El primer día de 2012 volvió a nevar en Wuhan.
Fu Liling regresó a casa al mediodía. Como esa noche cenarían en casa de su tío, decidieron comer algo ligero. Tang Heng pidió una pizza de mariscos que le gustaba a Fu Liling y preparó una olla de refresco de jengibre caliente.
—Vaya, has mejorado —dijo Fu Liling, alzando la taza y preguntando entre risas—. ¿De quién aprendiste esto?
—… De internet.
—Ten cuidado de no quemarte cuando lo hiervas.
—Mn.
Tang Heng realmente lo había aprendido en internet. No era mentira. Sin embargo, había perdido la cuenta de cuántas veces lo había preparado en el apartamento alquilado. Con la llegada del invierno, Tang Heng compró una olla eléctrica; hacer refresco de jengibre era muy sencillo. El invierno en Wuhan era jodidamente frío: incluso con la calefacción encendida, el calor apenas se quedaba en la superficie de la piel, mientras el frío se filtraba hasta los huesos. Tang Heng siempre hervía una olla de refresco de jengibre antes de tener sexo. Los dos lo bebían despacio, sorbo a sorbo, y esperaban hasta que sus cuerpos se calentaban lo suficiente como para reunir el valor de quitarse la ropa.
—He escuchado que recibiste la offer —declaró Fu Liling.
Tang Heng salió de sus pensamientos.
—De la Universidad de Chicago.
—¿Es una buena escuela?
—Me postulé a cuatro escuelas y esta es la mejor.
El corazón de Tang Heng se aceleró un poco. Estaba preocupado de que Fu Liling volcara la mesa del enojo.
Pero todo lo que hizo Fu Liling fue asentir.
—¿Qué pasará con esa banda tuya?
Tang Heng se sorprendió.
—¿Nada?
—¿Se separarán?
—No… Podemos volver a pasar el rato juntos si tenemos tiempo.
—Así es. —Fu Liling parecía pensativa. —Después de graduarse, de todos modos cada uno seguirá su camino.
Ella nunca había apoyado realmente los esfuerzos de Tang Heng en la banda. Por supuesto, tampoco se oponía. Simplemente rara vez preguntaba al respecto, así que era extraño que lo mencionara hoy. Tang Heng cambió de tema, preguntando:
—¿Dónde pasaremos el Festival de Primavera este año?
—¿Qué tal Sanya? —Fu Liling se terminó la cola—. La casa que compré el año pasado ha sido remodelada.
—No quiero… Está demasiado lejos.
—¿Lejos? ¿No es más lejos Estados Unidos? —Fu Liling se rio—. Hay un vuelo directo desde Wuhan, un vuelo corto. Sanya es cálido y el aire es limpio también. Cómo sea, no quiero pasar las vacaciones en Wuhan.
—Tenemos que grabar canciones para la competencia durante las vacaciones.
—¿Los empleados no tendrán vacaciones?
—Somos nosotros tres. Estamos grabando por nuestra cuenta.
—Tang Heng.
—¿Mm?
—¿Hay otra razón por la que quieras quedarte en Wuhan?
Tang Heng rio, incómodo.
—¿Qué otra razón podría tener?
—¿Cómo voy a saberlo? —Fu Liling se encogió de hombros—. Lo que sea, es tu decisión. Yo me voy a Sanya, ya hice planes con mis amigos.
Después de que Tang Heng se fuera de la casa de su tío por la noche, se reunió con Jiang Ya y An Yun, y fueron a Amor Duradero. El propietario, A-Bu, se había ido de vacaciones a Xinjiang, así que no había actuaciones en vivo en el lugar, a pesar de ser un día festivo. Solo estaban el barman y algunos meseros para atender el negocio.
Quizás porque hacía demasiado frío o tal vez porque todos los estudiantes estaban ocupados estudiando para sus exámenes finales, Amor Duradero estaba inusualmente vacío. Al mirar alrededor, solo se podía ver a dos o tres personas sentadas en unas pocas mesas. Una canción de jazz flotaba suavemente en el ambiente.
—¿Dónde está Li Yuechi? —preguntó Jiang Ya con un tono perezoso—. ¿Qué pasa, no va a pasar el primer día del año contigo?
—Está trabajando en el centro de tutorías.
—Ah. Al final, todavía necesitas de mí, tu papi.
—Vete al diablo.
An Yun arrugó la nariz.
—¿Ya tomaste alcohol? —le preguntó a Jiang Ya.
—Solo un poco. Lin-jie se va de vuelta a Pekín hoy, así que tuve una cena de despedida con ella.
Tang Heng se enderezó.
