Jochi se sume en el silencio. Li Jianhong atrae a Duan Ling hacia sí y, abrazándolo, se recuesta contra la pared, cerrando los ojos para descansar un poco sin dormirse, preparándose para el segundo asalto de su huida al amanecer.
Duan Ling se queda dormido en algún momento y, al despertar, se encuentra acurrucado en el regazo de Li Jianhong. Desde su posición, divisa a Batú, que ha estado despierto todo este tiempo. Al pensar en la inminente separación y en la posibilidad de que acaben en extremos opuestos del mundo y que nunca volverán a verse, una profunda melancolía inunda su corazón.
Batú ha estado esperando que Duan Ling despierte, y ahora que lo ha hecho, le hace señas. Entonces se agacha, pensando que puede arrastrarse hasta él por debajo de la mesa. Duan Ling también se libera del abrazo de Li Jianhong y asoma la cabeza por debajo de la mesa, pero ya han crecido: ya no son los niños de antaño, y el espacio debajo de la mesa ya no puede albergar sus cuerpos semi-desarrollados.
Batú sostiene una daga de hueso envainada y, manteniéndola en posición longitudinal, la empuja hacia Duan Ling por debajo de la mesa.
Duan Ling lo mira en silencio.
Batú suelta la daga y, con un movimiento de su dedo, la desliza hacia Duan Ling, indicándole que la tome.
Duan Ling no sabe qué hacer, ya que no trajo nada que pueda regalarle a Batú a cambio. Después de todo, no estaba planeando despedirse de él en estas circunstancias. Batú lo mira con seriedad, y Duan Ling duda un buen rato antes de finalmente poner su mano sobre la daga y tomarla.
Jochi se despierta de repente. Agarra a Batú por el cuello de la camisa y lo arrastra hacia atrás, haciéndole saber que debe quedarse quieto y no causar más problemas. Las mejillas de Batú se ponen coloradas, y forcejea repetidamente.
Li Jianhong también abre los ojos. Duan Ling se siente muy aprensivo y quiere devolver la daga de hueso, pero Li Jianhong le dice:
—Tómala. Es una promesa.
Un rayo de luz del amanecer baila en el pabellón de los libros. Li Jianhong se levanta.
—Vámonos.
Una raya blanca como la barriga de un pez bordea el cielo al amanecer. En el patio trasero del Salón Ilustre, Li Jianghong saca el carro para transportar las necesidades diarias. Hace subir primero a Batú, lo cubre con heno y se pone él mismo un sombrero de bambú. Jochi se detiene junto al carro y guarda silencio durante un rato, hasta que al final levanta una mano.
Li Jianhong también levanta una mano; los dos se golpean las palmas tres veces. Jochi sube al carro de un salto y se arrastra hasta el montón de heno.
Li Jianhong salta al carro. Al notar la mirada curiosa de Duan Ling, le explica:
—Juntas las palmas de las manos para hacer un voto. Significa que nunca faltarás a tu palabra.
—¿Qué acordaron ustedes dos? —pregunta Duan Ling.
De alguna manera, el caballo de Li Jianhong ya los estaba esperando en el callejón trasero. Lo engancha al carro, hace restallar el látigo y luego, inclinándose le dice en voz baja a Duan Ling:
—Cuando vuelvan a su territorio, el padre de Batú desplegará parte de sus tropas, se acercarán al monte Jiangjun y ocuparán el territorio de Liao.
—¿Y entonces? —Duan Ling tiene una vaga idea de que Li Jianhong se está preparando para una gran empresa.
—Tu padre usará esto para hacer un trato con Yelü Dashi —dice Li Jianhong despreocupadamente—. Parece que hoy necesitaremos un poco de suerte para atravesar las puertas de la ciudad. Veamos cómo el cielo planea tratarnos. ¡Jía!
Li Jianhong se acerca a las puertas de la ciudad con un carro cargado de heno tirado por caballos. Vehículos y caballos pululan por las puertas en cuanto se abren por la mañana; los mercaderes ambulantes de afuera quieren entrar, la gente de adentro quiere salir lo antes posible, abarrotando la calle con tal densidad que resulta hermética. Los guardias interrogan a todo el mundo e incluso revisan individualmente la carga de cada vehículo.
