—¡Lang Junxia! —Duan Ling lo sacude con urgencia, llamándolo por su nombre en voz alta, pero Lang Junxia no muestra ninguna reacción. Sobre ellos, los montones de nieve acumulados en el pino se desmoronan y caen, esparciéndose sobre Duan Ling.
En ese momento, Duan Ling no tiene tiempo para procesar en detalle este inesperado giro de los acontecimientos. El miedo destella brevemente en su mente antes de que una idea más apremiante lo invada: Lang Junxia debe haberse desmayado por el frío. Aunque no puede explicar las manchas de sangre, ni sabe lo que le ha sucedido, tiene que hacer todo lo posible para ayudarlo a recuperarse.
Con gran esfuerzo, intenta arrastrarlo para llevarlo al salón. Sin embargo, una vez que lo consigue, la energía que ha gastado es demasiada, y Lang Junxia sigue sin mostrar señales de despertar. Duan Ling lo llama varias veces, acercando su rostro para sentir su respiración, y se da cuenta de que es constante y uniforme, aunque sus labios están pálidos.
Necesita encender un fuego, piensa Duan Ling mientras mira por toda su casa nueva buscando en todos los rincones, y encuentra carbón y un hornillo de barro abandonado en la cocina. Enciende el fuego en el salón.
También hay ropa de cama en las habitaciones, así que Duan Ling la pone a un lado de Lang Junxia como si fuera un cojín. Es entonces cuando se da cuenta de la sangre roja brillante que gotea de Lang Junxia.
Se extiende desde el salón, tiñendo el umbral con manchas de sangre y dejando un vívido rastro desde la puerta cerrada hasta el suelo cubierto de nieve en el patio delantero. Las gotas de sangre cruzan el umbral principal y continúan por el callejón que tomaron, señalando el final del largo pasillo, donde giran hacia la calle principal.
Duan Ling rebusca en el cuerpo de Lang Junxia, pero no encuentra ningún ungüento para traumatismos; solo encuentra un pequeño paquete de tela que contiene el certificado de nacimiento de Duan Ling. ¿Qué debería hacer? Las mejillas de Lang Junxia están mortalmente pálidas, y obviamente está muy débil, con principios de fiebre. A Duan Ling no le queda más remedio que sacar algo de dinero, salir y traer a un médico.
Si te enfermas, debes ir al médico para que te examine y te dé una receta. Cuando vivía con los Duan, todo el mundo allí lo mandaba a hacer recados, y a menudo le decían que fuera a la farmacia.
En las horas más tranquilas de Shangjing, una fuerza misteriosa recorre aún sus calles. En algún momento de la noche, la alta y esbelta figura de Wu Du aparece en el frío vestida con un andrajoso abrigo largo de algodón relleno y un sombrero cónico de bambú, jugueteando distraídamente con una daga entre sus dedos. Va de casa en casa, y al pasar gira de vez en cuando la cabeza para escuchar atentamente.
Un hombre de negro bastante paranoico lo sigue, mirando a su alrededor en todas direcciones.
—En cuanto encontremos pistas, no vuelvas a ir por tu cuenta —dice Wu Du.
—¡Wu Du! ¡No olvides que el general te envió a ayudarme! Él está herido, ¿hasta dónde podría haber llegado? —se burla el hombre de negro.
—Nunca me atrevería a pelearme contigo por el mérito de esto, Zhu-xiong[1], pero si te preocupa que estropee el trabajo, puedes ir a buscarlo por tu cuenta —repone Wu Du.
El hombre de negro le lanza una mirada a Wu Du, y luego se ríe sarcásticamente. Se da la vuelta para marcharse sin decir una palabra más, desapareciendo entre las numerosas casas de Shangjing.
Mirando a lo lejos, Wu Du piensa en voz baja durante un momento antes de dirigirse hacia el mercado de la calle principal.
Duan Ling llama a la puerta trasera del Salón de la Prosperidad hasta que se abre y se cuela dentro a través de la ventisca.
—El médico salió a una visita a domicilio. ¿Qué tipo de enfermedad?
—¡Está sangrando! —implora Duan Ling—. ¡No se mueve! ¿Cuándo volverá el médico?
—¿Qué tipo de herida? —pregunta el tendero, impaciente—. ¿Hombre o mujer? ¿Qué edad tiene el paciente?
