Capítulo 102: Discípulo

—¿Cómo se pronuncia este caracter? —le pregunta Chang Liujun a Duan Ling.

Duan Ling rápidamente finge que él y Mu Qing estaban enseñando a Chang Liujun, y los tres, solemnemente y con las cabezas muy juntas, repasan el tema con todo detalle. Wu Du agarra a Duan Ling por el cuello de la camisa y lo coloca de nuevo a su lado; siguen estudiando con una clara separación de escritorios entre ellos, tan distintos como los lados de un tablero de ajedrez.

Duan Ling empieza a encontrar aburrido el estudio. Cuando pasaba por momentos difíciles, anhelaba ir a la escuela, y ahora que su vida está bien, quiere saltarse las clases. En sus días de vagabundo solitario, pensaba a menudo en sus aspiraciones, pero ahora que está asentado, solo desea salir a divertirse con Wu Du.

Sus días en Tongguan estaban llenos de emoción. ¿Cuándo podrá salir a ver el mundo de nuevo? El mundo es tan vasto que invita a la imaginación a vagar. Una vez que entre en el palacio, su vida podría convertirse en algo parecido a la de su tío, sin posibilidad de salir nunca más. Lo que lo mantiene firmemente atado a esa silla son los grilletes de la responsabilidad.

Por la tarde, Chang Pin llega personalmente con cartas de recomendación para que Duan Ling y Mu Qing las firmen. Tener esta carta los convierte en el equivalente a estudiantes del canciller, lo que les permite saltarse los exámenes provinciales y presentarse directamente a los exámenes metropolitanos especiales a principios de la primavera, y después de eso vendrán los exámenes palaciegos. Tras firmar, Duan Ling es llevado a ver a Mu Kuangda, quien está en una reunión con un funcionario literato. También hay un joven de poco más de veinte años esperando en la galería cubierta.

—Este es Huang Jian, el hijo del antiguo emisario del control de sal —les presenta Chang Pin a Duan Ling y Mu Qing.

Después de saludarse, Duan Ling se entera de que, al igual que él, Huang Jian también considera a Mu Kuangda su profesor. De los tres, Huang Jian es el mayor, pero habla muy poco, ya que parece no estar acostumbrado al bullicio y la opulencia de Jiangzhou. Todos son estudiantes del canciller, y espués de hablar sobre sus edades, Huang Jian se siente un poco incómodo. No pasa mucho tiempo antes de que abandone la mansión del canciller y se dirija a su residencia temporal en la ciudad.

Solo les quedan dos meses para los exámenes. Duan Ling nota un indicio de ansiedad y no tiene más opción que dejar de lado las distracciones y enfocarse en el estudio. Pero ¿de qué sirve estudiar? Por las noches, mientras hojea libros y pergaminos, siente que una creciente melancolía lo invade.

Ya ha conocido a Li Yanqiu, pero su tío no lo reconoció en absoluto. ¿Acaso estudiar y seguir la carrera literaria es solo para aprobar el examen imperial, llegar frente al trono y hacer que Cai Yan lo vea? ¿O es para, en el momento de estar entre los tres primeros graduados en los exámenes palaciegos, y cuando el emperador reconozca sus logros en el banquete de los eruditos, revelar a todos que él, y no Cai Yan, es el verdadero príncipe heredero?

Las consecuencias de tal acción son algo que Duan Ling ni siquiera se atreve a contemplar. De repente, se siente desinteresado; todo lo que quiere es lanzar sus libros a un lado, pero al mirar hacia arriba, encuentra a Wu Du en el patio, practicando sus artes marciales y circulando su qi.

—¿Qué pasa? —pregunta Wu Du retira los puños hacia su cuerpo y vuelve a entrar.

—Nada. Sólo tengo un poco de sueño.

Sus miradas se cruzan con calma, pero Duan Ling está angustiado y ansioso mientras observa a Wu Du. Ha trabajado tanto, y el destino parece haberle arrebatado la mejor oportunidad, como si se estuviera burlando de él. ¿Qué está intentando lograr, en realidad?

