Duan Ling se deja caer de espaldas contra el diván mientras las muchachas lo miran fijamente. Intenta despedirlas de nuevo con un gesto de la mano y dice con sinceridad:
—Por favor, váyanse. Déjenme descansar un rato a solas.
Una de ellas va a buscar a la madama, que entra apresurada y le explica:
—Joven, las chicas solo están aquí para hacerle compañía mientras bebe.
—No hace falta. El precio puede seguir siendo el mismo, lo que pidan. Solo entregue la cuenta al hombre de la habitación de al lado.
La madama parece darse cuenta de algo, pero no lo dice en voz alta. Sin embargo, no puede simplemente desatender a un cliente, así que le responde:
—Entonces, déjame llamar a un músico de qin para que lo atienda, joven.
«Bueno, eso probablemente está bien», piensa Duan Ling, y así la madama sale a buscar a alguien. No tarda mucho en que entre un joven prostituto[1].
Duan Ling se queda sin palabras.
El chico tiene rasgos delicados y bonitos, y es muy amable. Se acerca y se sienta junto a Duan Ling.
—¿Le gustaría un masaje, señor?
Duan Ling agita una mano.
—Tú también puedes irte. No hay problema.
El chico se queda perplejo, y Duan Ling piensa que ya que ha venido, podría dejarlo quedarse, así que rectifica:
—Oh, no importa, quédate por ahora, pero no dejes entrar a nadie más.
Así, el chico se sienta y le sirve una copa de vino, levantándola hacia los labios de Duan Ling. Pero este le dice:
—No bebo.
Duan Ling tiene miedo tanto de hablar en sueños como de decir algo extraño que pueda ponerlo en peligro si se emborracha, por eso evita el vino por completo. Ante esto, el chico solo puede recoger algo de comida con unos palillos y alimentar a Duan Ling en su lugar. Aunque a Duan Ling le resulta algo repugnante, sabe que no puede rechazar al chico; después de todo, ambos son almas desafortunadas. Así que simplemente asiente y lo elogia un poco.
—Eres muy hermoso.
—Usted es muy hermoso, señor —dice el chico, sonriendo.
—Las personas hermosas —dice Duan Ling, que parece estar teniendo una especie de epifanía— siempre tienen ventaja, y cuando miran el mundo, les parece más próspero. Eso se debe a que la mayoría de la gente común les sonríe cuando los ven.
El chico nunca pensó que Duan Ling soltaría de repente semejante comentario sobre la vida, y solo puede sonreír incómodamente en respuesta.
—Solo siéntate ahí. No te preocupes por atenderme —dice Duan Ling mientras señala el otro extremo del diván, dejando al chico sin opción más que acomodarse allí y conformarse.
Duan Ling añade:
—No te pagarán menos. Solo finge que estás en un descanso.
El chico se queda sentado por un rato; no había previsto que el aura de Duan Ling fuera tan abrumadora que no pudiera hacer nada. Pasado un momento, pregunta:
—¿Qué le gusta comer, señor? Iré a pedirle a la cocina que lo prepare.
—Wantanes —responde Duan Ling—. Acabo de comer, pero algo de fruta estaría bien.
El chico se inclina y sale de la habitación. Afuera, la madama le hace varias preguntas, y Duan Ling escucha un «no le gusté» antes de que el chico se aleje. «Gracias a los cielos», piensa Duan Ling, «sería lo mejor si me dejan en paz».
Recostado en el diván, Duan Ling nota las uvas, y como es bastante raro ver uvas, se come varias; son ácidas y dulces, y cuanto más come, más las disfruta. Así que arrastra toda la bandeja a su regazo y empieza a comer con ganas, mientras reflexiona sobre el tema de su posible matrimonio. Por lo general, tiene tantas cosas en mente que apenas puede darles sentido, pero ahora tiene la oportunidad de pensar con calma, por ejemplo, sobre la «alianza matrimonial» de la que escuchó hablar a Mu Kuangda y Chang Pin anoche.
Este año, el sexto día del duodécimo mes, cumplirá dieciséis. Si su padre aún estuviera vivo, seguramente ya le habría elegido una esposa, pero él nunca lo ha pensado; todo eso le parece muy distante. ¿Habría tenido que formar una alianza matrimonial con alguna de las grandes familias, como ese «príncipe heredero»? Antes, cada primavera sentía un deseo en su interior buscando una salida, pero ahora parece no sentir nada en absoluto cuando se trata del amor romántico.
