Al caer la noche, el crepúsculo alarga la sombra de Lang Junxia en una línea interminable; lo poco de luz solar que queda se cuela desde fuera de los muros, pareciendo como si el fuego de un faro desde más allá de las fronteras estuviera tiñendo los ladrillos negros.
—¡Lang Junxia! ¡Lang Junxia! —gritando, Duan Ling corre por el pasillo hacia él—. ¡Mi papá ha regresado!
Lang Junxia esboza una leve sonrisa, girándose para enfrentar a Duan Ling. Asiente.
—Él… —Duan Ling ha estado corriendo tan rápido que está sin aliento y se queda allí jadeando.
—Lo sé.
—Pero dice que su apellido es Li, al igual que el mío. No se llama Duan Sheng. —Duan Ling frunce el ceño.
—Has crecido, Duan Ling.
Duan Ling lo mira, desconcertado.
—Esta noche tengo que salir a hacer un trabajo —dice Lang Junxia.
—¿No acabas de volver? ¿Ya te tienes que ir otra vez?
Lang Junxia no da explicaciones. Simplemente extiende la mano hacia Duan Ling. Con una expresión de confusión, Duan Ling se acerca, y Lang Junxia lo envuelve en sus brazos.
—Esto es maravilloso —dice Lang Junxia.
Después de abrazar a Duan Ling, se aparta de él y lo hace ponerse de pie correctamente. A continuación, se separa la parte trasera de la túnica y se arrodilla sobre ambas rodillas ante él.
—¡Eh! —Duan Ling quiere ir a ayudarlo a levantarse, pero Lang Junxia le hace un gesto para que se quede quieto. Doblando la cintura, se postra.
—Adiós —dice Lang Junxia.
—¡Espera un segundo! —De repente, Duan Ling se da cuenta de que algo está ocurriendo—. ¿Tienes que irte? ¿A dónde vas? ¡Papá! ¡Papá!
—Sí. —Lang Junxia sigue arrodillado en el suelo. Levanta la mirada sin soltar la mano de Duan Ling—. La razón por la que fui a Runan era encontrarte a ti. Afortunadamente, no fallé en mi deber. Ahora que tú y tu padre están reunidos, mi misión también está completa y mi trabajo en Shangjing puede llegar a su fin.
—No… ¡no te vayas! ¿No prometiste que te quedarías conmigo?
—Quizás nos volvamos a ver en un año o en unos pocos meses. Pero ahora tienes a su alt… a él, tienes a tu papá para cuidarte. Incluso si lo que quieres es todo el territorio de la llanura central, él puede dártelo. Para ti, yo ya… Todavía tengo cosas más importantes que hacer.
—¡No te vayas, Lang Junxia! —Los bordes de los ojos de Duan Ling se enrojecen de inmediato, pero Lang Junxia ya está levantándose con una sonrisa.
—Duan Ling —comienza Lang Junxia—, no soy más que un viajero de paso en tu vida. A partir de ahora, debes hacer lo que te diga tu papá. Si alguien puede cuidarte de corazón, nunca mentirte ni ocultarte cosas, salvarte cuando estás en peligro sin importar si eso puede costarle su propia vida, pensar en lo que es mejor para ti en cada situación, si una persona así existe en el mundo, entonces aparte de él, no habrá nadie más.
Duan Ling agarra firmemente la mano de Lang Junxia, negándose a soltarla, tirando de él hacia la casa.
—¡No! ¡De ninguna manera! ¡Tienes que explicarme a dónde vas primero y cuántos días pasarán antes de que regreses!
Lang Junxia permanece allí como una cordillera, sin moverse ni un centímetro. La voz de Li Jianhong suena desde detrás de ellos.
—Lo estoy enviando para que verifique algo por mí. Tu papá no puede tener ni un día de paz hasta que este asunto se investigue a fondo.
Lang Junxia intenta arrodillarse de nuevo, pero Li Jianhong extiende una mano para indicarle que puede prescindir de las formalidades.
Duan Ling se siente terrible. Lang Junxia habla nuevamente con sinceridad:
—Duan Ling, sé bueno. Regresaré.