Es una noche desolada con la nieve derritiéndose. Wu Du parece notar la melancolía de Duan Ling.

—Iré a comprarte unos bocadillos de medianoche. ¿Qué se te antoja?

Ahora Duan Ling siente que de alguna manera ha decepcionado a Wu Du. Se esfuerza por concentrarse y responde:

—No te molestes, hace demasiado frío afuera.

—¿Qué pasa? —pregunta Wu Du con una expresión seria—. ¿Estás cansado?

Duan Ling respira hondo. Le gustaría desahogar su tristeza con Wu Du, pero al pensarlo mejor le parece inapropiado; después de todo, Wu Du ha jurado protegerlo toda su vida; Duan Ling no puede decirle algo tan cobarde.

Duan Ling sonríe.

—Estoy un poco nervioso, eso es todo. Los exámenes se acercan.

—No tienes que presionarte tanto —le dice Wu Du, dándose cuenta de su preocupación—. Haz lo mejor que puedas, y lo que tenga que pasar, pasará. Ya se me ocurrirá algo por ti cuando llegue el momento.

Duan Ling recuerda las palabras que su padre le dijo cuando ingresó al Colegio Biyong.

Wu Du sale a comprar algunos bocadillos para Duan Ling. Frente al tranquilo silencio de la noche, Duan Ling suelta un largo suspiro.

Desde afuera, comienza a sonar una flauta.

¡Reunión alegre!

Es un sentimiento que no había experimentado en mucho tiempo. ¿Quién está tocando?

A veces la música es reconfortante y suave; otras, las notas parecen flotar libremente en el aire. Suena justo afuera de la puerta y, en cuanto comienza, se desliza suavemente hasta lo más profundo del corazón de Duan Ling.

Es es el estilo de Wu Du al tocar. Duan Ling se siente sorprendido, casi ahogado por la melodía.

Cada vez que se ha sentido solo y asustado, la llegada de esta canción ha apaciguado su alma, como si le infundiera una fuerza inmensa. Solo cuando la música se extingue, el sonido de las chanclas de madera de Wu Du se desvanece en la distancia.

Atónito, Duan Ling se sienta frente a la mesa, recordando cómo tocaba Lang Junxia, cómo tocaba su padre e incluso cómo tocaba Xunchun antes de la caída de Shangjing. Imágenes incontables pasan ante sus ojos como una linterna giratoria, proyectando caballos galopantes en la pared, animándolo a seguir adelante.

Cuando Wu Du regresa, Duan Ling ya ha apoyado la cabeza sobre la mesa, sobre sus brazos doblados, y se ha quedado dormido.

En Jiangzhou, la gente no soporta el frío invernal, y toda la ciudad está dormida a esta hora. Wu Du ha caminado un buen rato sin conseguir nada, así que regresa con las manos vacías. Se frota las manos para calentarlas antes de llevar a Duan Ling a la cama y acostarse a su lado.

Cuando se despierta por la mañana, para Duan Ling todo sigue con normalidad. Su profesor ya no tiene mucho que enseñarles, así que les ha ordenado regresar a sus casas para repasar el material pasado. Así, Duan Ling pasa sus días en la biblioteca de la residencia del canciller, leyendo montañas de antiguos memoriales y aprendiendo de los enfoques de Mu Kuangda sobre la gobernanza estatal. Mu Kuangda ha absorbido toda la sabiduría de los sabios y la utiliza en su totalidad. Sin darse cuenta, el estilo de escritura de Duan Ling empieza a adoptar el carácter de Mu Kuangda.

Al leer los memoriales de Mu Kuangda, Duan Ling casi comprende por qué su padre decidió no matarlo. El inmenso poder de los Mu era, en cierto modo, una consecuencia inevitable: durante los diez años que la familia imperial de Chen permaneció en Xichuan, la habilidad de Mu Kuangda permitió que la recaudación de impuestos casi se triplicara. Gracias a ello, el Gran Chen pudo enviar y mantener un flujo constante de tropas en la frontera norte para guarnecer Yubiguan.

