de cómo esos profesores siempre lo miraban con lástima benevolente. Sus pensamientos eran siempre tan obvios: «Este pobre niño, perdió a su padre a tan temprana edad y no tiene a su madre con él». Porque era digno de lástima, porque era sobrino del profesor Tang, debía ser cuidado, así que todas sus calificaciones y logros se debían a que cuidaban de él, ¿no es risible?

Por supuesto, había escuchado demasiados rumores similares, así que hacía tiempo que dejó de importarle. Pero por alguna razón, cuando Li Yuechi dijo la palabra «idiota», fue como si le hubieran arrojado un balde de agua hirviendo en la cara. Tang Heng pensó que tal vez era porque se trataba de Li Yuechi, alguien que venía de una aldea rural y había luchado y persistido hasta hoy. Parecía que el desprecio de ese tipo de persona siempre tenía un efecto más impactante que el de los demás.

Tang Heng fue al departamento de sociología, subió al cuarto piso en ascensor y entró en la habitación con facilidad.

—Tío[2], ¿todavía estás escribiendo? —Tang Heng se acercó al escritorio y vio al profesor Tang sosteniendo un pincel de caligrafía. El papel blanco como la nieve sobre la mesa estaba medio lleno de palabras.

—Oye, échale un vistazo a esto. —El profesor Tang le lanzó una mirada—. Mi obra maestra de anoche. ¿Qué te parece? Quiero enmarcarlo y dárselo a Lao An.

—¿Y lo querrá?

—¡Tendrá que quererlo aunque no quiera! —El profesor Tang estaba un poco molesto—. ¡Escuché lo que dijo ayer! ¡Su nueva casa está casi amueblada!

Tang Heng se quedó sin palabras. Su tío hacía investigación sociológica, pero estaba muy interesado en estas cosas artísticas y tenía una gran confianza en su talento. No escuchaba a nadie.

—¿No dijiste que estabas ocupado esta tarde? —El profesor Tang dio un sorbo a su té—. Ya que estás aquí, ayúdame a decidir si debería usar «ver» o «mirar» en esta línea. Estoy muy confundido.

—Son lo mismo —dijo Tang Heng—. Llama a tus estudiantes.

—Dijiste que no vendrías, así que hice que Tian Xiaoqin se fuera a casa.

—¿Y Li Yuechi?

—Oh. —El profesor Tang rio—. ¿También has oído hablar de ese chico?

—Sí —respondió Tang Heng, sin expresión—. El número uno del departamento de matemáticas, ¿verdad?

—Ese chico es muy confiable. Puedes seguirlo y aprender a procesar datos.

La expresión de Tang Heng se volvió fría y no respondió.

El profesor Tang escribía su caligrafía con alegría mientras Tang Heng estaba sentado en su silla, hojeando un libro al azar de la estantería. Después de un corto tiempo, hubo un golpe en la puerta de la oficina. Al tiempo que escribía, el profesor Tang dijo:

—Entra.

La expresión de Li Yuechi se congeló en el momento en que entró en la oficina.

—Yuechi, estás aquí. —El profesor Tang dejó su pincel—. Permíteme hacer las presentaciones. Este es Tang Heng, un estudiante de último año de nuestro departamento. Tang Heng, este es mi nuevo estudiante de posgrado de este año. Tu shixiong.

Tang Heng se quedó quieto y respondió con una sonrisa falsa.

—Oh, hola.

Li Yuechi se quedó paralizado por unos segundos. Luego bajó la mirada y murmuró:

—Hola.


[1] Lit. 草包 / Bolsa de paja. Se refiere a alguien incompetente, que no sabe lo que está haciendo, pues no tiene talento ni aprendizaje reales. En inglés Fefe usó “noob”.

[2] Tío paterno.

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