Capítulo 42: Punto de inflexión

Entrada la noche, un carruaje se detiene fuera de la puerta del palacio. Un guardia abre la cortina y ayuda a Cai Yan a bajar.

—Su alteza.

Cai Yan se sujeta el arco de jade a la cintura mientras camina. El guardia informa en voz baja:

—Wuluohou Mu condujo el carruaje hasta la orilla y luego arrojó un cadáver al río.

—¿Se detuvo en algún lugar en el camino? —pregunta Cai Yan.

El guardia niega con la cabeza, y Cai Yan asiente con un gesto. Otro guardia se acerca a él.

—Su majestad está despierto. Lo está buscando.

—Cuando Wuluohou Mu regrese al palacio, dile que debe descansar. No necesita venir a verme.

Cai Yan acelera el paso para ver al emperador, su figura fusionándose con la oscuridad.

En un afluente del río Min, en una costa de playa rocosa.

Cascos se acercan desde lejos, y una joven a caballo, vestida con ropas de hombre, galopa en esta dirección, con los faldones de su túnica ondeando tras ella al compás de la brisa. Dos perros de caza corren a lo largo de la orilla, olfateando un cadáver arrastrado por el río. La joven mira, desconcertada, hacia el matorral.

Los perros de caza ladran mientras olfatean el rostro de Duan Ling. Un hombre la alcanza a caballo.

—¡Princesa![1]

La joven es Yao Zheng, hija de la princesa Duanping y el marqués de Huaiyin, la princesa Congping. Hoy ha salido de la ciudad vestida con ropas de hombre para galopar a lo largo del río Min y se ha adentrado en los senderos de las montañas. Sus dos queridos perros han corrido tan libremente por la ladera que logró perderlos, y ahora Yao Zheng los ha seguido hasta aquí. Encontrar el cuerpo de un joven en la playa rocosa la deja bastante confundida.

El hombre que la persigue está vestido de negro, con el extremo de su cinturón ondeando al viento mientras galopa tras ella. La luz del sol le da de lleno en la cara, y su resplandor es tan deslumbrante que no puede mantener los ojos abiertos. Es Wu Du.

—Princesa. —Wu Du no sabe qué hacer con ella—. Los caminos de la montaña aquí son difíciles de transitar, y la primavera significa que hay muchas serpientes e insectos venenosos. No es seguro. Volvamos.

—¿Y quién eres tú exactamente? ¿Desde cuándo tienes el derecho de decirme qué hacer? —demanda Yao Zheng—. Si no quieres acompañarme, ¡entonces regresa tú solo!

Al ver que no hay nadie en la playa, y que está soleado y brillante y que las flores están en plena floración, Wu Du solo puede bajarse del caballo para revisar el área. Una vez que se asegura de que no hay serpientes, escorpiones ni otros peligros venenosos, le hace un gesto a Yao Zheng sin decir nada y se queda de pie junto a la orilla del río, con las manos a los lados.

Yao Zheng se ríe en voz alta. Wu Du hace un esfuerzo por controlar la ira que se agita en su interior. Mira a su alrededor con el ceño fruncido, y al notar a los dos perros ladrando entre la maleza, se dirige hacia allí. Yao Zheng se apea y permanece en el borde del río con una expresión evasiva.

—Princesa —le repite Wu Du—, no debe acercarse demasiado al río. Hay mucha turbulencia por aquí.

Yao Zheng lo ignora. En la maleza, Wu Du encuentra el cuerpo maltrecho de Duan Ling, cubierto de cortes y magulladuras.

Yao Zheng se queda en su lugar un rato antes de acercarse. Al ver a Duan Ling, pregunta:

—Eh, ¿por qué hay un muerto?

Wu Du se arrodilla para comprobar la respiración de Duan Ling y se da cuenta de que ya ha dejado de respirar.

—No tiene heridas fatales en el cuerpo. ¿De dónde es este muchacho? —pregunta Wu Du.

—Está muerto, ¿verdad? —dice Yao Zheng. Cuando Wu Du va a presionar con los dedos el costado del cuello de Duan Ling, ella añade—: Vámonos.

—Espera un momento —replica Wu Du.

Yao Zheng expresa con desdén:

—Si no volvemos pronto, tu amo te gritará.

