—¡Wu Du, espérame! —Duan Ling corre tras Wu Du por el pasillo, manteniéndose cerca detrás de él.
—Wu… —Antes de que Duan Ling pueda concluir su oración, Wu Du se gira y saca su espada sin previo aviso.
El corazón de Duan Ling se detiene en ese instante.
Jamás había visto en el rostro de Wu Du esa expresión tan deliberada y calmada. Sus ojos son tan tranquilos como un plácido lago, y la punta de su espada apunta directamente a su garganta.
Las palabras de Duan Ling mueren en su lengua y el miedo se refleja en sus ojos al tiempo que un agudo dolor se apodera de su estómago; es una reacción puramente instintiva, como si fuera un reflejo condicionado establecido hace mucho, mucho tiempo.
«Él quiere matarme.
¡No, él no me matará!
Él…».
En apenas un instante, tres pensamientos sucesivos cruzan por su mente. Entonces, la espada de Wu Du se desliza hacia un lado de su cuello, rozándolo apenas. Un sonido brillante de metal contra metal resuena detrás de su oreja, y Duan Ling deja de respirar.
Con un rápido movimiento, la espada de Wu Du aparta el afilado garfio de hierro negro que apuntaba al cuello de Duan Ling.
Wu Du rodea a Duan Ling con su brazo izquierdo y lanza otro corte con su espada sin siquiera mirar hacia dónde va la hoja. La fuerza con la que lo ha atraído hacia sí provoca que Duan Ling pierda el equilibrio y caiga hacia atrás. Pero, con una mirada fría e indiferente, Wu Du se gira rápidamente hacia él, lo sujeta y lo revisa, asegurándose de que no esté herido.
Con un estruendo que parece un trueno en su cabeza, Duan Ling siente que su corazón podría haberse detenido.
Wu Du envuelve una mano alrededor de su cintura y lo obliga a mantenerse firme. La espada que apunta a la garganta de Helan Jie está a punto de alcanzar su objetivo, pero este retrocede rápidamente, retorciendo su garfio de hierro y curvando la espada Lieguangjian de Wu Du en un arco. Ambos aprovechan la inercia de sus pesos para retroceder al mismo tiempo.
Clang. El resonante sonido de las armas golpeándose entre sí hace que a Duan Ling le escuezan los tímpanos.
Helan Jie ya no dice nada. Se mueve rápidamente hacia adelante, y Wu Du, con dos golpes de su espada, bloquea el avance del garfio de hierro. Solo entonces Duan Ling se da cuenta de que Helan Jie casi lo había agarrado por el cuello de la ropa y lo había arrastrado. Todo lo que ve es a Wu Du parado frente a él, intercambiando golpes con Helan Jie; con la longitud de la Lieguangjian dándole una ventaja abrumadora sobre el gancho de hierro, Helan Jie se ve obligado a retroceder una y otra vez.
—¡Largo! —dice Wu Du fríamente.
Con malicia en los ojos, Helan Jie se retira sin decir palabra.
La pelea ha terminado en cuestión de segundos, pero Duan Ling ya está cubierto de sudor frío, pálido e hiperventilando, recostado contra un pilar del pasillo. Levanta la cabeza para mirar a Wu Du, y le duele tanto el estómago que siente que se le retuercen las entrañas.
Aún enfadado, Wu Du guarda su espada en la vaina que cuelga de su cintura, el sonido del metal deslizándose parece durar una eternidad, luego se gira y sigue caminando hacia el final del pasillo. Con los ojos cerrados, el dolor de estómago de Duan Ling aumenta con cada momento, tanto que no puede articular palabra alguna.
—¡Muévete ya! —grita Wu Du desde el otro extremo del pasillo—. ¿Estás esperando que te cargue?
Duan Ling ni siquiera tiene fuerzas para hablar, y tampoco comprende por qué ha reaccionado así de repente. En el momento en que vio a Wu Du desenvainar su espada hacia él, sintió como si algo en lo más profundo de su memoria hubiera despertado una sensación de pavor.
—Lang Junxia, me duele el estómago… —murmura.
Desde donde está parado, Wu Du le dirige una mirada perpleja, y al darse cuenta de que Duan Ling parece haber sido envenenado, regresa rápidamente, le toma su pulso con el pulgar y le levanta los párpados para examinar sus ojos.
