Capítulo 74: Preocupación

Wu Du es el único capaz de lograrlo, pero ¿qué le dirán a Bian Lingbai? No hay una explicación plausible para que uno de ellos desaparezca de repente. Al final, será Wu Du quien invente una excusa por su cuenta y le dice a Duan Ling que no se preocupe por eso; podrán ocuparse de lo que venga después, una vez que Duan Ling termine de escribir esa carta.

Esta carta está agotando todo lo que Duan Ling ha aprendido en su vida. Si intenta imitar el tono de escritura de los memoriales de Mu Kuangda, suena tan cómico como poner una cabeza vieja sobre hombros jóvenes. Escribe una, la despedaza, luego escribe otra y la rompe de nuevo; ninguno de sus párrafos suena adecuado. En primer lugar, debe informar a Mu Kuangda sobre la situación en Tongguan y recordarle que tenga cuidado, pero sin exagerar ni sonar alarmista. En segundo lugar, debe mencionar su sincera recomendación sin revelarle a Mu Kuangda sus motivos egoístas, y mucho menos permitirle sospechar de la amistad entre Helian Bo y él. En tercer lugar, debe analizar claramente las relaciones entre Yao Fu, Bian Lingbai y Helian Da.

Duan Ling escribe, y mientras escribe ordena el flujo de pensamientos en su cabeza. Actualmente, Yao Fu y Bian Lingbai están del mismo lado; Yao Fu ha dejado a su sobrina al cuidado de Bian Lingbai para poder casarla con la facción de Helian Bo en Xiliang. Sin embargo, Bian Lingbai ha llegado a un acuerdo secreto con el tío de Helian Bo. No solo está traicionando a Yao Fu, sino que incluso está planeando matar a Helian Bo fuera de Tongguan sin que nadie lo sepa.

¿Debería incluir el hecho de que Helan Jie conspiró para asesinar al difunto emperador? Duan Ling reflexiona sobre esto un poco más y al final decide no hacerlo. Entonces, propone su propia idea: aprovechar esta oportunidad para aliarse con Helian Bo, intercambiar términos beneficiosos para ambas partes, repartir los derechos de administración sobre la Ruta de la Seda y eliminar a Bian Lingbai. De esta manera, la sección norte de la Ruta de la Seda estará bajo el control de Helian Bo, mientras que la sección sur irá para Mu Kuangda y la corte imperial de Chen. Los motivos y planes de Helian Da quedarán a la vista de todos, Yao Fu no obtendrá nada de esto y Bian Lingbai estará muerto.

Pero en cuanto Bian Lingbai muera, esos pagarés que Helian Da ha estado guardando se convertirán en deudas incobrables. Sin duda, invadirá Tongguan y buscará tomar el control sobre la ciudad, luego continuará su avance hacia el sur. Por muy incompetente que sea, al menos saqueará Tongguan y un poco más allá antes de retirarse.

Así que, a menos que estén preparados para asumir el mando del ejército de Bian Lingbai, no pueden matarlo. Pero si no lo eliminan lo antes posible, él se levantará en armas contra el imperio. Duan Ling ha logrado plasmar todo eso en papel, pero para entonces está más que listo para que Mu Kuangda rompa su memorial en pedazos. Lo único que quiere hacer es volcar la mesa y aullar de furia. ¿Cómo se supone que eso va a suceder? ¡¿Cómo puede alguien tomar el control de todo el ejército de Tongguan en solo siete días?!

De repente, a Duan Ling se le ocurre una idea: ¿no es él mismo el mejor candidato?

Bian Lingbai ha estado diciéndole a todos que Duan Ling es su sobrino «Bian Rong», lo que implica que si Bian Lingbai muere sin causa aparente, ¡él puede usar el sello oficial de este tío que ha obtenido gratis y convocar a todos para vengarlo!

