Capítulo 22: Control y equilibrio

Yelü Dashi no lo reconoce al principio, pero en cuanto oye esa voz se pone inmediatamente sobrio. Da un paso atrás y ruge:

—¡Hombres!

Varios guardaespaldas salen corriendo para hacer un perímetro defensivo alrededor de Yelü Dashi, pero Li Jianhong simplemente deja la taza de té y dice:

—Ahora mismo estoy peor que un perro callejero. ¿Por qué te pones tan nervioso, Yelü-xiong?

Perdiendo momentáneamente la compostura, Yelü Dashi no se da la vuelta para fijarse en Xunchun hasta que vuelve en sí y se da cuenta de que Li Jianhong es la única persona que está en la sala.

—Su… su Viburnum, es en realidad…

—No conozco a este huésped —responde Xunchun, sonando despreocupada—. Pero desde que llegó ha sido imposible hacerle marchar, y la única forma en que está dispuesto a irse es si ve primero a su alteza. Por favor, no debe dudar de nosotras.

—Entra y tómate algo. Amistad o enemistad, lo que hace treinta años estaba al este del río ahora está en la orilla oeste. Las cosas cambian. ¿Hay alguna necesidad de cavilar sobre ello incluso ahora?

Yelü Dashi se ríe desdeñosamente, pero es franco y entra. Xunchun cierra rápidamente la puerta tras él. Los guardaespaldas quieren seguirlo, pero Xunchun levanta una mano para indicarles que no entren.

—Esperen afuera —ordena Yelü Dashi—. Sin mi orden explícita, nadie puede entrar.

Xichuan.

—A veces, me encuentro pensando…

En una noche muy oscura, una ligera lluvia cae sobre el pavimento, y en lo profundo de un callejón se encuentra Lang Junxia.

Lang Junxia ha sido llevado ya a una situación sin salida, y jadea sin cesar mientras los soldados lo rodean y bloquean la salida del callejón. La capa de Zhao Kui ondea tras él mientras avanza a través del agua de lluvia hacia Lang Junxia. Los charcos salpican bajo sus pies. En medio del callejón, Lang Junxia se apoya contra la pared. La mitad del brazo donde le falta el dedo ya ha adquirido un color gris oscuro y su mano está hinchada, con la piel reluciente.

—¿Qué ha hecho Li Jianhong para que le seas tan devoto? —pregunta Zhao Kui, de pie triunfante con las manos entrelazadas a la espalda. La luz de la antorcha ilumina el rostro de Lang Junxia.

—Uno debe refugiarse en alguien —dice Lang Junxia plácidamente—. Si no eres tú, entonces es él, de cualquier manera soy un huésped transitorio, aquí o allá, ¿cuál es la diferencia?

Hay ballestas por todo el callejón: en las casas residenciales de los alrededores, en lo alto de los tejados, detrás de Lang Junxia. Para atraparlo, Zhao Kui ha movilizado a cerca de mil hombres en Xichuan, haciendo honor al dicho «redes arriba y trampas abajo», sin dejarle ni un solo camino para escapar.

—Los días de Li Jianhong están contados. Deja atrás la oscuridad y ven a la luz. Eres un hombre, te respeto. No tiene sentido decir más.

Lang Junxia respira profundamente. Cierra los ojos, y lentamente, exhala.

—Pensé que con las habilidades de Chang Liujun no habría usado veneno —dice Lang Junxia en voz baja.

Zhao Kui se da la vuelta para irse. Sus subordinados dan un paso al frente y, sujetando a Lang Junxia por debajo de los brazos, abandonan el callejón.

Shangjing.

—Tómate una copa —dice despreocupadamente Li Jianhong—. Perdona que no pueda mostrar mi verdadero rostro.

Li Jianhong recoge la jarra y sirve vino para los dos, bebiendo primero él en señal de respeto.

Pero Yelü Dashi no se bebe su copa de vino. Golpea la mesa con los nudillos.

—Mi hijo es el que está sentado detrás del biombo —dice Li Jianhong.

Yelü Dashi sigue mirando al biombo. Duan Ling no sabe si salir o no. Al final, su sombra hace una leve reverencia a Yelü Dashi.

