A un lado del luchador hay un hombre corpulento que, en pleno invierno y nada menos que en el duodécimo mes, va desnudo hasta la cintura. Con una figura que empequeñece incluso a la de Chang Liujun, y un rostro fornido y musculoso, mira con desdén a los asesinos que están frente a él.
—¡Maravilloso!
Cuando alguien es derribado al suelo, Cai Yan ríe y dirige al público en un aplauso. Los demás funcionarios asienten en aprobación junto a Mu Kuangda.
El emisario mongol le hace un gesto a Cai Yan, quien le entrega una copa de vino al guerrero ganador. El guerrero se acerca y agradece a Cai Yan.
—Después de tanto esperar —dice el emisario—, por fin hemos conseguido conocer a su majestad y a su alteza. Será algo de lo que presumir delante de nuestro pueblo cuando volvamos.
—Por supuesto, me alegro mucho de que hayan venido desde tan lejos para celebrar el cumpleaños de mi hijo —responde Li Yanqiu—. Como la reubicación de la capital no se había completado hasta ahora, no tuvimos tiempo para recibir a su delegación.
Duan Ling y Mu Qing bajan de la galería al jardín. Hay muchos árboles en flor, y Mu Qing está a punto de adentrarse más cuando Duan Ling le tira de la manga para indicarle que hasta ahí está bien. Los miembros de la Guardia Negra, que están de pie en la entrada, están a punto de echarlos, pero Xie You se acerca desde el otro extremo de la galería y hace un gesto para detener a los guardias.
Por eso pueden quedarse detrás de los arbustos en flor y escuchar lo que ocurre adentro. A través de los arbustos, Duan Ling incluso ve a Wu Du distraído a unos diez pasos de distancia.
Cai Yan dice:
—Leí la última carta que envió, pero como los asuntos gubernamentales han ocupado todo mi tiempo, no he podido responder. Ahora que hay una orden imperial, te agradecería que la llevaras de regreso junto con la carta.
El emisario responde de inmediato:
—Eso es maravilloso. Nuestro príncipe heredero nos ha pedido que entreguemos sus bendiciones a vuestra alteza en su cumpleaños y que solicitemos una respuesta por carta.
—¿Qué bendiciones? —Cai Yan sonríe—. Me sorprende que Batú todavía se acuerde de mí.
—Su alteza dijo que, aunque estén a diez mil millas de distancia —continúa el emisario con seriedad—, está mirando desde lejos hacia el sur y celebrando su cumpleaños hoy para conmemorar el vínculo que se formó entre ustedes en el Salón Ilustre.
Cai Yan sonríe suavemente, suspira y sacude la cabeza.
—Su alteza ha preparado un plato especial llamado «Perro Cai»[1], y nos dijo que debemos presentárselo a vuestra alteza hoy.
La sonrisa de Cai Yan se congela de inmediato.
—Me habían dicho que su gente no come carne de perro, ¿o es falso? —pregunta un funcionario.
Esas palabras resultan bastante desconcertantes, y la mayoría de los presentes no comprenden bien lo que dice el emisario. Sin embargo, al ver la expresión en el rostro de Cai Yan, el emisario sonríe.
—Es cierto, no comemos carne de perro. Los perros son nuestros fieles amigos, y para conmemorar su trabajo, hemos mezclado jugo de vegetales de hojas con masa, moldeado los panes en forma de perro y cocido al vapor. Luego, se distribuyen entre la gente como un símbolo de buena suerte.
Duan Ling digiere estas palabras en silencio.
Batú definitivamente le ha dicho a su emisario que diga esas palabras; se pregunta cómo está reaccionando Cai Yan en este momento. La verdad siempre termina saliendo a la luz, y por mucho que Cai Yan trate de ocultarla, tarde o temprano alguien lo descubrirá. A Duan Ling le parece divertido, pero también siente que la ira de Batú está a punto de llegar a Cai Yan desde diez mil millas de distancia. Esa es la única razón por la que ha instruido al emisario para decir esas palabras tan mordaces, ya sea como amenaza o simple burla.
—Por favor, tráiganlas. —El emisario levanta la mano.
Los sirvientes traen dos bandejas llenas de pan al vapor con forma de perro, de color verde moteado, y las colocan delante de Cai Yan.
La expresión de Cai Yan cambia de verde a blanca en cuestión de momentos. Se esfuerza por sonreír y dice:
—Qué considerado de su parte.
Todos encuentran la situación bastante divertida, pero entre los presentes que saben la verdad, solo Lang Junxia conoce el apodo de Cai Yan, mientras que Wu Du podría adivinar algunas cosas. Lang Junxia le lanza a Wu Du una mirada que lo dice todo, pero Wu Du lo ignora. En cambio, fija su mirada en los arbustos en flor frente a él y de repente nota a Duan Ling asomándose detrás de ellos, intentando ver mejor.
