Cada año, cuando llega el invierno, Shangjing se transforma en algo parecido a una ciudad helada. Rodeado por el crepitar y el chisporroteo de los fuegos artificiales, Duan Ling da la bienvenida a su decimocuarto año. En la víspera de Año Nuevo, se sienta cara a cara con Li Jianhong.
—Es el primer Año Nuevo que pasamos juntos. —Sonriendo, Li Jianhong sirve un poco de vino para Duan Ling—. Toma un poco. Puedes beber vino, pero no te excedas.
Duan Ling y Li Jianhong se sientan formalmente; la voz de Duan Ling ya no tiene el tono argentado que poseía en la infancia.
—Papá, brindo por ti. Brindo por la victoria tan pronto como tu estandarte sea izado.
Uno frente al otro beben. Bajo la luz de las lámparas, Li Jianhong observa solemnemente a Duan Ling.
—Has crecido.
Duan Ling termina su vino y suelta lentamente un suspiro.
«En realidad, no quiero crecer en absoluto», piensa para sí.
Pero pregunta en voz alta:
—¿Crecer no es bueno?
—Es bueno. A tu papá le gusta cómo te ves de mayor.
Duan Ling se ríe. Li Jianhong siempre dice lo mismo, pero Duan Ling sabe que nunca ha dicho la verdad. Por alguna razón, desde el día en que Li Jianhong empezó a enseñarle la espada, siente que algo ha cambiado entre ellos. Desde que volvieron del Colegio Biyong, ya no comparten la cama. Pero si Duan Ling duerme en la cama, Li Jianhong seguirá durmiendo en la misma habitación, acostado en el cuarto exterior, un poco más allá.
Esta noche Duan Ling ha bebido un poco de vino, tiene un poco de calor y no puede conciliar el sueño, así que Li Jianhong se acerca a él y se acuesta en la cama. Duan Ling se acerca a la pared, dejándole un sitio.
—Hijo —dice Li Jianhong—, papá se va mañana.
Duan Ling se vuelve de espaldas, mirando hacia la pared. No hace ruido.
Li Jianhong agarra a Duan Lin y le da la vuelta para que lo mire. Como se esperaba, los ojos de Duan Ling se han puesto rojos.
—¿Por qué te avergüenzas? —bromea Li Jianhong, sonriendo, y luego acerca a Duan Ling a su pecho.
Después de practicar artes marciales durante casi un año, el cuerpo de Duan Ling ha ido madurando poco a poco, pero cuando está en brazos de Li Jianhong es como si hubieran retrocedido en el tiempo hasta el primer día de su llegada. Li Jianhong se inclina un poco para mirarlo a los ojos, estira dos dedos para sacar el cordón rojo que lleva al cuello y saca el arco de jade.
—Papá te ha defraudado, ha defraudado a tu madre.
Duan Ling mira a Li Jianhong a los ojos; sus pupilas son como una gota del cielo estrellado en una noche completamente oscura.
—Lo que más lamento en esta vida es no haber ido a buscarlos a los dos.
—Todo eso está en el pasado…
—No. —Li Jianhong sacude la cabeza, atajando a Duan Ling—. Si no lo digo, mi corazón nunca estará en paz. En aquel entonces, yo era inmaduro e impetuoso. Pensé que Xiaowan no podía entender lo que era mejor para ella, por eso se fue, y creí que regresaría eventualmente. Pasaron diez años enteros. Nunca imaginé que ya se había ido.
—¿Por qué quería irse?
—Porque tu abuelo no aceptaría el matrimonio. Ella era una plebeya, y yo un príncipe de guarnición en la frontera. Ella estuvo esperando todo ese tiempo a que le dijera que me casaría con ella, pero nunca lo hice. Querían que me casara con la hermana menor de Mu Kuangda, la actual princesa consorte de tu cuarto tío.
—¿Y luego qué pasó?
—Entonces Lang Junxia cometió un error garrafal y yo iba a castigarlo de acuerdo con el código militar. Ella intercedió por él, porque pensaba que su crimen no merecía la pena de muerte. Los dos peleamos toda esa noche, y ella se marchó en cuanto amaneció. Le dije a Lang Junxia que la interceptara. Ese tipo corrió tras ella con su espada y volvió para decirme que ella misma se había hecho rehén, que había dicho que se suicidaría si la obligaba a volver. Ese temperamento inflexible… tsk tsk.
Li Jianhong sacude la cabeza con impotencia.
—Papá también tiene un temperamento fuerte. Pensé que, dado que ella volvió al sur, probablemente se casaría tarde o temprano, así que simplemente dejé las cosas así. Nunca me preocupé por ella todos estos años, hasta el día en que Zhao Kui me despojó de mi mando en el ejército en nombre de la corte imperial. Fue entonces, cuando huía del monte Jiangjun, que finalmente le pedí a Lang Junxia que la buscara.
