—… Todo lo que puedo ofrecerte es esta copa de vino, para mostrar mi aprecio por ti. —Cai Yan le ofrece a Wu Du una segunda copa.
Wu Du no responde esta vez; la bebe en silencio.
—Está un poco amargo —comenta.
—¿Qué? —Cai Yan parece sorprendido, y Wu Du sacude la cabeza. Sonriendo, escudriña el rostro de Cai Yan. A Cai Yan no le gusta nada que lo miren fijamente, y de repente se siente incómodo. Justo en ese momento, Lang Junxia se levanta y coloca un sello frente a Wu Du.
Y así, la atención de Wu Du se desvía hacia el sello.
Cai Yan le dice:
—Este sello se puede utilizar en los cuatro bancos privados de Tongbao, Changlong, Yunji y Qianxing[1], así como en cualquiera de sus sucursales, para retirar dinero que puedes usar en el reclutamiento. No necesitas una firma; solo necesitas el sello.
Una vez más, Wu Du se sobresalta ligeramente y, apoyando una mano en la rodilla, se levanta.
—No puedo aceptarlo —responde—. Me temo que tendré que defraudar las grandes expectativas que su alteza depositó en mí.
La habitación se sume en un silencio opresivo tras sus palabras. Ninguno de los tres habla. Pasa mucho tiempo antes de que Wu Du suelte otro suspiro.
—El difunto emperador reconoció mi valía y, por supuesto, esa bondad quedará grabada en mi corazón para siempre. Haré todo lo posible por usted. Sin embargo, no estoy seguro de hasta dónde llegaré.
La expresión de Cai Yan es gélida al principio, pero una sonrisa vuelve a su rostro al escuchar estas palabras, como si exhalara un suspiro de alivio.
—Wu Du, permíteme decirte algo muy solemnemente: en todo este vasto mundo, aparte de Wuluohou Mu y tú, no puedo pensar en nadie más en quien pueda confiar.
Wu Du sonríe suavemente y asiente. Luego, con el puño en la mano, saluda a Cai Yan, se inclina y dice:
—Me despido.
—Todavía no has bebido esta tercera copa de vino —interrumpe Lang Junxia una vez más.
—La beberé más tarde. Pero primero debo recuperar la Zhenshanhe para su alteza. De lo contrario, realmente no creo que pueda ser tan descarado como para pensar que merezco esta copa de vino.
Se da la vuelta y se va, la puerta se cierra de nuevo, dejando a Cai Yan y Lang Junxia sentados en silencio, con el sello aún colocado firmemente sobre la mesa.
A Cai Yan le dan ganas de estrellar la copa de vino contra el suelo, pero finalmente se contiene, temiendo que el sonido de su rabieta llegue a oídos de Wu Du, que aún no se ha alejado mucho, y que revele que ha perdido la compostura.
—No puede confiar en ti —dice Lang Junxia por fin—. La gente que es fiel a sus sentimientos suele ser así. Él puede volverse irremediablemente devoto a ti por algo que dijiste, y también puede guardarte rencor por una cosa u otra que hayas hecho. Nuestra decisión de seguir la corriente e intentar instalarlo en la mansión del canciller como espía fue un error desde el principio.
—Cualquier otro habría entendido el razonamiento. ¿Qué podría haber esperado ganar yo matándolo?
—No todo el mundo puede entender las cosas tan claramente.
—Ya se lo expliqué —replica Cai Yan, desesperado.
—Lo aceptó lógicamente, pero no lo ha aceptado emocionalmente.
—Entonces, ¿es irremediablemente devoto a mí, o dice una cosa y piensa otra?
—A alguien así tienes que ganártelo con palabras amables.
Cai Yan no dice nada durante mucho tiempo.
—Lang Junxia, te lo suplico una vez más. Por favor, quédate.
—No hace falta que lo repitas —contesta Lang Junxia—. Solo necesitas engatusarlo a menudo para que confíe en ti. Tarde o temprano, se te entregará por completo. Y tarde o temprano, ocupará mi lugar.
Cai Yan abre la boca, como si quisiera decir algo más, pero Lang Junxia ya ha empezado a hablar de nuevo.