Wu Du se vuelve para lanzarle una mirada a Yao Zheng, como si estuviera a punto de decir algo, pero al final se lo guarda. En ese momento, el meridiano en el costado del cuello de Duan Ling late levemente una vez.

Wu Du frunce el ceño profundamente y murmura para sí mismo:

—¿Veneno?

De repente, Yao Zheng dice:

—Oye, Wu Du, he oído que puedes envenenar a los vivos hasta la muerte, pero que también puedes resucitar a los muertos. ¿Por qué no lo intentas? Si logras traer de vuelta a alguien que ha muerto, diré algo amable frente a mi papá sobre lo que sea que desees.

—Mi conducta es recta y adecuada, y realmente no deseo nada. Lo que dije frente al marqués de Huaiyin no es más que la verdad.

Wu Du se arrodilla en una rodilla al lado de Duan Ling con una expresión algo perpleja en su rostro, luego saca una botella de porcelana de su bolsa de herbolario y vierte una píldora.

—¿Realmente puedes devolverlo a la vida? —Yao Zheng encuentra a Wu Du totalmente impermeable a la razón.

Wu Du no le contesta. Amasa la píldora hasta convertirla en polvo y se la da de comer a Duan Ling, masajeando su garganta para que baje. Se levanta y le dice a Yao Zheng:

—Pero si realmente vive, ¿vas a cumplir con tu apuesta?

Yao Zheng levanta una ceja, observando a Wu Du. Tras mirarlo fijamente un rato, camina por la playa para subirse de nuevo a su caballo. Desde su posición, mira hacia abajo el agua y pronto habla de nuevo:

—Suelo cumplir mi palabra, así que por supuesto que la apuesta se cumplirá.

La expresión de Wu Du se oscurece de nuevo al percibir la burla en las palabras de Yao Zheng. Pasan unos momentos antes de que él diga:

—Mira, ya está respirando.

—Oh, olvídalo. —Yao Zheng siente que Wu Du es como un saco de arena que nunca responde; si lo abofeteas, simplemente pone la otra mejilla. Tampoco ha dicho nada durante todo el camino, lo que le resulta aburrido. Sin pensar, dice:

—Me voy a jugar con Wuluohou Mu. Ya no necesitas seguirme.

—¡Espera! —Wu Du está a punto de correr hacia ella, pero Yao Zheng ya ha galopado por el sendero de la montaña cual ráfaga de viento. Los dos perros le ladran a Wu Du varias veces antes de correr tras Yao Zheng; incluso sus ladridos están llenos de desdén, como si se estuvieran riendo de su desgracia.

En el umbral de la primavera, el palacio de Xichuan está lleno de pétalos que flotan en el aire. Cai Yan se sienta fuera del salón principal del palacio en la cálida brisa.

Li Yanqiu se está arreglando, así que Cai Yan lo espera afuera.

—¿Está aquí el príncipe heredero? —inquiere Li Yanqiu.

—Su majestad —responde la doncella del palacio—, su alteza ha estado esperando afuera toda la noche.

—Entonces que entre.

Cai Yan entra en la habitación y se inclina ante Li Yanqiu, luego se acerca para asistirlo.

—Cuando volví anoche, ya estabas dormido de nuevo, tío. ¿No has estado durmiendo bien últimamente?

—Tuve un sueño —dice Li Yanqiu—, por eso pensé en ti. Me sentí inquieto y quería preguntarte qué estabas haciendo.

El interior del salón del palacio es un bullicio de actividad. Li Yanqiu apoya la mano en la mesa mientras una doncella y un eunuco le ayudan a ponerse los anillos. Cai Yan saca la otra pieza del arco de jade de una caja de madera y se arrodilla, uniéndola cuidadosamente al cinturón de Li Yanqiu.

—Soñé con el día en que regresaste —le sonríe Li Yanqiu—. Estabas completamente solo y todo estaba borroso, así que no podía ver tu rostro. Me sentí muy ansioso.

Li Yanqiu sonríe con nostalgia, pero Cai Yan no le devuelve la sonrisa; sus ojos están llenos de tristeza.

Una doncella del palacio sostiene un tazón de medicina con ambas manos sobre su cabeza.