—Jamás esperé que ya se hubiera ido —concluye Li Jianhong—. Y que para mí, ella te hubiera dado a luz.
—¿Te arrepientes?
—Por supuesto. A menudo pienso que algún día debería concederle un título póstumo. Pero ya está muerta. ¿De qué sirve un título póstumo?
Duan Ling juguetea con el arco de jade que cuelga del cuello de Li Jianhong, con la cabeza apoyada en el brazo de este. Una vez más, Li Jianhong deja escapar un largo suspiro.
—Perdóname, Ruo’er[1]. Dime «No te odio, papá», y lo trataré como si tú y tu madre lo hubieran dicho juntos.
—No —dice de repente Duan Ling.
Sobresaltado, Li Jianhong inclina la cabeza para mirar a su hijo en brazos.
—Todavía nos debes mucho. —Duan Ling esboza una sonrisa—. Asegúrate de mantenerte con vida. No será demasiado tarde para volver a decir algo así cuando seas muy, muy viejo.
La comisura de la boca de Li Jianhong se curva ligeramente.
—De acuerdo. Te lo prometo.
—Golpes de palma como juramento —dice Duan Ling.
Li Jianhong tenía un brazo alrededor de Duan Ling, y ahora levanta el otro, golpeando su palma contra la de Duan Ling tres veces. Esa noche, Shangjing recibió la nevada más intensa que la ciudad jamás había visto; los copos de nieve caían en una ráfaga semejante a plumas de ganso, extendiéndose por el horizonte.
Cuando Duan Ling abre los ojos con la luz del sol de la mañana, Li Jianhong ya se ha ido.
—¡Papá! —Duan Ling se levanta y busca por toda la casa. Todo lo que necesita llevar a la escuela está preparado para él; Li Jianhong es lo único que falta. Encima de su equipaje yace una espada.
El Colegio Biyong está bastante animado en este primer día en que se reanudan las clases. Las renovaciones de los edificios han sido completadas; incluso sus placas de madera han sido reemplazadas por nuevas. Duan Ling se desplaza por los pasillos con la misma facilidad que un carruaje poco cargado por senderos familiares, saludando a las personas que conoce, y tendiendo su propia cama.
—¿Dónde está tu papá? —Cai Yan también está tendiendo su cama.
—Está fuera por trabajo.
—¿Cuándo volverá?
—Probablemente en un año.
Duan Ling y Cai Yan se sientan en sus respectivas camas y se miran a los ojos sin decir palabra. Cai Yan le dedica una sonrisa, y Duan Ling se la devuelve, como si supieran lo que piensa el otro sin necesidad de intercambiar palabras.
Xichuan; tercer día del primer mes del año.
—Li Jianhong ha vuelto —dice Zhao Kui—. Está avanzando por la carretera de Shangjing con diez mil soldados kitanos, pasando primero por el monte Bo, el manantial Qixue, el monte Jiangjun y luego siguiendo la carretera occidental hacia Xichuan. Hay fortalezas estratégicas naturales a lo largo de todo el camino.
Mu Kuangda, Chang Liujun, Wu Du, Lang Junxia y un literato están reunidos en el estudio de Zhao Kui, mirando un mapa colgado en la pared.
—¿Sobre qué base? —pregunta Mu Kuangda.
—Purga de la corte[2] —responde Zhao Kui.
—No podemos mantener a su alteza el cuarto príncipe en la oscuridad con respecto a esto —añade Mu Kuangda.
—Canciller, general. —Ese literato resulta ser el principal asesor de Mu Kuangda. Dice con cortesía—: Podríamos acusarlo de traición. Es la única manera de convencer al cuarto príncipe.
Mu Kuangda emite un sonido de acuerdo, asintiendo con la cabeza.
—Necesitaremos emitir órdenes de traslado de tropas —dice Zhao Kui—. Cuando Li Jianhong huyó hace cuatro años, ya habíamos reubicado a todos los soldados. En este momento, el camino occidental está lleno de aquellos que solían servir bajo su mando. Es probable que se rindan sin luchar.
—Reubícalos. —Mu Kuangda se pone de pie—. No hay tiempo que perder. Me dirigiré al palacio de inmediato. Lo primero que haré es emitir una carta de reprimenda en nombre de su majestad y anunciar al mundo que Li Jianhong ha cometido deserción al enemigo, así como traición, enumerando sus ocho delitos principales, y obtener la firma de las órdenes de traslado. Pero me temo que si reubicamos las tropas ahora, será ya demasiado tarde.
—Tengo mis propios medios para contenerlo —dice Zhao Kui, sonando como si lo tuviera todo planeado.
Mu Kuangda entorna ligeramente los ojos.
—Canciller, por aquí por favor —dice Zhao Kui.
