Se hace tarde. Duan Ling recuerda la reunión que acordó previamente con Cai Yan, y Yelü Zongzhen envía a un sirviente para invitar a Cai Yan a beber con ellos. Las calles alrededor del Viburnum han sido cerradas al tráfico habitual. Apenas Duan Ling baja del carruaje, percibe que algo no anda bien.
Cuando Xunchun llevó a Yelü Dashi a reunirse con Li Jianhong, eso probablemente lo hizo más cauteloso respecto al Viburnum. Traer ahora al emperador a este lugar demuestra, en última instancia, una falta de consideración. Duan Ling reflexiona sobre esto mientras sigue a Yelü Zongzhen por el pasillo, cuando de repente se encuentran cara a cara con Xunchun, sin previo aviso.
Xunchun le dedica un ligero asentimiento a Yelü Zongzhen.
—Señor.
Los dos no se conocían, y además Yelü Zongzhen está ocultando su verdadera identidad, pero Duan Ling sabe que Xunchun debe estar al tanto de quién es. En el Viburnum, han preparado una sala para Han Jieli. Yelü Zongzhen toma asiento, seguido por Yelü Dashi, mientras Duan Ling se sienta en la sala exterior, esperando ser llamado, listo para llevar toallas y platos de comida, manteniéndose a distancia para no escuchar la conversación. Yelü Zongzhen tampoco lo llama para que entre; simplemente se sienta con Han Jieli y hablan de temas triviales.
Ding Zhi llega con una bandeja de comida y vino; al cruzar miradas con Duan Ling, él le dice:
—Lo probaré primero.
Ding Zhi lo mira fijamente por un instante. Luego, sonriendo, toma uno de los pequeños platos con su mano blanca y elegante y se lo entrega.
De esta manera, Duan Ling se asegura de haberles dado una advertencia clara para que no intenten nada imprudente. Aunque el Viburnum no llegaría al extremo de envenenar la comida con arsénico, nunca se puede garantizar que no usen algún tipo de veneno de acción lenta. Si esa es su intención, sería imposible protegerse contra ellas.
El guardaespaldas de afuera prueba primero la comida y, después de que se la entregan, Duan Ling la prueba una vez más antes de llevarla personalmente a la sala interior. Una vez que toda la comida y el vino están dispuestos en las mesas, los demás comienzan a hablar en voz baja. Duan Ling no alcanza a escuchar mucho. «Qué fastidio», piensa para sí mismo. Han Jieli ha estado al lado de Yelü Zongzhen todo el tiempo, lo que impide que éste pueda discutir nada con Yelü Dashi. Tendrá que buscar algún pretexto para alejarlo.
Mientras reflexiona, Duan Ling de repente comprende el verdadero motivo por el cual Yelü Zongzhen lo hizo acompañarlo. Pronto, alguien adentro pide otra jarra de vino, y Duan Ling la lleva al interior. No obstante, Yelü Zongzhen no se molesta en ocultar su conversación y sigue hablando abiertamente:
—… si la lucha se prolonga, Zhao Kui podría reubicar sus tropas que custodian el camino hacia Yubiguan y utilizarlas en un ataque en pinza contra Li Jianhong…
Duan Ling pisa el dobladillo inferior de su túnica y tropieza con la tela. Media jarra de vino se derrama y cae sobre Han Jieli.
Han Jieli baja la mirada en silencio hacia su túnica mojada.
Duan Ling deja la jarra de inmediato y se apresura a limpiar a Han Jieli. A su favor, Han Jieli es lo suficientemente educado como para que su enojo solo dure un instante antes de desvanecerse, aunque frunce el ceño.
—Duan Ling, tendrás que aceptar la penalización de tres copas por esto[1].
—Lo siento mucho —responde Duan Ling con una sonrisa de disculpa.
Yelü Zongzhen, aún conversando con Yelü Dashi, ni siquiera mira a Han Jieli mientras, con indiferencia, le dice:
—Ve a ver si en el Viburnum tienen alguna ropa que puedas pedir prestada para cambiarte.