—Pero no estás envenenado —dice Wu Du, dándole un par de palmadas en la mejilla—. Oye, ¿qué te pasa?
Duan Ling lo mira con tristeza.
—¡Eh, deja de jugar! —insiste Wu Du.
—Wu Du, me duele el estómago… —responde Duan Ling débilmente.
De repente, Wu Du se da cuenta de que Duan Ling probablemente está reaccionando así por el susto que le dio al sacar la espada sin previo aviso. Algunas personas pueden sufrir espasmos por la conmoción, y ese nerviosismo extremo también puede causar dolores de estómago. Rápidamente, Wu Du lo levanta y lo carga sobre su espalda para llevarlo de regreso a la habitación. Luego, selecciona un manojo de hierbas medicinales para preparar una fuerte medicina y obliga a Duan Ling a beberla toda. Una vez que Duan Ling está de vuelta en la habitación, su estómago comienza a sentirse mejor y, a medida que la medicina se extiende por sus miembros, finalmente se recupera.
—¿Te sientes mejor? —le pregunta Wu Du.
Duan Ling asiente, mirándolo con los ojos enrojecidos.
—Pensé que ibas a matarme.
—Está bien, está bien. —Wu Du no sabe qué decir—. Helan Jie estaba justo detrás de ti. ¿Qué más se suponía que debía hacer?
Duan Ling está acostado de lado en la cama y, una vez que Wu Du se asegura de que está bien, se pone a limpiar. Duan Ling lo observa, sintiéndose bastante conflictuado por todo lo ocurrido.
—Lo siento —dice Duan Ling.
Wu Du no responde; simplemente recoge el tazón de medicina en silencio para lavarlo, y de repente le echa un vistazo a Duan Ling.
—¿Eres…? —Wu Du frunce ligeramente el ceño, pero se detiene a mitad de la pregunta.
«¿Soy qué?». El corazón de Duan Ling comienza a latir más rápido, ya que puede sentir que Wu Du parece ser consciente de algo.
Ninguno de los dos habla durante un rato. Wu Du deja lo que está haciendo y comienza a observar a Duan Ling de arriba abajo, pero este, habiendo tomado la medicina, apenas puede mantener los ojos abiertos. Antes de que Wu Du pueda preguntar algo, Duan Ling ya se ha quedado dormido. Al verlo dormido, Wu Du decide no continuar. Tras asegurarse de que todo está en orden, se acuesta en la cama junto a él.
La cálida luz del sol de la tarde se filtra en la habitación. Después de dormir un rato, Duan Ling grita de repente, llamando a su papá, sorprendiendo a Wu Du.
—Oye. —Wu Du le da un pequeño empujón.
Aunque Duan Ling sigue dormido, al sentir el movimiento se da la vuelta y envuelve sus brazos firmemente alrededor de la cintura de Wu Du, enterrando su cabeza en el hombro de este y aferrándose con una fuerza sorprendente. Wu Du ya está acostumbrado a esto; se queda quieto con una expresión de resignación en el rostro, pero al mirar hacia abajo a Duan Ling, no puede evitar pensar que este joven tampoco lo tiene fácil. Nada de esto tiene que ver con él desde un principio; solo ha venido a Tongguan para hacerle compañía. Después de la agitada tarde, toda su ira se ha desvanecido.
Wu Du extiende la mano para acariciar a Duan Ling, como se haría con un niño para hacerlo dormir. Y, como si Duan Ling lo sintiera en sus sueños, su agarre en Wu Du se vuelve aún más fuerte.
—¿De dónde salió ese joven de su mansión que conoce a Yao Jing? He Mo quería que le preguntara —le pregunta Shang Leguan a Bian Lingbai mientras sorbe su té con leche.
Bian Lingbai está francamente agobiado por estos tangut; son, sin lugar a duda, los invitados más problemáticos que Tongguan ha tenido. En un momento quieren ver a una novia que aún es una moza confinada a sus aposentos, y al siguiente se van a molestar al joven que ha venido a refugiarse con él. Ha oído muchas veces que la gente de Xiliang es incivilizada y belicosa, sin ningún sentido de la vergüenza, y ahora que realmente ha conocido a algunos, resulta que todo es cierto. Se van a casar con una hija de los Yao, pero están considerando llevarse también al chico. Honestamente, no puede ni siquiera imaginar de dónde vienen esas costumbres suyas.