—¿Ella te invitó?
—Yo la invité. Ella pagó nuestra cena anoche.
—Lo sé.
—Lin-jie preguntó por ti.
—Jiang Ya. —Tang Heng se detuvo y decidió ser honesto—. Ella no tiene planes de fichar nuestra banda.
Jiang Ya se sorprendió mucho.
—¿Qué quieres decir? —preguntó.
—Ella me contactó hace tiempo. Quiere ficharme a mí.
—¿Solo a ti?
—Al menos eso es lo que dijo en ese momento.
—Oh… —murmuró Jiang Ya—. Entonces, ha cambiado de opinión ahora.
—No te lo he dicho aún, ¿verdad? Recibí mi offer.
—¿Offe-qué? Habla en chino.
An Yun miró a Tang Heng y le dijo a Jiang Ya:
—Fue aceptado en la Universidad de Chicago.
—¡Eso es genial! ¡Carajo, mi hijo es increíble! —Jiang Ya le dio una palmadita en la espalda a Tang Heng. —Ya lo he pensado. Tú no tienes clases el próximo semestre y yo tampoco. Los tres podemos probar suerte en Pekín durante unos meses, solo para experimentar. Si no nos gusta, tú y An Yun pueden regresar a estudiar. —An Yun frunció el ceño.
—Pero yo sí tengo clases el próximo semestre.
—Toma una licencia. Tu papá puede hacerlo.
—No es tan fácil.
—Tang Heng también se va. Todo lo que tienes que hacer es convencer a tu papá.
—Jiang Ya —lo interrumpió Tang Heng en voz baja, mirando fijamente la barra de mármol negro—. Nunca pensé en convertirme en artista.
Jiang Ya guardó silencio. La expresión emocionada desapareció de su rostro también. An Yun le dio una palmadita en el brazo y explicó en voz baja:
—Realmente no puedo tomar una licencia en este momento… Antes habría sido posible, pero mi papá está tratando de obtener el título de «Becario del Río Yangtsé» este año y todos tienen los ojos puestos en él.
Jiang Ya la miró, perplejo.
—¿Y si… dejas la escuela por medio año?
—¿Y después de ese medio año? —suspiró An Yun—. A lo sumo firmaremos con una compañía como artistas. ¿Seis meses? ¿Crees que podemos hacernos populares en seis meses? Si seguimos siendo unos desconocidos después de ese tiempo, ¿cómo se lo explicaré a mi papá? ¿Le diré que ya no quiero seguir con la maestría?
An Yun continuó:
—Además, ni siquiera quieren ficharnos. Solo a Tang Heng. Bueno, incluso si ahora nos incluyen, Tang Heng también quiere hacer la maestría. Se esforzó tanto en convencer a su mamá y recibió una buena oferta. ¿Se supone que ahora simplemente la tire por la borda?
Hubo silencio. Jiang Ya bajó la cabeza, pensando en algo. Momentos después, soltó una risa.
—Lo sé —dijo—. Todos ustedes tienen un futuro brillante y no les importa esta estúpida banda.
—Jiang Ya…
—No soy lo suficientemente bueno. Tuve que conseguir puntos extra solo para entrar en una escuela mediocre.
Las cejas de Tang Heng se fruncieron.
—¿Cuál es el sentido de decir esto?
—Ninguno. Tampoco tiene sentido tener esta estúpida banda. Uno de ustedes está por terminar su posgrado y el otro se va al extranjero. ¿Y yo? ¿Qué voy a hacer, volver a Mongolia Interior? ¿Se supone que debo regresar para hacerme cargo del negocio de mi papá?
—Esa es tu decisión…
—¡Carajo, no quiero! —gruñó Jiang Ya. Se levantó de golpe y se marchó.
El barman se acercó y preguntó con falsa preocupación:
—¿Está bien Xiao Jiang? —Parece que había escuchado su discusión.
—Está bien —respondió An Yun en voz baja.
—Ah, ¿para qué formar una banda? —El barman regresó a la barra y les sirvió dos copas de vino de frutas color naranja rojizo—. Eso no es negocio…
Tang Heng y An Yun sorbieron su vino en silencio. Ninguno habló durante un rato. Cuando la música de jazz dio paso al piano y los demás clientes se fueron, An Yun finalmente preguntó,
—¿Estás seguro de querer ir al extranjero? —Tang Heng asintió.
—Entonces, ¿tú y Li Yuechi…?
—¿Nosotros qué? —preguntó Tang Heng, irritado.
—¿Van a tener una relación a larga distancia?
—Sí.
—…Está bien entonces.
—¿Y tú y Tian Xiaoqin?
