Capítulo 4: Academia

Duan Ling se da la vuelta y huye a toda prisa.

Lang Junxia se envuelve apresuradamente en una túnica y sale descalzo. La puerta de Duan Ling se cierra de golpe.

Cuando Lang Junxia entra, Duan Ling ya está acostado en la cama fingiendo estar profundamente dormido. Lang Junxia no sabe si sentirse avergonzado o simplemente reírse; va a la palangana, exprime una toalla mojada, deja caer la túnica al suelo y se limpia el cuerpo desnudo. Duan Ling abre los ojos y observa cada movimiento de Lang Junxia. Lang Junxia se vuelve de espaldas, y como si tratara de aplacar algún tipo de sentimiento agitado, envuelve esa cosa encabritada y agresiva en un paño húmedo y frío, y la limpia, volviéndola dócil.

La silueta de una figura aparece fuera de la ventana enrejada.

—Me voy a la cama. No volveré —dice Lang Junxia en voz baja.

Se oyen pasos que se alejan. Duan Ling se da la vuelta para mirar la pared. Momentos después, Lang Junxia se pone unos calzoncillos largos y se mete bajo las cobijas, su pecho contra la espalda de Duan Ling. Este se gira, y Lang Junxia levanta el brazo para que lo use como almohada. Duan Ling vuelve a sentirse seguro y se duerme acurrucado en el pecho de Lang Junxia.

Los músculos de Lang Junxia, la temperatura de su cuerpo y el aroma de su piel trasladan a Duan Ling, en sueños, a un invierno austral, envuelto en el abrazo de un sol ardiente y abrasador.


Sin embargo, esa misma noche, en Sichuan, llovizna, pequeñas gotas caen y cubren todo lo que se puede ver.

La luz de las velas proyecta sombras a través del enrejado de la ventana a lo largo de una larga galería cubierta. Dos siluetas caminan lentamente por la galería, seguidas por dos guardaespaldas.

—Rodeado por una caballería de veinte mil hombres, y aun así lo dejaron escapar.

—No te preocupes. Ya he tendido una red. El camino que conduce a Liangzhou y el noreste están bloqueados. A menos que le crezcan alas, no podrá volar sobre las montañas Xianbei.

—Te dije que no era buena idea confiarles el trabajo a ellos. Ese tipo ha estado librando guerras fuera de la Gran Muralla durante años. Conoce el terreno. ¡Una vez que esté en los bosques no podremos encontrar ni rastro de él!

—El que ocupa ese asiento ya ha perdido la cabeza: ya no se involucra más en la política, y el cuarto príncipe está enfermo. Como los dos ya hemos comenzado esto, no hay marcha atrás. Incluso si regresara ahora, podríamos castigarlo por incumplimiento de deber. General Zhao, ¿no me digas que tienes miedo?

—¡Qué dices!

El aludido como «general» está vestido de pies a cabeza con equipo militar; ¿quién más podría ser, sino la piedra angular de Chen del Sur, el gran mariscal de las fuerzas imperiales del imperio celestial, Zhao Kui?

El hombre que camina a su lado, por otro lado, viste la túnica púrpura[1] que indica el rango más alto de los oficiales, el primer rango, una posición digna y sin igual.

Fuera de la larga galería, sus sombras se proyectan sobre el muro de sombra[2], y ambos se sumen en un profundo silencio. Dos guardaespaldas los siguen, con los brazos cruzados, sin pronunciar una palabra.

El guardaespaldas a la izquierda tiene un tatuaje de un tigre blanco inscrito en el cuello. Un sombrero cónico de bambú cubre la mitad del rostro, dejando al descubierto una curva en su boca que no es del todo una sonrisa.

El guardaespaldas a la derecha es un hombre imponente, de unos dos metros de altura[3], y de la cabeza a los pies solo se le ven los ojos: lleva guantes, un manto y una máscara, y de vez en cuando levanta la vista con una mirada aguda y maliciosa, como si su mente estuviera en otra parte.