¿Cuándo empezó todo eso, si lo piensa bien? Probablemente después de llegar a Xichuan, desde el momento en que Lang Junxia lo envenenó. La voz de Duan Ling sigue algo ronca; aún no se ha recuperado por completo. ¿Con qué tipo de esposa quiere casarse? ¿Cómo sería su hijo?
Duan Ling no cree que pueda ser un buen padre. Aún no está listo. Si no puede darle felicidad a su hijo, preferiría no tener ninguno. Su propia vida pende de un hilo, así que, ¿cómo podría agobiar a sus hijos con eso? Pero, pensándolo bien, su padre también fue un vagabundo errante; tanto que Duan Ling ni siquiera lo vio hasta trece años después de su nacimiento… Al recordar el pasado, siente que, de todos modos, él lo amaba.
Pero ya ha soportado suficiente sufrimiento por su cuenta. Solo considerará el matrimonio si logra recuperar la posición que le corresponde. Tal vez nunca logre alcanzar ese objetivo… Aunque los antepasados del Gran Chen lo bendigan y lo ayuden a convertirse en emperador, con toda la lucha interna y las traiciones en el gobierno, ser su hijo no sería precisamente una vida fácil.
Estarían mejor siendo personas comunes…
Los pensamientos de Duan Ling se dispersan, siguiendo el sonido de la música que se cuela por la puerta. Llaman de nuevo, pero esta vez entran sin esperar respuesta.
—La jefa me ha pedido que venga a atenderle, joven —dice una voz masculina grave y resonante.
El recién llegado es un tipo corpulento, alto, de hombros anchos y figura robusta, vestido con una camiseta ajustada de manga corta y el pecho al descubierto. Con una caja de comida en las manos, entra y cierra la puerta de un puntapié hacia atrás.
Duan Ling escupe de inmediato el té que estaba tomando.
—¿Joven? —El hombre musculoso se le acerca rápidamente, le da unas palmaditas en la espalda y empieza a ofrecerle uvas.
—¡Siéntate ahí! —le ordena Duan Ling de inmediato—. ¡Y no te muevas!
El hombre fornido es fuerte, de piel cobriza y rasgos toscos que desprenden poder y todo el encanto de un guerrero. Le dedica a Duan Ling una sonrisa algo rígida.
Duan Ling se siente desfallecer[2]; se cubre la frente con una mano, sin saber qué decir.
¿De dónde habrán sacado a este tipo? No puede ser uno de los prostitutos del Pabellón de las Flores. Lo más probable es que sólo sea un matón contratado como temporero que ahora tiene un doble propósito.
—Joven, usted es tan guapo. ¿Por qué no le canto una canción?
—No es necesario, amigo —lo rechaza Duan Ling de inmediato—. Solo tienes que sentarte ahí.
El hombre fornido asiente con tacto y pregunta:
—¿De dónde es, joven?
Duan Ling ni siquiera sabe qué decirle.
—La jefa del Pabellón de las Flores se gastó un buen dinero en mí para que le atendiera, así que al menos debería ordenarme hacer algo. No iba a venir al principio, pero al ver lo guapo que es usted…
—Bebe entonces. —Duan Ling piensa: «Bueno, nadie la tiene fácil», así que agarra su taza de té en lugar del vino y le hace saber que lo único que tiene que hacer es beber.
El hombre fornido parece estar encantado con esto; bebe vino, come carne y, cuando ha tenido suficiente, se gira hacia Duan Ling.
—Gracias por la comida, joven. Ya que he comido bien, entonces vamos a…
—¡Quédate ahí sentado! —Duan Ling ya no puede aguantar más.
El hombre fornido no tiene más remedio que quedarse quieto y comportarse.
No pasa ni un momento antes de que alguien llame a la puerta. Duan Ling está al borde de un colapso en este momento, y gime:
—¿Quién es ahora?
—Soy yo —responde Wu Du, abriendo la puerta. Cuando entra, encuentra a un hombre fornido sentado en un lado de la habitación, Duan Ling y él mirándose, aparentemente en un punto muerto.
Wu Du observa la escena en silencio. Duan Ling le devuelve la mirada también en silencio.
—¿Qué es todo esto? —La expresión de Wu Du es simplemente maravillosa.
Cuando el hombre fornido está a punto de explicar, Duan Ling deja caer la frente en su mano. Para evitar que el hombre haga que esto parezca mucho peor de lo que es, Duan Ling le dice:
—Vete, por favor.
Ese hombre finalmente se va, dejando a Wu Du y Duan Ling solos en la habitación. Duan Ling mira a Wu Du con curiosidad.
—¿Qué haces aquí?