—Siempre traigo algo de ropa por si acaso —responde Han Jieli—. Está en mi carruaje. Haré que mi ayudante la traiga.
Duan Ling llama a alguien de inmediato y, extendiendo una mano con la palma hacia arriba, hace un gesto, indicando que por favor lo siga, y se lleva a Han Jieli para que se cambie.
La habitación del ala lateral está bien iluminada. Duan Ling recibe la ropa de manos del sirviente y ayuda a Han Jieli a vestirse.
Durante todo el proceso, ninguno de los dos pronuncia una sola palabra. La habitación está sumida en un extraño silencio, interrumpido únicamente por el susurro de la ropa al ajustarse. El silencio persiste hasta que Han Jieli termina de cambiarse. Al salir de la habitación, solo dice una cosa:
—Al principio no me parecía que vinieras de una familia de comerciantes. Pero ahora que lo pienso, te pareces bastante a uno.
Duan Ling siente un sudor frío al darse cuenta de que Han Jieli ha percibido sus intenciones y ahora se burla de él por su oportunismo, de cómo que apostó por Yelü Zongzhen en el momento en que se unió al juego. Esta forma de actuar es propia de un comerciante, y también lo es la valentía con la que lo ha hecho.
Duan Ling sonríe.
—Señor Han, bromea. El más cercano a mí siempre ha sido Cai Yan.
Cai Yan no ha aparecido, y Duan Ling se da cuenta de ello. Yelü Zongzhen le había dicho que enviaría a alguien a buscar a Cai Yan, pero en realidad no lo hizo. Debe ser porque Cai Yan y Han Jieli son cercanos y Yelü Zongzhen no quería a otro fisgón presente. No obstante, al escuchar esto, Han Jieli se muestra un poco paranoico, momentáneamente inseguro sobre cómo responder. Duan Ling lo ha apartado abiertamente, dejando a Yelü Zongzhen y Yelü Dashi la oportunidad de hablar a solas, pero al mismo tiempo está insinuando que toma partido por la familia Han. ¿Qué significa eso? Han Jieli se siente algo confundido y no logra entender del todo las intenciones de Duan Ling.
Duan Ling piensa para sí mismo: «En la guerra nunca puede haber demasiado engaño; de todos modos no es como si fuera a perseguir una carrera en tu Gran Liao, así que puedes pensar lo que quieras».
—Por aquí, por favor —dice Duan Ling.
Al oír la voz de Duan Ling, Yelü Dashi y Yelü Zongzhen tienen tiempo de prepararse. Una vez dentro, Yelü Zongzhen dice:
—Tú mismo lo has dicho antes: la penalización son tres copas.
Y así, Duan Ling se sirve a sí mismo la penalización de tres copas. Yelü Zongzhen lo observa con una sonrisa, sus ojos llenos de aprobación.
—Me pregunto por qué, pero en el momento en que vi la cara de Duan Ling, sentí que nuestros destinos están verdaderamente vinculados —le dice Yelü Zongzhen a Han Jieli—. Tengo un cariño inusual por él.
—¿No deberías agradecerle a su majestad ya? —dice Han Jieli.
Duan Ling está a punto de dar un paso al frente e inclinarse, pero Yelü Zongzhen agita la mano, desestimando la idea.
—A nosotros, los kitanos, no nos van esas cosas. Ve a comer algo. Ya no necesitas atendernos.
Duan Ling comprende que Yelü Zongzhen ha concluido su intervención, así que sale y cierra la puerta, dejando a los otros tres adentro. Mientras camina por el pasillo hacia una sala lateral, una suave melodía de flauta se acerca a él, delicada e indistinta. Es Reunión alegre otra vez. Duan Ling no puede evitar recordar el día en que vino aquí con su padre.
Sigue el sonido de la flauta y encuentra un pequeño edificio de dos plantas entre pinos y bambúes; resulta ser el mismo en el que se alojó el primer día que Lang Junxia lo trajo a Shangjing.