—¿Nosotras? —An Yun se burló de sí misma. —Nosotras no somos nada. Ella es hetero.
Se terminaron su vino de frutas y pagaron. Salieron juntos de Amor Duradero. Ya pasaban de las diez de la noche. y Tang Heng acababa de recibir un mensaje de Li Yuechi hace unos minutos. Decía que ya había regresado a su dormitorio.
—Tú puedes irte —le dijo Tang Heng. —Yo voy para allá.
Para entonces, todos sabían que «allá» significaba el apartamento de Tang Heng y Li Yuechi.
—¿No está tu mamá en casa? —An Yun se sorprendió—. ¿No vas a casa esta noche?
—Sí. Necesito recoger algo.
—Oh.
Tras despedirse de An Yun, Tang Heng caminó solo hacia la casa que compartía con Li Yuechi. No le gustaba llamarla simplemente «apartamento alquilado»: la expresión le transmitía una sensación de inestabilidad. Pero llamarla «hogar» le parecía forzado, así que optó por «casa». Una casa vieja y descuidada. Tang Heng deseaba que la aldea de Donghu nunca fuera demolida.
No tenía nada que recoger; ni siquiera abrió la puerta. Se sentó directamente en las escaleras. La nieve había dejado de caer y los montones acumulados se derretían lentamente en el callejón. Todo estaba húmedo y sucio.
En sus recuerdos, Wuhan también era así: húmeda y sucia.
La pantalla del teléfono se iluminó. Era otro mensaje de Li Yuechi: «¿Puedes hablar ahorita?».
Tang Heng marcó su número sin dudar.
—¿Estás en casa? —preguntó Li Yuechi en voz baja.
—Estoy… afuera del edificio.
La voz de Li Yuechi volvió a la normalidad.
—Ah, ¿por qué no subiste?
—Estaba esperando tu llamada —Tang Heng se rió—. Li Yuechi, tengo una pregunta.
—¿Sí?
—¿Cuáles son tus planes? ¿Vas a hacer un doctorado?
—Probablemente no. Quiero empezar a trabajar primero.
—¿Dónde? ¿De vuelta en Guizhou?
—¿Adónde te gustaría ir?
—Todavía no lo he decidido.
—Tómate tu tiempo.
Tang Heng sintió un leve estremecimiento en el pecho.
—¿Me seguirías?
—Por supuesto.
El tono de Li Yuechi era natural, firme. Tang Heng se puso de pie y estiró las piernas entumecidas.
—Voy a subir ya.
—Buenas noches —dijo Li Yuechi suavemente.
Una vez terminaron las vacaciones de Año Nuevo, apenas pasaron unos días antes de que Jiang Ya volviera a buscar a Tang Heng y a los demás. Después de todo, todavía necesitaba la ayuda de Li Yuechi para su trabajo final.
Ya no mencionó la idea de ir a Pekín. Por supuesto, tampoco mencionó a Lin Lang. Fue como si nada hubiera pasado y siguieron bromeando como de costumbre. Fu Liling regresó a Shanghái, así que Tang Heng se encerró en el apartamento para terminar su tesis. Cuando escribió la última palabra de una nota al pie, se dio cuenta tardíamente de que la última clase de sus años universitarios había terminado así.
En aquel entonces, siempre había querido acumular créditos rápidamente y graduarse, especialmente cuando se enfrentaba a la carrera de mil metros para su clase de educación física. Pero en ese momento, mientras miraba por la ventana los tejados altos y bajos, no sentía emoción alguna. Solo se sentía aturdido. Tang Heng revisó su tesis. Como si no estuviera dispuesto a aceptarlo, añadió una nota al pie innecesaria, como si eso pudiera hacer que sus cuatro años universitarios fueran más perfectos.
Envió la tesis por correo electrónico a su profesor y se puso de pie para estirarse. Era un mediodía soleado después de días de nevadas constantes, y era raro ver el sol brillar. Su termo estaba lleno de vino de arroz que Li Yuechi había comprado esa mañana y aún emanaba vapor. Tang Heng lo bebió lentamente.
El Festival de la Primavera llegaba temprano este año. Solo quedaban dos días antes de las vacaciones de invierno y esta mañana era el último examen de Li Yuechi.
El examen comenzó a las nueve. Tang Heng echó un vistazo a su teléfono: eran las 10:40 a.m. Tomó la mopa del baño y limpió cuidadosamente toda la habitación. Luego, limpió la mesa, la ventana y lavó el termo. Después de completar todas estas tareas, eran las once en punto. ¿Li Yuechi ya debería haber terminado su examen, verdad? Empezó a pensar en qué comer para celebrar. ¿Una olla caliente, pescado asado o deberían probar ese nuevo restaurante tailandés?