Solo entonces Yelü Dashi bebe esa copa de vino, y cuando se la termina, pone boca abajo[1]la copa sobre la mesa.

—Dicen que entre los han, tú eres el más valiente de todos. —Yelü Dashi ya estaba achispado antes de venir al Viburnum, y ahora el vino se le ha subido a las mejillas. Murmura—: ¿Qué pretendes viniendo a Shangjing en un momento como este?

—Puede que el mundo sea grande —dice despreocupadamente Li Jianhong—, pero con un hogar al que no puedo volver y no teniendo ningún deseo de confraternizar con los mongoles, mi única opción es establecerme en Shangjing.

—¿Establecerte? —Yelü Dashi desconfía: su némesis se las ha arreglado para infiltrarse en su territorio sin hacer el menor ruido. A su pesar, suelta—: ¿Dónde, dónde vives?

Yelü Dashi entrecierra los ojos, mirando a Li Jianhong de arriba abajo. De repente recuerda al asesino de hace años.

—¡Aquella vez en el Salón Ilustre! —dice Yelü Dashi, atónito.

—Correcto. Uno de ellos era mi subordinado y el otro es el asesino que Zhao Kui envió para matar a mi hijo.

Yelü Dashi se levanta y camina varios pasos por el salón, pero Li Jianhong permanece imperturbable. Voltea la copa que hay sobre la mesa.

—¿Qué tal otro trago?

Yelü Dashi se gira para mirar a Li Jianhong. Le cuestiona fríamente:

—¿Qué intentas conseguir exactamente?

—Ya sabes cómo están las cosas en Chen del Sur. Zhao Kui cercenó mi autoridad militar y mi padre emitió un edicto para escoltarme de vuelta a Xichuan para denunciarme. A veces las cosas son exactamente como parecen. Toma, bebe más.

Yelü Dashi se muestra escéptico. Deja escapar un largo suspiro antes de decir:

—Deberías irte. No hay sitio en Shangjing para ti.

—Entonces dile a tu gente que venga, me ate y me escolte de vuelta a Xichuan —replica Li Jianhong con indiferencia.

—Yo tampoco puedo detenerte. —Yelü Dashi se lo piensa un poco y admite esta enojosa verdad—. En la ciudad de Shangjing, puedes ir y venir a tu antojo como si las murallas y los guardias no existieran. ¿Qué más quieres?

—He venido a salvarte —dice Li Jianhong, sin emoción—. Solo porque tu muerte está cerca.

Yelü Dashi se da la vuelta de inmediato y fulmina a Li Jianhong con la mirada.

—Los mongoles han marchado hacia el sur y ya han capturado Huchang. Mientras hablamos, se están reorganizando en las montañas y llegarán a las puertas de Shangjing en poco tiempo. Shulü Jin resguarda la ruta del norte, Wang Ping resguarda la ruta del sur. Ninguno de sus dos grandes generales puede contener a la caballería de hierro de Borjigin. Ahora que Jochi ha escapado, definitivamente se vengará de ti.

Contrariamente a lo que cabría esperar, Yelü Dashi se echa a reír.

—Li Jianhong, eres tan aficionado a la exageración como siempre.

—Han Weiyong lleva mucho tiempo esperando este momento —continúa Li Jianhong, despreocupado—.  Si mi suposición es correcta, su hijo probablemente se ha ido a Zhongjing con el pretexto de asistir a la universidad.

Yelü Dashi se queda en silencio.

—Si mi conjetura es correcta, después de que el ejército mongol atraviese las rutas del sur y del norte y ejecute a todos en las ciudades, es probable que los refuerzos que esperas no lleguen —dice Li Jianhong, gesticulando nuevamente con la mano en un gesto de invitación para que beba—. Mi paciencia es limitada. Yelü-xiong, ¿beberás esta copa de vino o no?

Tras un largo silencio, Yelü Dashi finalmente se sienta lentamente.

—He estado a cargo de la Administración del Norte durante veintidós años. Ya en ese entonces ofrecí mi consejo al antiguo emperador: dondequiera que pisen ustedes, los han, conspirarán unos contra otros y no tendremos ni un día de paz.