—Debemos enviar a alguien a interceptarlo ahora mismo —dice Zhao Kui con gelidez—. Estamos en la luz. Él está en la oscuridad. Si esto se alarga, temo que la situación cambie.

—Si está fuera de Yubiguan —replica el hombre distinguido—, entonces no es un lugar donde podamos desplegar tropas. Por ahora, lo único que podemos hacer es esperar a que se muestre.

Zhao Kui suelta un suspiro.

—Si busca refugio en Liao y regresa con tropas prestadas, las cosas se complicarán aún más.

—El emperador de Liao no le prestaría tropas —responde el hombre distinguido—. Ya se han hecho arreglos con la Administración del Sur. Morirá en el camino a Shangjing.

—Crees que él es tan simple. —Zhao Kui se vuelve hacia el patio, mirando la lluvia húmeda del este. El cabello en sus sienes ya empieza a encanecer. Sus ojos se fijan en el otro hombre al tiempo que enuncia cada palabra—: Li Jianhong tuvo una vez un perro callejero a su servicio. Una mezcla de xianbei y han. Aunque no sabemos su nombre ni procedencia, especulo que es el hombre que no has logrado encontrar. Ese perro xianbei va y viene sin dejar rastro, tanto así que nadie sabe ni cómo se llama. Es la última pieza oculta que Li Jianhong tiene en el tablero.

—Si ese es realmente el caso —repone el hombre distinguido—, supongo que Wu Du y Chang Liujun querrán reunirse con él. No hay muchos que puedan considerarse adversarios dignos. ¿Han oído hablar de este hombre?

—Sé de él, aunque no su nombre —responde el guardaespaldas enmascarado—. Algunos lo llaman el Innombrable[4]. Tiene un historial nefasto; un personaje difícil de manejar. Probablemente no hará lo que Li Jianhong le pida.

—¿Qué clase de historial nefasto? —inquiere Zhao Kui.

—Se volvió contra su maestro y lo mató, un crimen que se considera parricidio; traicionó a quienes estudiaron bajo el mismo maestro, rompiendo así el orden natural. Es implacable y nunca deja a nadie con vida —dice el guardaespaldas enmascarado—. «Viento de sangre, filo negro, un corte sella la garganta». Esa frase se refiere a él.

—Para un asesino eso suena bastante normal —comenta el hombre distinguido.

—Un corte sella la garganta —repite el guardaespaldas enmascarado en voz baja—. Eso implica que no dejará que nadie dé explicaciones. El trabajo de un asesino es matar, pero los asesinos no matan a quien no tienen que matar.

»Aunque matara a la persona equivocada, ese tipo ni pestañearía —remata el guardaespaldas enmascarado.

—Si no recuerdo mal —dice el hombre distinguido—, Li Jianhong debe tener todavía en su posesión la Zhenshanhe. Si posee la Zhenshanhe, eso significa que este hombre también debe obedecer sus órdenes.

—Incluso si Li Jianhong tiene la espada, todavía tiene que ser capaz de empuñarla y de comandar —repone el guardaespaldas enmascarado.

—No importa. —Zhao Kui finalmente interrumpe la conversación.

Vuelve a reinar el silencio en el patio trasero. Pasa mucho tiempo.

—Wu Du —comienza Zhao Kui.

El guardia del sombrero cónico que está detrás de él emite un sonido de reconocimiento.

—Sal esta noche —prosigue Zhao Kui—. Viaja día y noche; no te detengas hasta encontrar a Li Jianhong. Una vez que lo encuentres, no tendrás que hacer nada; enviaré a alguien más para que te acompañe. Cuando termines, asegúrate de traerme su espada y su cabeza.

La comisura de la boca del guardia se curva en una sonrisa. Junta las manos en señal de aceptación, se da la vuelta y se va.