—Esperaremos aquí —dice Li Jianhong—. Que vayan primero.
Detiene el carro fuera del camino. Li Jianhong se cala el sombrero sobre la cara y mira fijamente al guardia desde la distancia, mientras se extiende un puñado de cobres en la mano para contarlos uno a uno.
—¿Quieres comprar el desayuno? —le pregunta Duan Ling.
—No, estas son armas ocultas —responde Li Jianhong, extendiendo los dedos, y luego, con un movimiento de agarre, esconde las monedas en la palma de la mano.
Al oír eso, Duan Ling se da cuenta de que Li Jianhong pretende abrirse paso por la fuerza. Dice nervioso:
—Sin duda nos perseguirán.
—Si nos quedamos sin opciones, este es el último recurso —le dice Li Jianhong a Duan Ling—. Cuando haces algo, debes prever todas las posibilidades.
Li Jianhong parece estar esperando a alguien, hasta que un carruaje entra en su campo de visión.
Ha visto ese carruaje antes; está bellamente decorado. Es el carruaje del Viburnum, que viene de la calle principal de camino a la salida de la ciudad. Li Jianhong levanta ligeramente las cejas.
—¿Es el carruaje del Viburnum? —Li Jianhong está un poco sorprendido.
—Sí, son amigas de Lang Junxia. ¿Las conoces también, papá? —dice Duan Ling.
Li Jianhong piensa para sí un momento antes de decir:
—El Viburnum… De acuerdo entonces, es un riesgo que vale la pena correr. Hijo, entra en ese carruaje y enséñale algo a la persona sentada dentro.
Duan Ling termina de escuchar las instrucciones de Li Jianhong, salta del carro y corre hacia el carruaje del Viburnum. Li Jianhong se baja el sombrero, tapando la mitad de su apuesto rostro.
La cortina del carruaje se abre, dejando entrar a Duan Ling.
Pero la persona sentada dentro no es Ding Zhi sino una joven dama de clase alta.
—¿Quién eres? —pregunta Duan Ling sin comprender.
—Debería ser yo quien te preguntara eso. ¿Quién eres tú? —dice la dama.
—Pfft. —La muchacha que está al lado de la dama se echa a reír—. ¿Qué haces? ¿Has subido aquí sin motivo y ni siquiera sabías quién está sentada en el carruaje?
Duan Ling duda un momento. Quizá sea porque es guapo, con rasgos tan delicadamente pulidos como el jade fino, por lo que la dama no lo ahuyenta. Se limita a mirarlo atentamente, escrutando sus facciones.
—Mi padre me dijo que viniera aquí para enseñarte algo —dice Duan Ling, sintiéndose un poco incómodo mientras saca el cordón rojo de debajo de su solapa. Abre la bolsa bordada y saca el arco de jade blanco para enseñárselo.
La señora se calla de repente y su rostro se vuelve mortalmente pálido; se le corta la respiración y, casi sin resuello, dice temblorosa:
—¿Qué… qué acabas de decir? ¿Tu padre? Tú serías…
—Solo puedes mirar, no tocar. —Duan Ling nota que la mano de la dama tiembla al extenderla hacia él, y gira el arco de jade de un lado a otro para mostrárselo antes de guardarlo cuidadosamente en cuanto puede.
—¿Madame? —pregunta la muchacha, preocupada.
—A mi papá le gustaría que lo ayudaras con algo.
Entonces Duan Ling levanta cortésmente las manos por encima de la cabeza y hace una reverencia formal a la dama.
Ella se apresura a decir:
—Me halaga, joven. Solo tiene que dirigirse a mí como madame.
Y cuando termina de hablar, se levanta de su asiento, alisa los pliegues de su vestido bordado y devuelve la reverencia.
Poco después, el carruaje del Viburnum se pone de nuevo en marcha. Ha cambiado de dirección, y el carro lleno de heno de Li Jianhong lo sigue ahora de cerca.
Cuando atraviesan las puertas de la ciudad, una mano delgada y pálida se extiende desde el carruaje del Viburnum sosteniendo una ficha que autentifica su identidad.
