Capítulo 103: Rebelión

Al comienzo de la primavera, la última ráfaga de hojas caídas vuela por el palacio Jiangzhou. Las cáscaras amarillas, que solían envolver los brotes jóvenes, se desprenden de las ramas con el toque más leve de la brisa y se esparcen por el suelo. Es un tiempo de calidez intercalada con ráfagas de frío, un paisaje en ciernes lleno de un sentimiento de melancolía.

—Por favor, quítese la espada, mi señor —dice un oficial de la Guardia Negra, bloqueándole el paso a Wu Du.

—Tengo permiso especial del difunto emperador y del actual príncipe heredero para llevar mi espada al palacio.

Ambos están en un punto muerto.

—Según las órdenes del general, a menos que el emperador reinante dé su permiso, nadie puede llevar su espada al palacio. La reunión con el emisario mongol fue una excepción.

—Déjalo pasar —ordena la voz de Xie You.

El guardia, salvado de una posible ronda de vómitos y diarrea, deja pasar a Wu Du. Xie You lo mira con una sonrisa que no le llega a los ojos, mientras Wu Du esboza una ligera sonrisa al darse cuenta de que Xie You ya ha notado los planes que ha puesto en marcha Duan Ling. El emisario mongol también debe haberlo visitado.

—¿Vienes a ver a su majestad? —pregunta Xie You.

—¿Acabas de regresar de ver a su majestad? —responde Wu Du con frialdad.

Ambos hacen preguntas, ninguno responde al otro, y cada uno se aparta para dejar pasar al otro.

La capa de Wu Du está abrochada hasta el cuello, con la Lieguangjian escondida debajo. Para cuando llega, Zheng Yan ya ha anunciado su presencia, y Li Yanqiu, que está sentando en el interior, lo llama:

—¿Wu Du? Pasa.

Li Yanqiu está revisando memoriales relativos a la siembra de primavera, y en su escritorio descansa un decreto imperial, ya redactado.

—Aún no sabemos dónde está la Zhenshanhe —explica Li Yanqiu—. Así que no puedes llevar la espada contigo para investigar este asunto en mi nombre. Sin embargo, tener un decreto imperial firmado por mí es casi lo mismo.

—Por supuesto —asiente Wu Du. Toma el decreto y se dispone a salir de inmediato.

Li Yanqiu lo detiene añadiendo:

—Espera un momento. Tengo algo que preguntarte.

Zheng Yan, con tacto, sale para hacer guardia junto a la puerta. Wu Du lo mira, preguntándose cómo es posible que Zheng Yan esté al lado del emperador en un momento y, al siguiente, se dirija al Palacio del Este. ¿Será que el príncipe heredero no puede soportarlo?

Li Yanqiu va directo al grano, como Wu Du había anticipado.

—Cuando todo esto termine, ven a trabajar en el palacio. Como ya trabajaste para el difunto emperador, te daré un título de cuarto rango que te permitirá seguir llevando tu espada aquí y servir al príncipe heredero. Supervisarás al príncipe para que no pase el tiempo sin hacer nada. Si en unos años pasas las evaluaciones sin problemas, serás nombrado Guardián Junior del Príncipe Heredero.

Aunque el título de Guardián Junior no tiene mucho peso, aún lo coloca en el rango de segundo nivel, por encima de la mayoría de los oficiales y al mismo nivel que Xie You.

No es de extrañar que Xie You haya puesto esa cara al verlo antes.

Li Yanqiu espera un buen rato, pero no ve a Wu Du temblando de emoción ni arrodillado en lágrimas agradeciendo la gracia imperial. Al levantar la vista, espera que Wu Du esté tan conmovido que no pueda hablar. Sin embargo, para su sorpresa, Wu Du duda un momento antes de colocar un puño en la mano y hacer una reverencia.

—He fracasado en cumplir los últimos deseos del difunto emperador —responde Wu Du—. No me atrevo a aceptar esta orden.

Li Yanqiu queda momentáneamente sin palabras.

—El príncipe heredero fue quien pidió que te unieras al Palacio del Este —dice Li Yanqiu con frialdad. Si Zheng Yan estuviera aquí, notaría que Li Yanqiu ya está furioso y le habría dicho a Wu Du que aceptara por ahora y dejara de ser tan terco.

—Tengo un carácter difícil y temo que mi servicio contradiga los deseos de su majestad. No me atrevo a aceptar esta orden.

Li Yanqiu deja su pincel y observa a Wu Du; la luz del sol entra a través de la ventana, iluminando el rostro de Wu Du. Li Yanqiu está completamente sorprendido; ¿qué rayos le ha dado el valor para rechazar la oferta?

Pero de repente, Li Yanqiu empieza a reír.

—Wu Du… oh, Wu Du.

—Su majestad —responde Wu Du.

Li Yanqiu lo observa detenidamente y, con un tono bastante cordial, dice:

—De los cuatro, al único que no logro comprender es a ti.

—Estoy dedicado a su majestad —replica Wu Du—. Puede que no sea el mejor comunicándome, pero mi lealtad hacia usted es incuestionable.

