Duan Ling está demasiado emocionado. Cuando está con Li Jianhong, la vida es completamente sin ataduras. Por muy ingente que sea el mundo, son libres de hacer lo que quieran, sin tener que preocuparse nunca de nada, vayan donde vayan. Li Jianhong incluso le permite de vez en cuando dirigir el caballo y correr a sus anchas por las llanuras.
—¿Quieres montar a caballo tú solo un rato? —pregunta Li Jianhong, sonando realmente interesado.
Duan Ling tiene ganas de intentarlo: nunca ha montado a caballo por su cuenta, pero le da un poco de miedo si eso significa que Li Jianhong no estará allí para protegerlo.
—¡Vamos entonces! —Li Jianhong salta del caballo y casualmente lo golpea en los cuartos traseros.
El caballo relincha y sale disparado. Duan Ling se sobresalta tanto que empieza a gritar a pleno pulmón y se gira para clamar:
—¡Papá…!
Li Jianhong le hace señas con la mano. Silba con fuerza y el caballo de guerra salta junto a un arroyo y se aleja galopando a toda velocidad. Duan Ling sigue gritando una y otra vez; al principio le parece bastante emocionante, pero cuando vuelve a mirar hacia atrás, Li Jianhong no aparece por ninguna parte y de repente le entra el pánico. Intenta dar la vuelta al caballo, pero éste no escucha sus órdenes. Duan Ling grita, aterrorizado:
—¡Deja de correr! ¡Papá! ¡¿Dónde estás, papá?!
El caballo de guerra se adentra en el bosque y Duan Ling casi se cae. Lo abraza con fuerza y grita como si estuviera a punto de llorar:
—¡Papá! ¡¿Dónde estás?!
La cadencia del silbido sube, baja y se detiene. Li Jianhong aparece detrás de un árbol y lo mira alegremente.
Duan Ling está al borde del desmayo. Se baja enseguida del caballo y echa los brazos alrededor de Li Jianhong para envolverlo en un fuerte abrazo.
—Se llama Wanlibenxiao. —Li Jianhong le da una palmadita al corcel divino, que baja la cabeza, resopla y le da un golpecito a Duan Ling con la nariz. Duan Ling deja escapar entonces un suspiro de alivio.
—Es un caballo Wusun. —Li Jianhong sostiene la mano de Duan Ling, y toma las riendas con la otra mano mientras explica—: Tu padre salvó al rey de Wusun bajo el monte Qilin. Me dieron este caballo como agradecimiento.
—Corre muy rápido. Por poco me tira.
—En mi huida del desierto nevado, fue el que me salvó la vida.
A mediodía, Li Jianhong y Duan Ling se abren paso por el bosque cuando Duan Ling ve un montón de frutas que no reconoce.
—¿Qué es esto?
—Cereza de invierno. —Li Jianhong la mira de pasada—. Demasiado agria. No comas al azar frutas y setas silvestres al borde del camino. Cuanto más coloridas son, más probable es que sean altamente tóxicas.
—No me las comeré. ¿Y qué clase de árbol es este? —Duan Ling posee un extraordinario nivel de curiosidad, y con el tiempo ha descubierto algo bastante crucial: no importa la pregunta que le haga a Li Jianhong, se le dará una respuesta convincente, y no el típico «no preguntes, lo averiguarás en el futuro» de Lang Junxia.
—Álamo del desierto. Los jóvenes parecen sauces, pero una vez que se despliegan son extremadamente resistentes a la sequía.
Li Jianhong es casi omnisciente. Duan Ling piensa: «¿Para qué estoy estudiando? Si no entiendo nada solo tengo que preguntarle a papá».
—¿Vamos a dormir fuera esta noche? —pregunta Duan Ling.
—Bueno, eso no es posible —declara Li Jianhong con firmeza—. Con toda probabilidad, mi hijo debería poder conseguir una comida caliente en Huaide antes del atardecer.
—¿Dónde está Huaide?
—En un lugar en Xinzhou.
—¿Y dónde está Xinzhou? —Duan Ling es prácticamente ignorante del mundo.
—El emperador fundador de Liao eligió Shangjing como capital y estableció la carretera de Shangjing como una de las diecinueve carreteras principales. Hacia el sur por la carretera de Shangjing se va a Xinzhou; más al sur de Xinzhou y se llega a la gran muralla.
Duan Ling conoce sobre la gran muralla.