Al oír pasos, Duan Ling levanta la vista y ve a Chang Liujun acercándose. No hay nadie alrededor y la luz del sol entra a raudales por las ventanas de la biblioteca. Chang Liujun se quita la máscara y le dice a Duan Ling:

—He terminado mi parte del plan.

Al ver el rostro de Chang Liujun sin previo aviso, Duan Ling entra en pánico y quiere llamar a Wu Du, pero Wu Du aún está abajo. Chang Liujun, sorprendido, le pregunta:

—¿Por qué estás tan nervioso?

—¿Vas… a matarme? —pregunta Duan Ling, aterrado.

—¿Qué? —Chang Liujun se sorprende antes de caer en cuenta—. ¿Nunca has visto mi cara antes?

«Ah, claro…». Duan Ling observa detenidamente el rostro de Chang Liujun y se da cuenta de que es el mismo que vio en el Pabellón de las Flores, solo que ahora tiene un tatuaje. Este está en una esquina de su boca, y no solo no arruina su rostro, sino que lo hace parecer aún más distante.

Chang Liujun agita la tela que usa como máscara en una mano, jugueteando con ella, mientras con la otra mano presiona la estantería detrás de Duan Ling, atrapándolo. Le sonríe maliciosamente, mostrando los colmillos.

—Voy a pedir ayuda —dice Duan Ling, manteniéndose alerta.

Chang Liujun no puede sino retirar su mano.

—Esos dos mongoles se han ido a repartir sobornos por todas partes.

Ha pasado tanto tiempo que Duan Ling casi ha olvidado todo el plan que ideó; no funcionará tan bien si algunas partes se ejecutan muy adelantadas a otras. Ni siquiera han usado el veneno de Wu Du, pero Zheng Yan y Chang Liujun ya han completado sus tareas.

Chang Liujun saca una lista de nombres y se la entrega a Duan Ling.

—Para ustedes dos. Es hora de que Wu Du actúe.

Duan Ling toma la lista, llena de la letra desordenada de Chang Liujun. Parece que los meses de aprendizaje en lectura y escritura realmente han valido la pena.

—Buen trabajo —dice Duan Ling—. ¿Qué dijo el canciller Mu?

—Dijo que no escuchó nada —responde Chang Liujun con otra sonrisa.

Duan Ling piensa para sí mismo: ese viejo zorro astuto. A veces, hay cosas que no es necesario decir.

—Entonces, seguiremos con el plan original. Es hora de actuar —dice mientras dobla la lista, pensando en llevar la caligrafía de Chang Liujun a Wu Du.

—Espera un momento.

Antes de que Duan Ling se vaya, Chang Liujun lo detiene.

—Una vez que pases los exámenes metropolitanos, ¿puedes ser mi profesor?

Atónito, Duan Ling lo mira en silencio un momento antes de preguntar:

—¿Pro-profesor?

—Sí, enséñame a leer. Los que saben en la residencia no tienen tiempo, y los que tienen tiempo no saben nada.

Duan Ling se siente de repente abrumado por la atención.

—¿Entonces por qué no le pediste al señorito Mu?

Chang Liujun duda un momento antes de responder:

—Él… no es tan erudito como tú.

Duan Ling mira a Chang Liujun con sorpresa, y Chang Liujun añade:

—Y su caligrafía no es tan bonita como la tuya. ¡Bueno, ya está decidido entonces!

Duan Ling solo puede asentir. Chang Liujun continúa:

—¿Has memorizado muchos poemas? Enséñame a escribir poesía.

Duan Ling solo sabe escribir algunas rimas pretenciosas, así que responde:

—No… realmente no.  Pero mi redacción de ensayos está bien.

De repente, se le ocurre una idea, como si hubiera tenido una revelación.

—¿Qué tipo de poemas piensas escribir?

—No tengo un tipo de poema específico en mente, solo decía. Más tarde traeré algo de carne curada.

—No es necesario. —Chang Liujun está tratando de arrodillarse y hacer una reverencia para oficializar las cosas. Duan Ling, completamente sorprendido, dice antes de que haga cualquier movimiento—: No hace falta tanta formalidad. Acordemos esto por ahora. Tengo que prepararme para los exámenes en los próximos días, y empezaré a enseñarte después. Dejémoslo así.