Duan Ling no tiene más opción que soltar lentamente su mano.
—Una vez que regreses al sur, no tienes que mencionarme de nuevo —le indica Li Jianhong.
—Por supuesto —contesta Lang Junxia.
Duan Ling todavía tiene cosas que decir, pero no sabe cómo expresarlas. Li Jianhong ya está diciendo:
—Bueno, sigue adelante, vete mientras las puertas de la ciudad aún están abiertas.
Lang Junxia se inclina.
—Con sus permisos.
—¿No puede irse mañana? —pregunta Duan Ling sin comprender. Pero Lang Junxia ya se ha dado la vuelta, desapareciendo al final del pasillo y levantando una ráfaga de viento tras de sí.
—¡Espera! —dice Duan Ling—. Déjame ayudarte a empacar algunas…
Duan Ling entra apresurado, nervioso, queriendo empacar algo para Lang Junxia, pero enseguida escucha el sonido de los cascos golpeando el suelo. Lang Junxia realmente no se detiene ni un momento una vez que decide irse. Duan Ling sale corriendo de la habitación con un fardo a medio empacar, las puntas de su túnica ondean en la brisa vespertina de la primavera.
Aún sin poder asimilar lo sucedido, Duan Ling ve cómo Lang Junxia se ha ido. Todo lo que ha ocurrido hoy ha sido demasiado repentino, más que todo lo que ha vivido en los últimos cinco años sumado. Lo persigue, angustiado, gritando:
—¡Lang Junxia! ¡Lang Junxia!
Ya no hay rastro de Lang Junxia en la distancia, pero de todos modos Duan Ling se queda de pie con la mirada perdida hacia donde se fue. Li Jianhong ha llegado, pero Lang Junxia se ha ido; del mismo modo que el sol se desplaza por el cielo, que la luna crece y mengua, que la marea sube y baja, todo ha sucedido tan repentinamente.
Li Jianhong mira a Duan Ling, con el ceño profundamente fruncido; quiere abrazarlo, pero Duan Ling está inconsolable, respirando hondo parado en su lugar, esforzándose tanto por contener las lágrimas que su rostro se vuelve de un rojo intenso. Li Jianhong puede lidiar con cualquier situación, lo único con lo que no puede lidiar son las lágrimas de su propio hijo. Se siente completamente desorientado, sin saber qué hacer.
—Tu papá realmente tiene trabajo que necesita que él haga… —dice Li Jianhong, aturdido— ¿Entonces debería posponerlo unos días? En fin, ya no importa…
—No tienes que hacer eso. —Duan Ling se limpia las lágrimas, entre sollozos—. Lo entiendo.
—No llores —le dice Li Jianhong—. Estas lágrimas tuyas le están causando a tu padre un dolor de cabeza terrible.
Duan Ling se siente a la vez entre la risa y el llanto. Li Jianhong lo carga de costado y lo lleva de vuelta a casa.
Al final, la tristeza de Duan Ling se acumula en su corazón, convirtiéndose en una melancolía persistente. Li Jianhong solo puede seguir buscando maneras de hacerlo sonreír, hablando con él hasta que poco a poco logra distraer sus pensamientos. Esto sucede especialmente durante la cena, cuando Li Jianhong le promete a Duan Ling que, una vez que Lang Junxia termine su trabajo, lo hará regresar para atenderlo exclusivamente a él.
—¿De verdad? —pregunta Duan Ling.
—Si eso es lo que deseas, naturalmente tendrás la última palabra.
Pero Duan Ling cree que algo no está del todo bien en eso, como si la palabra «atender» fuera demasiado. Esa no debería ser la relación entre Lang Junxia y él.
Duan Ling está acostumbrado a ver a los herederos de casas nobles en el Salón Ilustre dando órdenes a otros; a menudo tienen uno o más sirvientes a quienes gritarles. Aunque Lang Junxia alguna vez dijo que era un «asistente invitado», su relación no es como la de esas personas.
—Aunque lo hice ir a recogerte y cuidarte, realmente no quiero ver a mi hijo convertido en un pequeño Lang Junxia.