—Oh, vinieron de al lado y me dijeron —responde Wu Du con aire despreocupado— que al joven no le gustan los hombres ni las mujeres, así que no tuve más remedio que venir y atenderte yo mismo.
Duan Ling estalla en carcajadas, mientras Wu Du observa a Duan Ling con una expresión bastante incómoda en su rostro.
—No habrás adquirido la misma… esa dolencia innombrable que tiene Mu Qing, ¿verdad?
—¿Ah? —Duan Ling muestra una expresión completamente en blanco—. ¿Qué dolencia innombrable?
—Oh, olvídalo. —Wu Du no se molesta en explicar, y se sienta en el borde de la cama.
—¿Todavía no ha llegado tu amistad?
—Todavía no. Me senté a pensarlo un rato y creo que podemos irnos.
Duan Ling comprende ahora; Wu Du probablemente estaba tratando de tomar una decisión esta noche. ¿Debería dejar la mansión del canciller para encontrar otro trabajo, o debería quedarse allí? Él esperaba que Wu Du no se fuera. De lo contrario, la posición de Duan Ling se volvería aún más precaria. Pero Wu Du debería ser quien tome una decisión tan importante por su cuenta, y Duan Ling no se atreve a interferir y decidir por él. Los dos se sientan en silencio por un tiempo; Duan Ling se da la vuelta y apoya la cabeza en la pierna de Wu Du, en tanto que Wu Du permanece sentado con la mirada perdida.
—Vámonos —dice Wu Du—. Vámonos a casa.
Mentalmente, Duan Ling suelta un suspiro de alivio. Parece que Wu Du ha decidido quedarse en la mansión del canciller. Pero justo en ese momento, alguien afuera anuncia:
—Mi señor, sus amigos están aquí. Están justo al lado.
—Iré a reunirme con él brevemente —le dice Wu Du a Duan Ling—. Puedes esperar aquí. Esto no llevará mucho tiempo.
Duan Ling asiente, y Wu Du se levanta y sale de la habitación.
Dentro de la habitación Cielo, la lámpara está atenuada. Wu Du abre la puerta y, en cuanto entra, alguien la cierra tras él.
—Ha pasado mucho tiempo, Wu Du. Por favor, siéntate.
Bajo la tenue luz de la lámpara, Lang Junxia está sentado a un lado sirviendo vino en una copa. Cai Yan está sentado en un diván en el centro de la habitación, mirando fijamente a Wu Du, dedicándole una sonrisa y una inclinación de cabeza.
—Saludos, su alteza. —Wu Du da un paso adelante y se arrodilla en una rodilla en un saludo militar. Cai Yan se acerca de inmediato para ayudarlo a levantarse, y en el momento en que se tocan, Wu Du se levanta y da medio paso hacia atrás.
Cai Yan extiende la mano nuevamente, haciendo un gesto para que tome asiento, pero Wu Du no lo hace. Simplemente se queda parado en silencio.
—¿Tanta prisa tienes? —le dice Lang Junxia, su voz fría.
Wu Du respira hondo y asiente.
—Si hay algo que su alteza quiera decir, por favor, adelante.
—La última vez que hablamos fue en Shangjing, en el Salón Ilustre. Es difícil pensar cómo han pasado los años en un abrir y cerrar de ojos. Iba a concertar un encuentro contigo para el día séptimo del séptimo mes para que pudiéramos compartir una copa juntos y presentar nuestros respetos a mi padre, pero desafortunadamente no podré encontrar el tiempo, y por eso quería verte ahora, anticipadamente.
—Siento mucho esa vieja transgresión. Cada uno debe servir a su propio amo. No tuve elección.
—Cada uno de ustedes debe servir a su propio amo, así que por supuesto no te culpo. —Cai Yan sonríe—. Súbdito Wu Du, ¿piensas tener toda una conversación conmigo de pie de esa manera?
Solo entonces Wu Du se mueve para tomar asiento.
—Esta copa de vino es para darte las gracias por traer de vuelta el cuerpo de mi padre. —Cai Yan espera hasta que Lang Junxia pone la copa de vino delante de Wu Du antes de levantar la suya.
Wu Du levanta la copa y la mira. Por más audaces que sean, presumiblemente no llegarán tan lejos como para intentar un envenenamiento frente a un maestro envenenador. Por lo tanto, los tres apuran sus copas.
—La razón por la que no he venido a verte en todo este tiempo —continua Cai Yan— no es porque no quisiera. Es porque no he podido.
Wu Du rumia durante largo rato antes de mirar a Lang Junxia, luego vuelve su mirada hacia el príncipe heredero «Li Rong».