—Las costumbres mongolas son ciertamente interesantes —le dice Cai Yan a Li Yanqiu—. Borjigin siempre fue muy cordial cuando estábamos en Shangjing.
Li Yanqiu asiente.
—Su alteza desea sinceramente pedir a vuestra alteza una carta escrita a mano para aliviar su añoranza por usted —añade el emisario.
Al escuchar esto, todos comienzan a reír, pensando para sí mismos que el bárbaro está intentando hablar en han, pero que su vocabulario es incorrecto.
Cai Yan respira hondo.
—Entonces, en ese caso, traigan tinta y papel.
Lang Junxia da un paso al frente y dice:
—Hace frío, y las manos de su alteza se van a enfriar. No es necesario que lo haga usted mismo; yo puedo escribir en su nombre.
El emisario parece estar considerándolo, y justo cuando está a punto de responder, Lang Junxia interviene:
—Han pasado muchos años y yo también extraño a su alteza. Ya debe tener dieciocho años, ¿se ha casado ya?
—Su alteza está en el campo de batalla luchando por el Kan. Como nieto muy apreciado del Kan, aún no está comprometido.
Lang Junxia se inclina ante Li Yanqiu y Cai Yan antes de tomar asiento en un rincón del pabellón. Con el pincel y la tinta en mano, comienza a escribir. A Cai Yan se le ocurren fácilmente unos cuantos saludos convencionales, que Lang Junxia transcribe. La carta empieza con recuerdos de sus años en el Salón Ilustre y luego se enfoca en las relaciones entre los dos imperios.
Duan Ling, oculto tras los arbustos, esboza una ligera sonrisa mientras escucha. No puede ver la expresión del emisario, pero ya sabe que Batú ha descubierto que Cai Yan lo está suplantando. Aunque no tiene idea de cómo lo ha descubierto.
Pronto, el emisario empieza a mencionar temas sobre su tiempo en el Salón Ilustre, transmitiendo las palabras de Batú. Habla del director del Salón Ilustre y de Helian Bo, probándolo entre líneas. Para su sorpresa, Cai Yan responde a todas las preguntas sin ningún error.
—Nuestro príncipe heredero también quería saber si vuestra alteza se ha reunido con Zongzhen.
—Casi me llevan a Shangjing para ser su compañero de estudios —responde Cai Yan con una sonrisa, y luego suspira—. El destino realmente nos juega malas pasadas. Si hubiera ido, tal vez mi padre seguiría aquí con nosotros y todos estaríamos bien.
En cuanto termina de hablar, un silencio cae sobre el jardín.
—¿Su majestad? —susurra Mu Jinzhi.
—Rong’er —dice Li Yanqiu—, deja de pensar en eso. ¿Cuántas veces te lo he dicho?
—Sí —es todo lo que logra decir Cai Yan.
Escuchando todo esto en silencio desde detrás de los arbustos, Duan Ling de repente se siente algo complicado. Al levantar la vista, sus ojos se encuentran con los de Wu Du a través de las hojas y descubre a éste observándolo, con la mirada llena de ternura
—Su alteza también quisiera preguntar si a vuestra alteza le gusta más él o Yelü Zongzhen.
Ahora todos se sienten aún más incómodos, encontrando muy graciosa la manera en que se formuló la pregunta. Entonces Cai Yan le dice a Li Yanqiu:
—Así son los mongoles, muy directos.
—Parece que Yelü Zongzhen y Borjigin competían a menudo por tu afecto —bromea Li Yanqiu—. Se ve que te llevas bien con todos.
Cai Yan lo niega de inmediato con humildad y le dice al emisario:
—Por supuesto, estoy más cerca de su príncipe heredero.
La expresión de Mu Kuangda se ensombrece y tose, pero Cai Yan finge no escuchar y continúa diciendo al emisario:
—Realmente no tenemos idea de dónde está la espada de su reino, pero si logramos encontrarla, será un honor para nosotros devolverla. Wuluohou Mu, incluye eso en la carta también.
Lang Junxia termina de escribir la carta y se la entrega a Cai Yan. Cai Yan toma el sello de su asistente y lo estampa en la esquina inferior izquierda.
El emisario dice alegremente:
—Aunque no está escrito de puño y letra de vuestra alteza, al menos podré decir que mi misión está cumplida.
—¿Hay algo más que Borjigin quiera decirme?
El emisario guarda silencio por un momento, mirando a su alrededor como si quisiera decir algo más. En ese instante, Duan Ling siente que el emisario tiene otros planes.