Se puso un suéter nuevo que Fu Liling le había comprado. A las 11:03 a.m., marcó el número de Li Yuechi.
La llamada entró, pero nadie contestó. ¿Podría ser que Li Yuechi aún no hubiera terminado? A pesar de ser un genio, era muy meticuloso con sus exámenes.
Tang Heng estaba a punto de marcar de nuevo cuando apareció en la pantalla el ID de su tío.
—¿Qué tal, Xiao Heng? —saludó el profesor Tang con tranquilidad—. Estoy por ir a comer con mis estudiantes más tarde. Deberías venir también.
—¿Ya terminaron el exámen?
—Sí, terminaron en solo una hora. Mi examen fue el más fácil este año. Toma un taxi al restaurante Fuchunxuan en la puerta oeste, sala 302. Nos dirigimos hacia allá ahora mismo.
—Oh… —No era de extrañar que Li Yuechi no contestara al teléfono. Estaba con su profesor y sus compañeros.
Tang Heng aceptó la invitación y decidió no llamar a Li Yuechi de nuevo. Paró un taxi en el callejón. Había algo de tráfico y le llevó más de media hora llegar al restaurante. Cuando bajó del coche, se sintió algo mareado por el viaje. Compró una botella de refresco frío en la tienda de conveniencia cercana y se la bebió de un trago. Finalmente, se sintió mejor.
Si no fuera por Li Yuechi, nunca habría pasado por esta tortura para comer con algunos shixiong y shijie que ni siquiera conocía.
Tang Heng entró en el restaurante y subió en el ascensor. Un camarero lo condujo pasando una esquina hasta la puerta de la sala 302. A través de la puerta cerrada, podía escuchar la risa distendida de su tío.
Tang Heng entró y el profesor Tang le saludó con un gesto.
—Por fin llegas. Ven, siéntate aquí.
Tang Heng no tuvo más opción que acercarse y sentarse al lado de su tío. Li Yuechi ocupaba el asiento frente a él. Sus miradas se encontraron brevemente antes de desviarse al mismo tiempo.
—¿Shidi, qué té prefieres? —preguntó amablemente una chica que Tang Heng no conocía—. Tenemos pu’er y crisantemo.
—Pu’er está bien. —Tang Heng se puso de pie—. Yo mismo me sirvo, gracias.
—No te preocupes, siéntate. Yo me encargo —repuso la chica con una sonrisa—. Está caliente, así que bébelo despacio.
—¿Y An Yun? —preguntó Tang Heng a su tío.
—Esa chica se escapó en cuanto terminó el examen —respondió el profesor Tang—. Lao An invitó a la Junta de Educación a cenar y la llamó.
—Oh… —murmuró Tang Heng mientras le echaba otro vistazo a Li Yuechi. Éste tenía la cabeza inclinada mientras bebía sopa. Sopa de rábano blanco con costilla; ¿acaso no le disgustaba el rábano?
Los ojos de Tang Heng se desviaron un poco y vio a Tian Xiaoqin sentada junto a Li Yuechi. Ella tenía los ojos bajos y las mejillas sonrojadas. Tal vez el calor dentro de la habitación era demasiado alto.
—Xu Rong —comenzó a hablar el profesor Tang, tras dar un sorbo a su jugo—, ¿cuándo piensan comprometerse tú y tu novio?
—Pronto, supongo. Esperaremos hasta graduarnos el próximo año —respondió Xu Rong con una sonrisa, frunciendo ligeramente el ceño—. Ni siquiera tenemos casa todavía.
—No te preocupes por la vivienda. Los jóvenes tienen más que suficientes oportunidades para ganar dinero… —El profesor Tang los observó con la benevolencia de un padre—. Ahora que todos son estudiantes de posgrado, deberían plantearse seriamente encontrar pareja.
—Profesor Tang, no se preocupe —intervino el chico del corte de hongo sentado junto a Xu Rong—. ¡Yo me encargaré de la vida amorosa de mis shidi y shimei! ¡Me ocuparé de presentarles a alguien!
Xu Rong resopló.
—No hace falta, Bao Lei. Nuestro grupo ya lo ha resuelto todo internamente. ¡No tienes que hacer nada!
—¿Eh? —Bao Lei se quedó desconcertado—. ¿De verdad?
—De verdad. —Xu Rong miró a Li Yuechi y a Tian Xiaoqin y dijo, visiblemente emocionado—: ¡Xiaoqin acaba de decirnos que está saliendo con Yuechi!