Duan Ling habla y gesticula, ansioso sin medida, pero por otro lado el tendero está borracho y con los ojos desorbitados. Lo único que le dice a Duan Ling es que el médico no vive aquí, sino a dos calles de distancia. Cuando el médico vino antes a beber por la noche, una familia de la calle Dong estaba teniendo un parto difícil, así que agarró su botiquín y fue a verlos. En cuanto a la casa a la que fue, bueno, el tendero no supo exactamente dónde.
En este punto, Duan Ling está a punto de volverse loco de pánico mientras el tendero mantiene la calma. Le dice a Duan Ling:
—No pasa nada, no pasa nada, te traeré un polvo tópico para traumatismos[2] y te prepararé una receta que ayuda a cerrar la carne y a estimular la circulación sanguínea. Que se beba la decocción y se pondrá mejor cuando se le pase la fiebre.
El tendero sube a trompicones para surtir la receta. Duan Ling permanece inquieto detrás del mostrador. Recuerda que alguien le dijo una vez que el ginseng lo cura todo, así que empuja una silla contra el armario de las medicinas y se sube a él para buscar ginseng.
Y en este momento vuelven a llamar a la puerta principal.
—¿Hay alguien aquí? —dice una voz profunda y áspera.
Con una lámpara en una mano y una raíz de ginseng viejo en la otra, Duan Ling se queda de pie, dudando sobre lo que debe hacer. Algo fuera de la puerta hace un chasquido. La puerta está claramente cerrada, pero de algún modo ha entrado un cliente. Duan Ling se apresura a bajar, intentando no hacer ruido. Se arrodilla en la silla y, colocando bien la lámpara, mira desde detrás del mostrador.
El que ha entrado es un hombre joven, cubierto de nieve. Tiene la mano izquierda en la solapa, como si estuviera agarrando algo, y la derecha al descubierto y roja por el frío.
El hombre tiene dedos largos y delgados. Se gira un poco, apoya un codo en el mostrador y observa a Duan Ling, inclinándose sobre él y mirándolo de hito en hito a los ojos. Duan Ling, demasiado pequeño, apenas deja ver la mitad de su rostro tras el mostrador, y de pronto, se siente intimidado.
El hombre tiene un rostro delgado, ojos profundos y pómulos afilados; su piel es ligeramente morena, y sus gruesas cejas negras parceen trazos ascendentes de una caligrafía tosca. Un tatuaje de tinta oscura, en forma de glifo, le adorna el cuello, justo debajo de un lado de la mandíbula. Parece el perfil recortado en papel de una extraña bestia.
—¿Dónde está el médico? —pregunta el joven con despreocupación al tiempo que cruza dos dedos y deja ver una fulgente cuenta de tono dorado entre ellos. La atención de Duan Ling se fija de inmediato en la bonita cuenta, completamente asombrado, luego su mirada va de la cuenta al joven. El muchacho la sostiene entre el índice y el medio, le da un giro, y la cuenta comienza a rodar sobre el mostrador, girando sin parar.
—El médico… fue a atender un parto. —La cuenta dorada deslumbra tanto a Duan Ling que apenas puede mantener los ojos abiertos—. En la calle Dong… una familia está teniendo un parto difícil —responde.
Con un ligero empujón del dedo del joven, la cuenta de oro rueda hasta detenerse frente a Duan Ling.
El hombre hace un gesto para indicarle «adelante, tómalo», y pregunta:
—Además de esa familia, ¿alguien más ha venido buscando al médico?
—No —contesta Duan Ling sin detenerse a pensar.
Puede oler el aroma del peligro en este hombre, y tampoco se atreve a tomar su cuenta de oro. Siempre hay trampas detrás de los señuelos; las penurias que sufrió de pequeño le hacen estar especialmente alerta.
—¿El doctor es tu padre?
—No. —Duan Ling retrocede un poco, mirando al hombre de arriba abajo.
—¿Qué es eso que tienes en la mano? —El hombre dirige su atención al ingrediente medicinal en la mano de Duan Ling.
Naturalmente, Duan Ling no puede decir que lo robó, así que se lo enseña y se inventa una mentira.
—Ginseng para la parturienta.