Es el último recurso de los últimos recursos, pero Duan Ling lo escribe detalladamente de todos modos, dejando la decisión final en manos de Mu Kuangda. Una vez que termina de escribir la carta, se la entrega a Wu Du. Este hojea el libro de cuentas, pero ni siquiera se molesta en mirar la carta antes de ir con Duan Ling a despedirse de Bian Lingbai.

Bian Lingbai ha pasado toda la noche corriendo como un pollo sin cabeza, y ahora es despertado nuevamente por Wu Du; se ve verdaderamente miserable.

—Necesito ir a un lugar —le dice Wu Du.

Bian Lingbai los escudriña con ojos medio dormidos.

—Dejo a Zhao Rong bajo tu cuidado. Si le sucede algo, te mataré.

En un abrir y cerrar de ojos, Wu Du se esfuma de la habitación.

Bian Lingbai sigue aturdido.

Duan Ling tampoco parece estar de buen humor. Es solo cuando Bian Lingbai se despierta con un estremecimiento que pregunta:

—¿A dónde va?

—Va a buscar un objeto. Esa cosa llamada Zhenshanhe.

Bian Lingbai mira fijamente a Duan Ling, perplejo, antes de caer rápidamente en la cuenta.

—¿A dónde va a ir a buscarla? Ha estado perdida durante todo un año.

—Tal vez sea… ¿debido al asesino que estuvo aquí anoche?

Bian Lingbai está caminando de un lado a otro en la habitación y niega con la cabeza sin prestar atención a lo que dijo Duan Ling.

—No. Eso es poco probable.

—¿Qué es la Zhenshanhe?

—Es la espada del difunto emperador. Desde que los mongoles irrumpieron en Shangjing y el difunto emperador falleció…

Por supuesto, Duan Ling sabe eso, pero cuando las palabras salen de la boca de Bian Lingbai, no puede evitar sentir un agudo dolor en su corazón.

—… el paradero de la Zhenshanhe se ha perdido. ¿Podría ser que el asesino de anoche fuera mongol? Mmm…

—¿Cómo murió el difunto emperador? ¿Quién lo mató?

—¿No lo sabes? —Bian Lingbai mira a Duan Ling, sorprendido. Como ya lo han despertado, ordena a los sirvientes que sirvan el desayuno, y ambos se sientan frente a una mesa para tomar el congee.

La impresión de Bian Lingbai sobre este «sobrino» es en realidad bastante favorable. Después de todo, ha viajado hasta aquí y ha logrado resolver sus problemas de deudas con un solo acto. Antes tenía que aguantar a Wu Du, pero ahora que la piedra en su zapato ha desaparecido, esto le brinda la oportunidad de tener una conversación agradable con este sobrino.

—El difunto emperador era un verdadero hombre. Para salvar a Yelü Dashi, cargó hasta Shangjing y cayó en la emboscada del ruin Helan Jie, muriendo en batalla después de darlo todo. Nunca he temido nada entre el cielo y la tierra, él fue la única excepción.

—Helan Jie… es…

—Sí. —Bian Lingbai mira el patio con cierta melancolía y añade—: En siete días será el séptimo del séptimo. Por eso, estoy seguro de que entiendes; incluso he acogido a ese asesino. Realmente no tengo otra salida. Si no me ocupo de la familia Mu pronto, ellos se ocuparán de mí tarde o temprano.

Duan Ling piensa: «En este momento, la familia Mu está ocupándose de ti, la retrospectiva es tan inútil como dicen». Sin embargo, lo que sale de su boca es:

—Tío, no debes temerle. Desentierra el tesoro y tendremos dinero de sobra. Ni siquiera necesitarás esos fondos del gobierno.

Bian Lingbai sopla su congee, enfriándolo mientras come. Sacude la cabeza y le dedica a Duan Ling una sonrisa forzada.

—Por cierto, ¿por qué Helan Jie querría matar al difunto emperador?

—Bueno, eso no lo sé. Ese ser ruin es… —Cuando Bian Lingbai llega a esta parte, Duan Ling aguza el oído, pero Bian Lingbai se ha dado cuenta de que casi se le escapa algo y cambia de tono—… un fugitivo desesperado. Después de asesinar al difunto emperador, escapó primero a Xiliang, y luego, cuando Xiliang no se atrevió a albergarlo, escapó a Tongguan. —Bian Lingbai termina su frase con un largo suspiro.