—Es mi sobrino. —Bian Lingbai se detiene a pensar un momento—. Pero no fui yo quien le asignó ese guardaespaldas. Ese tipo tiene mal genio, así que por favor discúlpenos si lo han ofendido.
Shang Leguan emite un «mn» en señal de asentimiento.
—Ese chico ha tenido una infancia difícil —continúa Bian Lingbai—, nunca ha disfrutado de lujos, y, eh… si el señor He quisiera demostrarle su aprecio y acercarse a él, para él sería una bendición, pero…
—¿Dinero? —Helian Bo va al grano con una sola palabra.
Bian Lingbai también estaba considerando cómo ponerle precio al chico; el marqués de Huaiyin no necesita dinero, así que, en cuanto al precio de la novia de Yao Jing, solo tendría que enviar algo simbólico a Jiangzuo. Ahora, si resultaba que la otra parte estaba interesada en el joven y apuesto Zhao Rong, ¡perfecto! Solo tendrían que añadir un poco más al precio de la novia, y así también podría ganarse el favor de los Shang, que estaban en el poder en ese momento. Presumiblemente, este He Mo es alguien bastante importante también…
Mientras la conversación continúa, Helian Bo y Shang Leguan intercambian una mirada. Shang Leguan asiente ligeramente a Helian Bo, indicándole que actúe según lo considere adecuado.
—¿Su… su nombre es…? —Helian Bo sostiene media manga de Duan Ling, girándola inconscientemente entre sus manos. Tiras de tela han sido colocadas en sus fosas nasales en un intento por detener la hemorragia nasal que le causó Wu Du.
—Bian Rong —responde Bian Lingbai—. Aún no se le ha dado un nombre de cortesía.
Helian Bo frunce el ceño. Eso no parece coincidir con lo que Duan Ling le dijo, pero como ya ha pasado del apellido Duan a otro, no es gran cosa si cambia una vez más.
—Dinero. —Helian Bo vuelve a enfatizar esta palabra a Shang Leguan.
Shang Leguan le hace señas para que no diga más, pues ya ha entendido. De repente, Bian Lingbai está eufórico; ¿acaso estos dos tangut van a ir a preparar el dinero? Primero son trescientos yi de oro, luego hablan de «dinero, dinero». Por un momento, todo lo que Bian Lingbai escucha entre sus oídos es el sonido metálico y resonante de las monedas de plata siendo arrojadas de un lado a otro.
—Este… Señor Shang —dice Bian Lingbai—. ¿Y el retrato?
Helian Bo hace un gesto con la mano, y Shang Leguan lo imita. Bian Lingbai entiende que tal vez el tangut no ha terminado todavía el retrato, así que no insiste en obtener más detalles. Nunca podría haber sabido que Helian Bo solo había mencionado «dinero» porque cree que Duan Ling no tiene suficiente, y el gesto de la mano significa que tampoco habrá más uso para esos trescientos yi de oro.
Al caer la tarde, alguien afuera susurra:
—¿Señor Bian?
Wu Du aparta con cuidado la mano de Duan Ling y baja de la cama para abrir la puerta. Encuentra a un hombre tangut de pie afuera junto al mayordomo de la mansión, quien lo ha conducido hasta aquí.
—El señor Shang le extiende una invitación a usted y al señor Bian para una visita.
—No tenemos tiempo —replica Wu Du, desinteresado, habiendo perdido ya la motivación para la lección que quería darles a estos bárbaros—. El señor Bian está enfermo.
El hombre afuera cuestiona al mayordomo en tangut, y una vez que el mayordomo responde, el hombre se apresura a alejarse. Con una profunda arruga entre ceja y ceja, Wu Du da instrucciones al mayordomo para que traiga la cena a su habitación antes de despacharlo.
Pero cuando vuelve a entrar, Duan Ling ya se ha despertado. El incidente de la tarde le ha drenado toda la energía, y se sienta allí como una planta marchita, lanzándole miradas furtivas a Wu Du para ver si sigue enfadado. Wu Du, sin embargo, parece el mismo de siempre y está practicando el arte del bastón en el patio.
—Oye, Wu Du —comienza Duan Ling.
—¿Qué?
Duan Ling quiere entablar conversación, pero no está seguro de cómo empezar. Se devanan los sesos antes de decir de la nada:
—Extraño la casa.
Wu Du se detiene por un momento.