—Pasada la gran muralla llegarás a Yubiguan, y si después sigues hacia el sur llegarás a Zhili, entonces tomando la carretera a Hebei hacia el sur…
—Precisamente. —Li Jianhong esquiva una rama—. Llegarás a Shangzi, y Runan. Hoy en día todo eso es territorio Liao.
—¿Todo el Imperio chen está más al sur?
—Las tierras al norte y al sur del Yangtsé pertenecen a Chen. —Como si antiguos recuerdos hubieran sido llamados a la palestra, Li Jianhong lanza un suspiro—. En Xichuan, Jiangnan y Jiangzhou.
—Dijiste antes que volveríamos al Imperio chen, ¿verdad?
—¿De verdad quieres volver? —pregunta Li Jianhong.
Han salido del bosque antes de darse cuenta. Li Jianhong levanta a Duan Ling, lo ayuda a subir al caballo y cabalgan a lo largo del arroyo. A caballo, Duan Ling dice:
—El director dice que el sur es muy bonito. Lástima que yo nunca lo haya visto.
Duan Ling no tenía ni idea de que imaginar un lejano paraíso de flores de melocotón que nunca ha visto antes era demasiado agotador para él.
—Aquellos que viajan lejos son huéspedes, y todos extrañan su hogar. —Li Jianhong también se sube al caballo—. Los del sur extrañan el norte, los del norte extrañan el sur; todos los Han tienen la misma idea. Es verdad. El sur es muy bonito.
Poco a poco, los últimos cinco años que Duan Ling ha pasado en Shangjing le han ayudado a comprender muchas cosas. Se ha dado cuenta de que cuando los cascos de hierro de la caballería de Liao se dirigieron hacia el sur, los han tuvieron que abandonar su patria contra su voluntad. Cada han que vive en Shangjing se aferra a este último aliento con la esperanza desde el fondo de su corazón de regresar algún día al sur.
—¿Nuestra familia también se extinguió cuando los militares de Liao marcharon hacia el sur? —pregunta Duan Ling.
—¿Qué? —Esta pregunta ha interrumpido la línea de pensamiento de Li Jianhong. Debajo de ellos, su caballo trota, ni demasiado deprisa ni demasiado despacio. Li Jianhong palmea la cabeza de Duan Ling y responde—: Nuestra familia sigue por aquí, pero no quedamos muchos.
—¿Quién más hay? —Duan Ling nunca había pensado que él también tendría parientes, pero hoy de repente tiene la sensación de que es como cualquier otra persona: tiene un padre, una madre, tíos y tías y otros familiares, como ese «cuarto tío» del que hablaba su padre pero que él mismo nunca ha conocido.
—Tu cuarto tío y tu quinta tía todavía están por ahí. Ahora, papá te lo va a decir, pero guárdalo en tu corazón, hijo mío. No debes decírselo a nadie.
Duan LIng asiente, así que Li Jianhong prosigue:
—Tu papá es el tercero. Tenía un hermano mayor que murió antes de alcanzar la edad adulta. La segunda era una hermana mayor, no hija de la esposa principal, y también murió joven. Mi hermano menor, el cuarto, sigue en Xichuan. Aún no tiene hijos. Tu quinta tía se casó con alguien de Jiangnan
—¿Y tu papá?
—Sigue por ahí. Le gusta tu cuarto tío, pero yo no le gusto… ¡jía!
Por eso los sentimientos de Li Jianhong hacia el sur son tan complicados, Duan Ling lo entiende ahora. Al mismo tiempo, percibe la actitud evasiva de Li Jianhong hacia el pasado, por lo que, concienzudamente, no le hace más preguntas.
Al final de la primavera y el comienzo del verano, Jiangzhou se pavimenta de viburnos blancos como la nieve, con ocho flores al final de cada rama rebosantes de vida, sobre un solitario fondo de montañas primaverales y un cielo tan claro que parece recién lavado. De vez en cuando se elevan a lo lejos cometas multicolores, cuya imagen se refleja en el lago que parece un espejo, y cuando las cuerdas se enredan y se rompen, salen volando tras los pájaros para desvanecerse al final de los bosques montañosos.
Lang Junxia, vestido con una larga túnica azul celeste, guía a su caballo por el serpenteante sendero de tablas cuesta abajo. Pasa junto a la ciudad de Jiangzhou sin entrar, limitándose a detenerse en la orilla del río Yangtsé para recoger un puñado de agua del sur y beber antes de subir a un barco de larga distancia. El barco irá hacia el norte a lo largo del río, entrará en la provincia de Xichuan bajo el monte Yuheng, dando un rodeo por los difíciles caminos de Shu mientras se dirige hacia la capital de Chen del Sur.