El joven se queda un rato callado. Preocupado por que el tendero vuelva a bajar y exponga su mentira, Duan Ling le dice:
—¿Necesitas algo más?
—Nada más. —La comisura de la boca del hombre se curva en una sonrisa ligeramente perversa, y colocando una mano sobre el mostrador tamborilea a lo largo de él con un ritmo constante. ¡De repente, la cuenta de oro se despliega para convertirse en un brillante ciempiés de lomo dorado y vientre de vivos colores!
El ciempiés se dirige hacia Duan Ling. Este está tan asustado que grita, pero el hombre solo se echa a reír. Con un suave movimiento de agarre, se lleva al ciempiés consigo y desaparece en la noche nevada del otro lado de las puertas.
Duan Ling se apresura a subir las escaleras y encuentra al tendero desplomado bajo el gabinete de medicinas del desván, desmayado por la bebida y con un paquete de medicamentos desordenadamente empaquetado en la mano. Aliviado, Duan Ling envuelve cuidadosamente el paquete sin despertar al tendero, busca el polvo tópico para traumatismos por la etiqueta y vuelve sobre sus pasos de vuelta a casa.
La nieve ha oscurecido el reguero de sangre que Lang Junxia derramó sobre el camino. A altas horas de la noche, la calle se extiende brillante y ancha ante él. Su caballo sigue fuera de las puertas, y Duan Ling nota cómo tiembla de frío y lo conduce al establo del patio trasero. Le da un poco de heno con una horquilla y le dice:
—Volveré dentro de un rato.
En cuanto se gira, Duan Ling es levantado con una mano. Sin embargo, cuando abre la boca para gritar, una mano grande y áspera le tapa la boca.
Duan Ling gime y hace el ruido que puede, luchando con todas sus fuerzas. Las manos del hombre son extremadamente fuertes; aprieta una reluciente daga contra el costado del cuello de Duan Ling y empuja la punta hacia dentro, solo un poco. Las pupilas de Duan Ling se dilatan y ya no se atreve a moverse.
—¿Dónde está Lang Junxia? —interroga el hombre detrás de él.
A través de la luz que reflejan los carámbanos, se da cuenta de que está siendo retenido por un asesino enmascarado con un traje negro ajustado, pero entonces se tranquiliza. Aprieta los labios con fuerza y no dice ni una palabra.
—¡Señala el camino! ¡¿Dónde está?! ¡Si no lo haces te mataré! —lo amenaza el asesino en voz baja.
Duan Ling señala hacia la parte trasera de la casa, pensando en cómo alejar a este hombre o tal vez gritar y alertar a Lang Junxia. El hombre fuerte rodea con un brazo a Duan Ling y sigue sus indicaciones hacia el patio trasero. El hielo acumulado en el suelo aquí es bastante resbaladizo, y mientras el hombre salta por el pasillo, Duan Ling abre la boca de repente y muerde con fuerza la mano del asesino.
Con el dedo medio mordido sin previo aviso, el asesino lanza un fuerte grito de dolor, va directo a por su espada y, por reflejo, asesta un tajo a Duan Ling. Pero Duan Ling ya ha caído al suelo, escabulléndose sobre manos y pies. El asesino lo sigue de cerca y, sabiendo que probablemente va a buscar ayuda, no parece tener prisa por alcanzarlo.
Pero Duan Ling es extremadamente astuto; en lugar de correr hacia donde se encuentra Lang Junxia, se lanza por el pasillo, golpeando todas las puertas a su paso y gritando «¡Asesino! ¡Asesino!», mientras se dirige rápidamente hacia el establo, esforzándose al máximo por alejarse de allí antes de que el asesino descubra cualquier rastro de Lang Junxia.
El asesino iba a usar a Duan Ling para atraer a Lang Junxia, pero al verlo correr hacia afuera, se da cuenta de que su plan no funcionará. Con una zancada, avanza rápidamente, sus dedos listos para atrapar el cuello de Duan Ling.
La punta reluciente de una cuchilla pasa deslumbrante desde detrás de un pilar lateral y el asesino desenvaina su daga para bloquearla; con el agudo tintineo del metal, la daga se parte en dos, y la espada corta diagonalmente hacia arriba inmediatamente después. Con el rostro pálido y la respiración entrecortada, Lang Junxia lanza su espada contra el asesino, tambaleándose. Sin embargo, sus pasos son inestables, y finalmente esa estocada falla su objetivo por un centímetro.