El suspiro de Bian Lingbai suena tan melancólico que incluso Duan Ling se siente viejo por él. Realmente quiere seguir insistiendo para obtener más detalles, pero demasiadas preguntas pueden fácilmente hacerlo parecer sospechoso.

Una vez que terminan de comer, Bian Lingbai le dice a Duan Ling:

—Muy bien, ahora somos los únicos que quedamos en la mansión. Vuelve a tu habitación y prepárate, iré a buscarte en un rato e iremos de excursión.

Duan Ling sabe que Bian LIngbai quiere ir a revisar su tesoro, para ver si alguien lo ha tocado, y por eso le responde «sí» enseguida. Cuando está a punto de irse, Bian Lingbai le dice:

—¿Te queda algún otro tío?

Duan Ling niega con la cabeza.

—Toda la familia Zhao ha fallecido.

—Entonces a partir de ahora soy tu verdadero tío. También podemos decírselo a los demás: sólo diré que eres el hijo de mi primo segundo y que has venido a Tongguan a refugiarte conmigo.

Duan Ling asiente agradecido, pero piensa para sus adentros: «Mi verdadero tío está en Xichuan ahora mismo. Ten cuidado o mi abuelo te machacará a golpes cuando te conviertas en un fantasma».


Duan Ling no ha dormido en toda la noche. Tan somnoliento que apenas puede mantener los ojos abiertos, regresa a su habitación para acostarse. En cuanto se queda dormido, su mente comienza a dar vueltas; pasan las horas y en sus sueños vuelve a escuchar aquella canción, Reunión alegre.

Es bastante curioso, Duan Ling ya ha escuchado a cuatro personas tocar esta melodía: Lang Junxia, Xun Chun, Li Jianhong y Wu Du. Las veces que más le impactaron fueron aquel día en el Salón Ilustre de Shangjing y cuando llegó a Xichuan, cuando la soledad parecía crecer del silencio de la noche y se quedó apoyado en la puerta, escuchando a Wu Du tocar.

Lang Junxia.

Cada vez que piensa en su nombre, Duan Ling tiembla. Ni siquiera se atreve a imaginar su apariencia ni a mencionar su nombre. Se da la vuelta subconscientemente, pero no encuentra a Wu Du. Al abrir los ojos, siente como si realmente alguien hubiera estado tocando la flauta, pero tan pronto como despierta, la música se detiene.

Wu Du no está aquí.

Es la primera vez que está separado de Wu Du en todos estos meses. Antes de esto, Wu Du siempre estaba presente cuando se despertaba: tal vez afuera practicando artes marciales, o en el patio regando las flores, o dentro de la casa organizando las cosas.

Ahora, al abrir los ojos, la habitación parece desierta. Al ver que el sol se está poniendo, siente una agitación especial, una inefable angustia que le carcome el corazón. Hoy es el primer día. Quedan seis más.

Duan Ling se sienta, mirando fijamente hacia el patio. El otoño ha llegado, y en Tonguan trae consigo una sensación de melancolía. Las hojas susurran con fuerza al soplo de la brisa y la primera oleada de hojas amarillas cae al suelo.

—Wu Du… —murmura Duan Ling para sí mismo.

—¿En qué estás pensando? —Wu Du, agazapado a los pies de la cama, habla de repente.

A Duan Ling casi se le sale el alma.

—¡¿Cómo es que sigues aquí?!

—Shh. —Wu Du, vestido con su ropa negra ajustada, se pone un dedo frente a los labios para indicar silencio mientras observa a Duan Ling, su mirada vagando.

—Todavía no estoy tranquilo. ¿Por qué no simplemente nos vamos juntos?

—No. No podemos.

—Es demasiado peligroso. —Wu Du frunce el ceño—. Realmente no me siento tranquilo dejándote aquí solo.