—El carro que viene detrás nos ayuda a transportar mercancías.
La cortina se abre, mostrando el perfil de la madame, que se limita a echar una mirada a los guardias antes de que éstos asientan y se aparten a ambos lados para dejar paso. Li Jianhong conduce el carro sin prisas detrás del carruaje y abandonan la ciudad sin problemas.
Al llegar a la carretera, Duan Ling baja del carruaje y corre hacia Li Jianhong, que se inclina cerca de su oído para enseñarle algunas cosas más que decir, por lo que Duan Ling vuelve a colocarse delante del carruaje.
—Mi papá me ha dicho que está muy agradecido por su ayuda. Cuando vuelva a Shangjing se asegurará de pasar por el Viburnum a tomar algo.
—No hay de qué. —La madame se apresura a abrir la cortina y se dispone a bajar, pero Duan Ling la detiene, diciéndole lo que Li Jianhong le instruyó—: No es seguro permanecer aquí mucho tiempo, así que vamos a ahorrarle la molestia, madame.
—Buena suerte para usted, joven —dice la madame con confianza—. Los cielos bendigan a nuestro Gran Chen.
Duan Ling la mira en silencio, perplejo.
Todo a los alrededores está coloreado en primavera; las oropéndolas vuelan sobre las largas hierbas. En las hileras de juncos en flor que se mecen al final de los campos abiertos, sus flores algodonosas parecen estrellas en la ilimitada vía láctea, revoloteando a través de esta vivaz estación. Pero en esta brillante y hermosa luz del sol, Duan Ling puede sentir vagamente algo de dignidad y esperanza.
—Los cielos bendigan a nuestro Gran Chen —se dice Duan Ling, como si las propias palabras contuvieran una fe incuestionable.
—Salgamos —dice Li Jianhong.
Tras haberse esforzado demasiado durante toda la noche, Batú y Jochi están más que fatigados y descansan apoyados en el lateral del carro. Duan Ling vuelve al asiento del conductor para recostarse en el regazo de Li Jianhong. De vez en cuando mira detrás de él, pero le parece que Batú no tiene intención de volver a hablarle. El carro avanza tambaleándose y, con la brisa primaveral, Duan Ling también se va quedando dormido poco a poco.
Mientras yace en un profundo sueño, oye la voz de Batú.
—No lo despierte.
Duan Ling se da la vuelta y, en su aturdimiento, siente que alguien le toca la cabeza.
No sabe cuánto tiempo ha pasado cuando vuelve a despertarse. El carro lleno de heno está aparcado en una pendiente, y Li Jianhong está acostado en la cama del carro con una paja de hierba en la boca, mirando lánguidamente el luminoso cielo primaveral y sus nubes blancas y puras.
La suave brisa primaveral acaricia sus mejillas; Duan Ling bosteza, se estira y se despierta lentamente en brazos de Li Jianhong. Este le besa cariñosamente la frente.
—¿Dónde está Batú? —Con un respingo, Duan Ling se despierta completamente.
—Se ha ido. —Li Jianhong apoya su brazo sobre los hombros de su hijo—. Ese niño bárbaro quiere que seas su anda. Eso sí que es pensar por adelantado.
—¿Qué es un anda? —pregunta Duan Ling.
—Significa que viven y mueren juntos. Menos mal que no teníamos nada bueno con lo que comerciar, si no, nos habrían timado.
Duan Ling se siente un poco abatido.
—Papá, ¿volveré a ver a Batú?
—Todo en el mundo se rige por un conjunto de leyes regidas por el destino. Cualquier encuentro fortuito es como una ráfaga de viento; las personas son como las nubes que ves sobre ti: hay un momento para que se encuentren y otro para que se separen. Van y vienen; ya harás más amigos. No hay por qué sentirse triste.
Duan Ling responde con un tarareo afirmativo. No sabe cómo, pero al oír a Li Jianhong decirlo así, se siente un poco mejor.
—¿Tú también me dejarás? —De repente, Duan Ling se siente aún peor.
Li Jianhong se carcajea.
—Antes de responder a eso, tendrás que pagarme ese favor.
Duan Ling lo mira sin comprender.
