Supuse que a Tianshu se le dificultaría conciliar el sueño.
Los bandidos lo habían dejado inconsciente durante medio día en la fortaleza de la montaña. Después de llevarlo a la mansión de la Comandancia del Este, había dormido otro medio día. Luego, tras su fallido intento de ahorcarse, volvió a desmayarse. En total, había dormido todo el día.
Bostecé y me giré de nuevo para mirar hacia la habitación. Si él podía dormir o no, no era asunto de este señor inmortal. Después de todo el alboroto y del jaleo del día de hoy, lo único que deseaban los párpados superiores e inferiores de este señor inmortal era encontrarse de nuevo. Solo conocía la quietud de mi mente y la calma de mi respiración. Entonces, una voz suave como un mosquito llamó desde lo alto:
—Song Yao Yuanjun… Song Yao Yuanjun…
Espanté hacia el aire con la mano y me cubrí la cabeza. Solo importaba dormir…
Una sensación de entumecimiento se extendió desde mi pecho hasta mis extremidades mientras comenzaba a flotar. Abrí los ojos apenas una rendija y fui recibido por un resplandor dorado. Flotando en el aire, apresuradamente desvié la mirada hacia el mundo debajo de mí. Dos figuras apenas visibles permanecían inmóviles sobre la cama. Ascendí, cada vez más alto, atravesando las vigas y tejas del techo hasta detenerme en la azotea.
Mingge Xingjun se acariciaba la barba bajo la luz de la luna, sonriendo mientras me saludaba.
—Song Yao Yuanjun.
Entrecerrando los ojos con esfuerzo, le respondí con tono adormilado:
—Con un solo libro sostienes en tus manos el destino de todos los seres. Y aun así, tienes tiempo de preocuparte por mi misión y sacarme para charlar. Song Yao no podría estar más asombrado por tus habilidades divinas. ¿Qué sabiduría extraordinaria tienes para invocarme a esta hora?
El Viejo Mingge esbozó una sonrisa tan amplia que sus ojos se curvaron en rendijas.
—¿No lo hago porque solo tiene tiempo libre a esta hora? Cuando usted regrese a la Corte Celestial, le enviaré un lecho de nubes como disculpa por interrumpir sus dulces sueños. Yuanjun, ví todo lo que ocurrió en la tarde.
Oh, ¿Mingge Xingjun vio a Tianshu colgándose, o me vio a mi transfiriéndole mi aire inmortal? Solté un largo suspiro.
—Menos mal que lo viste. Estaba por hablarte de eso. ¿Te importaría pasarle un mensaje al Emperador de Jade? Le ruego al Emperador de Jade que asigne a otro inmortal estas tribulaciones celestiales. Este humilde inmortal es incapaz de asumir está responsabilidad. Tianshu tiene una naturaleza aguerrida, y busca la muerte cada vez que es atormentado. Podré estar actuando bajo las órdenes del Emperador de Jade, pero ¿quién se hará responsable si Tianshu muere debido a un descuido momentáneo? Ya no haré esto.
—Es precisamente por eso que le pedí a Yuanjun que saliera esta noche —dijo Mingge—. El Emperador de Jade ya ha hechizado a Mu Ruoyan. Hasta que pase todas sus pruebas de amor, no puede terminar con su vida. Puede proceder a su antojo, sin restricciones ni remordimientos.
¡Santo cielo! El Emperador de Jade era de un nivel de crueldad incomparable si le impedía a Tianshu morir por su propia voluntad. Lo único que había hecho era tener un romance ilícito con Nanming Dijun, ¿no? ¡¿Por qué castigarlo hasta ese extremo?!
Regresé a la habitación desde la azotea y volví a ocupar el cuerpo de Li Siming. Tianshu seguía inmóvil a mi lado. ¿Qué haría este señor inmortal si estuviera en su lugar? Me deslicé hacia el borde de la cama para darle más espacio, me giré de cara hacia afuera y caí en un sueño profundo.
Cuando volví a abrir los ojos, ya había luz.
Me levanté y aparté la colcha. A mi lado, Tianshu seguía perdido en el sueño, su respiración era larga y tranquila. Sin duda, fue producto de su tenaz intento de mantenerse despierto hasta el amanecer, cuando su esfuerzo solo terminó por agotarlo más.
Observé su rostro dormido. Su expresión era serena, sus ojos cerrados en reposo, sus largas cejas relajadas.
Tras haber llegado a tal extremo, no había sido fácil para él disfrutar de una noche de sueño reparador. Con cuidado, me levanté de la cama y abrí la puerta. Una vez que la sirvienta trajo agua, me lavé y me dirigí al pequeño salón para desayunar.
Apenas era mediodía, y mi encuentro nocturno con el frágil joven señor que había secuestrado debía haberse convertido ya en conocimiento común. Mientras paseaba por mi patio, noté a los jóvenes sirvientes, sirvientas y nodrizas reunidos en pequeños grupos, susurrando en voz baja y lanzando miradas furtivas hacia el ala este del Patio Han. En el momento en que me vieron, se dispersaron de inmediato.
Simplemente fingí no haberlos visto. La homosexualidad no era nada fuera de lo común. Antes de la ascensión de este señor inmortal, muchos hombres adinerados y herederos nobles tenían amantes masculinos; ¿cuánto más en la actualidad? No había razón para ocultarlo, así que tomé la iniciativa de buscar a Li Siyuan.
—Segundo Hermano, anteayer trajeron aquí a un apuesto erudito. A tu hermano menor le gustó en cuanto lo vio y quisiera quedármelo en mi patio. ¿Qué dices?