Li Yanqiu ni siquiera se molesta en mirarlo antes de agarrarlo y beberlo.

—Yo tampoco dormí bien anoche. Soñé con mi papá.

—Quizás está tratando de enviarte un mensaje a través de tus sueños —suspira Li Yanqiu—. Aunque no ha aparecido en mis sueños en todo este tiempo. Debe seguir culpándome.

—Él nunca pensaría así. Te preocupas demasiado, tío.

—Olvidémonos de eso. —Li Yanqiu le sonríe y, sin pensarlo mucho, pregunta—: ¿Vino a verte tu prima?

Cai Yan niega con la cabeza, así que Li Yanqiu se dirige a un guardia:

—Manda a alguien a llamar a la princesa para que venga a almorzar con nosotros.

Cuando Yao Zheng regresa al palacio por la tarde, aún está vestida de hombre, con barro en las botas. Saluda a Li Yanqiu y a Cai Yan, quien, después de no haber dormido bien la noche anterior, se siente un poco aturdido.

—Oye, Rong —dice Yao Zheng—, ¿dónde está Wuluohou Mu?

—No pude dormir anoche y salí a dar un paseo. Él quería acompañarme, pero le dije que no tenía que hacerlo. Lo mandaré llamar ahora mismo, puede hacerte compañía por la tarde, pero ¿a dónde vas?

—No lo he pensado aún, así que veremos. Pensé en subir primero al monte Wenzhong. ¿Vienes o no?

—No. Tengo memoriales que aprobar.

—Ay. —Yao Zheng ni siquiera sabe qué decir a eso.

Li Yanqiu le pregunta a Yao Zheng:

—¿Cuándo enviará tu padre a alguien para recogerte?

—Pensé que tal vez debería quedarme aquí permanentemente —responde Yao Zheng.

—En ese caso, esta es una buena oportunidad para encontrarte una pareja —comenta Li Yanqiu.

La expresión de Yao Zheng se oscurece y, tras un momento de reflexión, una sonrisa incómoda se apodera de su rostro.

—Je, je, tío, eh…

—Cuando estás en casa, te presionan para que te cases, así que vienes a casa de tu tío. Pero aunque estés aquí, igual tendrás que aceptar un matrimonio arreglado. Tú decides qué hacer.

Yao Zheng no se atreve a hablar de nuevo. Simplemente baja la cabeza y picotea la comida. Alguien afuera anuncia que Wuluohou Mu ha llegado, y Cai Yan le dice que espere afuera. Li Yanqiu le indica a un sirviente que le envíe algo de comida para que pueda comer en una sala contigua a la suya.

Otro eunuco anuncia:

—Wu Du desea hablar con la princesa.

Li Yanqiu contesta sin pensar:

—Dile que se vaya. ¿Qué hace viniendo aquí tan a menudo?

Y así, el eunuco se marcha para despedir a Wu Du.

En este momento, Wu Du no tiene un pase que le permita entrar al palacio a voluntad, así que espera fuera de las puertas, sosteniendo las riendas de un caballo. Sobre el lomo del animal descansa algo, cubierto por una tela.

Después de una hora de espera, un guardia del palacio se acerca para informarle que la princesa no lo verá y que debe marcharse. Wu Du, entonces, guía al caballo por las calles y regresa a su residencia, una casa situada en un patio remoto dentro de la propiedad del gran canciller.

La propiedad del canciller está organizada en cuatro grandes capas[2]; tiene cuarenta y ocho patios, más de cien edificios y alberga a muchos asistentes invitados. En su rincón más remoto se ha establecido un patio externo con tres edificios, una casa con un establo y un cobertizo de madera. Después del sacrificio de Li Jianhong, los de Xichuan tuvieron que reorganizarse. Wu Du fue reclutado por Mu Kuangda y encontró un lugar donde quedarse.