—El rango de segundo grado es demasiado bajo para ti —pronuncia Li Yanqiu con solemnidad—. Con tus habilidades en artes marciales y capacidad estratégica, debiste haber sido nombrado Guardián Superior desde el principio, pero, desafortunadamente, esa es la posición de Wuluohou Mu. Ya que estás tan resuelto a no unirte al Palacio del Este, entonces vete, sé libre, libre como un pájaro.

Al final de esa frase, algo vuela por el aire y golpea a Wu Du en la cabeza. Tinta se derrama sobre su rostro: lo que lo golpeó fue la piedra de tinta. Con las habilidades de Wu Du, podría haber esquivado fácilmente antes de que Li Yanqiu siquiera comenzara a lanzarla, pero no lo hizo, no se apartó; simplemente soportó el golpe.

—Vuelve al trabajo entonces —indicó Li Yanqiu, esbozando una sonrisa—. Wu Du, con esa voluntad, seguro te convertirás en un gran general que contribuirá enormemente a la recuperación del Gran Chen.

Wu Du se lleva la mano al rostro para limpiarse. Su cuello también está cubierto de tinta, que gotea por el cuello de su ropa. Se inclina, recoge la piedra de tinta y la coloca respetuosamente sobre el escritorio imperial con ambas manos, asegurándose de que quede bien colocada antes de retirarse del estudio.

Al ver a Wu Du con media cara cubierta de tinta como si llevara una máscara, Zheng Yan suelta una carcajada. Pero desde dentro de la sala, Li Yanqiu lo llama:

—Zheng Yan.

La expresión de Zheng Yan se endurece, y rápidamente se apresura a regresar al estudio imperial.


Antes de hacer cualquier otra cosa, Wu Du se dirige a los jardines del palacio. Se echa agua del estanque en la cara para limpiarse. Poco después, escucha pasos acercándose desde atrás.

—Detengamos el plan durante unos días —dice Lang Junxia—. Hay cosas que aún no he podido aclarar.

—¿Vamos a detenernos sólo porque tú lo dices? —replica Wu Du con frialdad.

Lang Junxia entrecierra los ojos y mira a Wu Du de arriba abajo, sin entender por qué su cara está cubierta de tinta; tampoco entiende por qué Wu Du aún con la cara cubierta de tinta sigue siendo tan arrogante a pesar de ello.

Wu Du se mira en el estanque después de lavarse la cara. Lang Junxia le recuerda amablemente:

—Tu cuello aún no está limpio.

Wu Du no puede sino frotarse el cuello con más agua.

—Te daré otros tres días.

Lang Junxia no dice nada más y se da la vuelta para irse. Wu Du se revisa un poco más en el agua antes de marcharse él también.

Wu Du pensaba que se había limpiado bien para cuando llegó a casa, pero igual se encontró con la risa desenfrenada de Duan Ling.

Después de todo, un estanque no es un espejo y no da un buen reflejo. Wu Du se ha lavado tanto que parece un gato calicó, parado en el patio bajo el brillante sol de primavera.

—¡Ja, ja, ja, ja, ja!  —Duan Ling nunca esperó que Wu Du regresara luciendo así, ya que es completamente distinto a la imagen que tenía cuando salió esta mañana. La sorpresa y lo absurdo de la situación hacen que Duan Ling ría como si le hubieran dado un narcótico de risa, desplomándose sobre la mesa de tanto reír.

Wu Du no puede evitar reír también.

—¿No me lo quité todo? —dice mientras se pasa la mano por la cara otra vez.

—Jajaja. —Duan Ling está a punto de convulsionar de la risa. Se ríen juntos un momento antes de que Duan Ling, todavía jadeando, le pregunta—: ¿Cómo terminaste así?

Wu Du quiere hacer reír más a Duan Ling, así que dice:

—Iba caminando y una brisa hizo que una hoja de papel se pegara a mi cara, pero la tinta aún no se había secado. La tinta se escurrió por toda mi cara.

Esta explicación hace que Duan Ling estalle en otra ronda de risas; le parece tan ridículo. Se esfuerza por arrastrarse hasta la tetera mientras se ríe para hervir agua y que Wu Du pueda lavarse la cara.

Cuanto más lo piensa Wu Du, más gracioso le parece. Al mirar a Duan Ling, no puede evitar querer hacerlo reír aún más. Si este golpe ha conseguido hacerlo reír tanto tiempo, entonces definitivamente ha valido la pena.

—¿Cómo es que también tienes tinta dentro de la ropa? —pregunta Duan Ling, sorprendido—. ¡Está completamente empapada!

Wu Du se desnuda hasta la cintura y toma un poco de jabón de acacia para lavarse afuera. Duan Ling agarra su túnica y la capa, y al ver que todo está cubierto de tinta, lleva la ropa al patio trasero para lavarla.

—¿Qué te pasó? ¿Te golpeó una piedra de tinta?

Wu Du está a punto de responderle cuando un sirviente llega a la puerta llamándolo a una reunión con el canciller Mu. Duan Ling corre tras él, pero Wu Du le indica que espere en casa. Toma la única túnica limpia que encuentra y sale rápidamente de la casa para ver a Mu Kuangda.