Pero para sorpresa de todos, Li Yanqiu le dice a Cai Yan:
—Hace frío y los días son cortos. Deberías volver al palacio mientras todavía es temprano. Ven por la noche a conversar conmigo.
Cai Yan asiente rápidamente, y Li Yanqiu se levanta sin decir más; todos se inclinan para despedirlo. Después de que Cai Yan despide a Li Yanqiu y a Mu Jinzhi, se queda de pie en lugar de sentarse, mirando al emisario. Un asistente se acerca; es el recién llegado Feng, quien le dice al emisario:
—¿Tiene algo más que decir? Si no, su alteza también se irá.
La partida de Li Yanqiu parece haber desorganizado los planes del emisario. Cai Yan le dice:
—Si tiene algo más que decir, hable con el canciller Mu. Decírselo a estos funcionarios es como decírmelo a mí.
El emisario mira a los asesinos que están más lejos y dice:
—Nuestro príncipe heredero quisiera tener otro combate de lucha con vuestra alteza.
—¿Qué? —Cai Yan muestra claramente su impaciencia y comienza a sospechar que podría estar cayendo en alguna trampa. Su mirada recorre a los asistentes mongoles del emisario, preguntándose si Batú se ha unido al grupo disfrazado; no sería imposible.
Paranoico, Cai Yan sigue mirando a los asistentes mongoles del emisario de arriba abajo.
—Si no ha venido, ¿cómo vamos a luchar? —pregunta, mientras se prepara para que Batú se presente.
Afortunadamente, el emisario responde con una sonrisa:
—¿Eso significa que vuestra alteza acepta el combate?
«Oh, Cai Yan, qué idiota», piensa Duan Ling. «Incluso sin su presencia, Borjigin aún puede hacerte una broma así. Me pregunto si es una suerte o una desgracia que hayas terminado en esa posición».
La mente de Cai Yan está en total caos, sintiendo que cualquier cosa que diga podría volverse en su contra. Afortunadamente, Mu Kuangda interviene con una sonrisa:
—Entonces, ¿por qué no dejamos que cada uno elija a un representante para su alteza y para su príncipe heredero y así tener un buen combate? Después, podremos irnos a casa y no quedarnos aquí en el frío todo el día. Soy un anciano, no como ustedes jóvenes que crecieron en el norte.
El emisario dice:
—Eso es exactamente lo que teníamos en mente. Nuestro mejor guerrero, Amga, representará a nuestro príncipe heredero. Pero me pregunto, ¿quién será el guerrero que peleará por el Imperio de Chen?
Nadie responde. Tienen que estar de broma. ¿Actuar como payasos y luchar contra un tipo rudo? Eso sería una humillación total.
Duan Ling sabe que el emisario definitivamente dirá algo como «En todos los vastos territorios de Chen, ¿no hay nadie que se atreva a luchar contra uno de nuestros guerreros?» o algo por el estilo.El tipo de cosas que salen de la cabeza de Batú, bueno, Duan Ling las conocé como la palma de su propia mano.
—¿Qué guerrero? —Cai Yan, frustrado e irritable por estar allí, solo quiere que la pelea termine para poder irse. Cuanto más dure, más probable es que descubran fallos en su actuación.
—Chang Liujun —responde Mu Kuangda.
Chang Liujun está a punto de responder, pero Wu Du ya ha dado un paso adelante.
—Entonces permítame enfrentarme a su guerrero en nombre de su alteza.
El corazón de Duan Ling se acelera. Mu Qing parece no saber qué decir, su expresión expresa claramente «¿por qué tiene tantas ganas de presumir?» mientras mira a Duan Ling. Sin embargo, Duan Ling sabe que el «su alteza» al que se refiere Wu Du es él, no Cai Yan. En los ojos de Wu Du, el verdadero protagonista de esta visita de cumpleaños ha estado detrás de los arbustos: el Duan Ling que aún no se ha mostrado.
—Wu Du no se ha recuperado por completo de sus heridas —dice Zheng Yan, perezosamente—. Mejor yo voy en su lugar.
—No es necesario que se molesten —responde Lang Junxia con un asentimiento hacia Cai Yan.
—¿Qué les parece esto… —dice Cai Yan, mientras considera varias opciones—. Dado que las heridas de Wu Du aún no han sanado del todo, ¿por qué no…
Pero Wu Du los ignora a todos en el jardín y saca la Lieguangjian de su cintura. Un agudo silbido metálico llena el aire. De repente, todo queda en silencio.
Mu Kuangda, alarmado, dice:
—¡Wu Du! Ante la provocación de Wu Du, la expresión del guerrero del otro bando se torna inmediatamente seria.
[1] Cai (apellido de Cai Yan) y Cai (vegetal) son homónimos; «Perro Cai» era también como Batu solía llamar a Cai Yan cuando eran niños. ︎