—Lang Junxia es una persona realmente maravillosa —replica Duan Ling.
—Claro —dice Li Jianhong a la ligera—. Una persona realmente maravillosa, aparte de las tres o cinco veces que estuvo a punto de clavarle un cuchillo a tu padre y sacarlo teñido de rojo. En general, no es malo.
Duan Ling se queda sin palabras.
—En tu vida te encontrarás con muchas más personas aparte de él. Debes aprender a distinguir las intenciones de los demás hacia ti, si son sinceras o si solo ansían congraciarse contigo.
—No entiendo, pero sé que él es sincero.
—Juzga a una persona por sus ojos —responde Li Jianhong—. Aquellos que están sinceramente ahí para ser tus amigos a menudo hablarán antes de pensar cuando están frente a ti. Siempre revelarán su verdadera naturaleza y no tendrán reservas.
—No puedes conocer a alguien solo por quiénes son ahora —prosigue Li Jianhong—. Él tiene un pasado. Tiene un trasfondo de vida.
—Pero el director dice que el trasfondo de una persona no puede determinar mucho —objeta Duan Ling.
—No hablo del trasfondo familiar. No importa de qué casa provenga un héroe; el trasfondo familiar no importa. Me refiero a lo que ha vivido. La clase de persona que es tu amigo está medio determinada por su historia.
Ahora que Li Jianhong se lo ha explicado, Duan Ling de repente también se da cuenta; Lang Junxia nunca le ha dicho qué tipo de persona era antes de que se conocieran. Duan Ling se lo preguntó muchas veces, pero los labios de Lang Junxia estaban tan sellados como una jarra tapada, y nunca habló de su pasado.
—Pero Lang Junxia me trata muy muy bien —termina Duan Ling—. Su historia no debe ser tan mala. Él es… síp, para mí, es una buena persona.
Aunque Duan Ling está muy triste por separarse de Lang Junxia, se está acostumbrando bastante rápido a la llegada de Li Jianhong. Lang Junxia solo lo había hecho estudiar y se ocupaba de sus necesidades diarias, pero nunca le había enseñado a comportarse y a tratar con la gente; en comparación, Li Jianhong habla demasiado. Durante la cena, le dice a Duan Ling que no hable mientras mastica y que espere a tragar antes de responder. Con paciencia, contesta a cada pregunta que le hace, reflexionando desde el principio y brindando respuestas completas, sin limitarse a aplazar su duda con un «no preguntes, ya lo entenderás en el futuro».
Después de cenar, Li Jianhong se sienta junto al pozo en el lugar de Lang Junxia, para sacar agua y lavar los platos, e incluso lava la ropa de Duan Ling como si fuera algo natural, lo que debería estar haciendo. Duan Ling descansa un rato y prepara té para Li Jianhong. De repente, se le ocurre que Li Jianhong puede necesitar bañarse, así que va a buscar un jabón de acacia de tres espinas y otros artículos de baño, encuentra una bata nueva que Lang Junxia aún no se había puesto y espera a que Li Jianhong termine para ir juntos a la casa de baños.
Las casas de baños de Shangjing están abiertas toda la noche. Preparar una bañera en invierno no es fácil, así que Lang Junxia solía traer a Duan Ling aquí con frecuencia. Hay frutas secas para picar, vino de arroz fermentado[1] para beber y un cuentacuentos en la planta baja. Duan Ling conoce bien el lugar; entra de la mano de Li Jianhong, se pone de puntillas para contar el dinero que necesitan en el mostrador y pide a unos trabajadores que entren a tallarlos más tarde. Li Jianhong se limita a observarlo desde unos pasos atrás con una mirada sonriente.
Li Jianhong mira hacia un salón bien iluminado.
—Tu padre no necesita que lo tallen, no hace falta que le pidas a nadie que entre.
Pensando que Li Jianhong no está acostumbrado a que otros lo atiendan, Duan Ling se dispone a tallarlo él mismo, pero cuando Li Jianhong se desviste y deja ver su cuerpo desnudo, Duan Ling no puede evitar sentirse bastante conmocionado.