Yelü Dashi termina de decir esto, enunciando cada palabra, cierra los ojos y apura la copa de vino que Li Jianhong le sirvió.

—El camino al sur de Yubiguan está bajo la vigilancia de Jochi. No hace falta que te explique lo que eso implica. Bebe esta tercera copa de vino y préstame diez soldados de caballería mañana. Yo me encargaré de pacificar al ejército mongol por ti y luego seguiré hacia el sur para recuperar Xichuan.

Li Jianhong llena la copa de vino, la levanta con tres dedos y la coloca frente a Yelü Dashi.

—Como antes, primero brindaré por ti. Salud. —Li Jianhong no le presta ni una mirada a Yelü Dashi. Con un gesto casual, con la palma hacia arriba, añade—: Adelante, Yelü-xiong.

Yelü Dashi no toma la copa de vino. Está sentado al otro lado del diván, con el codo apoyado en la mesa que los separa. Inclinándose un poco más cerca, fija su mirada en Li Jianhong.

—¿Sabes por qué Zhao Kui quiere matarte?

—No odio a Zhao Kui. Es la verdad. Él y yo no tenemos ningún tipo de vendetta el uno contra el otro. Cada uno tiene su propio camino que recorrer, y esto no es más que un duelo justo. Aunque, claro, si su intención es traicionar a los Li, eso es otra historia.

De repente, se escucha un alboroto afuera. La expresión de Yelü Dashi se ensombrece ligeramente. Li Jianhong dirige su atención hacia la puerta.

—No puedes entrar. —Es la voz de Xunchun—. Su alteza está reunido con un invitado.

—Su alteza —dice Cai Wen, sin aliento—, por favor, regrese a la Administración del Norte, ¡han llegado mensajeros tanto de las rutas del norte como del sur!

La expresión de Yelü Dashi se llena de pánico de inmediato, pero Li Jianhong no dice nada más.

Cai Wen termina su informe y se da la vuelta para marcharse.

—Saca el caballo de su alteza —dice afuera en voz baja Xunchun.

Xunchun abre la puerta de la sala. Yelü Dashi se levanta sin previo aviso.

—¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos enfrentamos en el campo de batalla?

—Cinco años. —Yelü Dashi tiene una expresión adusta mientras da grandes zancadas para marcharse. Al final, no se ha bebido la última copa de vino.

—Adiós. Cuídate, no te acompañaré a la salida.

Al escuchar esto, Yelü Dashi se detiene de inmediato y se vuelve hacia Li Jianhong. Este ya se ha levantado y, alisando rápidamente las arrugas de su túnica, entrelaza las manos detrás de la espalda y observa a Yelü Dashi.

Yelü Dashi se detiene otra vez y se da la vuelta para irse, pero al llegar al umbral, regresa. Li Jianhong se ríe al verlo. Duan Ling asoma la cabeza curiosamente detrás del biombo para mirar a Yelü Dashi, pero Li Jianhong lo empuja hacia atrás.

—Estos días, tú y tu hijo han estado en Shangjing.

—Así es —responde Li Jianhong con seriedad—. Pero no tengo ninguna intención de entregártelo. Basta con que sepas que está en la ciudad. No intentes fútilmente poner a prueba los límites de mi tolerancia, Yelü-xiong.

Yelü Dashi examina a Li Jianhong durante un momento, luego se acerca a la mesa, toma la copa de vino, la vacía de un trago y arroja la copa al suelo sin fijarse en dónde cae. Li Jianhong extiende la mano, con la palma hacia arriba, en un gesto de «por favor», y ve a Yelü Dashi salir de la sala.

Solo entonces Duan Ling sale de detrás del biombo.

—¿Lo has entendido todo? —pregunta Li Jianhong.

—La verdad es que no. —Duan Ling sacude la cabeza.

—¿Has comido hasta llenarte?

Duan Ling asiente. Li Jianhong dice:

—Vamos a casa.