Está no debía ser la primera vez Li Siyuan escuchaba algo así. Me miró con una sonrisa reservada.
—Así que el Tercer Hermano batea para ese lado.
—Yo tampoco lo sabía al principio —dije—. Pero, por alguna razón, no pude resistir el deseo de atarlo en cuanto lo vi. Tu hermano menor sabe que sus orígenes son dudosos. Aunque lo mantendré a mi lado, también me aseguraré de vigilarlo y no me olvidaré de investigarlo.
—Si realmente descubrieras algo, ¿serías capaz de matarlo? —preguntó.
Mi rostro se crispó y, tras un suspiro suave, respondí:
—El Segundo Hermano conoce bien mi debilidad. Si mi investigación revela algo… me gustaría pedirte que tengas piedad y me lo entregues para darle una muerte rápida. No… no lo tortures.
Li Siyuan se rio y salió de detrás de su escritorio para palmearme los hombros.
—¡Nunca esperé que fueras un romántico de corazón tierno! Ayer investigué al resto de los guardias y no encontré nada significativo. Simplemente quédatelo. Cuando nuestro padre regrese, hablaré a tu favor.
Me apresuré a agradecerle con deleite.
—¡Gracias, Segundo Hermano! ¡Muchas gracias!
—No solo me agradezcas —dijo Li Siyuan—. ¿Por qué no me invitas una ronda de vino?
«Me haces un favor sin que te cueste nada, y aun así quieres sacarme una ronda de buen vino».
Llamé a todos mis sirvientes y sirvientas para que se presentaran ante mí y lo dije sin rodeos:
—A partir de hoy, el joven señor Yan que está en el ala este es mi hombre. Atiendanlo con el mismo respeto con el que tratan a este joven señor. No debe haber ningún descuido. Si descubro que le han faltado al respeto al joven señor Yan, ya sea en su cara o a sus espaldas, o si han sido negligentes en servirle… —Sonreí con frialdad y solté mi agarre de la taza. Está cayó al piso y se hizo añicos al tiempo que finalizaba mis palabras—. Terminarán como está taza. ¿Entienden?
Mis sirvientes temblaron como hojas y se postraron a mis pies.
—Su deseo es nuestra orden.
Satisfecho, me levanté de mi asiento. Este señor inmortal se estaba acostumbrando cada vez más a interpretar el papel de villano.
Por supuesto, no me olvidé de atormentar a Tianshu Xingjun con este asunto.
Este señor inmortal entró pavoneándose a la habitación del ala este, donde Tianshu estaba de pie junto a la ventana. El viejo Mingge me había elogiado por transmitirle aire; era una señal, me di cuenta, de que debía ir a por todas. Por eso, me acerqué a él y lo medio envolví en mis brazos. Mostrando una sonrisa lasciva, dije:
—Todos en la mansión del Príncipe saben ahora que eres mío. Ya he ordenado al mayordomo que cambie la cama de la habitación principal por una grande. A partir de ahora, duerme conmigo en el cuarto principal.
Su cuerpo rígido tembló. Entrecerró aquellos ojos fríos y claros, dejó escapar una risa amarga y, de repente, fue presa de un violento ataque de tos. Escupió dos bocanadas de sangre espesa sobre mi manga. Solo después de empujarme, tambaleándose, dijo con voz entrecortada:
—Yo, Mu Ruoyan, nací como un hombre de verdad, instruido en las enseñanzas de los sabios… Antes morir que soportar la humillación de canallas como tú…
Para mi sorpresa, se lanzó de inmediato contra la pared con la intención de estrellar su cabeza. Sabiendo que era un intento inútil, reaccioné tarde a su intento de suicidio, quizá más tarde de lo que debería. Logré sujetarlo por la manga, pero su frente ya había impactado contra la pared. La sangre fresca se derramó en el suelo, y él perdió el conocimiento.
Una vez más, había ido demasiado lejos…
Grité para llamar a los sirvientes, quienes llamaron al doctor, quien le aplicó la medicina a Mu Ruoyan y dejó una receta para continuar con el tratamiento.
Todo era un completo caos.
Este señor inmortal se agachó junto a la cama de Tianshu, sintiéndose muy abatido. Parecía que el Emperador de Jade no me había enviado a atormentar a Tianshu, sino a que este me atormentara a mi.
Un ejemplo: Ahora mismo. Tianshu, en su estado inconsciente, estaba apretando los dientes tan fuerte que no podía beber la medicina. A este señor inmortal no le quedó de otra más que tomar un sorbo y alimentarlo boca a boca. Que alguien me diga, ¿quién fue el que salió perdiendo, él o yo?
Mingge Xingjun, ese vejestorio, decía que Tianshu no podía morir; ¡claro, es fácil decirlo! Si hubiera muerto, todo sería sencillo: solo había que encontrar un ataúd para meterlo, luego enterrarlo y asunto resuelto. Pero no, en lugar de eso, se desmayó y quedó postrado en la cama, esperando que yo lo atendiera. «Si eres tan capaz, vejestorio, ¿por qué no lo intentas tú?».
Como este señor inmortal no se atrevía a maldecir al Emperador de Jade, lancé toda mi furia contra Mingge Xingjun. Por cada vez que lo llamé «vejestorio», le di a Tianshu un bocado de medicina. De reojo, noté sombras tras las rendijas de la puerta y las ventanas de papel. Sin duda, tenía una audiencia de sirvientas y jóvenes sirvientes espiando. Hace tan solo unos pocos días, todos en la mansión del príncipe veían a este señor inmortal como un mal augurio. Pero después de hoy, sus miradas estaban llenas de comprensión, simpatía… y admiración.
Admiración por ser el enamorado empedernido que soy.