—Él te mantendrá a salvo. Además, no sabe nada —dice—. No hay redención para mí en esta vida. Pasaré la próxima vida e incluso la siguiente en el infierno, ardiendo en un fuego furioso, atravesando mares de llamas y escalando montañas de espadas, siendo desollado y teniendo mi lengua arrancada, por toda la eternidad. Nunca habrá absolución para mí.
Lang Junxia se levanta.
—Apenas entendemos la vida, así que ¿cómo podemos saber lo que pasa después de la muerte?[2] Mataste a un hombre, pero salvaste a todo el reino. Y también juré que nunca te haría nada…
Lang Junxia levanta la vista y se encuentra con los ojos de Cai Yan.
—En mi corazón, el verdugo que me hará pedazos… no es otro que yo mismo.
Cai Yan mira fijamente a Lang Junxia, y durante mucho tiempo, no dice nada en absoluto.
Entretanto, Duan Ling está acostado en una cama comiendo uvas mientras hojea despreocupadamente un libro de ilustraciones eróticas.
Ha descubierto que le interesan bastante las imágenes eróticas. No tiene idea si es porque la atmósfera amorosa de su entorno ha avivado sus deseos más básicos y ha hecho que su sangre hierva, o si simplemente ha llegado a la edad adecuada para empezar a sentirlo. Aunque la idea de hacer lo que se muestra en estas ilustraciones lo llena de un sentido abrumador de vergüenza. Duan Ling ha estado hojeando las páginas durante un rato, y se le ha secado la boca. Sostiene una uva entre sus labios sin morderla, jugando con ella con su lengua.
Wu Du vuelve a entrar en la habitación, y Duan Ling esconde el libro de inmediato. Se limpia la saliva de la comisura de los labios y se alisa conspicuamente la ropa, permaneciendo sentado y sin levantarse a saludar a Wu Du.
—¿Ya has vuelto tan pronto?
Wu Du observa a Duan Ling fijamente, momentáneamente distraído por una sensación repentina y extraña. Quizás sea el contraste con la atmósfera excesivamente cargada que había alrededor de Wuluohou Mu y el príncipe heredero. Cuando regresa al lado de Duan Ling, todo parece adquirir un brillo, como si el mundo se hubiera iluminado a su alrededor.
—¿Estás bien? —Duan Ling siente que hay algo raro en la expresión de Wu Du.
Wu Du sacude la cabeza y se da la vuelta para sentarse en la cama. Le dice a Duan Ling:
—Quedémonos aquí un rato y esperemos a que se vayan antes de ponernos en marcha.
Duan Ling tiene la sensación de que las palabras de ellos han conmovido a Wu Du; sus ojos están un poco enrojecidos, como si estuviera al borde de las lágrimas. Duan Ling lo observa durante un momento antes de extender tentativamente la mano para colocarla en el cuello de Wu Du, dándole un suave golpecito en la nuca.
Wu Du sacude la cabeza y vuelve a centrar su atención en el presente.
—¿Quién era? —pregunta Duan Ling.
—El príncipe heredero.
Como un relámpago, la revelación golpea la mente de Duan Ling, quien inmediatamente se ve inundado por una multitud de emociones complejas.
—¿El príncipe heredero está al otro lado del pasillo? —pregunta.
Wu Du resume de manera sucinta lo que se había discutido anteriormente, pero Duan Ling no comprende nada de lo que se le ha dicho; una miríada de ideas surge una tras otra, solo para dispersarse y desmoronarse nuevamente. Su mente divaga durante un buen rato antes de que se vuelva para mirar a Wu Du.
Ahora es Wu Du quien se queda perplejo y le pregunta a Duan Ling:
—¿Qué sucede?
Duan Ling niega con la cabeza.
Wu Du pregunta de nuevo:
—¿Bebiste alcohol?
Frunciendo el ceño, Wu Du se inclina para oler el aliento de Duan Ling, pero no detecta rastro alguno de alcohol. Mientras tanto, Duan Ling sigue pensando en el «príncipe heredero». ¿Qué quería el príncipe heredero de Wu Du? En realidad, Wu Du ya le ha contado todo; simplemente, por un momento, Duan Ling no lo escuchó.