—Y si me voy así como así, ¿qué haremos con Bian Lingbai?

—Dosifiqué su congee con Frenesí de Siete Días. En siete días tendrá una convulsión y morirá espumando por la boca, con hemorragia por oídos, ojos, nariz y boca. Si regresamos juntos a Xichuan, podremos volver aquí a tiempo.

—¿Y si el canciller Mu tiene otros arreglos? Helan Jie también va a volver.

—Y si te descubren y mueres, ¿qué haré yo?

Estas palabras hacen que el corazón de Duan Ling se estremezca inexplicablemente. La expresión de Wu Du es tranquila, sin rastro de su habitual impaciencia. Duan Ling sabe que está considerando seriamente la situación; siempre tiene esa expresión cuando se pone serio.

Con el ceño ligeramente fruncido, Wu Du añade:

—Lo primero que hice al salir de esa habitación fue envenenar su congee, y luego lo vigilé hasta que se lo bebió. Me preocupaba que te hiciera algo en cuanto me fuera.

—Mira, incluso ahora sigo bien —dice Duan Ling mirando al patio. Luego, dirigiéndose a Wu Du, pregunta—: ¿A dónde se fue?

—Está hablando con el maestro Fei. Vendrá a verte pronto.

—¿Recuerdas esa frase? La que te dijo el difunto emperador. Hay ciertas cosas que debes hacer incluso si sabes que te llevarán a la muerte.

Wu Du se queda en silencio. Sus ojos son muy profundos y hermosos. Levanta una ceja y mira fijamente a Duan Ling.

—Tienes muchas agallas. —Wu Du sonrie—. Pero has olvidado algo importante. Solo una cosa. ¿Ya lo has considerado?

—¿Qué? —pregunta Duan Ling, confundido.

—¿Qué haremos si descubre que el libro de cuentas ha desaparecido?

Como si acabara de despertar recién de un sueño, Duan Ling dice:

—Tienes razón, cometí un error. Deberíamos haber hecho una copia y devolverlo, pero ya es demasiado tarde. Si nos pregunta, simplemente tendremos que fingir ignorancia. Ya ha desaparecido, ¿qué más puede hacer?

—El maestro Fei te hizo una copia. Ya la devolví por la tarde.

«Gracias a los cielos». Duan Ling está cubierto de sudor frío.

—Ya estaba fuera de la ciudad cuando pensé en eso y regresé aquí para hacerlo, luego vine aquí para avisarte que lo hice.

Wu Du mira fijamente a Duan Ling. Este comienza a sonreír.

—Um… —Wu Du está a punto de hablar, pero parece dudar.

Duan Ling está sentado en la cama con una expresión tonta. Lleva puesto una camiseta blanca y pantalones largos para dormir. Wu Du lo mira antes de decir:

—Ya me voy.

—Tú… ten cuidado —dice Duan Ling.

—Sé que sabes usar el arco. Si estás en peligro, corre. Protégete. Tú también… debes tener cuidado —responde Wu Du.

Wu Du es alto y esbelto, y se queda allí agachado así, inmóvil por un rato, cara a cara con Duan Ling, con el único sonido entre ellos siendo sus respiraciones suaves. Afuera, en el patio, una hoja se desprende de su rama, revoloteando con la brisa de un lado a otro hasta posarse en un arbusto en flor; una abeja alza el vuelo y se aleja zumbando.

Wu Du se da la vuelta, salta de la cama y, con pasos rápidos, sale de la habitación. Agarrando los aleros sobre él, desaparece con un giro y un salto.

Duan Ling se siente un poco perdido, sin otra razón que algunas palabras olvidadas que resonaron en su corazón justo en el momento en que se separaron. Aquella voz llegó como una marea, arrastrando consigo lo que antes solía sentir como una tristeza interminable, abismal, precipitándose hacia él como una pared de agua. Pero, al igual que las mareas que suben y bajan, cuando estaba a punto de invadir su corazón, se retiró suavemente.

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