Duan Ling le da unas palabras de ánimo a Chang Liujun y le pide que regrese a casa y siga recitando su Clásico de los Mil Caracteres por ahora, antes de apresurarse a bajar. Wu Du está al borde del estanque, mirando los peces.

—Estaba a punto de subir para ver cómo estabas. Ese maldito oso estaba siendo todo misterioso otra vez y me dijo que quería una reunión secreta contigo.

Duan Ling no sabe qué decir y sugiere que lo hablarán una vez que lleguen a casa. Mientras camina, piensa más sobre el deseo de Chang Liujun de tenerlo como profesor y lo entiende de inmediato. Es porque, una vez comiencen los exámenes, él y Mu Qing ya no tendrán que asistir a clases. La misión del profesor habrá terminado y podrá regresar a casa, así que Chang Liujun no tendrá más clases a las que asistir. Chang Pin está ocupado con los planes para Mu Kuangda y no puede dedicar tiempo a enseñar a un asesino, y Mu Kuangda, con su mente enciclopédica centrada en los asuntos del estado, aún menos. Así que todo lo que queda es encontrar un profesor a tiempo parcial.

Tres años en el Salón Ilustre, dos años y medio en el Colegio Biyong, y medio año más estudiando en la residencia del canciller; todos sus años de escolaridad, con altibajos, han llegado a su fin. A partir de ahora, deberá despedirse de la vida escolar.

Duan Ling se siente un poco melancólico, como si estuviera soñando. Recuerda el día en que Lang Junxia lo llevó a la escuela por primera vez y cómo fue reprendido por el director.

¿Así de rápido se ha acabado? Duan Ling siente profundamente que no ha aprendido nada, que todo su tiempo ha sido en vano.

—¿Qué clase de arañazos de pollo son estos? —Wu Du sostiene esa «lista de nombres», haciéndole esta pregunta a Duan Ling con una expresión de incredulidad en su rostro.

Duan Ling tampoco sabe qué decir.

—Esto probablemente dice «Lin» —responde mientras se acerca a Wu Du para examinar la lista, con las cabezas juntas. Les lleva casi todo el día y mucho esfuerzo antes de que finalmente logren restaurarla.

Wu Du lleva la lista para preguntarle a Chang Liujun sobre uno de los caracteres, solo para que éste lo mire con desdén y le diga:

—¿Qué, ni siquiera reconoces el caracter «Xie»?

Wu Du y Duan Ling debaten sobre qué hacer durante la mayor parte del día; en tres días más será el segundo día del segundo mes, el día de los exámenes. Wu Du irá a revisar el salón donde Duan Ling rendirá su prueba, y mientras está allí, también irá al palacio a solicitarle a Li Yanqiu un decreto secreto.

—Yo también iré…

—Tú no vas a ir a ningún lado —replica Wu Du—. Quédate en casa y estudia.

Duan Ling no tiene más remedio que aceptar.

Wu Du se viste con ropa formal, con una túnica negra de artista marcial. Todavía hace bastante frío afuera, así que Duan Ling también le pone una capa azul de gamuza; Wu Du se queda parado en un charco de agua derretida, perdido en sus pensamientos por un momento.

—Te llevaré a un lugar cuando termines tus exámenes —dice Wu Du, girándose para mirar a Duan Ling con una sonrisa y acariciándole la cabeza. Luego monta a Benxiao y, salpicando charcos de barro a lo largo del callejón, se dirige hacia el palacio.

La capa de Wu Du ondea detrás de él, la Lieguangjian colgando de su cintura. Duan Ling le echa otro vistazo, y luego otro más, sin volver al patio hasta que Wu Du desaparece al doblar la esquina. Se estira y da varias vueltas por el patio a falta de algo mejor que hacer, examinando cada uno de los árboles de durazno uno por uno.

Jiangzhou está lleno de árboles de durazno, y esta es su primera primavera allí; se pregunta cuándo empezarán a florecer sus flores. Duan Ling toca uno de los capullos y descubre un vago indicio de color rosa. La primavera está a punto de llegar.

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