Esa noche, Li Jianhong parece incapaz de conciliar el sueño; simplemente abraza a Duan Ling y no para de hablarle. Duan Ling entiende algunas cosas: los tres estados de Liao, Chen y Yuan se controlan y equilibran mutuamente. Cuando uno de ellos se vuelve demasiado poderoso, los otros dos se unen de manera tácita para controlar al más fuerte. La Batalla del río Huai fue exactamente eso, con Liao y Chen en guerra y los mongoles al margen, manteniendo el equilibrio. Y ahora que Liao prospera, los han aprovecharán la fuerza de los mongoles para debilitar el ejército de Liao.

Ahora, con el regreso de los mongoles, la postura de Chen se vuelve crucial. La humillación de Shangzi aún no ha sido olvidada; conociendo a Zhao Kui, es probable que permita que Yuan y Liao se hieran gravemente entre ellos, e incluso podría optar por que Yuan se alíe con Chen del Sur. Si Chen del Sur y los mongoles se unen, Liao quedará seriamente debilitado. Yelü Dashi se enfrenta a una guerra casi imposible de ganar y también será el principal responsable de las consecuencias.

Duan Ling recuerda que lo último que dijo antes de quedarse dormido fue:

—¿Y si no cumples el acuerdo?

—Si yo fuera alguien que no cumple, Xunchun no habría estado afuera tocando esa canción.

Para entonces, Duan Ling ya se había dormido. Aún tiene que aprender que solo los han conocen esa melodía de flauta, una melodía que, al sonar, es a la vez desgarradora y dulce, resonando en el alma como un recordatorio: No olvides la humillación de Shangzi.

Xichuan.

—No odio a Li Jianhong —comienza Zhao Kui—. Todo lo contrario. Lo tengo en gran estima. El Gran Chen pasó cuatrocientos años antes de lograr producir un hombre que manejara las tácticas en el campo de batalla tan bien como un dios de la forma en que lo hace Li Jianhong.

Lang Junxia tiene varios cortes en la mano que dejan escapar un flujo constante de sangre envenenada. Zhao Kui y Wu Du están de pie a un lado, observándolo. Desde que lo trajeron a la mansión del general, Lang Junxia ha permanecido tan silencioso como siempre. Wu Du lo mira con desdén, frunciendo ligeramente el ceño, como si estuviera mirando a un probador de medicinas[2].

—Quítenle los grilletes —ordena Zhao Kui.

Uno de sus hombres se adelanta para quitarle los grilletes a Lang Junxia.

Zhao Kui se sienta y toma un sorbo de té.

—¿Sabes por qué quiero matar a Li Jianhong?

Lang Junxia sigue en silencio.

—Decimoséptimo año de Qingyuan[3], la Llanura Central y Sizhou reclutaron doscientos setenta mil soldados, pagaron cuatrocientos catorce mil taeles en impuestos.

»Decimonoveno año de Qingyuan, Sizhou reclutó trescientos treinta mil soldados, pagó trescientos sesenta mil taeles en impuestos.

»Vigésimo séptimo año de Qingyuan, tropas trescientas sesenta mil, impuestos ciento noventa mil. De ellos, los hombres de Jiangzhou fueron los que más se alistaron, en segundo lugar Yizhou, en tercer lugar Yangzhou, Jiaozhou.

»Cada año reclutamos más tropas, pero cada año recaudamos menos impuestos. En los últimos diez años, casi un millón de personas han sido enviadas al norte. Lucharon año tras año en el frío glacial; muchos hombres apenas llegaron a los dieciséis años antes de morir bajo Yubiguan, y nunca tuvieron la oportunidad de volver a echar una sola mirada a su patria.

Lang Junxia mira fijamente la palangana llena de agua ensangrentada. En su reflejo puede ver el cielo azul al otro lado de la ventana.

—Y con ello, las tierras de labranza permanecen en barbecho durante años y años; hay levantamientos armados por todo el sur. Li Jianhong dirige sus tropas con habilidad milagrosa, eso es seguro, pero nos hemos quedado sin raciones ni forraje, y nos hemos quedado sin soldados que podamos enviar al frente.

—Nació en la época equivocada, y por eso debe morir —le dice Zhao Kuai a Lang Junxia mientras se levanta.