Li Jianhong está cubierto de cicatrices, de tajos de cuchillo, de puntas de flecha. Una larga cicatriz de espada atraviesa su bien definido abdomen, una cicatriz de flecha marca su pecho y una pequeña parte de su ancha espalda muestra signos de haber sido quemada.
Li Jianhong deja escapar un largo suspiro mientras se reclina en el cálido estanque. Son los únicos dentro. Con una toalla áspera en las manos, Duan Ling no sabe cómo comenzar, pero Li Jianhong le dice:
—Tu padre lucha mucho con la gente, por eso se ha hecho tantas heridas. No tienes porqué asustarte, hijo mío.
—¿Cómo… te hiciste esto? —Duan Ling pone su mano bajo las costillas de Li Jianhong.
—Ese corte de sable quedó del intento de asesinato de Nayantuo.
—¿Quién es Nayantuo?
—Dicen que es el mejor espadachín de Xiyu, pero ahora es hombre muerto —contesta casualmente Li Jianhong—. Una espada por su sable; él me apuñaló bajo las costillas, yo lo apuñalé en la garganta. Bastante justo.
—Entonces, ¿qué hay de esta?
Li Jianhong se vuelve hacia un lado.
—Combate cuerpo a cuerpo con soldados mongoles bajo Yubiguan. Jebe[2] disparó una flecha justo a través de mi armadura y dejó esta marca.
—¿Qué le pasó a Jebe? —pregunta Duan Ling.
—Huyó. Aún vive. Pero no mucho más. Ese parche en mi espalda fue quemado con petróleo crudo[3], puedes restregarlo tan fuerte como quieras, no se pelará.
Duan Ling cuenta en silencio todas las cicatrices del cuerpo de Li Jianhong mientras lo talla. La piel desnuda de Li Jianhong parece estar unida por muchos parches, pero a Duan Ling no le asusta en absoluto, como si cada cicatriz, al combinarse con su físico robusto y varonil, no hiciera sino completar una estética especial de fuerza.
—¿Ves esto, hijo mío? —Li Jianhong gira la cara para mostrarle a Duan Ling el rabillo del ojo. Li Jianhong tiene un puente nasal recto y alto, una nariz hermosa, y su piel es de un saludable color cobrizo, pero hay una tenue cicatriz en el rabillo de su ojo, como si hubiera sido golpeado antes.
Duan Ling pasa sus dedos por el rabillo del ojo de Li Jianhong.
—¿Cómo te la hiciste?
—Esta es algo maravilloso que tu madre hizo —responde Li Jianhong con una sonrisa, y busca en la bandeja de té colocada junto a la bañera un trocito de leche cuajada[4] y se lo ofrece a Duan Ling. Con un brazo lo acerca a él, juntan sus frentes y frota suavemente su cabeza contra la de Duan Ling.
Duan Ling piensa que se siente bonito; Li Jianhong rodea a Duan Ling con un brazo para estrecharlo y se sumergen en el agua, piel con piel.
—¿Por qué? —inquiere Duan Ling.
—Le dije que se fuera y no quiso. Aquella noche me golpeó en la cara con un jarrón de la tienda del rey Xiongnu Ke’ersu; fue realmente despiadada. ¿No crees que tú y tu madre se parecen un poco? Por lo general, completamente inofensivos, pero acorralados son capaces de casi cualquier cosa.
Duan Ling se calla un momento antes de insistir:
—¿Y luego qué? ¿Le devolviste el golpe?
—Por supuesto que no. ¿Cómo podría pegarle?
Li Jianhong lanza un suspiro, abrazando a Duan Ling como si sostuviera todo su mundo entre sus brazos.
—¿La viste alguna vez, hijo mío? —pregunta Li Jianhong.
—No. —Duan Ling se gira y apoya la cabeza en el pecho de Li Jianhong.
Tras bañarse, Li Jianhong se pone una túnica del color de la hierba primaveral, la de Lang Junxia; le queda un poco pequeña. La pareja de padre e hijo regresa a casa con la brisa primaveral serpenteando por pequeños callejones. Li Jianhong lleva a su hijo a la espalda y camina despacio por los senderos empedrados de losas. En este radiante y tardo día de primavera, Shangjing parece una señorita recién despertada, que se despabila lánguidamente del sueño.