El carruaje sale del callejón detrás de la mansión del general. La luz lejana de las lámparas se refleja en las losas mojadas.

—¿Alguna vez has visto la Qingfengjian[5]? —pregunta el hombre distinguido.

—Todos los que la han visto están muertos. —El guardaespaldas enmascarado parece pensativo, y con un movimiento de la fusta hace avanzar el carruaje para escoltar al digno hombre en su camino.

—En tu opinión… —El hombre distinguido se recuesta en el cojín del carruaje y pregunta sin pensárselo mucho—: ¿Cómo se compara Wu Du con ese Innombrable?

—Wu Du tiene preocupaciones, el Innombrable no tiene preocupaciones. Las preocupaciones de Wu Du son su competitividad; no puede permitirse perder y no puede dejar las cosas pasar. En cambio, el Innombrable no se preocupa por nada.

—¿No tiene preocupaciones?

—Solo aquellos que no tienen preocupaciones, que no se interesan por nada, pueden considerarse asesinos competentes —dice el guardaespaldas enmascarado, sin emoción—. El que quita la vida a otro debe entregar primero la suya. Una vez que tienes vínculos emocionales, el asesino inconscientemente comienza a valorar su propia vida, lo que le impide arriesgarla, y eso lo lleva al fracaso. Se dice que este Innombrable no tiene parientes. No mata para ascender ni lo hace por recompensa. Tal vez matar sea solo un pasatiempo para él. Por eso es superior a Wu Du.

—¿Y tú, cómo te comparas con Wu Du?

—Bueno, me gustaría luchar contra él una vez —responde el guardaespaldas enmascarado con calma.

—Lástima que no tendrás esa oportunidad.

El guardaespaldas enmascarado no contesta.

—Entonces… ¿Cómo te comparas con Li Jianhong? —pregunta el hombre de nuevo, sin pensarlo.

—¡So, caballo!

El guardaespaldas enmascarado echa las riendas al caballo, abre la cortina del carruaje y ayuda al hombre a bajar. En el exterior de la mansión cuelga una linterna con la inscripción «Mu».

El actual primer ministro de Chen del Sur: Mu Kuangda.

—Yo mismo, Wu Du, el Innombrable y Zheng Yan actuando juntos —responde el guardaespaldas enmascarado— podemos tener alguna oportunidad contra su alteza el tercer príncipe.


Al día siguiente hace un sol radiante; tras un episodio de nieve, la arquitectura de Shangjing parece aún más ornamentada y el Viburnum se asemeja a un paraíso. La sirvienta les lleva el desayuno.

—La madame desearía hablar con usted después del desayuno, señor Lang.

—No será necesario —responde Lang Junxia—. Hoy tengo asuntos que atender, y quedarme demasiado tiempo podría ser perjudicial. Por favor, hágale saber que agradezco mucho su hospitalidad.

Una vez que la sirvienta se va, Duan Ling pregunta:

—¿Vamos de compras?

Lang Junxia asiente.

—No hables demasiado cuando estemos afuera.

Duan Ling asiente suavemente. Mientras piensa en lo sucedido la noche anterior, se pregunta si pudo haber molestado a Lang Junxia, pero como no sabe qué estaba haciendo éste en la habitación de al lado, prefirió no decir nada. Afortunadamente, parece que Lang Junxia ya lo ha olvidado todo, y después del desayuno lo guía por el mismo callejón trasero por el que llegaron.

Afuera, hay un carruaje aparcado; la cortina se levanta para revelar a Ding Zhi sentada dentro.

—Solo te quedaste una noche. ¿A dónde vas ahora? ¿No habías dicho que cuando te establecieras ya no te irías? Suban.

Lang Junxia sostiene la mano de Duan Ling y parece vacilar por un momento. Pero Duan Ling le da un leve tirón: quiere irse.

Entonces Lang Junxia responde hacia el carruaje:

—No quisiera abusar. Hay cosas que tengo que hacer ahora mismo.