—No tenías que contarme esas cosas —replica Lang Junxia con indiferencia—. Para un asesino, solo hay órdenes, no personas. Incluso si me curas, no sentiré gratitud.

—No tengo intención de reclutarte —responde inmediatamente Zhao Kui—. Una vez que tus heridas sanen, puedes irte cuando quieras.

—Si quieres volver para asesinar al general —añade Wu Du, sin pensar—, eres bienvenido. Cada uno de nosotros confía en sus propias habilidades.

Lang Junxia guarda silencio.

—Pero antes de que te vayas —dice Zhao Kui—, me gustaría que te reunieras primero con alguien.

Una ligera arruga aparece entre las cejas de Lang Junxia.

—Ven por aquí. —Zhao Kui lleva a Lang Junxia al salón principal de la mansión del general. Una anciana está sentada dentro, bebiendo té de mantequilla[4].

Lang Junxia la mira fijamente sin pronunciar palabra.

—He oído que tú y la joven de la familia Feilian[5] estuvieron comprometidos una vez —dice Zhao Kui.

Lang Junxia no le responde. En cambio, dice algo en xianbei hacia la habitación. Los ojos de la mujer se han vuelto lechosos por la edad. Se apresura a dejar su taza de té para acercarse a él. Lang Junxia entra a grandes zancadas y le toma la mano con su izquierda, escondiendo la derecha, que le falta un dedo, detrás de la espalda. Se arrodilla y le toca el dorso de la mano con la frente.

La anciana se echa a reír y le dice algunas cosas a Lang Junxia. Este respira hondo y no dice nada más. Le da unas palmaditas en el dorso de la mano para apaciguarla.

—Puedes pasar un rato recordando cosas con ella —dice Zhao Kui.

Su subordinado cierra la puerta y Zhao Kui se aleja, sin preocuparse más por Lang Junxia. Con los brazos cruzados, Wu Du lo sigue, ajustando su paso al de él.

—¿Cuánto tiempo le queda a la anciana? —pregunta Zhao Kui.

—Ni siquiera un cuarto de hora. Para cuando volvamos, ese tipo habrá apuñalado a la vieja hasta matarla, y él ya se habrá ido —responde Wu Du.

Zhao Kui se ríe, sacudiendo la cabeza.

—No es probable.

—Alguien que ha matado a los de su propia escuela seguramente no se aferrará a este poco de viejo apego.

—Según lo que me dijeron los Guardias Sombras —responde Zhao Kui, mirando al cielo desde la terraza—, envié a alguien a perseguirlo por las montañas Xianbei e hicieron averiguaciones en múltiples aldeas. Finalmente, descubrieron que frente a la tumba de la muchacha con la que estuvo comprometido, alguien dejó un manojo de flores que solo crecen en altos acantilados.

—Wuluohou Mu[6]. ¿Quién habría imaginado que era un descendiente de la familia real? —dice Zhao Kui, asintiendo. Su tono es difícil de interpretar; podría ser de asombro o de pesar. Se da la vuelta para irse.


[1] Es un gesto universal para decir “no voy a beber más”. También es un tanto grosero.

[2] Supuestamente, un probador de medicinas era alguien criado desde su nacimiento con hierbas y venenos y su sangre era veneno, o se utilizaba para probar nuevos venenos y medicinas. Supuestamente, ya que no hay pruebas reales de que hayan existido.

[3] Qingyuan es el nombre de la era del actual emperador. Por ejemplo, el primer año de Qingyuan habría comenzado en la primavera del SIGUIENTE año después de que el actual emperador (el padre de Li Jianhong) ascendiera al trono.

[4] El té de mantequilla es algo que probablemente bebían los xianbei, ya que su imperio estaba en las estepas orientales de Eurasia.

[5] Los Feilian eran una rama de los Tuoba, la familia imperial de la dinastía Wei del Norte, y tanto los Feilian como los Tuoba se originaron como apellidos xianbei.

[6] Wuluohou. Por cierto, al final del último libro de la serie (“Deja ir a ese Shou”), la otra mitad del arco de jade terminó con el príncipe de Xianbei.

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