Xunchun está sentada en una silla de piedra, su vestido rojo se extiende a su alrededor en el suelo mientras toca la flauta, sin apuro por llegar al final. Duan Ling se detiene y se queda mirando. Está tocando esta canción para convocarlo; es una señal que solo ellos conocen. En poco tiempo, la música se vuelve cada vez más tranquila, hasta que se desvanece en la nada.
Una luna llena cuelga en lo alto, iluminando el mundo mortal abajo.
Duan Ling sostiene con la punta de los dedos el borde de su carta y se la entrega. Una sirvienta se acerca y la recoge.
Iba a dedicar unas cuantas líneas a relatar la situación de Shangjing, pero dada la inteligencia de su padre, sabe que, aunque no le cuente nada, este sería capaz de deducirlo.
—La primera vez que te vi, aquella noche de invierno, aún dormías. ¿Fue hace seis años, verdad? Aunque pude conjeturar sobre tu identidad, en aquel momento no fui capaz de asegurarlo. La segunda vez que te vi fue en el carruaje. Entraste y me llamaste «madame».
Duan Ling observa a Xunchun en silencio, sin decir una palabra.
Xunchun lanza un suspiro.
—Esta sensación que desprendes se asemeja cada vez más a su tercera alteza.
Duan Ling ya tiene voz de hombre y, en el último año y medio, ha crecido bastante. Sus ojos están fijos en Xunchun, considerándola.
—Si decides entrometerte esta vez y echar la culpa a Yelü Dashi, la familia Han acabará controlando la Administración del Norte. Han Weiyong es beligerante, y si los ejércitos de Liao se ponen en marcha, el sur estará en peligro inminente. Madame, ten en cuenta que no debes hacer nada precipitado, piensa tres veces antes de actuar.
Duan Ling termina y luego le hace a Xunchun una reverencia respetuosa. Xunchun se levanta enseguida para devolver el gesto, pero Duan Ling no dice nada más antes de irse.
El vino fluye libremente en el salón mientras comparten comida; beben un poco más hasta que cada uno abandona la habitación para dirigirse a sus respectivos carruajes. Yelü Dashi es el primero en irse, dejando atrás a Han Jieli y a Yelü Zongzhen.
—Te llevaré a casa —le dice Yelü Zongzhen a Duan Ling, y luego se vuelve hacia Han Jieli—: Súbdito Han, puedes irte.
El carruaje avanza por las avenidas nocturnas. Yelü Zongzhen, algo achispado, no dice nada durante el trayecto; permanece en silencio hasta que llegan justo delante de la puerta de Duan Ling.
—¿Qué clase de árbol es este?
Mientras Duan Ling desciende del carruaje, Yelü Zongzhen nota por casualidad una rama que sobresale por encima de los muros del patio.
—Es un melocotonero, su majestad.
—A los ojos de ustedes, los han, todo es hermoso. —La comisura de la boca de Yelü Zongzhen se curva ligeramente—. Melocotoneros tiernos y frondosos, cuán brillantes son sus flores[2].
Duan Ling le dedica una sonrisa.
—Vete a casa entonces —añade Yelü Zongzhen.
Duan Ling se inclina ante él y baja del carruaje. Yelü Zongzhen no ha dicho nada en el camino, pero, en lugar de incomodidad, el silencio entre ellos transmite una tácita comprensión mutua. Al llegar a casa, Duan Ling suelta un largo suspiro. Lo único que siente es mucho cansancio.
Toda la información que se dijo y la que quedó sin decir se convierte en un remolino de pensamientos; ha llegado demasiado rápido y le ha dejado poco tiempo para pensar en todos los detalles. Sospecha que, para empezar, Yelü Zongzhen nunca tuvo muchas esperanzas, y solo una vez que Duan Ling sacó a Han Jieli del salón decidió el futuro camino que seguirán Liao y Chen.
Pensativo, atraviesa la puerta. Al llegar al patio, oye de repente un ruido suave, apenas audible.
Si esto hubiera sido antes, podría haber pensado que se trataba simplemente de un gato caminando por lo alto del muro, pero este ligero ruido le ha dado motivo de alarma: es el sonido de un asesino pisando una teja, utilizando su fuerza interna para dar un salto. Cuando Li Jianhong lo llevaba consigo y viajaban por los tejados, ocasionalmente hacía un sonido justo como ese.