Las flores de peral van de un lado a otro bajo la luz de la luna, cayendo sobre un sendero vacío y silencioso.
—Papá. —Duan Ling está un poco adormilado sobre la espalda de Li Jianhong.
—Sí. —Li Jianhong parece perdido en sus pensamientos.
Hoy es el primer día que Duan Ling se encuentra con Li Jianhong y empieza a conocerlo, pero se da cuenta de que, extrañamente, parece que ya se conocen. Es una especie de familiaridad en la que no hace falta intercambiar palabras; una intimidad suave y continua, una conexión profunda que parece grabada a fuego en sus almas. Nunca han necesitado presentarse, nunca han necesitado interrogarse el uno al otro, como si durante los últimos trece años Li Jianhong hubiera estado al lado de Duan Ling todo este tiempo: no estaba cuando Duan Ling se levantó por la mañana, pero eso es solo porque había salido a comprar comida, y cuando llega la noche, ahí está.
Y la razón por la que todos sus problemas se han sentido como si lo hubieran abandonado es porque se siente muy seguro ahora mismo: es la certeza de saber que una vez que Li Jianhong lo ha encontrado, jamás lo dejará, como si en todo este ancho mundo, en el momento en que Duan Ling nació Li Jianhong tuviera que seguirlo, y vivir dentro de su mundo.
—Papá, ¿cuántos años tienes? —pregunta Duan Ling sin pensar.
—Veintinueve. El año que conocí a tu madre no era mucho mayor que tú ahora. Acababa de cumplir dieciséis.
—¿Mi madre era hermosa?
—Por supuesto que era muy hermosa. Cuando sonreía, hasta la nieve del permafrost se derretía; toda la inmensidad de un desierto vacío se convertía en Jiangnan. Aquel año, bajo el manantial de Qixue[5], me enamoré de ella a primera vista. Si no, ¿por qué existirías tú? —dice suavemente Li Jianhong.
—Entonces…
—¿Mn?
Duan Ling no continúa preguntando. Tiene la sensación de que no debería preguntar más; su padre podría sentirse triste.
—¿Te trataron mal los Duan cuando estabas en Runan? —pregunta Li Jianhong.
Duan Ling calla y miente:
—No, sabían que ibas a venir. Se portaron muy bien conmigo.
Li Jianhong demuestra que le ha oído con un «mn» antes de decir:
—Lang Junxia me ha traicionado tres veces y ha matado indirectamente a varias decenas de miles de personas. Toda su vida se ha visto lastrada por su propia naturaleza: hace con demasiada facilidad lo que le apetece sin tener en cuenta las consecuencias. Al fin y al cabo, si no fuera por una idea suya pasajera, tu madre y yo, y tú también, no habríamos estado separados durante tantos años.
Duan Ling escucha en silencio.
—Por suerte aún conserva su humanidad, y finalmente te sacó de Runan. Supongo que esa cadena del karma está destinada a ser. Le prometí que si te mantenía a salvo se redimiría. De lo contrario, mi espada Sin Nombre lo perseguiría hasta los confines de la tierra. Nunca sería capaz de volver a mostrar su rostro.
Duan Ling se siente como si acabara de oír hablar de un Lang Junxia que nunca había conocido, y apremia:
—¿Qué hizo?
—Es una larga historia. —Li Jianhong piensa en esto—. Te contaré toda la historia cuando tengamos tiempo. Si todavía lo consideras tu confidente una vez que conozcas toda su historia, por supuesto que no te obligaré a no hacerlo. ¿Quieres oírla ahora?
La verdad es que Duan Ling no se atreve a creerlo, pero cree que su padre no le mentirá, por lo que solo puede asentir.
—Debes estar muy cansado hoy —dice Li Jianhong—. Duerme.
Una vez en casa, Li Jianhong lo deja en el sofá cama, pero Duan Ling sigue agarrado a su manga, mirándolo fijamente.