Ding Zhi no tiene más remedio que abandonar la sugerencia. Lang Junxia lleva a Duan Ling al corazón de la ciudad, y éste se siente casi abrumado por todo lo que ve a su paso. Shangjing es el centro de distribución de mercancías de todo el norte: tres ciudades al otro lado de la Gran Muralla y cuarenta y una tribus no han comercian aquí. Además, se acerca el cumpleaños de la emperatriz viuda del Gran Liao, y los emisarios de Chen del Sur han venido a felicitarla. El mercado está lleno de marionetas de masa de azúcar, antigüedades, curiosidades, tesoros, manjares  de las montañas, ingredientes medicinales, adornos para el cabello, maquillaje… una deslumbrante variedad de artículos hasta donde alcanza la vista.

Duan Ling quiere comer todo lo que ve, pero lo que más le apetece probar es un pastel de arroz frito[6] que se le antojaba en Shangzi. Lang Junxia lo lleva primero a la sastrería para que le hagan un par de mudas de ropa, y luego lo lleva a una tienda de plumas y tinta, para que compre lo que la gente llama los «Cuatro tesoros del estudio»[7].

—¿Sabes escribir? —le pregunta Duan Ling con curiosidad.

El tendero saca los artículos uno a uno: piedra de tinta de Duanzhou, tinta de Huizhou, pincel de Huzhou, papel de Xuanzhou.[8]

—Estos son para que tú los uses —dice Lang Junxia—. Debes empezar la escuela y aprender a redactar ensayos, o de lo contrario será demasiado tarde.

—Tiene buen ojo, señor. —El tendero se ríe—. Este es un buen material, traído el año antepasado por mercaderes del norte. Aún no ha llegado todo el papel, así que necesitaremos que otra tienda nos traiga doce blocs más para usted.

—Los Liao no son muy exigentes con estas cosas —dice despreocupadamenteLang Junxia—. Solo estamos tratando de tener un buen comienzo, para la suerte. Entréguenlos en el Salón Ilustre mañana antes del atardecer.

—Es demasiado caro. —Duan Ling se siente mal por el dinero que Lang Junxia está gastando; Lang Junxia está prácticamente entregando una fortuna.

Pero Lang Juxia le responde:

—Estudia con diligencia. El éxito y la gloria llegarán después. La educación y la habilidad para redactar ensayos no tienen precio.

—¿Voy a ir a la escuela? —inquiere Duan Ling.

En Runan, solía ver con envidia a otros niños que iban a la escuela. Nunca imaginó que algún día él también tendría la oportunidad de ir a una, y se siente alegre desde el fondo de su corazón, y al mismo tiempo también muy agradecido. Deja de caminar y mira fijamente a Lang Junxia.

—¿Qué pasa? —le pregunta Lang Junxia.

El corazón de Duan Ling contiene una multitud de emociones.

—¿Cómo podría pagarte algún día?

La mirada de Lang Junxia parece indicar que Duan Ling le inspira lástima y, sin embargo, también parece haber un toque ternura en sus ojos; finalmente, se fuerza a sonreír y le responde con solemnidad:

—Aprender e ir a la escuela es un derecho. No tienes que pagarme nada. Ya habrá muchas personas a las que querrás agradecer en el futuro.

Después de comprar lo esencial para escribir y de haber comido bastante, Lang Junxia le compra a Duan Ling un calentador de manos y una bolsa bordada. Coloca el arco de jade de Duan Ling dentro de la bolsa, y hace que éste lo guarde dentro de su camiseta interior.

—No puedes perderlo nunca, pase lo que pase. —Lang Junxia le da órdenes estrictas—. Asegúrate de no olvidarlo.