—¿Quién está ahí? —pregunta Duan Ling, sombríamente.
El ruido desapareció. Quizás sea por instinto, pero Duan Ling agarra de inmediato su espada del patio ¡y sale de nuevo a la calle para correr tras el carruaje de Yelü Zongzhen!
¡Un asesino! Divisa una sombra oscura, la visión es seguida por algunos ruidos débiles más. El cochero recibe un disparo en el cuello y luego es asesinado con una espada. El asesino clava su espada en el carruaje, pero Yelü Zongzhen ya ha saltado por la ventana. El asesino se lanza hacia delante. ¡Con un movimiento de su larga espada, el arma de Yelü Zongzhen sale volando!
Duan Ling no duda más. Saltando en el aire, se sube a un león de piedra, se lanza por encima del muro y cae en el patio contiguo a la calle.
Yelü Zongzhen había salido corriendo tan pronto como aterrizó, y en el siguiente movimiento, el asesino le lanzó su espada hacia la espalda.
De repente, se abre una puerta a su lado y una espada sale barriendo justo sobre la hoja del asesino, apartándola lo suficiente para evitar que roce el cuello de Yelü Zongzhen. Con una mano, Duan Ling realizó ese movimiento con su espada, mientras que con la otra tiró del brazo de Yelü Zongzhen hacia sí mismo, cambiando sus posiciones y poniendo a Yelü Zongzhen detrás de él.
En una decisión tomada en una fracción de segundo, Duan Ling realiza un movimiento equivalente a intercambiar su vida por la del asesino enmascarado.
Duan Ling apunta su espada hacia la garganta del asesino, pero la persona enmascarada[3] de repente deja caer su espada y, en su lugar, empuja con la palma de la mano. Duan Ling pone toda su fuerza detrás de su propia palma, se gira hacia un lado y contraataca, pero, para su sorpresa, la persona enmascarada retrocede justo cuando están a punto de tocarse y redirige toda la fuerza hacia un lado. Duan Ling pierde al instante el equilibrio y cae al suelo.
—¡¿Quién está ahí?! —De repente, gente sale corriendo de todas direcciones, abriéndose en círculo alrededor de Duan Ling y Yelü Zongzhen.
La persona enmascarada no se queda para una pelea difícil, y saltando por el muro, desaparece en la noche.
—¡Duan Ling! —Yelü Zongzhen se acerca y tira de Duan Ling para ponerlo en pie, quien tropieza y se vuelve para mirar a su alrededor.
—¿Quién era ese? Escuché algo fuera de la puerta antes y corrí para ver qué estaba pasando.
Yelü Zongzhen sacude la cabeza y, preocupado de que pueda haber otra emboscada cercana, le pregunta a los cuatro guardaespaldas vestidos de negro:
—¿A quién sirven?
Los guardaespaldas se arrodillan en un círculo a su alrededor. Uno de ellos dice:
—Administración del Norte. Cuando su majestad salió del Viburnum antes, alguien de la familia Han lo estaba siguiendo para intentar descubrir a dónde se dirigía. Por lo tanto, nos demoramos brevemente deteniendo al espía de la familia Han y llegamos un paso demasiado tarde. Mil disculpas.
—Vuelve e informa a tu príncipe. Limpia esta zona. —Una vez que Yelü Zongzhen termina de dar instrucciones a los guardias, le dice a Duan Ling en voz queda—: Que nadie se entere de esto.
Duan Ling asiente. Yelü Zongzhen le devuelve el asentimiento, señalándole con los ojos que no se preocupe, antes de irse.
[1] Tres copas según las normas del Jardín Jingu, un poema de Li Bai.
[2] Es la primera línea de una canción popular que se cantaba en un cortejo nupcial mientras llevaban el palanquín de la novia a casa del novio.
[3] El texto original evita cuidadosamente el uso de pronombres con distinción de género, así que Duan Ling no sabe que es un hombre.