Mu Kuangda sale de la mansión del general con sus dos confidentes, uno de la tinta y otro de la espada[3], y suben al carruaje. Chang Liujun toma el asiento del cochero mientras el literato y Mu Kuangda entran en la cabina.
—Chang Pin. —Mu Kuangda se reclina en el banco acolchado del interior del carruaje.
—Sí, canciller —contesta respetuosamente el literato llamado Chang Pin—. Wuluohou Mu debe haber descubierto alguna debilidad de Li Jianhong.
—¿Cuál podría ser su debilidad? —murmura Mu Kuangda.
Chang Pin reflexiona sobre esto por un momento.
—Hace seis años, cuando Wu Du y los Guardias Sombra se dirigieron a Shangjing, el capitán de la Guardia murió allí. Evidentemente, Li Jianhong no estaba en Shangjing, entonces, ¿qué llevó a Wuluohou Mu a salir a luchar con Wu Du a costa de exponerse? En ese momento, deduje que la única posibilidad era que la esposa e hijo de Li Jianhong estuvieran en Shangjing.
Mu Kuangda emite un sonido de contemplación.
—Tiene sentido. Si puede usar a la esposa e hijo de Li Jianhong como rehenes, debería ser capaz de retrasarlo por un tiempo, pero no creo que pueda hacerlo por mucho.
—Me temo que Zhao Kui no quiere simplemente retrasarlo, sino matarlo —agrega Chang Pin.
Mu Kuangda comienza a reír.
—Ahora sí que se está engañando a sí mismo.
—Zhao Kui maneja otras cosas de la misma manera que maneja a las tropas en el campo de batalla. Nunca actuaría si no ha planeado su próximo movimiento. Si mata primero a la familia de Li Jianhong, seguramente lo desestabilizará mentalmente, lo que hará que atraerlo, atraparlo y matarlo no sea tan difícil. Mientras Wuluohou Mu pueda encargarse de esto, ni siquiera tendrá que ver a Li Jianhong en persona. Solo tiene que entregar sus cabezas, y Zhao Kui ganará con seguridad.
—Esas cabezas probablemente sean mucho más útiles que la del cuarto príncipe.
Mu Kuangda suelta una carcajada, y Chang Pin se le une con unas risas cortas.
—Organizar esto no será nada fácil —añade Mu Kuangda.
El carruaje se detiene. Chang Liujun se apea y Mu Kuangda entra en el palacio.
Li Yanqiu está de pie en la galería cuando Mu Kuangda se acerca, haciéndole una reverencia a medida que se acerca.
—Retírense —ordena la princesa consorte Mu Jinzhi a sus sirvientes.
Mu Kuangda le dedica a Mu Jinzhi una sonrisa y se para en la galería con las manos detrás de la espalda sin decir una palabra. Mu Jinzhi observa a su hermano mayor por un tiempo y, al final, no le queda más remedio que darse la vuelta y marcharse.
Li Yanqiu contempla a Mu Kuangda detenidamente, y Mu Kuangda le hace una reverencia.
—Saludos, su alteza.
Luego, Li Yanqiu echa un vistazo fugaz a Chang Liujun, que está detrás de Mu Kuangda, antes de volver a mirar a Mu Kuangda.
—Ha pasado un tiempo desde tu última visita, canciller Mu.
—Hoy tengo que informar a su majestad sobre una situación militar sumamente urgente.
—Padre ha tomado su medicación. Ya se ha ido a dormir. Sea lo que sea, puedes decírmelo.
—Su tercera alteza ha tomado prestadas diez mil tropas de élite de Yelü Dashi y está en camino hacia el sur en nombre de una purga de la corte, a través de la carretera occidental. Puede llegar a las puertas de Xichuan en tres meses.
—Siempre supe que mi tercer hermano no había muerto —dice Li Yanqiu, insípidamente.
Mu Kuangda no le responde, simplemente espera a que Li Yanqiu pronuncie esa frase crucial.
Li Yanqiu permanece en silencio durante un largo tiempo. Al final, solo dice una cosa:
—Lo extraño.
Y al cesar esas palabras, Li Yanqiu se da la vuelta y se marcha.
Mu Jinzhi aparece desde detrás de una columna en ese momento, con los ojos fijos en su hermano mayor.
—Siempre he sido un hombre con tacto. —Mu Kuangda esboza una sonrisa y saca un memorial para entregárselo a Mu Jinzhi, indicándole que debe encargarse de ello.
La luz de las lámparas se cuela a través de los cristales de la ventana, iluminando la fría llovizna invernal de Xichuan. Mu Jinzhi despliega un rollo de seda amarilla sobre el escritorio gubernamental, toma un pincel, lo sumerge en tinta y lo coloca en la mano de Li Yanqiu.