El movimiento de Wu Du acercándose trae de vuelta a Duan Ling al presente, donde sus rostros están muy cerca uno del otro. Duan Ling comienza a ruborizarse de inmediato, y Wu Du también se siente un poco incómodo, así que, sin pensarlo, extiende la mano y le da a Duan Ling una palmadita en la cara.
—Oye.
Y ese gesto resulta aún más coqueto. Aunque Wu Du ya ha abofeteado a Duan Ling antes y ahora no significa nada especial, ambos se sienten de repente avergonzados por alguna razón. Duan Ling empieza a inquietarse. Wu Du puede escuchar risas de chicas afuera, despidiendo a los invitados abajo, y, asumiendo que las personas con las que se estaba reuniendo ya se han ido, le dice a Duan Ling:
—También deberíamos irnos.
Duan Ling asiente y se levanta junto a él, pero en cuanto abren la puerta, ven que la puerta de la habitación Cielo al otro lado también se abre, y Cai Yan y Lang Junxia salen de ella.
En ese instante, Duan Ling queda completamente sorprendido; a este paso, se encontrarán en las escaleras, y no hay dónde esconderse. Con una breve mirada, Cai Yan ya ha avistado a Wu Du y también puede ver que hay un joven justo detrás de él.
—¿Por qué siguen aquí? —Wu Du tampoco esperaba esto, y le dice a Duan Ling—: Vamos a saludar.
Este percance ha llegado demasiado rápido; tan rápido que Duan Ling casi no tiene tiempo para pensar en absoluto. Inmediatamente, hace algo que causa la misma conmoción en Wu Du.
Duan Ling le rodea el cuello con los brazos y se pone de puntillas, obligando a Wu Du a bajar la cabeza. En un instante, las mejillas de Wu Du se enrojecen y sus manos se tensan incómodamente a los costados.
—No puedes dejar que lo sepan —susurra Duan Ling junto al oído de Wu Du.
Duan Ling cubre el rostro de Wu Du con una mano, como si estuviera a punto de besarle. Aunque Wu Du no ha pensado realmente en lo que está sucediendo, coopera de todos modos y empuja a Duan Ling contra la pared.
Duan Ling tiene la nariz pegada a la de Wu Du, y una ligera arruga se forma entre sus cejas.
—Si se enteran de que estás con alguien de la mansión del canciller —dice Duan Ling—, sospecharán que los estás delatando…
Así, parece que Wu Du se está despidiendo de manera íntima de un prostituto del burdel justo antes de irse, actuando como si fueran las únicas personas en el pasillo.
—Ya veo. —Wu Du lo mira fijamente a los ojos y, de repente, dice—: Ten cuidado de tomarte esto en serio. No serás realmente…
Sus respiraciones se entrelazan, y solo ahora Duan Ling se da cuenta de que está teniendo una reacción bastante extraña. Nunca se había sentido tan avergonzado, pero tampoco se atreve a separarse de Wu Du. Sus ojos se encuentran, y ambos se miran a la cara. El corazón de Duan Ling late con fuerza y su mirada divaga, pero pronto vuelve a centrarse en los ojos de Wu Du. De repente, se da cuenta de que este tipo tiene una nariz extraordinariamente hermosa. Nunca lo había notado antes, pero ahora siente que Wu Du tiene ese tipo de rostro que se vuelve más guapo cuanto más lo miras.
—¿Puedes… decir algo? —Duan Ling está demasiado avergonzado.
—Si fueras una mujer… Después de abrazarte así, no tendría más remedio que casarme contigo.
—¿Tienes una chica que te guste? —Sin pensarlo, Duan Ling hace esta pregunta en un intento de cambiar de tema. Pero tan pronto como las palabras salen de su boca, se da cuenta de que suena como una confesión, haciendo que la atmósfera se vuelva aún más incómoda.
—Antes sí. Pero ahora ya no. Te lo contaré cuando tengamos tiempo.
Los dos solo se separan al escuchar pasos bajando las escaleras. Temeroso de que puedan mirar hacia arriba y verlo, Duan Ling regresa rápidamente a la habitación.
—¿Se han ido? —pregunta Duan Ling desde detrás de la puerta.
Wu Du no responde.
—¿Wu Du?
Wu Du finalmente recupera la compostura. El momento anterior ha hecho que su mente divague.