Habla muy poco durante el trayecto; cuando los demás pasajeros desembarcan, él también se baja del barco para quedarse de pie junto a la orilla, agachándose para beber un puñado de agua. Tres meses después, Lang Junxia llega por fin a la ciudad de Xichuan.
Las murallas de la ciudad se visten de verde intenso, con un colorido tapiz vegetal. Cuando llegue el otoño estarán cubiertas de rosas de algodón en flor.
Una vez dentro de la capital nacional, Lang Junxia se dirige a una librería del cuadrante oeste. Hace girar la cerradura oxidada con facilidad; el interior está cubierto de polvo. Primero busca un lugar para que descanse el caballo y le da de comer un poco de heno, luego se desata el fardo de tela de viaje del hombro antes de empujar la puerta y entrar en la librería… y entonces sus pasos se detienen abruptamente.
Hay un asesino enmascarado de pie bajo la opaca luz del sol. Parece como si hubiera esperado a Lang Junxia durante mucho tiempo y, al mismo tiempo, que acabara de llegar.
El asesino es alto y de complexión robusta, con una altura de más de nueve pies; no parecería menos imponente si estuviera al lado de Li Jianhong. Con una espada en la mano, está plantado en el salón principal como una cordillera. Sus ojos, que asoman por encima de la máscara, miran fijamente a Lang Junxia.
—Saludos —pronuncia el asesino la primera frase.
Lang Junxia pone la mano en la empuñadura de la espada que lleva en la cintura.
—Me llamo Chang Liujun —pronuncia el asesino la segunda frase, y lentamente se lleva los dedos a la máscara, tirando de ella hacia abajo para revelar un rostro apuesto.
—He venido a matarte —termina Chang Liujun con la tercera frase.
Lang Juxia no espera a que Chang Liujun levante la mano antes de desenvainar su propia espada, pero Chang Liujun ya tenía preparada la suya; estaba esperando precisamente este momento para realizar su ataque preventivo. Lang Junxia solo consigue sacar su espada de su vaina a medias antes de que el Baihongjian de Chang Liujun suene en el aire, surgiendo de repente ante sus ojos una línea de fuerza de espada.
Este momento es lo más cercano a la muerte que Lang Junxia ha estado en toda su vida.
Y sin embargo, Chang Liujun, que lo tenía todo perfectamente planeado, nunca esperó que, incluso con un diseño tan meticuloso, Lang Junxia se las arreglara para escabullirse del único golpe que, sin duda, debería haber acabado con su vida. Lang Junxia levanta la mano izquierda y baja la derecha, y la Qingfengjian, desenvainada cinco centímetros, es devuelta bruscamente a su vaina. Con un estampido resonante, su qi interno surge en una ola y de inmediato inmoviliza la espada de Chang Liujun.
Lang Junxia paga caro este movimiento. A continuación, agarra la vaina con la mano izquierda y, con el impulso de girar para evitar la colisión, arrastra a Chang Liujun con él mientras da la vuelta; los dos invierten sus posiciones y cada uno saca una palma al mismo tiempo: Lang Junxia con la derecha y Chang Liujun con la izquierda.
La mano izquierda es, en última instancia, más débil que la derecha; cuando sus palmas se conectan, la forma rompedora de piedra de Chang Liujun es recibida por Lang Junxia con un contacto apenas perceptible, y luego, desactivándola con una fuerza suave, la redirige contra la pared. Con un fuerte estruendo toda la pared se derrumba bajo la fuerza de Chang Liujun.
De la mano derecha de Lang Junxia brota sangre, y atravesando la puerta se pierde en el abarrotado mercado, desapareciendo sin dejar rastro.
Chang Liujung da dos pasos hacia delante y se agacha para recoger un dedo del suelo. Luego se pone su sombrero de bambú. A su regreso a la mansión del canciller, arroja el dedo meñique para que se lo coma el perro sin pensárselo dos veces, guarda la espada en su habitación y regresa al estudio por el pasillo.
Mu Kuangda está redactando un memorial en el que suplica encarecidamente al emperador que abdique de su trono para que pueda disfrutar en paz del resto de sus años crepusculares.
—He fallado. —Chang Liujun se detiene detrás de Mu Kuangda.