Duan Ling realmente quiere volver a Xichuan; vivir aquí simplemente lo hace sentir incómodo, como si todo estuviera mal. Incluso si hay un Lang Junxia en Xichuan que quiere matarlo, la casa patio de Wu Du en el complejo de la mansión del canciller se siente un poco más acogedora.
—Entonces terminemos aquí lo antes posible para poder irnos —responde Wu Du.
Duan Ling escudriña la expresión en el rostro de Wu Du pero no puede decir qué está pensando.
—¿Cuándo?
Wu Du termina de practicar y pone el bastón a su lado.
—Iré esta noche.
—Entonces… —Duan Ling está a punto de decir algo, pero se calla.
Wu Du guarda el bastón y se le ocurre algo: ¿debería aprovechar la noche para robar los secretos de Bian Lingbai? Pero entonces, ¿qué hará con Duan Ling?
—¿Debería acompañarte? —pregunta Duan Ling.
Si Wu Du deja a Duan Ling en la casa, ¿qué se supone que hará si Helan Jie aparece más tarde?
—¿Qué tiene Helan Jie contra mí? —pregunta Duan Ling, desconcertado—. Nunca hice nada para provocarlo.
—Tu simple presencia lo ofende —responde Wu Du, impaciente—. Quiere vengarse de mí, por eso quiere hacerte daño.
—Oh… —Duan Ling asiente.
En medio de su conversación, un grupo de tangut aparece de nuevo en la puerta. Las alarmas suenan en el corazón de Duan Ling; «¡Oh no, qué está tratando de hacer Helian Bo ahora?!». Mejor que no entre aquí gritando «Duan Ling, Duan Ling», porque entonces todo habrá terminado para él. Cuando Duan Ling se despertó hace un rato, se le ocurrió otra historia llena de agujeros para contarle a Wu Du en caso de que notara algo: ¿no estaban él y su padre en Tongguan comprando ingredientes medicinales? Simplemente dirá que el príncipe tangut de Xiliang también había sido capturado por bandidos, y de alguna manera, en un giro del destino, él lo salvó.
En el peor de los casos, simplemente detendrá a Helian Bo de hablar hablándole en tangut en cuanto aparezca. De todos modos, Helian Bo tartamudea, así que no importa lo que Duan Ling diga, él solo asentirá. Incluso si Wu Du sospecha, no podrá sacarle nada.
Y sin embargo, Helian Bo no aparece, pero los tangut están aquí trayendo dos recipientes llenos de comida. Además, hay dos grandes trozos de lapislázuli, una bandeja de lingotes de oro, diez láminas de piel de ciervo, dos varas de astas de ciervo joven y, por último, el mensajero le presenta un sombrero adornado con plumas de ganso.
Wu Du se queda boquiabierto.
Duan Ling se queda aún más boquiabierto.
—¡Llévate todo de regreso! ¡No necesito nada de esto! —le dice Duan Ling al mensajero tangut.
—Su alteza preparó esto para usted. Por favor, acéptelo, representa su amistad con usted —le responde el hombre tangut a Duan Ling.
—¡¿Puedes hablar tangut?! —pregunta Wu Du, incrédulo.
Duan Ling lo mira sin comprender durante un momento.
—He estado… en Xiliang. —Duan Ling solo puede mentirle a Wu Du con el conjunto de mentiras que se le ocurrió antes—. Como teníamos que comprar cosas en el mercado, aprendí un poco. «Por supuesto» es «qiji», «gracias» es «tuji». ¿No estaba cantando por la tarde también?
Wu Du estaba escéptico, pero ahora ya está completamente perplejo.
El mensajero tangut le dice a Duan Ling:
—Su alteza dice que lo esperará fuera de su casa patio a medianoche.
Tan pronto como termina de decir esto, se marcha. Duan Ling toma el sombrero de plumas de ganso y encuentra una pluma de cola teñida de azul de un ánsar indio asomando por la parte superior.
—¿Qué fue lo último que dijo? —pregunta Wu Du.
—No le entendí. —Duan Ling se hace rápidamente el tonto.
Wu Du sale y le hace señas al mensajero tangut.
—Ven, ven, regresa aquí, no digas algo y te vayas así como así. ¿Qué quisiste decir con eso?
El hombre, probablemente instruido por Helian Bo previamente, se va corriendo sin dejar rastro.