Lang Junxia saca a Duan Ling del bullicio del centro de la ciudad, doblando la esquina por un camino solitario. Hay un edificio rústico de paredes blancas y tejas negras que da a la calle, con capas de nieve amontonadas en el tejado; es una fachada sencilla e imponente a la vez. Detrás de los muros hay cipreses cubiertos de nieve, a través de los cuales se oyen voces infantiles.

En el momento en que Duan Ling escucha a los niños se siente repentinamente lleno de energía. Desde que está con Lang Junxia, no ha visto a nadie de su edad. Ahora siempre se porta bien, muy diferente a cómo era en Runan, una criatura salvaje que se pasaba el día saltando en el barro y el agua. Se pregunta qué hacen normalmente los niños de su edad en Shangjing.

Tomando a Duan Ling de la mano, Lang Junxia lo lleva dentro. Duan Ling nota que en el interior del patio la nieve ha sido barrida con esmero. Tres jóvenes, todos aproximadamente una cabeza más altos que él, están de pie a diez pasos de distancia, sosteniendo sendas flechas y arrojándolas a vasijas colocadas no muy lejos. Al oír pasos, los jóvenes se dan la vuelta para mirar a Duan Ling. Éste se siente un poco nervioso y se acerca a Lang Junxia.

Lang Junxia no se detiene y lleva a Duan Ling hasta el salón interior. Un anciano de cabello canoso está sentado allí, tomando el té.

—Espérame aquí un rato —le indica Lang Junxia.

Duan Ling, vestido con una túnica índigo, se queda bajo el toldo de la veranda mientras Lang Junxia entra solo. Puede oírse débilmente su conversación desde afuera. La mente de Duan Ling empieza a divagar, cuando de pronto nota a otro joven acercándose desde detrás de un pilar, deteniéndose frente a la campana. Poco a poco, el número de niños reunidos en el patio aumenta; todos parecen tener alrededor de ocho o nueve años y lo observan desde lejos, susurrando entre ellos. Alguien comienza a acercarse para hablarle, pero el más alto lo detiene.

Se para bajo la campana y le pregunta a Duan Ling:

—¿Quién eres?

Duan Ling responde mentalmente «soy Duan Ling, mi padre es Duan Sheng…», pero no pronuncia palabra. Presiente problemas inminentes.

Al ver que Duan Ling parece tener miedo de los extraños, los niños empiezan a reírse. Aunque no tiene ni idea de qué se ríen, empieza a enfadarse.

—¿De dónde eres? —El joven tiene una barra de hierro, misma que golpea contra una mano, dando un paso adelante.

Duan Ling retrocede instintivamente, pero el joven le pone la mano libre en el hombro y lo jala hacia él de manera autoritaria. Le coloca la barra de hierro debajo de la barbilla para obligarlo a levantar la vista.

—¿Cuántos años tienes? —le pregunta en tono burlón.

Duan Ling intenta zafarse varias veces, pero el brazo del chico lo mantiene sujeto y no puede moverse ni un centímetro. Sin embargo, cuando finalmente logra soltarse, no se atreve a irse. Como Lang Junxia le ha dicho que se quede ahí, no tiene más opción que permanecer ahí.

—Oh. —El joven es una cabeza más alto que Duan Ling y va vestido de pies a cabeza con el atuendo norteño de abrigo de piel de lobo y sombrero de cola de zorro. La parte negra de sus ojos tiene un matiz azul estrellado, y su piel es morena. De pie frente a Duan Ling, se asemeja a un lobo cachorro casi adulto.

—¿Qué es esto? —El joven estira la mano hacia el cuello de Duan Ling para tirar del cordón rojo que ata la bolsa bordada. Duan Ling se aparta de nuevo.

—Ven aquí. —Al ver que Duan Ling sólo lo tolera y no reacciona, el joven siente que es como golpear un montón de algodón: nada divertido. Le da una palmada en la cara—. Te estoy hablando. ¿Eres mudo?