El asesino escapa de ser destripado. Lang Junxia da un paso lateral, su visión se oscurece y cae al suelo. Duan Ling grita, se da la vuelta y corre hacia él, lanzándose sobre su espalda.
El asesino hace una mueca de desprecio y, avanzando un paso, patea la espada que yace en el suelo. Agarra a Duan Ling y le asesta un puñetazo en la cara con una crueldad implacable. Lo golpea como si estuviera amasando masa; cuando Duan Ling gira la cabeza, un enorme puño impacta en su cuenca ocular. Un eco repentino retumba en su mente, estrellitas aparecen ante sus ojos y, de repente, se desploma al suelo.
El asesino agarra un puñado del cabello de Lang Junxia, haciéndole levantar la vista. Saca otra daga y presiona el filo contra su garganta.
—¿Dónde está Li Jianhong? —pregunta el asesino en voz baja.
—Si no matas al niño, te lo diré… —Los labios de Lang Junxia apenas se mueven mientras abre débilmente la boca.
Duan Ling forcejea; siente como si le hubieran clavado el ojo en la nuca, pero aun así reúne todas sus fuerzas para agarrar la espada que yace tirada en el suelo.
El asesino realmente ha subestimado la capacidad de Duan Ling para soportar golpes. La tenacidad de una persona cuando su vida está en juego está íntimamente relacionada con las palizas que ha soportado a lo largo de su vida. Desde pequeño, Duan Ling ha sido lanzado de cabeza contra las paredes, golpeado con ladrillos, abofeteado y recibido puñetazos; todo ello lo ha moldeado hasta convertirlo en un experto en aguantar golpes. Sabe que cuando alguien le lanza un puño directo a la cara, lo mejor es evitar que el golpe impacte en la nariz y las sienes, y en su lugar, usar la cuenca del ojo para amortiguar el impacto.
El asesino se inclina un poco hacia adelante y, al mirar las pupilas claras de Lang Junxia, se da cuenta de que detrás de él, Duan Ling ha levantado la espada de Lang Junxia y se abalanza sobre él…
Todo sucede en un abrir y cerrar de ojos: justo cuando el asesino está a punto de girarse, Duan Ling clava la espada en la parte posterior de su cuello. La hoja afilada emite un ligero sonido al impactar y deja al asesino firmemente hincado en el suelo.
—Yo…
Las pupilas del asesino comienzan a dilatarse, totalmente incrédulo de que de algún modo esté muriendo a manos de un frágil niño. Una de sus manos revuelve la nieve un par de veces. Le han atravesado el cuello y la tráquea, causándole una muerte instantánea.
El último soplo del asesino se disipa, dejando tras de sí nada más que la ráfaga sin límites de los copos de nieve del cielo. Es la primera vez que Duan Ling mata a alguien. Tiene las manos y el rostro cubiertos de sangre roja y brillante, y se queda mirando al asesino con pasmosa incredulidad. Luego se arrastra frenéticamente hacia Lang Junxia, arrojándose a sus brazos.
Con los ojos cerrados, Lang Junxia rodea a Duan Ling con sus brazos. Duan Ling mira temeroso a sus espaldas y encuentra los ojos del asesino muerto muy abiertos, mirándolos fijamente. Entonces Lang Junxia levanta una mano, cubriendo los ojos de Duan Ling, haciendo que no mire más.
Una hora después.
—¡¿Quién está ahí?!
Un azor del norte surca los cielos de la ciudad y los agentes que patrullan descubren por fin la figura del joven y galopan a toda velocidad tras él. El joven se lleva los dedos a los labios, silbando una y otra vez, mas nadie le responde en medio de la tormenta de nieve.
Cada vez más agentes de la ley llegan de todas direcciones para atraparlo, comunicándose entre sí con silbidos de aves. El joven abandona los tejados y se lanza a un pequeño callejón, girando en la nieve y despistando a sus perseguidores. Pero en el momento en que sale del callejón, se encuentra con más hombres cerrándose sobre él.