Cai Yan continúa:
—Solo dos han jurado lealtad a mi padre. Uno es Wuluohou Mu, y el otro eres tú. Lo primero que quise hacer cuando regresé a la corte imperial fue llevarte al palacio. Sin embargo, ya tenía a Wuluohou Mu conmigo, por lo que aunque te hubiera reclutado a ti también solo habría sido un desperdicio de tu talento, y por eso hice otros arreglos. Estoy seguro de que entiendes las innumerables razones por las que esto tuvo que ser así, por lo tanto no hablaré más del asunto.
Wu Du da un ligero respingo y, como si se hubiera dado cuenta de algo, entorna los ojos.
Mientras tanto, Lang Junxia ha estado observando tranquilamente la copa de vino ante él. Aparte de eso, ha guardado silencio.
—El canciller Mu presentó el memorial para trasladar la capital en la asamblea de la corte de esta mañana, y he pensado que no puedo retrasar esto más. Venir a verte esta noche es un esfuerzo arriesgado por ambas partes, pero una vez que comience el traslado de la capital, inevitablemente habrá cambios en el personal. Si no te lo hago saber con antelación, solo será más difícil debido al yugo al que estaremos sometidos más adelante.
Cai Yan observa con ansias a Wu Du, como si esperara que reaccionara de alguna manera, pero tanto Lang Junxia como Wu Du son como un par de estatuas de madera colocadas en la habitación, cada uno guardando silencio.
—Wu Du, ¿qué opinas? —pregunta Cai Yan con calidez—. No hay problema en expresarte.
Wu Du suelta un largo, largo suspiro.
—Ese día, cuando su alteza estalló en cólera y me acusó de no proteger al difunto emperador, pensé que realmente quería matarme. Ahora que lo pienso, esta reunión ha resuelto algo que ha estado atormentando mi corazón hasta ahora.
Una vez que termina de hablar, Wu Du se acerca a Cai Yan, se arrodilla en ambas rodillas y hace una reverencia. Cai Yan de inmediato va a ayudarlo a levantarse de nuevo; esta vez no hay duda sobre su sinceridad mientras ayuda a Wu Du a levantarse.
—Yo fui quien te hizo daño. —Hay lágrimas en los ojos de Cai Yan, que están un poco enrojecidos—. Una vez que la capital se traslade a Jiangzhou, necesito crear una nueva división de guardias imperiales. Aún no he pensado cómo llamarla, pero los promovidos a sus filas deben ser personas en las que pueda confiar. Después de pensarlo mucho, creo que tú eres el único candidato adecuado.
Wu Du vuelve a quedarse callado.
Cai Yan prosigue:
—Preveo que esta división de la Guardia se reorganice a partir de la Guardia Sombra del Gran Chen y se convierta en una agencia de inteligencia, con el espionaje de enemigos extranjeros y la auditoría de asuntos internos como sostén principal. Como actualmente trabajas para el canciller Mu, seguro que no sospechará de ti.
Un leve ceño aparece entre las cejas de Wu Du, apenas perceptible, pero Lang Junxia ha estado observando su expresión todo este tiempo.
—Su alteza… —Wu Du parece estar pensando mucho.
—No tienes que darme una respuesta en este momento. —Cai Yan levanta una mano para impedir que Wu Du continúe—. Tendrás mucho tiempo para considerarlo cuando te vayas. Esperaba que durante esta reunión pudiera agradecerte de alguna manera, pero cosas como el dinero y las joyas solo pueden degradar tu lealtad inmaculada hacia mí…
Al escuchar esto, los ojos de Wu Du se enrojecen de repente. Cuando Li Jianhong murió en batalla, Wu Du se lanzó a Shangjing y recuperó el cuerpo del emperador de manos del enemigo. Sin embargo, al regresar a la corte imperial, Li Yanqiu lo arrestó encolerizado. Meses después, Wuluohou Mu escoltó de regreso al príncipe heredero y este quiso condenarlo a muerte. Fue Mu Kuangda quien escribió una petición de clemencia, y esa fue la única razón por la que pudo conservar su vida.
Durante todo este tiempo, nadie lo comprendió y nadie sintió lástima por él. No es hasta hoy que las cadenas que lo rodean son removidas con estas palabras: lealtad inmaculada.
[1] Probablemente entre trece y diecisiete años.
[2] La frase original era en realidad “primero nació Buda, luego ascendió Buda”, que significa simplemente “vivió y murió” o “murió y vivió”. Es solo una forma elegante de decir “casi se desmayó”, o “se desmayó y se volvió a despertar”.