Li Jianhong piensa un segundo y comprende lo que Duan Ling no dice en voz alta, así que sonríe, se desata la túnica y, desnudo hasta la cintura y vestido solo con unos calzoncillos que le llegan a las rodillas, se acuesta junto a Duan Ling.
Duan Ling rodea con los brazos la cintura de Li Jianhong, apoya la cabeza en su brazo y se queda dormido.
El viento azota los pinares, y el sonido le trae a la mente el aura asesina de un ejército y la devastación que causa; a medianoche, el lejano campo de batalla, las salpicaduras de sangre fresca y los gruñidos de dolor de sus compañeros de armas momentos antes de morir una vez más se materializan en una pesadilla interminable que lo acosa en un instante.
Li Jianhong suelta un fuerte grito mientras se despierta con un violento sobresalto y se incorpora.
—¡Papá! —Sobresaltado, el corazón de Duan Ling late enloquecido mientras se levanta frenéticamente para encontrar a Li Jianhong cubierto de sudor, sentado en la cama hiperventilando.
—¿Papá? —pregunta Duan Ling, preocupado—. ¿Estás bien?
—Tuve una pesadilla —dice Li Jianhong con miedo persistente—. Estoy bien. ¿Te asusté?
—¿Qué soñaste? —Duan Ling también solía tener pesadillas frecuentes cuando era pequeño: soñaba que le pegaban. Pero a medida que crecía, la sombra de lo que experimentó en Runan se ha desvanecido.
—Matanza. —Li Jianhong tiene los ojos cerrados—. Y soñé con mis subordinados muertos.
Duan Ling presiona con los dedos el meridiano de triple calor de Li Jianhong para ayudarlo a calmarse antes de que pueda volver a acostarse lentamente, manteniendo los ojos abiertos, ensimismado en sus pensamientos.
Y Duan Ling se acurruca entre sus brazos, con la cabeza apoyada en el pecho de Li Jianhong, jugando con el arco de jade que cuelga de su cuello.
—Mejorará con el tiempo —dice Duan Ling.
—¿Tú también tienes pesadillas a menudo? —Li Jianhong ya se ha recuperado.
—Antes. —Duan Ling juega con el arco de jade, sus ojos fijos en él.
—¿Qué soñabas?
Duan Ling vacila, no está seguro de si debe contarle a Li Jianhong que fue golpeado en Runan. Después de todo, todo eso pertenece al pasado.
—Con mamá —dice Duan Ling, finalmente.
—Nunca has visto a tu madre, así que probablemente soñabas con el dolor de tu nacimiento. El nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte son sufrimientos. Todos se disiparán con el tiempo.
—Ya no tengo pesadillas. Mañana te compraré ingredientes medicinales para calmar el corazón. Te sentirás mejor después de tomar una decocción.
—Y pensar que alguien de nuestra familia es realmente un experto en las artes medicinales. —Li Jianhong comienza a sonreír, y poniéndose de lado estrecha a Duan Ling en sus brazos, y estando nariz con nariz, le pregunta—: ¿Qué quieres hacer cuando seas mayor? ¿Quieres ser médico?
—No lo sé. Lang Junxia dijo…
Duan Ling iba a decir que Lang Junxia le dijo que tenía que tomarse en serio sus estudios y lograr grandes cosas en el futuro, que no debía decepcionar a su padre, pero Li Jianhong le dice:
—Hijo mío, no tienes que preocuparte por lo que digan los demás. Puedes hacer lo que quieras cuando seas mayor.
Es la primera vez que Duan Ling oye algo así. Antes, cuando estaba en el Salón Ilustre, desde el director hasta los sirvientes creían que «el agua fluye a los lugares bajos, y la gente va a los lugares altos; dominar las habilidades literarias y marciales es para beneficiar a la familia imperial». Ya que tenemos la suerte de encarnar como seres humanos, debemos tener grandes ambiciones.
Li Jianhong le alisa el flequillo a su hijo y lo mira a los ojos.
—Hijo mío, si quieres practicar la medicina o aprender las artes marciales, o incluso si simplemente quieres dedicarte al budismo y convertirte en monje, pidiendo limosna, todo está bien mientras seas feliz.