—Se han ido —responde Wu Du—. Esperemos un poco más.
Después de esperar un poco más, Wu Du dice:
—Vámonos.
Solo entonces Duan Ling sale de la habitación, y los dos bajan por las escaleras. Duan Ling se siente nervioso. Wu Du añade:
—Realmente eres una persona calculadora.
—Vivir es agotador cuando estás calculando todo el tiempo —repone Duan Ling, soltando un suspiro.
—Puedes venderme en cuanto volvamos. El canciller incluso podría darte una residencia enorme.
Con una expresión completamente seria, Duan Ling replica:
—¿Qué dijiste antes? Después de que mencionaste «príncipe heredero», me quedé tan sorprendido que no escuché nada más. ¿Por qué no me repites todo otra vez? Me aseguraré de anotarlo en detalle para poder venderte mejor mañana.
Wu Du se ríe. Los dos dejan atrás el Pabellón de las Flores.
Dentro del carruaje, Cai Yan abre la cortina y le dice a Lang Junxia, que está sentado en el asiento del cochero:
—¿La persona que se fue antes que nosotros y Wu Du era alguien de la mansión del canciller?
—No pude ver bien. El carruaje ya se había ido, pero por el breve vistazo que pude echar, sí parecía de la mansión del canciller.
—¿Wu Du lo trajo? —Cai Yan frunce el ceño profundamente.
Lang Junxia detiene el carruaje, reflexiona por un momento y dice:
—Es poco probable. Pero me preocupa que lo hayan seguido… Aunque, incluso si lo estuvieran siguiendo, probablemente no habrían usado un carruaje oficial.
La avenida se va haciendo más tranquila; los mercados comienzan a cerrar y la multitud se dispersa. Los vendedores ambulantes que quedan recogen sus mercancías. Wu Du y Duan Ling caminan uno al lado del otro.
—¿Y qué si el príncipe heredero quiere reclutarme? —pregunta Wu Du, sonando preocupado—. Se ha quedado fascinado con las habilidades de tu maestro Wu.
—Dominar las habilidades literarias y marciales es para beneficiar a la familia imperial. Así debe ser. Pero ¿qué harás con tu posición en la mansión Mu?
Wu Du medita sobre ello un momento y luego niega con la cabeza. Duan Ling lo comprende más o menos; es muy probable que el falso príncipe heredero aún necesite un hombre de confianza, y si fue traído por Lang Junxia, tarde o temprano tendrá que deshacerse del hombre que conoce todos sus secretos. Después de todo, una vez que se deshaga de Lang Junxia, no tendrá nada más de qué preocuparse.
No obstante, Lang Junxia no es tan fácil de eliminar, y el príncipe heredero necesita a alguien cuya lealtad esté solo con él. Wu Du es el único que encaja en ese perfil.
—Al principio eso no debería ponerme en conflicto con el gran canciller. Pero que siga siendo así va a depender de la suerte.
—Tal y como yo lo veo —dice Duan Ling—, si fuera yo, tal vez aceptaría la oferta, pero nunca dejaría que ninguno de los dos bandos me diera órdenes. ¿Cómo decirlo? A la hora de la verdad, debes encontrar tu propio…
Los dos siguen caminando y giran en una callejuela que conduce a la mansión del canciller.
Duan Ling va por la mitad de una frase cuando deja de hablar abruptamente.
Wu Du frunce ligeramente el ceño y sigue la mirada de Duan Ling hacia el callejón para encontrar a alguien de pie dentro…
Es Lang Junxia.
[1] Estos bancos privados no eran los bancos que conocemos hoy en día, sino lugares donde se cambiaban monedas sueltas de cobre y plata por taeles, o viceversa. Los nombres no son topónimos, y no son importantes, son solo palabras que suenan vagamente a “suerte” y que tienen que ver con la prosperidad, salvo que “Tongbao” significa “tesoro circulante” y Kaiyuan Tongbao era el nombre de un tipo de moneda.
[2] Esto es de las Analectas de Confucio. Parafraseando: No entendemos a las personas, así que ¿cómo podemos saber algo de los fantasmas? Apenas entendemos la vida, así que ¿cómo vamos a saber lo que viene después?