—Si no estuvieras siempre anunciando esas tres frases antes de hacer tu movimiento —observa tranquilamente Mu Kuangda— probablemente no habría podido escapar. ¿En dónde lo has herido?
—A su mano derecha le falta el dedo meñique.
—Entonces enviemos una carta al general. Seguro que se alegrará.
El condado septentrional de Huaide está oculto en lo más profundo de las cordilleras de Altyn-Tagh, y es un lugar que hay que atravesar cuando uno se adentra en los bosques montañosos o cuando se dirige hacia Shangjing. Su capital comarcal abarca una amplia zona, con aldeas y campos dispersos en lo profundo de las montañas, y senderos serpenteantes en forma de telaraña que los conectan con la ciudad. Ahora es primavera, cuando todo es exuberante y las montañas son generosas, por lo que Huaide se ha convertido en un lugar de trueque de mercancías.
Es la primera vez que Duan Ling está en un lugar distinto de Shangjing y Runan. Sus ojos rebosan curiosidad mientras mira a su alrededor, sentado a caballo con Li Jianhong, pasando por el mercado a las afueras de una aldea.
—¡Eh! Piel y huesos de tigre, ¿quieres?
—¿De dónde eres?
—¿Quieres caramelos?
Duan Ling no se atreve a contestar. Mira a Li Jianhong.
—¿Qué? Si quieres algo, tómalo. No tienes que mirarme, claro que te lo compraré.
—No puedo hablar con extraños, ¿verdad?
Li Jianhong se echa a reír.
—No existe tal regla. Si quieres hablar, habla. Habla con quien quieras.
Entonces Duan Ling se acerca a un vendedor de hierbas medicinales y pregunta curioso:
—¿Qué es esto? ¿Es un bezoar de buey?
El tenderete del vendedor está lleno de plantas extrañas y hierbas raras recogidas en los valles del Altyn-tagh, y un trozo de bezoar de buey del tamaño de un huevo de gallina ha llamado la atención de Duan Ling. Li Jianhong se limita a echarle un vistazo de pasada antes de entregar el dinero para comprárselo a Duan Ling.
—No es que no puedas hablar con extraños. —Li Jianhong lleva al caballo por las riendas y camina lentamente junto a Duan Ling por el mercado—. Es que, en un entorno desconocido, necesitas saber lo que debes decir y lo que no para cumplir el propósito de protegerte a ti mismo.
Duan Ling hace un ruido afirmativo: comprende que Li Jianhong le está enseñando a tratar con la gente y a comportarse.
—La sociedad está formada por todo tipo de personas. Aunque no vayas por ahí haciendo daño a los demás, es muy posible que otras personas intenten hacerte daño a ti —continúa Li Jianhong.
—Entonces, ¿cómo voy a saber lo que debo decir y lo que no?
—Cuando no tienes una tarea que cumplir —explica Li Jianhong— puedes decir cualquier cosa. Pero debes prestar atención a la persona con la que hablas y estar alerta por si la otra parte tiene malas intenciones. No hables de riqueza con los pobres, no discutas de pobreza con los ricos, no discutas opiniones con los hombres, no cultives deseos hacia las mujeres.
—Cuando tienes una tarea que cumplir, no puedes dejar que cualquiera sepa quién eres. Debes estar constantemente en guardia —añade Li Jianhong—. Cuando las circunstancias lo exijan, también tendrás que inventar otra identidad de acuerdo con el entorno local. Los lugares de mala reputación, como las posadas, son una mezcla de gente, así que cuando se trata de cosas importantes, debes mantenerte hermético. Especialmente con el posadero y los mozos, y la gente desconocida, no debes dejar que sepan a qué has ido.
Duan Ling solo lo entiende un poco. Asiente.
—A la hora de la verdad, no hay que dejar que la codicia eche raíces mientras se está de viaje. No vayas por ahí codiciando lo que no te pertenece y te ahorrarás muchos problemas.
Li Jianhong lleva a Duan Ling a una posada para comer y pasar la noche. Le indica al mozo que se quedarán allí y entrega sus documentos de identidad al posadero para que los revise. En ese momento, la situación en Liao es complicada: las tribus se desplazan por todas partes, cada una con su propio modelo de documentación, así que el posadero no encuentra nada sospechoso en los papeles. Sin más, ordena a sus empleados que preparen una habitación de alta calidad.
—Papá, ¿vamos a seguir viajando mañana? —Duan Ling se acuesta en el regazo de Li Jianhong, mientras éste se apoya en la cabecera de la cama con los brazos alrededor de Duan Ling, aún ensimismado.