Duan Ling se echa a reír. Nadie le había dicho antes que podía hacerse monje si quería.
Con aspecto perfectamente serio, Li Jianhong le dice:
—Por lo que me dijiste por la tarde parecía que sabías de lo que hablabas, así que supongo que prefieres divertirte. ¿No quieres ir a la escuela?
—La cuestión no es si quiero o no quiero. —Duan Ling se lo piensa un poco—. Tengo que estudiar, pero me gusta más la jardinería.
Li Jianhong asiente.
—Bueno, si te conviertes en jardinero también está bien.
—El director dijo que todas las ocupaciones son básicas excepto el aprendizaje de libros[6].
—Aprender de los libros está bien. —Li Jianhong lanza un suspiro—. Pero si realmente no quieres, papá no te va a obligar. Papá solo quiere que vivas una vida feliz.
—Entonces cambiaré de profesión mañana mismo y me haré jardinero. —Sonriendo, Duan Ling cierra los ojos y se pone en el párpado el arco de jade que cuelga del cuello de su padre, caliente por la piel de Li Jianhong.
Li Jianhong le dedica una pequeña sonrisa, y abrazando a Duan Ling, cierra los ojos, inclinando la cabeza para oler el fresco aroma de la acacia de tres espinas en su cabello.
Duan Ling se duerme antes de darse cuenta, y ya es de día cuando vuelve a abrir los ojos. Li Jianhong está entrenando fuera, en el patio, sin camiseta, blandiendo un largo bastón con tanta rapidez que silba en el aire, formando remolinos de pétalos de melocotón que vuelven a salir volando en un instante.
Duan Ling sale de la habitación bostezando. Li Jianhong guarda el bastón largo y empieza a hacer una serie de movimientos con las palmas: cruzar las muñecas, empujar hacia delante, girar ambas palmas hacia arriba y hacia abajo. Su expresión de concentración es extremadamente apuesta.
Después de que Duan Ling haya observado durante un rato, Li Jianhong vuelve a acercar las palmas al centro.
—¿Quieres aprender?
Duan Ling asiente, así que Li Jianhong empieza a enseñarle un movimiento, una forma cada vez. Duan Ling dice:
—Pero no he practicado antes la postura del caballo. No tengo ninguna base.
—Oh no te preocupes por nada de eso, mientras te diviertas está bien.
Duan Ling no sabe qué decir.
Duan Ling emula a Li Jianhong y repasa toda la serie de movimientos; Li Jianhong tampoco le dice si lo ha hecho bien, solo lo atiborra de conocimientos básicos y le dice:
—Es suficiente. Aprende un poco y, si te interesa, volveremos a ello más adelante. Esto se llama «lo profundo explicado en términos sencillos».
Duan Ling se ríe en voz alta; la personalidad de su padre le resulta muy de su agrado. Un poco agotado por el entrenamiento, Li Jianhong sabe que deben empezar a desayunar. Después de desayunar, Duan Ling suele esperar esa frase para ir a estudiar como hace siempre, pero Li Jianhong no parece dispuesto a apresurarlo.
—Papá, quiero ir a cuidar las flores.
Li Jianhong le indica que puede ir, y Duan Ling va al parterre a juguetear con sus plantas. Entonces Li Jianhong corta un poco de bambú para hacerle un canal de bambú con el que regar sus plantas.
Sin nadie que lo supervise ni lo exhorte, Duan Ling se siente un poco inquieto. Después de ocuparse distraídamente de algunas tareas por un rato, vuelve corriendo a estudiar de nuevo.
—¿Te remuerde la conciencia? —pregunta Li Jianhong, sentado fuera del estudio con una taza de té en la mano, mirando las nubes blancas que pasan.
Duan Ling solo puede responder:
—Mn, no me siento del todo tranquilo.
—Parece que estudiar es lo que quieres hacer después de todo.
Duan Ling se siente algo avergonzado. Y así Li Jianhong empieza a vivir en la mansión. Nunca obliga a Duan Ling a hacer algo; él puede hacer lo que quiera, aunque lo que quiera hacer no sea más que sentarse a tomar el té. Pero Duan Ling siempre ha sido así: si lo presionan o lo obligan, no lo hará; sin embargo, si nadie lo anima, se aburre. Por lo tanto, sin que Li Jianhong tenga que insistirle, estudia de forma voluntaria todos los días. De vez en cuando, también imita a Li Jianhong y aprende algunos movimientos de palma.