Mu Kuangda espera fuera con una sonrisa y las manos a la espalda. Pronto, un fuerte estruendo emana del estudio cuando Li Yanqiu barre el porta pinceles y la taza de enjuagado, haciéndolos caer al suelo.
Mu Jinzhi saca el edicto imperial y se lo da a Mu Kuangda. Mu Kuangda lo toma y se va.
Primer mes, quinceavo día: llegan órdenes de traslado a Yubiguan. Las tropas comienzan su reubicación.
Segundo mes, primer día: Li Jianhong llega a la Gran Muralla y desaparece al final del desierto como un huracán.
Segundo mes, décimo día: las zonas de Yulin y Yudai entran en alerta máxima mientras esperan con la respiración contenida como si de un formidable enemigo se tratara. Pero en un abrir y cerrar de ojos, Li Jianhong ha aparecido a cuatrocientas millas de distancia en Juyongguan. Durante un asalto nocturno, su avanzada captura Juyongguan en un ataque coordinado con los soldados dentro de la puerta. Pero una vez tomada Juyongguan, no se precipita. En su lugar, envía una convocatoria a todos bajo el cielo para unirse a él en su empresa, reuniendo una fuerza militar.
A cualquiera que jure lealtad antes de que caiga la ciudad de Xichuan se le perdonarán sus malas acciones anteriores sin excepción.
Tercer mes, primer día: Jiangzhou, Yangzhou, Jiaozhou y Jingzhou son sacudidas hasta la médula. Al mismo tiempo, la corte imperial emite un edicto imperial sellado con el Sello del Reino, en el que se enumeran los ocho delitos de Li Jianhong.
Pero Li Jianhong es extremadamente paciente. Reúne a sus tropas ante Juyongguan, a la espera de la primera batalla, que es también la más difícil; aguarda a que las tropas de Chen se reubiquen de este a oeste y así poder atacarlos mientras están agotados por el viaje.
A pesar de la ausencia de Li Jianhong, la vida de Duan Ling sigue siendo bastante normal. Estudia durante el día y practica esgrima con Cai Yan por las noches, centrándose en su entrenamiento básico.
Una omnipresente tormenta de arena azota Shangjing en este comienzo de primavera; una vez más, ha llegado el momento del mes de volver a casa. Duan Ling empaca sus cosas él solo, y justo cuando está a punto de irse, ve a una chica parada no muy lejos en el callejón, conversando con Cai Yan. Cuando terminan de hablar, ella le echa un vistazo a Duan Ling.
Esa es Ding Zhi. Ya ha pasado mucho tiempo desde la última vez que la vio. Tuvo un breve romance con Cai Wen en el pasado, por lo que Duan Ling asume que probablemente a veces cuida a Cai Yan, quien ahora no tiene familia. Duan Ling la saluda, pero al pasar junto a ella, Ding Zhi le entrega una carta. El sobre está completamente en blanco; Duan Ling se da cuenta de inmediato de que es de Li Jianhong, y corre rápidamente a casa para abrirlo.
Después de raspar el sello de cera, nota que el estilo caligráfico no es el que su padre suele usar, lo que es claramente una forma de evitar revelar información relevante. En su lugar, encuentra una escritura regular y tosca, como si las palabras estuvieran impresas con un grabado en madera. No hay destinatario ni firma.
«Dando vueltas en la cama, de día y noche vos echo en falta. Dos de las diez obras son ahora concluidas; fuera de la Gran Muralla no hallaréis sino arena soplando. De todo el samsara inmenso, añoro solo vuestro pequeño rincón del mundo, con sus bellas flores, brotando y llenas de promesas.
Con mi tiempo en esta tierra, lo que más me enorgullece hacer es solo esto: con la espada del reino en mano, deseo indicaros el camino.[4]
¡Que arda!».
Duan Ling no puede soportar la idea de quemar esta carta; la lee una y otra vez, y luego la mete debajo del colchón. Finalmente, se levanta de la cama en mitad de la noche y la lee detenidamente una vez más antes de verla arder, sintiendo como si un cuchillo se retorciera en su corazón.
[1] “-er” es un sufijo diminutivo común utilizado para alguien más joven. Literalmente significa “hijo”, pero en un sufijo denota juventud. Además, el hablante no tiene que ser necesariamente mayor.
[2] Literalmente “limpiar el lado del emperador”. Se refiere a la eliminación de funcionarios excesivamente poderosos que influyen en el emperador. Sin embargo, a menudo servía como pretexto para llevar a cabo un golpe de estado.
[3] Civil y militar, básicamente.
[4] ☄En inglés se traduce como “te señalaría el camino”. Tiene un doble significado, que sugiere tanto orientación como gestión de la región sur. La letra original en la canción “聞戰” era “He tejido juntos el resplandor de la luna, y te señalaré el camino”, por lo que FG escogió la interpretación de dirección.