—¿No quieres ir?
Duan Ling contesta «eh», un poco adormilado, y niega con la cabeza.
—Vayamos.
Li Jianhong le da un beso a Duan Ling, y Duan Ling se pone de costado, entierra la cabeza en el hombro de Li Jianhong y la frota de un lado a otro. Li Jianhong dice sin pensárselo mucho:
—¿Qué, no estás contento?
Duan Ling no dice nada y se limita a seguir frotándolo con su cabeza. Li Jianhong dice:
—Solo quieres atención, eh.
Li Jianhong sujeta a Duan Ling en el diván y le hace cosquillas hasta hacerlo reír a carcajadas y obligarlo a defenderse. Cuando quedan cara a cara, Li Jianhong lo mira fijamente a los ojos, luego le toma la mano y la apoya suavemente sobre su propia mejilla. Cerrando los ojos, vuelve a perderse en sus pensamientos.
Con la mirada somnolienta, Duan Ling contempla el rostro de Li Jianhong. Pasa los dedos por su perfil y por sus labios, y, apoyado en su hombro, se va quedando dormido poco a poco.
Afuera hay alboroto; cuando Duan Ling vuelve a abrir los ojos, ya es de día. El ruido lo sobresalta y, pensando que es gente que los persigue, pregunta:
—¿Qué pasa?
—No mucho. —Ahora que Duan Ling está despierto, Li Jianhong se levanta para exprimir una toalla y ayudarlo a limpiarse.
La turbulencia se había abatido sobre Huaide de la noche a la mañana. Muchas personas huyen por la carretera principal del noreste, llevando consigo a sus familias. Todos gritan:
—¡Los mongoles vienen!
—¡Vamos! ¡Todos, por aquí!
Duan Ling nunca había presenciado algo así. Observa con ansiedad la carretera desde la posada y ve a los refugiados apiñados hasta donde alcanza la vista. Mientras tanto, él y su padre están comiendo fideos en el interior, pero Li Jianhong parece completamente indiferente ante aquella escena inusual.
—¡No entren! —El posadero, visiblemente disgustado, hace salir al mozo para ahuyentar a los refugiados; en tiempos de caos, quienes no tienen dinero apenas pueden avanzar un centímetro. Duan Ling echa un vistazo al exterior de vez en cuando y ve a un niño de su edad junto a otro mucho más pequeño.
—¿Quieres? —Duan Ling toma un pan plano y se lo tiende al mayor—. Descansa un poco.
—¡Fuera! ¡Todos ustedes, fuera! —grita el mozo.
Li Jianhong le lanza una mirada. Solo una mirada, y el mozo no se atreve a decir una palabra más.
—Lo tomaré para mi hermanito. —El niño le hace una reverencia—. Muchas gracias. Buen viaje, señor.
Duan Ling no puede evitar sentir una punzada en el corazón al verlos juntos. Sin embargo, el niño conoce su posición social y se acomoda en un rincón para darle de comer pan a su hermanito.
Li Jianhong toma otro trozo de pan plano, lo parte y lo empapa en un tazón de sopa de cordero antes de ofrecérselo a Duan Ling.
—¿De dónde vienen? —les pregunta Li Jianhong con displicencia.
—Huchang —responde el niño.
—¿Oh? ¿La ciudad ha sido capturada?
—Ya no falta mucho —dice el niño mayor—. Vienen los mongoles, y todos temen que masacren a todos en la ciudad, así que todos corren a Shangjing. ¿Podría darnos un poco de agua, por favor, jefe?
Li Jianhong levanta la tetera para servir té y le da una taza al niño. El niño toma primero unos grandes sorbos antes de pasársela a su hermano pequeño.
—¿Dónde están tu madre y tu padre? —le pregunta Duan Ling.
—Nos separamos —responde el niño mayor—. Si se dirigen al norte, ¿pueden preguntar por nuestros…?
—Nos dirigimos hacia el este —dice Li Jianhong—. No necesitan preocuparse. Los mongoles aún no han llegado hasta aquí. Cabe suponer que tus padres están bien.
El niño mayor asiente con la cabeza.
—Tengan cuidado también en su camino hacia el este. Las tropas mongolas están por todas las montañas y las llanuras.
—Vamos. —Li Jianhong paga la cuenta de la comida y el alojamiento, y sale de la posada con Duan Ling. Montan en Wanlibenxiao y, tras dar la vuelta en la carretera, se alejan de la aldea.