Li Jianhong, en cambio, parece incapaz de separarse de Duan Ling en absoluto. Aunque solo salga a comprar, siempre debe tenerlo a su lado, casi sin perderlo de vista. Duermen juntos por la noche y permanecen en la misma habitación durante el día.
Además, Li Jianhong siempre está pensativo. Un día, Duan Ling finalmente no puede evitar preguntarle al respecto.
—Papá —dice Duan Ling—. ¿En qué estás pensando?
—Pensando en ti, hijo mío.
Duan Ling se ríe y deja los libros para acercarse a él. Entre las cejas de Li Jianhong parece haber un nudo que no puede desatarse, lleno de problemas que no logra resolver. Pero cuando mira a Duan Ling, sus ojos son muy amables.
—Eres infeliz. —Duan Ling pone sus manos en las mejillas de Li Jianhong y le gira la cabeza de izquierda a derecha—. ¿Tienes algo en mente?
Él puede sentirlo. Aparte de los primeros días después de conocerse, Li Jianhong parece tener siempre algo en mente.
—Sí. Tu padre ha estado preocupado por lo que puede darte.
Duan Ling, con una sonrisa, dice:
—Quiero comer los dumplings de jaspe en los Cinco Ríos al Mar.
—Bueno, entonces por supuesto que tendremos que ir. —Li Jianhong se prepara para llevar a Duan Ling a comer algo bueno. Toma la mano de Duan Ling—. Pero los bocadillos no son todo lo que tengo en mente.
Duan Ling mira a Li Jianhong con perplejidad.
—¿Quieres ir a casa, hijo mío? —le pregunta Li Jianhong.
Duan Ling lo entiende ahora. Al igual que lo que ha oído antes en el Salón Ilustre, todos los han quieren volver a casa.
—Papá quiere darte algo que debería haberte pertenecido desde el principio.
—Ya estoy bastante satisfecho. Debemos estar contentos con nuestra suerte. Lang…
De cara al patio, Duan Ling estuvo a punto de llamar a Lang Junxia, pero entonces recuerda que ya se ha ido, así que solo puedo decir abatido:
—Oh, aún no ha vuelto.
Ya ha pasado mucho tiempo desde que Lang Junxia se fue, pero Duan Ling sigue acostumbrado a pensar que todavía está en casa. ¿A qué lo han enviado? Ha pasado tanto tiempo, ¿por qué no ha vuelto todavía? Puede sentir que a su padre realmente no le gusta que siga hablando de Lang Junxia.
Cada vez que Duan Ling lo menciona, Li Jianhong muestra ciertos celos.
—¿Cuándo volverá Lang Junxia? —La pregunta diaria de Duan Ling ha cambiado de «¿cuándo volverá mi padre?» a esta.
Y Li Jianhong le responde:
—Está preparando un nuevo hogar, para poder darte la bienvenida.
[1] En Taiwán, el arroz glutinoso fermentado, o Jiuniang, es un alimento para el desayuno que se come como el congee. También es ligeramente alcohólico, muy dulce y un poco ácido, y muy delicioso.
[2] Jebe fue uno de los generales más famosos de Gengis Kan.
[3] La palabra 火油 / “aceite de fuego” en términos modernos significa queroseno, pero durante gran parte de la historia imperial se refería al petróleo crudo utilizado como arma. En la época de los Song del Norte, ya había constancia de que se refinaba para darle una forma más pura y fuerte, pero seguía registrándose que solo se usaba para la guerra.
[5] Literalmente “el estanque que lloró sangre”. No es un lugar real, pero aparece en Yingnu, otro de los libros de este universo.
[6] Esta frase procede de la Poesía de los Prodigios, recopilada durante la dinastía Song del Norte. Es muy fácil de leer, y de ella proceden muchos proverbios comunes y modismos de cinco caracteres.