A menudo lo ridiculizan como un «esclavo con tres apellidos»[3]. Primero siguió a Zhao Kui, luego trabajó brevemente a las órdenes de Li Jianhong, y finalmente terminó en la mansión de Mu Kuangda, donde se convirtió en su asistente invitado. A lo largo de todos estos años, los cuatro grandes asesinos han alcanzado fama histórica: Wuluohou Mu escoltó al príncipe heredero de regreso a la capital y ganó mucho mérito; Zheng Yan vive en reclusión en Huaiyin y, aunque declara públicamente que no le importa lo que sucede en el mundo, en realidad es confidente del marqués de Huaiyin, Yao Fu; Chang Liujun siempre ha sido fundamental para Mu Kuangda. Solo Wu Du parece estar atrapado en la mala suerte; cada una de sus misiones ha terminado en fracaso. Sus dos primeros amos han muerto uno seguido del otro, y como un perro callejero, no tuvo más opción que jurar lealtad a los Mu.

Los otros asistentes invitados de Mu Kuangda incluso intentaron advertirle que Wu Du estaba destinado a ser una maldición para sus amos y que sería mejor no aceptarlo. También hubo quienes sospecharon que Wu Du había asesinado a Li Jianhong. En medio de todas estas opiniones divergentes, Mu Kuangda simplemente sonrió y aceptó el juramento de lealtad de Wu Du, permitiéndole sentarse en el banquete entre sus numerosos asistentes invitados.

Después de todo, Wu Du sabe demasiado sobre Zhao Kui, y todo lo que puede hacer con alguien así es matarlo o reclutarlo; desecharlo sin más no sería lo correcto. Además, aunque está cerca de ser borrado de la lista, un título como «uno de los cuatro grandes asesinos» todavía tiene su valor.

Ostensiblemente, Mu Kuangda trata a Wu Du como a un valioso asesor, pero en realidad rara vez recurre a él. La mayor parte del tiempo lo mantiene como un ocioso, mientras que Chang Liujun lo desprecia abiertamente. Así, Wu Du ha empezado a vivir de esta manera en la residencia del canciller, y en su día a día casi nadie se preocupa por lo que hace.

Chang Liujun le llegó a recordar a Mu Kuangda que Wu Du podría estar ocultándose en la mansión y que algún día buscaría venganza por Zhao Kui. Sin embargo, la respuesta de Mu Kuangda fue:

—Definitivamente no. Wu Du nunca ha sido un rival para ustedes, y no es por nada en particular, sino porque nunca ha sabido lo que realmente quiere. Simplemente va a la deriva.

Al reflexionar sobre el asunto, Chang Liujun estuvo de acuerdo: Wu Du carece de perseverancia y sus habilidades en las artes marciales son bastante mediocres. Por lo tanto, dejó de prestarle atención. Al principio, había varios sirvientes en esta casa patio para atender a Wu Du, pero al ver que la familia Mu no lo valoraba realmente, se pasaban el día holgazaneando. Finalmente, un día Wu Du explotó contra ellos y los expulsó a todos, quedándose solo en el lugar.

Una vez que Wu Du regresa a casa, aparta la tela, baja a Duan Ling y lo coloca en el patio antes de tomar un tazón lleno de licor fuerte y derramárselo sobre el rostro. Duan Ling jadea violentamente por aire, pero no se despierta. Wu Du lo examina, pero entonces alguien llega al patio para decirle que el canciller desea verlo.

Wu Du no tiene más opción que ir.


[1] Hay muchos niveles de princesas en la China imperial, pero en inglés suelen traducirse todos como princess. La princesa Congping no nació con un título, y no heredará el de su padre, ya que sólo el primogénito de la esposa principal puede hacerlo, y probablemente por eso se le confirió un título. Su título se traduce generalmente como “princesa soberana”.

[2] El tamaño de una casa patio, es decir, un “siheyuan” se medía en entradas/jin. Cuatro entradas a través de cuatro grandes puertas generalmente te llevan al patio del amo en un siheyuan de cuatro jin, pero los diseños no están estandarizados. La propiedad de un canciller tiene el tamaño de un pequeño pueblo.

[3] En Romance de los Tres Reinos, Zhang Fei se burlaba de la falta de lealtad de Lu Bu llamándolo “El esclavo de los tres apellidos”. Los tres apellidos de Lu Bu eran el suyo propio y el de sus dos padres adoptivos sucesivos. Él mató a ambos padres adoptivos. Como curiosidad, Feitian parece tener predilección por Lu Bu como personaje y lo ha escrito como ML dos veces en dos novelas diferentes. ︎

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