Mu Kuangda ha estado tan ocupado últimamente que apenas tiene tiempo para su propio hijo, pero ahora ha despachado a todos para reunirse con Wu Du. Ni siquiera Chang Liujun está presente. Mu Kuangda prepara una tetera para sí mismo y le sirve una taza a Wu Du.

—¿Cómo puedes atreverte a rechazar incluso un puesto como el de Guardián Junior del Príncipe Heredero? —dice Mu Kuangda con intención—. ¿Qué es lo que te importa tanto? El Maestro Chang Pin mencionó que no te importa nadie en esta casa, que en tus ojos solo existe Wang Shan. Solo desde su llegada has comenzado a mostrar algo de decoro y a hacer algo con tu vida.

Wu Du no le responde. Toma la taza de té y da un sorbo.

—Recuerdo que cuando te saqué de la Prisión Celestial —dice Mu Kuangda con tranquilidad, como si no fuera gran cosa—, esto no fue lo que me prometiste. Si tienes algo que decir, adelante, háblame.

Después de pensarlo un momento, Wu Du responde:

—La corte imperial está llena de todo tipo de personas, buenas y malas. No quiero estar ahí.

—¿Es esa la razón real? Claramente no lo es.

—Las cosas están bastante bien así como están.

—¿Qué es lo está bastante bien?

Wu Du se termina su té y le dice a Mu Kuangda:

—Los asuntos mundanos pueden cambiar en un instante, y los corazones de los hombres son difíciles de predecir. A veces lo que cambia no es la situación política, sino el propio corazón; y lo que tememos no son los demás, sino nosotros mismos. Yo solo quiero quedarme aquí en la mansión y seguir al lado de Shan’er. Puede decir que carezco de ambición, o incluso que no sé cómo tomar la iniciativa para avanzar en mi carrera, pero estoy satisfecho con la vida que llevo ahora.

La sala de estudio de repente queda en silencio. Mu Kuangda comprende perfectamente lo que Wu Du quiere decir; con esas palabras ha logrado cerrar cualquier posibilidad de argumento, ya que la única variable es el propio Wu Du. ¿Podrá garantizar que seguirá siendo leal a Mu Kuangda para siempre una vez que se una al Palacio del Este? ¿Cumplirá aún su promesa a los Mu incluso si Mu Kuangda se opone al príncipe heredero?

¿Puede el dinero comprar la lealtad de alguien? Si mil taels de plata no son suficientes, ¿qué tal diez mil? Tal vez se aleje cada vez más de los Mu, y eso es algo que Mu Kuangda tampoco desea ver.

—Quizás tú estés satisfecho, pero Wang Shan podría no estarlo necesariamente. Wu Du, debes considerarlo detenidamente. Tú no te casarás, pero si Wang Shan se une a la corte imperial y se convierte en funcionario, él lo hará. ¿Qué vas a hacer entonces?

—Con el tiempo que uno tiene en la tierra, aunque la felicidad dure solo un instante, sigue siendo algo valioso. Lo que él haga, lo que elija, eso no tiene nada que ver con mi decisión.

Mu Kuangda suspira.

—Olvídalo. Debería haber sabido que este es el tipo de persona que eres. Pensaba que habías cambiado mucho últimamente, pero nunca hubiera imaginado que desde el día en que llegaste, no lo habías hecho en absoluto.

Y así, Wu Du pone un puño en una mano, saluda a Mu Kuangda y se retira de la sala.

Cuando regresa a la casa patio, Duan Ling ya está colgando la ropa recién lavada. Se vuelve para mirar a Wu Du.

—¿De vuelta tan pronto?

Wu Du lo mira y le sonríe sin decir una palabra.

—¿Por qué sonríes?

—Por nada —responde Wu Du mientras camina hacia la habitación y se sienta, manteniendo la mirada fija en Duan Ling todo el tiempo.

Duan Ling sigue sintiendo que algo le pasa hoy a Wu Du. Le pregunta con curiosidad:

—¿Conseguiste la orden imperial escrita a mano?

Wu Du piensa un momento.

 —La conseguí, podemos movilizar a la Guardia Sombra, pero no hay prisa. Esperemos a que termines los exámenes metropolitanos primero.

Duan Ling asiente, pero no puede dejar de mirar a Wu Du. Se siente muy inquieto; estos son los últimos tres días antes de que termine su vida escolar y empiece una nueva etapa. Una vez que pasen los exámenes metropolitanos, si no aparece en la lista de aprobados, su única opción será unirse a la mansión Mu como asesor a demanda.

Será como Chang Pin. Su salario puede ser decente, pero no logrará nada por sí mismo y pasará casi toda su vida en el extranjero.

Afuera, Wu Du empieza a tocar una melodía en su flauta, y el corazón de Duan Ling se va tranquilizando poco a poco.

—Si paso los exámenes —dice Duan Ling de repente—, ¿puedes prometerme algo?

Wu Du deja su flauta a un lado y mira hacia la habitación.

—¿Qué quieres que te prometa? —pregunta.

—Te lo diré cuando llegue el momento. Wu Du asiente con la cabeza, y Duan Ling siente como si le hubiera hecho una promesa.

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