Duan Ling observa al joven mientras sus manos se cierran en puños y un brillo vicioso aparece en sus ojos. No alcanza a darse cuenta de que, a los ojos del joven, es solo un niño rico más; con golpearlo con la barra, seguramente hará que Duan Ling suplique por sus padres. Pero antes de usar la barra, parece decidido a seguir burlándose de él.

—¿Qué es esto? —Acercándose al oído de Duan Ling, el joven alarga la mano en un intento de jalar la bolsa que cuelga de su cuello. Se inclina y susurra burlonamente—: ¿El tipo que entró antes es tu padre? ¿O es tu hermano mayor? ¿O tal vez un hombre que tu familia mantiene para que sea tu esposo cuando crezcas? ¿Está ahí dentro rogándole al director de rodillas?

Los niños detrás de ellos empiezan a reírse. Por miedo a que la bolsa se rompa, Duan Ling deja que el joven lo arrastre de un lado a otro, tratando obstinadamente de proteger el hilo rojo que sujeta la bolsa.

—¡Arre! —Eljovenhace una seria demostración de arrearlo—. Un burro.

Los niños, en su papel de espectadores, estallan en carcajadas. La cara de Duan Ling se sonroja intensamente.

Antes de que el joven consiga decir algo más, ve cómo el puño de Duan Ling se agranda en su visión, e inmediatamente siente un dolor parecido al de una fractura en la nariz. El puñetazo lo lanza hacia atrás y cae al suelo.

Se produce una lucha caótica. El joven sangra profusamente por la nariz, pero no se echa para atrás; se lanza hacia adelante intentando derribar a Duan Ling. Sin embargo, éste se agacha y lanza su peso a la cintura del joven, de modo que ambos salen volando de la galería hacia el jardín. De repente, los niños a su alrededor comienzan a animar y gritar, formando un círculo para observar cómo los dos se pelean en la nieve.

Duan Ling recibe un puñetazo en la cara y una patada en el pecho; hay estrellas delante de sus ojos. El joven está sentado sobre él ahora, dándole puñetazos. Duan Ling tiene el cuello cubierto de sangre del otro chico y, mientras lo golpean, su visión empieza a oscurecerse. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, súbitamente agarra al joven por el tobillo y lo tira al suelo sin piedad.

Duan Ling se lanza entonces sobre el joven como un perro rabioso y le muerde la mano. Los niños a su alrededor estallan en un alboroto. El dolor es tan intenso que el joven aúlla y, agarrando el cuello de la camisa de Duan Ling, estrella su nuca contra la campana de bronce.

¡Dong! Suena la campana y Duan Ling cae sin fuerzas al suelo, sintiendo un zumbido en la boca, la nariz y los oídos.


[1] Rango más alto, rojo oscuro-púrpura. Similar al magenta oscuro.

[2] ☄En la arquitectura tradicional china, es  una pared decorativa ubicada frente a la entrada principal de una casa para bloquear la vista y desviar la energía negativa según el feng shui. Aquí hay imágenes: 1, 2, 3.

[3] La medida antigua para un pie es en promedio 23.5cm/pie. Eso lo haría 211.5cm o 6 pies 11 pulgadas de alto.

[4] ☄Nameless One en inglés, y en chino algo como “Invitado desconocido / sin nombre”. Otra posible traducción sería “Hombre sin nombre”. Pero en la historia hay una espada a la que se llamará “Sin nombre”, por lo que, para evitar confusiones y mantener un nombre breve, lo he traducido como “Innombrable”.

[5] Qingfengjian, literalmente “espada de filo natural”. Alternativamente, espada del color de la naturaleza.

[6] Ludagun, un aperitivo manchú llamado “burro rodante”.

[7] Los cuatro tesoros del estudio son la pluma, la tinta, el papel y la piedra de tinta.

[8] Los lugares mencionados aquí no son importantes; lo importante es que cada uno de estos lugares está especializado en la fabricación de cada tipo de artículo. Son básicamente lo mejor de lo mejor.

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