Entonces recuerda, «oh, cierto», y entonces solo puede preguntar:
—¿Qué quieres?
Li Jianhong mira a Duan Ling de arriba abajo y se ríe.
—¿Por qué estás tan ansioso? ¿Planeas matar a tu querido padre?
Duan Ling estalla en carcajadas: Li Jianhong le parece demasiado divertido. Pronto, Li Jianhong vuelve a hablar:
—Ven aquí, agarra un tallo seco y límpiale las orejas a tu papá.
Así que Duan Ling arranca un tallo seco, hace que Li Jianhong apoye la cabeza en su muslo y empieza a limpiarle las orejas atentamente. Li Jianhong tiene los ojos cerrados, y parece como si se hubiera dormido o estuviera pensando en algo.
—Hijo mío.
—Sí.
—¿Qué piensas de las habilidades de tu papá?
—Son asombrosas —lo elogia Duan Ling desde el fondo de su corazón.
—Con unas habilidades tan asombrosas puedo vivir como quiera, así que por supuesto no voy a dejar a mi hijo, si no, ¿para qué sirve aprender todo eso?
Con una cara perfectamente inexpresiva, Duan Ling dice:
—Si vas al Viburnum a tomar copas, conocerás chicas, y una vez que conozcas chicas, te volverás a casar, y si te vuelves a casar tendrás un bebé, entonces obviamente ya no me querrás.
Li Jianhong da un ligero respingo.
—Niño, ¿estás celoso?
Duan Ling se ríe; incluso a él le parece un poco embarazoso, pero no lo dice en serio. Por supuesto, Li Jianhong también sabe que no habla en serio.
Sin embargo, responde a la pregunta con seriedad.
—No lo haré —dice él con indiferencia—. Papá te lo debe. Nadie ocupará tu lugar jamás.
La mano de Duan Ling tiembla y Li Jianhong dice:
—Aiyoh, cuidado.
Todas las complicadas emociones que han estado llenando el pecho de Duan Ling se desvanecen como una bocanada de humo, y se inclina una vez más para limpiar cuidadosamente las orejas de Li Jianhong.
—En estos días,olvídate del harén —dice Li Jianhong—. Incluso nuestros propios hijos tienen que luchar entre sí por el favor, ah.
Duan Ling se queda sin palabras. Su padre sigue burlándose de él, pero Li Jianhong le dice solemnemente:
—Papá lo entiende. Yo también peleaba con tu cuarto tío por el favor de nuestro padre. Es demasiado normal.
—¿Cuarto tío? —repite Duan Ling.
Una vez que Duan Ling termina de limpiarle las orejas, Li Jianhong se sienta con cara de satisfacción; desengancha el caballo del carro, le da unas palmaditas en el lomo y le dice a Duan Ling:
—Puesto que ya estamos fuera, podemos irnos de excursión. ¿Quieres ir?
La atención de Duan Ling se distrae de nuevo y se alegra; sabe que Li Jianhong está diciendo esto porque lo más probable es que quiere ir a divertirse, e inmediatamente corre hacia él para que lo ayude a subir al caballo.
—¿Nos quedaremos fuera toda la noche? —le pregunta.
—Como tú prefieras.
—¿Vamos a nuestro hogar en el sur? ¿Nuestra antigua casa estaba en el sur?
—Sí, pero ya no es nuestra. ¿Quieres volver? ¿Te has quedado el tiempo suficiente en Shangjing para encontrarlo sofocante?
Duan Ling se sienta en el caballo con los brazos de Li Jianhong a su alrededor, y avanzan hacia el sur a galope tranquilo. Es un hermoso y radiante día de primavera, la brisa es suave y dulce, y todo en torno suyo está volviendo a la vida estacional. Li Jianhong lleva casi un mes en Shangjing. Este es su primer viaje largo fuera juntos.
—Entonces, ¿a dónde vamos?
—A encontrarnos con uno de los viejos amigos de papá. Tengo algunas preguntas que consultarle.
—¿Qué preguntas? —Duan Ling lo encuentra fascinante.
—Preguntas sobre el Mandato del Cielo[1] —responde Li Jianhong.
Duan Ling se queda pensativo.
[1]❤️🩹