No se atreve a quedarse para luchar y retrocede, moviéndose con pasos tan ligeros como una lenteja de agua en un estanque, dejando apenas huellas en la nieve. Para su sorpresa, los patrulleros logran rodearlo, tensando sus arcos y colocando las flechas en sus cuerdas. Sin embargo, antes de que puedan completar su formación, el joven se da la vuelta y, con un suave movimiento de su manga, lanza incontables flechas pequeñas como el pelo de una vaca.
Ante él, los jinetes que patrullan llegan a toda velocidad y braman:
—¡Quién se atreve a actuar con tal descaro en las calles de Shangjing!
Cuando el jinete al galope parece a punto de estrellarse contra aquel hombre, éste se quita rápidamente el sombrero cónico y, con un movimiento de la mano, lo arroja. El guardia cae de cabeza de su caballo en un abrir y cerrar de ojos; ambos se cruzan y el sombrero vuela hacia atrás, siendo atrapado por el joven. Vuelve a colocárselo en la cabeza y, sin decir nada más, salta a un callejón y desaparece sin dejar rastro.
Inmediatamente después del alboroto, la guardia montada va puerta por puerta en busca de sus cómplices.
Duan Ling enciende un fuego en la habitación. Hace que Lang Junxia se acueste en la cama para que pueda ponerle polvo para traumatismos en las heridas, luego corta el ginseng y lo pone en una olla de agua para calentarlo.
—¿De dónde sacaste el ginseng? —le pregunta Lang Junxia con los ojos cerrados.
—Lo robé de la farmacia —responde Duan Ling—. ¿Por qué viene gente a matarte? ¿Son malas personas?
—Hace doce días, partí hacia la ciudad de Huchang[3] para realizar un trabajo. Mi rastro fue descubierto por el asesino Wu Du y no pude deshacerme de él. Iba a aprovechar para matarlo, pero, por desgracia, es mucho más astuto de lo que esperaba. Caí en una serie de trampas que me tendió y, en un intercambio precipitado, acabé gravemente herido. Solo utilizando todos los trucos que conozco fui capaz de perderlo al pie de Altyn-Tagh.[4]
—¿Es ese… el hombre de negro que murió? —le pregunta Duan Ling.
—No —contesta Lang Junxia con los ojos cerrados—. El hombre de negro afuera se llamaba «Zhu». Era miembro de la Guardia Sombra Imperial de Chen. Los guardias sombra y Wu Du nunca se han llevado bien. Supongo que Zhu me siguió hasta Shangjing porque planeaba llevarse el mérito de matarme. Y pensar que debido a esta serie de imprevistos acabó muriendo en tus manos.
Así que la razón por la que Lang Junxia no fue a buscarlo fue porque fue a hacer un trabajo. ¿Dónde está la ciudad de Huchang? Duan Ling está lleno de preguntas, pero cuando está a punto de hacerlas, Lang Junxia dice:
—Esconde el cuerpo en el establo, cúbrelo con heno, luego quita la nieve, tapa las manchas de sangre y cámbiate de ropa.
Duan Ling está un poco asustado, pero aún así hace exactamente lo que Lang Junxia le dice. El cuerpo sigue con la mirada perdida y los ojos vacíos. Duan Ling se pregunta si se convertirá en un fantasma y volverá por la noche para exigir que le devuelvan la vida. Justo cuando termina de hacer todo y se quita la túnica exterior manchada de sangre para cambiarse a un delgado conjunto de ropas sin forro, escucha el sonido de los cascos de los caballos acercándose a las puertas.
—¡Guardia de la Ciudad, asunto oficial! ¡Abran la puerta! —grita un guardia afuera.
[1] “Xiong” significa literalmente “hermano mayor” y es un sufijo respetuoso para un hombre mayor.
[2] La palabra 金創藥 significa literalmente metal-trauma-medicamento, y se utiliza mucho en las novelas wuxia. Es tan eficaz como una cataplasma mágica en la mayoría de las novelas wuxia incluyendo ésta, pues detiene el sangrado y acelera la curación. Suele ser (como en este caso) un polvo que se lleva en un frasquito de porcelana.
[3] Según la suposición de Fox Ghost, probablemente esté en algún lugar al oeste de Xinjiang, al suroeste de las montañas Altyn-Tagh.
[4] Altyn-Tagh está en el extremo sureste de Xinjiang.
